jueves, diciembre 22

Despelote

El departamento es un desastre. El desorden está más que nada causado por mí –el torbellino Cecilia-. Clari me quiere matar.
Yo no puedo llegar a casa después del trabajo y sentarme a estudiar con este quilombo. Y claro, así nunca estudio, porque ordenando de hace tarde.
Pilas de ropa en el piso (categorizada: al lado de la puerta los uniformes. Adelante de la tele los zapatos, medias y ropa que me saco cuando estoy acá, en la compu. Al lado del sillón ropa que tal vez me ponía y no me puse), compu rodeada de monolitos de cajas de CDs, compacts sueltos, valijas en el cuarto ocupando el único sector de piso libre... porque me agarró un ataque nostálgico y revisé fotos, agendas, cartas y videos viejos (el que ganó el premio al aburrimiento: dos horas de skateboarding de mi noviecito yanqui-finlandés).
Ayer ordené. Fue tedioso, pero más entretenido que mirar el video. Especialmente por los descubrimientos. Entre las pilas de CDs, por ejemplo, estaba mi corpiño negro, el que buscaba desde hace más de una semana.

El otro aspecto que hace la casa deprimente y anti-estudio es que se viene abajo. Este post debería llamarse “cómo destrozar una casa en tres años”. Podríamos haber hecho un reality sobre eso.
¿Se acuerdan del piso de parquet? bueno, ha sufrido una inundación (Clari), y se hinchó todo. Donde entraban seis maderitas ahora entran cinco. Y como se salía (el famoso piso jenga), quedó todo levantado y salido, hay maderitas repartidas por toda la casa. Mi mamá, en una de sus visitas, descubrió que poniendo las maderitas en el horno éstas recuperan su tamaño normal, y se pueden encajar de nuevo como van. Mi hermana se tomó el trabajo de hacerlo, de a poco. Un día, llegando a casa, bajé del ascensor y había olor a quemado. Mientras me acercaba a la puerta el olor aumentaba. Yo ya me imaginaba qué sería. Entré y efectivamente, había quemado una tanda de maderitas. Ahora están ahí, negritas, entre las otras. Encajan bien, eso sí.
Se puede decir que mi hermana tiene una relación bastante pasional con el piso.

Para sumar a la decadencia de la casa, las luces no andan. La luz del comedor y la del cuarto dejaron de funcionar, y nos manejamos con veladores. Muy tétrico. A la noche es muy jodido estudiar. Especialmente para ella, que tiene que hacer dibujos y demás.

Todo esto acompañado de un eterno ruido a agua. Según el Feng Shui es malísimo tener pérdidas de agua. Bueno, nosotras las tenemos en todos los ambientes con canillas (de ahí se originó la inundación). La caliente de la cocina prácticamente no tiene cuerito, por lo que cerramos la llave de paso del agua caliente. Pero al cerrarla, ésta pierde. Así que ponemos una palangana abajo. Más o menos hay que vaciarla una vez al día. El piso del baño tiene un eterno arroyito, que sale del lavamanos y va a la rejilla. Es para sentirnos más cerca de El Bolsón.

Otro tema: la heladera. Congela las cosas. Parece que algo anda mal, y nunca para. Entonces tenemos lechuga petrificada, leche ya en cubitos, y casancrem helado, entre otros.

Por último, tenemos a nuestra amiga nocturna, la murciélaga que vive en la ventana del cuarto. Por su culpa no abrimos la ventana a la noche, y nos morimos de calor.
Igualmente no creo que se anime a entrar. En realidad hicimos todo ese descontrol para mantenerla en el rollo de la persiana, que debe ser mucho más lindo que el departamento.

...

Este post tiene como un mes, me había olvidado de publicarlo. Las cosas ahora cambiaron un poco. Hice arreglar las canillas y los portalámparas. Vamos mejorando. Y a la heladera la vamos apagando y prendiendo nosotras. El tema es cuando nos olvidamos de prenderla (Ceci) y se descongela el freezer. O cuando se olvida Clari, y yo llego a casa ansiosa por tomarme un vaso de cerveza helada, y está casi natural (mal humor irreversible).
Y también cambió algo más: mágicamente, está lleno de nuevo de pilas de CDs y ropa, es un descontrol.

Me pongo a ordenar, a ver qué descubro ahora.

jueves, diciembre 15

Calmate, Ceci

Últimamente estoy muy nerviosa, más que nada por el trabajo. Le digo a todo el mundo que soy una pastelera pero me estreso como si trabajara en Wall Street.
Lo peor es ver cómo la empresa donde trabajás se está desmoronando, y que todo lo que te esforzaste, y todo lo que creciste, no sirvan de mucho. Es horrible la nebulosa: no saber lo que va a pasar. Y que no te paguen, ni hablar.

Ayer fui al médico: tengo gastritis.
Pastillas y jarabe feo, dieta, noches sin dormir por el dolor de panza, pero hoy fui de nuevo al trabajo.

Iba en el colectivo con la ventanilla abierta y un poco de dolor de panza, pensando en qué sería de mi trabajo... cuando me cae una flor de tilo entre las manos.

Los árboles me siguen acompañando.

Bueno, voy a tratar.

Ya en la pastelería me tomé un té de tilo (no de ese; la flor la guardé), para luego enterarme de que hoy era el último día de trabajo, "al menos por un tiempo".

Otro té, y ...¡no me importa nada! O sí: me importa que en unos días me voy a mi pueblito. Eso sí que me hace bien.