martes, enero 31

Lecturas

Como volví a leer, hay una nueva sección (un poco exhibicionista) en la columna de la izquierda. Me tengo que acordar de renovarla cuando cambie de libro. Va a ser como una posta de obras.
Hasta que no agarre otro, no saco el que esté. Y obviamente puede haber varios al mismo tiempo.
Y quiero más recomendaciones.

domingo, enero 29

Viaje de vuelta para el sur

En el colectivo dieron una peli que me encanta. It's all about love.
No podía ser mejor, porque esta vez me tocó una noche con tormenta. Amo las tormentas eléctricas.
No dormí mucho, y me desperté justo para el amanecer, por lo que fue un despertar con sonrisa incluída (el chico de enfrente debe haber pensado que estaba loca).
El resto de la gente se tuvo que despertar con Enrique Iglesias.
Después de desayunar me volví a dormir hecha un bollito, y tipo once me desperté de golpe y me incorporé un poco, sobresaltada, con los ojos muy abiertos. Ahí sí el chico de enfrente debe haber pensado que estaba loca, porque él estaba acurrucado para mi lado, y justo me estaba mirando. En realidad tal vez por eso me desperté así. ¿No les pasa?
Las últimas horas del viaje las pasé hablando con ese chico de enfrente, que resultó ser bastante piola. Bajó un par de puntos cuando dijo que no entendió la película, pero como los había ganado cuando se rió en un par de escenas, quedó igual.
Me dí cuenta de lo poco que sé de las zonas que rodean mi pueblo (y ni hablar del resto de la Patagonia). Quiero conocer más!

Para cenar nos dieron pollo con algo que no se sabía si era polenta o puré. Tal vez era mejor no saber.

Esto ahora se está convirtiendo en un diario, pero de viaje.
Me compré un diario íntimo, así que espero que cambien las cosas por estos lados bloggeros. Tal vez postee menos.
Ya llevo escritas más de veinte hojas. Desde que me puse de novia, hace como cinco años, que no tenía diario.
Es que es un peligro. Bueno, si alguien lo encuentra y se anima a leerlo, que se haga cargo si algo que lee no le gusta. De última a mi nunca me jodió que la gente vea mi interioridad, por más oscura que sea.
En una parte del diario escribí: cuando encuentro algo de cuando mis viejos eran más jóvenes me pongo re contenta, es como un tesoro. Con toda la documentación que dejo atrás mío, mis hijos van a decir "uh, otro diario de la vieja..."; "... otro más?", y se van a cansar de mi letra.

Tengo las agendas (una por año desde hace más de diez años), que son exclusivamente para guardar ese período de tiempo de alguna manera, y para poner citas que me gustan. Tengo el blog. Tengo un cuadernito muy lindo donde pongo ideas literarias y sueños copados. Y tengo diarios. Desde los 10 hasta los 21 años, y ahora de nuevo. En esos cinco años de silencio puse una sola entrada, a los 25, que dice "si escribiese ahora... LA PUTA MADRE, no sabés lo que sería".
O algo así. No sé, porque mis diarios quedaron en la valija negra, en Buenos Aires. Ustedes se preguntarán qué tamaño tiene la famosa valija negra. Bueno, en realidad es mágica. Sólo pueden entrar cosas relevantes, pero entran todas las que yo quiera, si son de la categoría recuerdo: dibujos, cassettes de filmaciones, cartas, fotos, cuadernos llenos de hojas de árboles...

Algo gracioso: Yo tengo un jabón de azufre, que me recomendó mi prima para controlar la oleosidad en algunas zonas de la cara. Lo llevé a la ducha, y me lo olvidé. Toda mi familia lo usó como jabón corporal. Quedaron todos re sequitos, no entendían qué pasaba, por qué les tiraba la piel. Eso les pasa por robarme el jabón.

sábado, enero 28

Visitando

Fui a visitar a mi amiga brujita. Lo dejé para el último momento porque cuando estoy mal no quiero ver a nadie, y porque soy una antisocial de mierda.
Me re gustó verla.
En un momento describió físicamente a una persona que ella nunca vio y yo vi sólo una vez. Es impresionante, porque acertó en todo lo que dijo.

Me acordé la razón por la que no me gusta usar vestidos. Me inhibe y me pone incómoda que me digan cosas por la calle. Para colmo los nervios aumentan mi torpeza y hago papelones con vestidito. De todas formas, cuando vivía en Estados Unidos extrañaba que me digan piropos (son muy buenos para la autoestima, obviamente).

Almorcé en su casa, y después me fui a merendar a lo de mis abuelos. Cumpleaños de mi tía. Estuve toda la tarde entre primos, tíos, tíos abuelos...
Y visité a las plantitas. Mi abuelo las regó con agua de lluvia y están re bien.
Cuando volvía, en el colectivo, pensaba: qué lindo que es ver gente, y miraba las calles que nacían en la avenida por la que iba. Si conociera a alguien por acá, me bajo y lo voy a visitar. Es más, podría estar días visitando gente. Sería una nómade.
Me gustaría saber por qué soy tan extremista.

No fui a visitar a mi amigo jacarandá, y de eso me arrepiento.

miércoles, enero 25

La chica de enfrente

Ella llega a su departamento y se saca las zapatillas y el pantalón. No porque estén mojados por la lluvia, no porque se va a cambiar, sino porque así le gusta estar.
La miro desde mi ventana mientras, frente a mí, se queda sentada, mirando un álbum de fotos viejas. Tal vez es como yo, tal vez puede ver toda una caja de fotos que ya conoce de memoria como si fuera la primera vez, porque las ve pensando en otra persona. Las ve por esa otra persona, imaginándose qué pensaría, qué le causaría gracia, qué la intrigaría.
Ella tiene períodos muy activos y períodos muy quietos, introspectivos. Cambia varias veces en una misma tarde. Baila, canta, arregla su casa. Y lee, escribe, observa lo que parece ser una gota de agua sobre su rodilla, cuando está sentada en una silla con una pose a lo bailarina. La observa maravillada, como si fuera su hija. A veces pienso que está un tanto loca.
Ella es un poco torpe. Muchas veces la veo caerse, romper cosas, o contener un grito de dolor al patear algo descalza.
A veces cuando mira tele llora. Y muchas veces más, se ríe. Y también se ríe cuando lee o escribe. Pero ahí no llora.
Tiene el pelo castaño, lacio, y no se lo arregla de ninguna forma. Sólo se lo peina (con suerte), y a veces, pocas veces, se lo ata. Es muy expresiva, con sus caras y sus gestos. Por eso es entretenido mirarla. Me gustaría saber qué pasa por su mente cuando está tranquila haciendo algo o escuchando música (siempre escucha música), y de pronto pone una cara de felicidad, así, de la nada, o se pone colorada.
Muchas veces está un rato quieta, pensando, y de golpe se levanta y se pone a hacer cosas, totalmente dinámica: cocinar, ordenar libros. Le gusta mucho cocinar, se nota.
Ella es linda. Mucho más linda que yo. Pero, ¿por qué está tan triste? Aunque baile y cante, siempre está triste.
A veces se acerca a la ventana, mira hacia abajo, mira hacia arriba. Sonríe, suspira. Es como si un ladrillo del edificio de enfrente, el perro de abajo y las nubes naranjas del atardecer le provocasen el mismo sentimiento melancólico.
Ahora la veo, y está haciendo cajas. ¿Se va? Si se va, ¿a quién voy a mirar? Me acerco a la ventana, para asegurarme. Y ahí es cuando recuerdo: enfrente no hay un edificio. No hay nada. Abajo, arreglan los subtes.
La chica es mi reflejo.

¿...Hola?

Otro post boludo

Lluvia.
Correr.
No recomendable con ojotas.
Veraniega, como una ducha tibia.
Que un hombre que viene caminando en sentido contrario me deje del lado de los edificios, aunque le corresponde a él, para que no me moje.

Orden.
Encontrar cosas.
Dentro del desorden hay un control. Por ejemplo: aparecieron todos, pero todos los botones de mis chaquetas de cocinera. Hasta sobró uno, seguramente robado a algún compañero (o se reprodujeron).
Encontrar una cerveza y un gatorade de naranja.

Heladera.
Arreglada!
No congela más.
Ahora la cerveza no me gusta tanto.

Música.
Escuchar toda la música de la computadora.
1219 temas. Random. Sorpresas, ciclotimia, pasar muchos temas.
Tener hasta el tema de Cazafantasmas (who you gonna call? Ghostbusters!). Y el del mundial 90.


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Qué feo cuando el que arreglaba la heladera sacó un bol de arroz pasado con albahaca que me había hecho hace unos días. Parecía la comida del perro. El tema es que no tengo perro.
Así como yo escribo mis aventuras con fumigadores, plomeros, gasistas, etc., ellos deberían escribir las aventuras en mi casa. Estaría bueno un blog de un plomero, y que cuente cosas de las casas y la gente que visita.

José es mi “arregla cosas”. Plomero, electricista, lo que quieras. La última vez que vino me arregló todas las canillas, la pileta del baño, y los portalámparas del comedor y el cuarto. Lo gracioso fue la parte eléctrica. Porque José es más petiso que yo -y eso es bastante decir-. Cuando se sacó el traje de plomero y se puso el de electricista, me planteó un problema: “¿cómo llego?”. Le propuse que use el banquito, y me dijo que igual no iba a alcanzar. Me preguntó si tenía guías telefónicas. Le dije que sí, pero abajo de la compu. Entonces puse tres cajas de mothers -que uso para guardar mis apuntes y fotocopias de la facu- arriba del banquito, y llegó. No resentí el hecho de que esté parado arriba de mis apuntes: les dió más uso que yo en el último año.

Y todo esto me hizo acordar a una charla que tuve con mi hermana hace un tiempo:

Cuando llego a casa del trabajo, Clari me cuenta que pasó el fumigador.

Cla: Me hubieras avisado que pasaba al lavadero!
Ce: Uh, estaba muy mal?
Cla: Sí, el tipo me dijo “ah, se complica acá”.
(Imaginen: un secarropas, veinte envases de cerveza, un cajón con elementos de limpieza, una escoba, un secador, una palita, una cesto para la ropa, una piletita, un calefón, y... una bicicleta. Todo esto en un cuartito de 1 x 1,5 mts. La bici está vertical, una rueda metida en la pileta, llegando casi hasta el techo).
Ce: Jaja, bueno, pero ¿llegó a la rejilla?
Cla: Sí, pero pasé una vergüenza... el tipo me dijo “ah, tienen hasta una bici acá. Pero hasta que la sacan, llegaban más rápido caminando”. Y yo le dije que la usábamos para colgar la ropa, y miró y estaban mis bombachas ahí colgadas del manubrio. Re feo.

lunes, enero 23

Algo raro

Guardar un vestido que me queda feo y es muy estilo “mamá” (y encima mamá de los noventa), negro con pequeñas flores blancas, con tiritas en los hombros que se enganchan con botones en la pechera (y hasta un bolsillo en esa pechera).

Y saber que lo guardo para cuando esté embarazada. Como si, al tener panza, vaya a convertirme automáticamente en una mamá que usa un vestido largo y con apliques de encaje blanco. Como si lo fuera a usar.

Pero está ahí, en la valija negra.

Está ahí guardado -como si mi anhelo necesitase algo tangible que funcione de recordatorio- para que, cuando llegue ese momento que tanto ansié siempre, decida no usarlo.

viernes, enero 20

Andanzas en baires

Cuando llegué me encontré con mis cosas, mi lugar. Va a ser triste dejarlo, aunque sea por un tiempo. Lo primero que hice fue poner una lista de música (de esas que hago juntando temas de todas partes de la compu, cada selección dependiendo del momento). La última que había hecho se llamaba “caca” (sí, muy madura, lo sé). Me fui a bañar, escuchando la selección. Empezó muy bien: Build me up buttercup, de Foundations. Bailando bajo la ducha, agitando el tushi, totalmente energizada, feliz feliz feliz. Pero siguió con All by myself, de Eric Carmen, el tema que canta Bridget Jones al comienzo de la película. “When I was young, i never needed anyone... those days are gone. ALL BY MY SE-EE-ELF, don´t wanna be... All by MYSELF, anymore”. El vecino debe pensar que soy una ciclotímica de mierda. Ahí pensé “¿en qué intento de atentar contra mi sanidad puse ese tema en una lista?”, y mis ánimos bajaron un poco, a merced de los acordes: no podía ir toda mojada a pasar el tema. Igualmente me causaba gracia la situación, además de que nunca me pude tomar en serio ese tema. Después, empezó a sonar otra canción-shake-your-bum-bum: That thing you do, de The Wonders. A sacudir la cabeza, llenando todo el baño de champú. Y a acordarme del batero en la peli de este grupo. Después, sonó Life on Mars, que también me pone melancólica, aunque no entienda un carajo qué dice (y por las partes que entiendo, me doy cuenta de que no debe ser muy proclive a despertar melancolía, por lo que prefiero no saber. Partes como “Mickey mouse has grown up a cow”). Cuando salía de la ducha, empezó Mr. Bojangles. Sentí esa alegría que se siente cuando una encuentra algo que estaba perdido por ahí, y se lo había olvidado. Como cuando encontré, a los 7 u 8 años, en una mochilita que estaba colgada en la pared y nadie tocaba desde hace muuuuucho, un viejo libro infantil que había olvidado y era hermoso (más hermoso que los demás, por su calidad de olvidado y encontrado, como un tesoro). La sensación fue tan linda que, después de disfrutar el momento y darme cuenta de que había sido como recibir un regalo -con lo que me gustaban a mí los regalos-, elegí a conciencia otros dos libros y algún juguetito, los puse en la mochila, y la colgué de nuevo ahí, en ese clavo de la pared, tan alto. Dispuesta a olvidarlos, como un regalo a futuro para mí misma. Pero no fue así: la mochilita se convirtió en un punto al que miraba siempre que jugaba en el cuarto. Era mi secreto, no lo podía olvidar, y no pude revivir esa sensación en un largo tiempo. Creo que por eso guardo todo: porque reviviendo el pasado es como yo disfruto del presente. Esa sensación de la mochilita es como mi nafta (distinta a la nafta de besos que uso cuando cargo a mis primitas a caballito).
La cosa es que Mr. Bojangles me despertó ese sentimiento, y lo más loco es que hace sólo tres semanas que no lo escuchaba. Eso es lo bueno de ser amnésica. Escuchaba los primeros acordes, me invadía el sentimiento de “qué melodía especial”, sin recordar qué era.
Después seguí ordenando, acompañada por mi esquizofrenia: Por un lado había momentos de agitar el culito sacudiendo los brazos y cantando, con temas como Respect, de Aretha Franklin, Runaway, de Pulley ("and I wonder... I wo-wo-wo-wo-wonde-eer, why... why-why-why-why-why, she run away"), Pretty Woman, por Elvis, Walk like a Man, de Four Seasons, I´m a Believer, de Smash Mouth (que me hace recordar mi apodo: Fiona), Everybody needs somebody y Soul man, de Blues Brothers, Per colpa di chi de Zucchero, el clásico infaltable I will survive, y el más pilas de todos: I like to move it (la versión de Sacha Baron Cohen, que es un cago de risa). Y por otro lado dejar que me envuelva un sentimiento de tristeza con temas como Dead man walking y Streets of Philadelphia de Bruce Springsteen, Total Eclipse of the heart (que igual me hace acordar a cuando Kate Blanchett choca a Billy Bob en "Vidas Bandidas", y me da risa), Comfortably numb, Father and Son, de Cat Stevens, Ne me quitte Pas por Nina Simone, The Blower's Daughter (que además lo tengo como cuatro veces en la lista), el tema de “City of Angels” (que me remite a cuando Nicolas Cage agarra peras angustiado en la verdulería y me pongo a moquear), Creep, More than words, y ni hablar de la sonata de Beethoven Pathetique (mis listas son muy diversas).

Revolver recuerdos me pone triste. En realidad hay dos clases: la clase de las agendas, que me da fuerzas, y la de cartas y fotos viejas, que me pone triste. Anotaciones en cuadernos, puntajes de juegos anotados en libretitas. Me puse a pensar: en realidad nunca caí en que corté con "mi ex chico". O caí, pero no lo sentí como tan traumático. ¿Me faltará caer, o va a ser así, nomás? ¿Tan forra soy? ¿O lo fui sintiendo los últimos meses de la relación? Si no caigo revolviendo todos los cadáveres de nuestra relación, ¿cuándo voy a caer?
Y así es como mi blog se convirtió en mi diario íntimo. Alguien me dijo en un mail: “El motivo de estas líneas es para felicitarte por la facilidad con la que transmitís tus sentimientos a través de las palabras. No es usual que la expresión en los blogs sea como la tuya, sino más bien todo lo contrario, con mucha superficialidad y hedonismo, características que tus letras no poseen, porque cuando describís un acontecimiento cotidiano no lo hacés de esa forma, sino con simpleza, naturalidad y humor”. Pero creo que ya me estoy zarpando.

Ayer me levanté, me preparé un té con leche congelada (con suerte el martes arreglan la heladera), y cuando fui a abrir la persiana se cortó la cinta, me asusté cuando cayó la persiana, solté la cinta y se fue todo a la mierda, como sucede en estos casos. Tenía una cinta nueva (chica siempre lista), pero ni en pedo abro la tapa de la persiana. Ahí adentro vive Marita, la murciélaga. No sé qué voy a hacer. Llamé a El Bolsón y Clara, después de cagarme a pedos por llamar a mi mamá sólo porque se me rompió la persiana, me dijo que ella se anima. Pero yo quería dejarle todo lindo. Qué feo el pensamiento machista de “¡necesito un hombre!”. Tíos... pónganse las pilas y vengan a visitarme! (Y traigan herramientas).

Confesión del día: Me enganché con “Sos mi vida”, la nueva novela de Facundo Arana y Natalia Oreiro. Es que cuando cuidaba a mi primita, a la hora en que ella dormía la siesta daban "Muñeca Brava", y sucumbí a los encantos de ese dúo (en esa época el lema era “cualquier cosa menos estudiar”).

jueves, enero 19

Is one of us supposed to be a DOG in this scenario?

Había escrito un pequeño post que decía:

...
Siempre quise que me hagan una carta de amor que enumere cosas boludas mías, que llaman un poquito la atención (al menos al remitente), a lo “When Harry met Sally”:

“Amo que tengas frío cuando afuera hacen veintidós grados, amo que te tome una hora y media ordenar un sándwich, amo que se te haga una arruguita arriba de la nariz cuando me estás mirando como si estuviera loco, amo que después de estar todo el día con vos todavía puedo oler tu perfume en mi ropa y amo que seas la última persona a la que quiero hablarle antes de irme a dormir a la noche. Y no es porque estoy solo, y no es porque es año nuevo. Vine aquí esta noche porque cuando te das cuenta de que querés pasar el resto de tu vida con alguien, querés que el resto de tu vida empiece lo antes posible.”

Y me imagino las cosas que pondría. Pero lo lindo es que te sorprendan las cosas, y te hagan reir.
...

El tema es que me ganaron de mano.
Lo único que faltó, fue el final.

miércoles, enero 18

Volver

Volví a Buenos Aires a asegurarme de que las plantas vivieran hasta que llegue Clari, a buscar mis apuntes y algunos libros de la facu, ropa, música (¡importante!), y a pagar cuentas.

Antes de irme de acá (hace tres semanas), había descolgado una planta mía, y la había puesto, con Magdalena, en la cocina, en sendas palanganas con agua. Para el potus, que nace de una macetita a la izquierda de la ventana pero se estira groseramente hasta el otro lado del comedor, ida y vuelta encuadrando la mitad de la ventana, se me ocurrió una solución (no podía descolgarla, tan enredada que estaba). Ésta consistió en poner una olla con agua sobre la mesa, y sumergir el extremo de la planta en ella, como un brazo sediento, porque el potus echa raíces y vive en el agua tranquilamente. Iba a tomar agua de ahí. La idea estuvo buena; lo que no estuvo bueno fue olvidar el otro factor necesario: la luz.
En diciembre me fui, apurada, y le cerré la persiana. Así fue como el otro día, al entrar, la encontré moribunda. Ahora está en proceso de recuperación. Espero que me perdone. Esta vez le voy a dejar la persiana abierta, y no me importa si viene el ladrón hombre-araña, que entra por las ventanas (los noticieros siempre tan originales).

Cuando entré a mi casa no ví al potus moribundo en seguida. No pude, porque me habían cortado la luz. Otro cuelgue. Con Clari nos olvidamos de pagar (en realidad, habíamos perdido las facturas, y no sabíamos qué se pagaba y qué no), y me tuve que quedar todo el fin de semana en lo de mis abuelos, en vez de hacer cosas. Igual los pensaba ir a visitar el domingo. Y los disfruté, me gustó ir. Además en su casa sueño mucho, por lo que me encanta dormir ahí.

Recordé uno de mis pasatiempos de cuando viajo en colectivo en la ciudad. Escuchar conversaciones ajenas. Hoy escuché a una mujer que hablaba de su ex: “tener un sueño erótico con él me provoca vomitar a la mañana”.

La luna llena me acompañó la noche del viaje en colectivo. Gigante, amarilla. De pronto comenzó a brillar más y me asusté. Pensé: “¿nadie se da cuenta? eso quiere decir que de golpe el sol está brillando más”. Pero después me di cuenta de que eran mis ojos que estaban cada vez más húmedos.
Para colmo la veía escuchando el tema “Si tu no estás aquí”, que, como masoquista que soy, me bajé después del acontecimiento “vereda de Musimundo bajo la lluvia”. Siempre me burlé de ese tema. Ahora me mata (excepto la parte de “Dios”). Por suerte, en un libro que leí, también en el colectivo, encontré un justificativo:

“Los instrumentos que manejaban los músicos mendigos eran una mandolina, una guitarra, un acordeón y un violín. (...) Aschenbach, sentado ante la balaustrada, se humedecía de cuando en cuando los labios con un refresco de soda y granadina que brillaba, con color rubí, a través del vaso. Sus nervios acogían ansiosos los lánguidos tonos, las melodías sentimentales y vulgares, pues la pasión paraliza el sentido crítico y recibe con delicia todo aquello que en un estado de serenidad se soportaría con disgusto.”

Porque... ¡estoy leyendo! ¡Por fin! Eso sí que es bueno. Si me quieren recomendar algo (prefiero cosas no contemporáneas), escucho atenta. La biblioteca de mi mamá está muy buena, así que es probable que encuentre varias de sus recomendaciones.

Es muy linda la ciudad vacía. Y el calor no me molesta tanto. Extraño la presencia de un lago cerca, pero igual no me jode.
Cuando tomaba sol en la terraza, a veces el ruido de la calle y el calor agobiante me hacían sentir que estaba al lado del lago. Los ruidos se me hacían como los del viento jugando con los árboles y el agua. Estaba ahí, muerta de calor, y me tentaba una rápida zambullida. No iba a ser un chapuzón muy agradable, o uno que pudiera repetir.

Una de las cosas que más voy a extrañar (encabezando la lista está mi hermana): subirme a un taxi un día de lluvia o una noche calurosa, y escuchar tango, mirando la ciudad melancólicamente. Para mí los taxis deberían tener un cartel como las compus, pero que diga “tango inside”.

Estuve leyendo agendas viejas, de esas que lleno todos los años, desde los 16, con citas de libros, recuerdos, cosas que me escriben amigos o conocidos, dibujos, etc. Ellas estuvieron en cumpleaños, viajes, campamentos, fiestas controladas y más descontroladas... en casi todos los eventos de estos últimos diez años. No sé qué haría sin las agendas. Me rescatan muchas veces de los bajones en que caigo. Tal vez las hice para eso. Como un hilito al pasado que me rescata, al conectarse con el presente. En ellas puedo ver que no me perdí del todo, que estuve todos estos años. Y me ayudan a volver a mí, a ser un poco más como la Ceci de 17 años, que era muy fuerte, se cuidaba, brillaba, se respetaba, hacía lo que le hacía bien. La tenía clara. Súmenle una década de años de experiencia en esta vida (¿o será por eso que me debilité?). Voy a arrasar cuando vuelva.

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(Sabían que pasando el mouse por arriba de las palabras subrayaditas se leen acotaciones, ¿no?. Si no lo sabían, se han perdido decenas de comentarios valiosísimos.)

domingo, enero 15

Charla

Cuando les conté a mis viejos mi decisión de quedarme un tiempo por el área de la comarca (sí, la llamamos así), hubo un par de momentos graciosos.

Mi mamá esperaba la charla desde la noche anterior. Mi papá desde la mañana (quedé en que cuando salía del trabajo pasaba por lo de mi mamá a hablar). Los tres estábamos muy nerviosos, obviamente. Eran diferentes clases de nervios. Los míos por saber de qué se trataba, los de ellos por no saberlo.

Mi papá llegó a las cuatro y me pidió mate. Se lo hice, puse dos sillas en el cuarto donde me estoy quedando, me senté en la cama y, cuando se sentaron enfrente mío, dejé pasar unos segundos y dije:

"Bueno, ayer me compré un Evatest..."
...

Mi mamá se empezó a reir y me dijo "callate, boluda" (con ese gesto de manotazo en el aire que se hace cuando el otro dice una boludez). Mi papá puso una cara que, aunque haya durado un segundo, fue inolvidable.

Por suerte después también se rió.


El otro momento fue, como es habitual, por un cuelgue mío.
Mi mamá me decía, al hablar de si me conviene quedarme en El Bolsón o Bariloche, que me conviene Bariloche por el tema hombres, porque "acá no hay nadie, y el que queda es un vago".
A lo que yo respondí, ingenuamente:
"¿quién es?"

Ahí fueron ellos los que se rieron un ratito a costa mía (y yo también).

viernes, enero 13

Soleada

Mi amigo el sol salió, por primera vez en el año, para mi cumple.

Me regalaron un perfume, y como estaba medio enojada o en duelo con Narcisse (sin querer usarlo) me vino re bien.

Después de la cena familiar con tarta de frambuesas salí a un pool y me pasaron por dos horas, de nuevo, música para mí (sin saberlo): Red Hot. Estuvo bueno.

Fue un día especial, por suerte. Lindo.

jueves, enero 12

26

Hoy cumplo veintiseis años.

Y empezó bien. Terminé de festejar el cumple de mi hermanito de (ahora) 13, y ya estaba festejando el mío, a las 12, con la misma torta y los bombones que habíamos hecho entre todos los niños (Ceci niña organizando).

Salí con mis tres hermanos restantes, los más grandes, y tomamos unas cervezas. También se juntaron un par de amigos de la secundaria.

Especial: que desde que llegué al bar, y por dos horas y media más, pasaron sin parar U2, y fue mi regalo de cumpleaños.

Seguiré festejando hoy, el 12, y con una torta no usurpada; tarta de frambuesas, como siempre desde hace más de 10 años. Ya es una tradición (o una ley, de esas lindas, como la de meterme al lago o al río siempre que voy, aunque el agua esté helada).

miércoles, enero 11

Es simple

Me voy a quedar un tiempo acá en el sur.
Me quedo con mis montañas, mis árboles, mis estrellas, mis flores, mis olores a pino y a lluvia y a tierra y a manzanos al costado del arroyo.
Me lleno de ellos, para volver a mí.
No hubo mucha decisión que tomar porque siento que no tuve opción. Es lo único que puedo hacer y sé que me va a hacer bien.

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Naturalmente

Un claro en las nubes.
El macizo perfil de las montañas azules
que recortan el horizonte.
El amarillo apagado de los rastrojos.
El río muy negro.
¿Qué estoy haciendo en este lugar,
solo y cargado de culpas?
Me pregunto.


Sigo comiendo las frambuesas de la fuente.
Sin hacerme problemas. Si estuviera muerto,
me recuerdo, no podría saborearlas.
Nada es tan simple.
Sí, todo es así de simple. Naturalmente.


Raymond Carver.

lunes, enero 9

Algunas cosas

El sábado a la noche tocó la banda del esposo de mi mamá. Estuvo muy bueno. Según mi mamá yo no podía sacarle los ojos de encima al saxofonista nuevo. Lo que no sabía es que lo miraba porque el tipo era insoportable. Parecía el conejito de Duracell (tanto como para, en un momento efusivo, patearle la trompeta al esposo de mi vieja). Según Clari, un Jamiroquai barato.
El tipo era un guitarrista frustrado: tocaba el saxo alto, pero cuando no lo hacía, el instrumento se convertía en su guitarra imaginaria.

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Después salí con mi hermana, y me divertí mucho.
En un momento hablábamos de nuestros problemas con el compromiso, la entrega, los chicos en general, y nuestra teoría de que es por nuestra infancia (los cuatro mayores tenemos de esos problemas). Nos acordamos de una charla que tuvimos el año pasado:

Ceci: Sería mejor que no existiera la familia, es una mierda, te re trauma.
Clara: Un Mundo Feliz...
Ceci: Sí, sería un mundo feliz.
Clara: No, boluda, hablo de la novela
(risas)

Antes de anoche cuando nos acordábamos dije "un mundo felix", y me entendió (sabía que estaba pensando en el apellido del autor). Eso es lo lindo de charlar con ella. Ya sabe cómo trabaja mi mente. Sabe que digo cosas como "Cartas al Capitán" cuando quiero decir "El Coronel no tiene quien le escriba". Que digo "mona Lisa" en vez de "gata Flora", Milan Kundera en vez de Emir Kusturica, hermafrodita en vez de ematita, I Ching en vez de Horóscopo Chino, "El lobo Feroz" en vez de "San Francisco y el lobo", "sex on the beach" en vez de "Sex and The City".
Y me entiende.

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Esa noche caminé un par de cuadras sola, antes de que toque "Caravana". Una de las cuadras la caminé mirando a la luna. Hablando sola.

- No puede estar tan linda la luna. La puta madre, no puede ser tan linda. Me duele. No lo puedo creer, mirá eso...

Cualquiera hubiera pensado que estaba loca. Suerte que yo estoy perdida, porque yo también lo hubiera pensado si estaba ahí. Lo peor es que en realidad son esos los momentos en los que vuelvo.

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El sábado a la tarde pasé por enfrente de Musimundo y me quedé parada ahí afuera como una pelotuda, empapada, escuchando "Si tú no estás aquí", mirando a la lluvia y haciendo pucheros. Era para una postal, o un video clip barato. Doy lástima (era una imagen muy patética, nunca pensé llegar a eso).

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Despeinada, aha aha aha. Despeinada, aha aha aha.

He descubierto algo nuevo. Tener el pelo largo en un lugar asediado de hombres alcoholizados es un propulsor para sus acercamientos melosos insoportables.
En dos lugares diferentes y en tres oportunidades, pasé caminando entre estos especímenes, y me peinaban!
Hasta uno ofreció hacerme una trenza.

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Y de colgada, pensé durante diez minutos que me decían "lunares", "me gustan los lunares", etc. por los de mi cara. Y cuando le dije a Clara, en joda "los chicos están re observadores hoy", me dijo "pelotuda, es por tu remera". Tenía una remerita blanca con lunares rosas, amarillos y rojos.

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Reacción graciosa de Clari.

Situación: en la barra de un bar, un ex compañero suyo totalmente manosero, cargoseándola. De golpe ella grita "Martín, no me untes!!!", por cómo la estaba acariciando (era increíblemente cargoso, realmente era como si le untase el brazo).
Más tarde le dije que vayamos a ese lado del bar, y me dijo "claro, porque a vos allá no te untan".

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Qué Nahuelito ni Nahuelito.

Hay una nueva atracción turística en Bariloche. Se llama "las caídas de Cecilia".
Si ven a una chica, pelos al viento, que no puede hacer dos cuadras sin tropezarse, amagar a salir corriendo, trastabillar, resbalarse, chocarse postes, gente, pisar charquitos... síganla. Hay diversión garantizada.
No acepten imitaciones.

viernes, enero 6

Extraño a mi jacarandá

Estoy muy mal. Sólo yo sé lo mal que estoy.Tirada en la cama, escuchando Spinetta, escribo esto. Y no lo quiero postear acá. Mi familia juega a las cartas, escucho sus risas. Estoy hecha mierda y lo único que me importa es no ser desagradecida al no darles bola.
Fui a una psicóloga. Me compré pañuelitos descartables, preparada para llorar, ya que cada vez que pensaba las cosas que le iba a decir se me llenaban los ojos de lágrimas.
Pero no lloré. Me dijo que mis palabras no iban con lo que mostraba. Que estaban como despojadas de sentimientos. Y así soy. Por eso digo que nadie sabe realmente cómo estoy. No se acercan a saberlo. Ni siquiera me creen. No me toman en serio, fría como me muestro.
Me preguntó si me angustiaba. Le dije que con temas puntuales (como peleas con algunas personas) mucho, pero que no soy de llorar en la cama pensando en mi vida. Me preguntó si escribiendo es como yo logro conectar mis sentimientos con mis palabras. Pensé en posts como éste y éste.
También me dijo si no me enroscaba mucho. Le conté que siento que mi vida es ficticia, que no soy yo. Que me levanto, voy por la calle, tomo el colectivo, pero no soy yo. No estoy ahí. No es real. Me preguntó dónde estaba, y le dije que en mi cabeza. Me preguntó qué hacía ahí, y le dije que me buscaba, porque estoy perdida.
Salí del consultorio, me compré un cuaderno, una birome azul de trazo grueso, un helado palito de chocolate, y me fui a la plaza.
No escribí nada, pero necesitaba tener el cuaderno.

miércoles, enero 4

Fiestas en El Bolsón

Navidad.

Almuerzo el 25 al mediodía, con mesa larga en el patio. Mi familia, mis tíos con sus mellizos de seis años, dos amigas de la familia y una pareja amiga de mis tíos, con su bebé de dos meses.
Todo empezó con un juego de mi hermano Tiago (24) y Dante (6). Jugaban a mojarse con botellas de agua, corriendo por el jardín. Se sumó el otro mellizo. Era gracioso ver cómo le revoleaban a mi hermano la botella entera en vez de mojarlo. Media hora después se sumó mi hermano de 12, y después Tiago se cansó y abandonó.
La cosa ya era con baldes de agua. Se rompió la canilla del patio de la que sacaban agua, y fue el amigo de mis tíos (una mole) a arreglarla. Empezó a mojar a los chicos, que no dudaron en tomar medidas al respecto (ignorando que estaba vestido con jean y remera). Mi mamá fue a comprar bombitas, las infló, salió con un balde lleno, y no pudo resistir la tentación de hacer la pelea un poco más pareja (ella también, con jean y remera). Mi hermanito prendió la bomba de agua y empezó a usar una manguera. Se sumó el esposo de mi mamá , e implementaron otra manguera, con más presión todavía. La cosa se había puesto despareja de nuevo, entonces me fui a poner la malla, abajo del vestido (si no, se me veía todo), y salí disimuladamente con una sidra y un sifón (mi arma).
La guerra duró dos horas. Yo tenía un contacto interno, Tiago, que me llenaba baldes desde adentro de la casa. Mi mamá se disputaba las mangueras con los hombres, y hasta el bebé recibió salpicaduras de agua. Los autos quedaron como recién lavados (durante la pelea, mi tió movió su auto al centro de la disputa. Tal vez era el mejor estratega de todos).
De pronto me dí cuenta: estaba empapada, corriendo descalza por el pasto, en mi vestidito blanco con flores azules, riendo, y pensé: “este sí que es un buen comienzo para las vacaciones”.


Año Nuevo.

Amigos y familia en casa de mi mamá. Tragos para todos, pero la bartender tomaba cerveza con maní. Todas las ensaladas eran de papa.
Resaltado de la noche: Partido de voley a las 2 a.m., divertidísimo. En el equipo contrario al mío sacaba siempre el mismo, escondido entre las sombras (nunca se sabía de dónde venía la pelota), y rotaban corriendo en círculos antes del saque. Al principio jugaban todos con vasos en la mano, terminaban parados (con suerte) en el medio de la cancha contraria, agarrando los pies de los jugadores del otro equipo, o colgados de la red (hubo que desenredar un par).
Terminó el partido por necesidad de tragos (alegaron). Como se me había acabado el repertorio, inventé uno. Vodka, licor de frambuesas, limón y Sprite.
Se llamó Volley-Ball.