lunes, marzo 20

Las aguas tienen un recurso más, moviendo las olas ya no hay realidad.

No tengo ganas de postear. Y menos la crónica que fui escribiendo. Me cansé (hasta yo me aburro).

Puedo decir, igual, que me mandaron algunos de mis CDs de Buenos Aires (me estaré mudando de a poco?) y estoy redescubriendo canciones, recuperando sensaciones que me provocaban y descubriendo algunas sensaciones nuevas. No tengo tele, y mi hermana no está viviendo en mi casa, entonces escucho mucha música. Me encanta.
Hay un tema de Spinetta, por ejemplo, que me había olvidado. Tiene una melodía que me provoca ganas de llorar, un movimiento que hace es hermoso (es el tema de donde saqué el título del post). Así que repeat con ese tema hasta el cansancio.
Un nuevo compañero de mis noches es Dolina. Cuando vuelva mi hermana a la casa no sé qué voy a hacer (el equipo está en su cuarto).

Al final no quise poner la crónica pero estoy hablando boludeces que son peores todavía.

Puedo decir que el hecho de que mi mayor preocupación sea "estar gorda" habla muy bien de mi presente o muy mal de mi salud mental.

Que una señal de que alguien está enganchado con vos es cuando le saca lo negro con un cuchillo a tu tostada a la mañana.

Que el otro día me puse el pantalón rojo que se cae, la bombacha negra con florcitas rojas, rosas y blancas (que se va viendo cada vez más a medida que pasan las horas), y el pullover negro, que aún tenía restos de Narcisse. Y que ese mismo día a las 16:27 manoteé algunos cassettes de mi mamá, porque en el local se rompió la lectora de CDs, y entre ellos estaban Artaud, y el de Tracy Chapman con The Police del otro lado. Y que estuve bien. Que estoy bien.

Que todos los días siento que es jueves o viernes. Y que pienso "ah, tal debe estar haciendo esto porque es jueves..." y así.

Que igual algún día pongo las cosas de la "crónica", porque había algunas divertidas.

Y que mejor la pongo ahora, dejando algunas cosas sin poner:

Martes:

Ahora que vivo en casa (y no departamento) no solo bailo y canto sino que canto a todo volumen (estás clavada en miiiiiii, te siento en el latiiir... abrasador de mis sieeenes...).
Los de la distrubuidora de cerveza de al lado se deben reir de mi (y de las peleas con mi perra: boluda! abajo! nooooo! abajo! me rompiste el pullover, loca de mierda! te voy a dar un calmante a vos). Ah, sí, porque al lado del departamento de Capital arreglaban los subtes. Pero al lado de mi casa actual está lleno de cerveza. Vamos mejorando, ¿no?
Lo que se me complica es mi manía exhibicionista. Tiene muchas ventanas la casa. Y se ve desde la ruta, que está un poquito más elevada y justo tiene una curva rodeando la distribuidora de cerveza. De noche, si tengo las cortinas abiertas, se ve todo.
Hace un par de semanas estaba cambiándome, toalla en la cabeza, y siento una voz. Voy en bombacha a la ventana y ¿qué veo? Un viejito con boina en el patio, a tres metros de la puerta. Mi perra, jugueteandole alrededor (boluda, te tengo para que me cuides). Hice cuerpo a tierra, y fui corriendo, tapándome el culo, a ponerme un pantalón. Era Don Walti, el gasista.


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Con mi hermano Tiago nos llevamos 20 meses. Es más chico, y siempre fuimos muy compinches (cuando no nos matábamos). En una época le decíamos a la gente que éramos mellizos. Vivimos mil cosas juntos. Cada aventura...
"Cómplices" es una palabra que describe bien nuestra relación.
Siempre está presente en mis cosas. Él me contó que siempre piensa "qué diría Ceci de esto", o "cuando le cuente a Ceci esto...". Y, aunque al final no me lo cuente, ya estoy acompañándolo.
Yo le conté que hasta en mis sueños está conmigo. Siempre está ahí (en los de aventuras, en los otros no... además en los "triple X" sería muy feo; una pesadilla), aunque no sea un personaje de la aventura su presencia está atrás mio mirando todo.

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El otro día llevamos a mi hermanito y a su primo a jugar al pool. Ana, Clari y yo. Faltaba Tiago nada más. La salida la auspiciaba mi mamá: nos dio $ 100. Así cualquiera saca a pasear a los hermanos.
En un momento me agarró el ataque goloso y me fui al kiosco de la otra cuadra a compar unos chocolates.
En la esquina me paro de golpe y empiezo a sacudir mi pantalón (tres talles más grande que lo necesario) y las piernas.
Pasa un paisano borracho y me mira.

Paisano borracho: Uh, ¿qué pasó? ¿Tijereta?
Yo: (riendome) Sí!

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¿Por qué me gustan los hombres con ojos como los míos, así, medio raros? Tienen verde, como miel (amarillo) y marrón. ¿Es algo totalmente egocéntrico? ¿Coincidencia? ¿Edipo hermanal? (mi hermano es re lindo [babosa] y tiene los mismos ojos que yo). ¿O se trata de algo Darwiniano, de preservar la especie, de no perder el rasgo?

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Estoy en una etapa muy... no sé: como boluda, un poco frívola, tal vez. Es algo por lo que nunca pasé, y está bueno hacerlo. Joder. Me está haciendo bien. Sé que es una etapa. Y por eso mis posts son así.
Me van a tener que bancar un poco.
Cuando me fui de acá, a los 18, me empecé a perder. Mi hermano me decía, así al pasar, que me había vuelto loca.
Y ahora estoy "redescubriendo" cosas que nunca pude hacer. Como joder un poco. En mi agenda puse I´m coming back. Después hago un Fast Forward.

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Un jueves del verano pasado estaba atendiendo el puesto de la feria, y cuando no venía gente leía una antología poética de Maiakovski. De pronto miro a la del puesto de al lado (la de las plantas) y ¿qué estaba leyendo? Un cuadernillo de Maiakovski. ¡Increíble!

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Y eso es todo.

domingo, marzo 12

Más (y repito temas, para colmo)

¿Es normal sentir que tu psicóloga te está lavando el cerebro? En la última sesión sentí esto, y me cerré un poco. Ahora tengo miedo a abrirme porque me va a meter conceptos suyos, que no tienen por qué ser los correctos, y si tengo conceptos de alguien en la cabeza quiero tener los míos. A lo sumo los míos trabajados con ayuda de terapia, pero no los de ella. Se puede equivocar feo, además. Y yo soy re frágil. Me afecta mucho todo (
la escultura de arcilla condenada a estar eternamente fresca).

No dejo de sorprenderme (o de disfrutar sorprendiendo a la gente) con el tema de mi edad. El viernes un chico de 15 años me daba 18, 19. Después le dijimos 22. Y decía "no, no lo puedo creer". Si sólo hubiera sabido que en realidad son 26.
Hablando con un alemán en el boliche tampoco me creyó (él dijo 20, 21), y me llevó a la luz para ver bien. Y siguió sin creerme.
A mi papá, a veces, por la calle, sus conocidos le hacen el (ya típico) chiste: "¿dónde guardás el retrato?" (por Dorian).
Está bueno haber heredado eso.

El otro día fui a ver a mi papá al trabajo. Toqué el timbre de su oficina, en el primer piso, y le pedí que baje a abrirme. En eso, escucho Adios Nonino. En el patio del bar de la esquina había un guitarrista tocándolo, para mi alegría. Me quedé ahí mirando y escuchando. Al ratito me acuerdo de mi papá. Estaba a media cuadra, en la puerta de la oficina, con cara de preocupado: ¡Pensé que había sido una alucinación!

Estoy en su casa. Otra vez vine a purificarme un poco. En un rato voy a ir a juntar manzanas, y estoy haciendo una torta de mousse de chocolate, practicando un poco para un casamiento para el que me encargaron tortas.

Diálogo de ayer:
Yo: Si una torta me queda a $ 20 de costo, ¿a cuánto la cobro?
Padre: A $ 40.
Yo: Eso dijo R... eh, no, no hablo más con R... (con cara de pícara).
Mujer de mi papá: Jaja, tenés que decirnos "eso hubiera dicho R... si hablase con él".
Yo: Jajaja, sí. (y les conté lo del boxer/pijama).

Hoy a la mañana bajé a desayunar, y mi papá leyó el logo de mi buzo gigante naranja y gris con capucha. Yo le dije "era de...", y la mujer de mi papá me interrumpió "es de R...". Y se reían.

Después estaba haciendo el punto letra para el bizcochuelo (que, by the way, me quedó HERMOSO), y adivinen: ¿qué letra hice? (se logra el punto letra cuando, levantando la cuchara, batidor o lo que sea, hacés una letra y queda ahí en la superficie de la preparación, no se va en seguida). Bueno, hice la R. Es así, la hice todo el año en el trabajo, varias veces al día. Ya quedó automático. A lo sumo es la R de repostería, ¿no?
No sé, pero ahí me reía sola.

Hoy fui a ver y regar el chilco y en el camino ví una manzana ahí, en el árbol; separada de las demás, amarilla con reflejos rojos y verdes. Mientras me acordaba de mi infancia, de algún modo enmarcada por los manzanos y las manzanas de mi chacra, me dí cuenta de que quería recordar más. Volví los cinco pasos que había dado, y la agarré. Es increíble cómo estoy por comer algo que hacía un segundo estaba conectado con el árbol, siendo parte de él, con fluidos en común. Estoy comiendo vida. Si hubiera algo como esencia de la vida (si se vendiesen frasquitos, por ejemplo), no se compararía con comer una manzana, una frambuesa, una frutilla, cuando apenas están sacadas de la planta.
Y cuando la mordí fue impresionante. Los recuerdos me golpearon como si me hubiera envuelto un ventarrón cálido desde atrás.
Jugando con mis hermanos, el galpón es nuestra casa. Afuera llueve. Somos una familia pobre en época de guerra sufriendo las inclemencias del tiempo. Los valientes van, de a turnos, a buscar el alimento. Las manzanas. Los más atrevidos vamos al mejor manzano, que está más lejos. Manzanas cortadas puestas en recipientes con agua: sopa. Manzanas picadas: puré. Manzanas enteras: manzanas.
Y de vez en cuando se enfermaba alguno (nos gustaba jugar a sufrir, creo que justo había leído Mujercitas), y le poníamos paños fríos. Después se aburría de estar tanto tiempo quieto y mágicamente se curaba.

Ya junté manzanas (ésta es una especie de actualización), y fue más complicado de lo que pensaba. Primero hay que rastrillar el suelo, para sacar las manzanas que se cayeron solas y están todas agusanadas y con tijeretas. Después sí, sacudir el árbol. Hay cinco manzanos pegados (no sé cuántos serán en realidad, tal vez son dos, pero hay cinco troncos). Tuve que detectar, bajo instrucción de mi papá, el que tenía las manzanas rojas, y sacudir ese. Parada en el piso lo traté de mover, y el guacho apenas si temblaba. Entonces me trepé. Un pie en cada uno de otros dos troncos, a un metro y medio del suelo, colgada del de las manzanas rojas, sacudiendo con todas mis fuerzas. No caía mucha fruta, así que subí hasta los dos metros. Habré logrado tirar un kilo y medio de manzanas. Pero yo quería tres o cuatro. Volví decepcionada a avisarle a mi papá que lo haga él. Justo había visitas, así que no se pudo. Entonces fui al galpón, para agarrar una soga, lacear una parte alta del manzano y sacudir de esa forma. Pero el galpón tenía un candado (¡vándalos de la montaña!). ¿Qué había al lado de la puerta del galpón? Dos escaleras. Agarré una, y la llevé hasta el manzano. La puse en uno de los troncos, y subí como pude por entre las ramas. Estaba en el último escalón de la escalera. Sacudí mucho y, ahí sí, cayeron los tres kilos más que necesitaba. Lo malo era ver desde arriba cómo los perros comían mis manzanas! ¡Coman de las que se cayeron solas, finos! Quedé toda rasguñada. ¿Qué te pasó? No, estuve juntando manzanas. Peleando con un manzano, mas bien.
Lo peor de todo fue ir a buscar una manzana que estaba al lado de un árbol, olvidarme que en ese árbol estaba apoyado el rastrillo, pisar la parte de abajo y que me pegue de lleno en la cabeza, como en los dibujitos. Me hago la granjera pero me falta el detalle del rastrillo. Creo que uno es considerado un granjero de ley cuando por fin domina el tema de no pegarse con el rastrillo en la cara. Una vez, a los once o doce años, fui a preguntarle algo a mi papá, que estaba desyuyando la huerta, y me pasó algo terrible: pisé el rastrillo, pero no apoyadito en un árbol como hoy. El rastrillo estaba acostado en el piso. Así que imaginen la fuerza con la que me dio en la nariz. Quedé medio tonta. No sabía si llorar o ponerme a reir. Hice las dos cosas, y me fui calladita por donde había venido, de la vergüenza que tenía (mi papá, por suerte, estaba de espaldas).

Así que mañana se hace jalea de manzanas, gracias a mi pequeña aventura. Creo que me merezco un frasco.

jueves, marzo 9

Y dale con las boludeces

Mi cerebro está, desde hace algún tiempo, en modalidad post. Para desgracia de mis lectores, cada boludez que me pasa tiene alguna razón para entrar en el blog. Será que estoy en una etapa boluda.

Pero bueno, acá van algunos de esos "mini posts/comentarios/apuntes de vida/boludeces".

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Es de familia

No soy la única loca que cambia las palabras ridículamente como contaba en éste post (ej: digo algo como "Cartas al capitán" en vez de "El coronel no tiene quién le escriba").

Hermana Clari: (pasando frente a un video) Quiero ver una peli!!!
Hermana Ana: Me recomendaron una, podríamos verla.
Hermanas menores de Ana (Clari y yo): Cuál?
Hermana Ana: Esa... la del jurado ese que corre.

(se refería a Tribunal en Fuga. Lo loco es que la entendemos).


Pijamita

Seguí un poco en contacto con mi "ex chico". Cualquiera pensaría que, después de lo que pasó, no hablaríamos más. Pero nos hablamos, algo.
Ni siquiera lo que pasó con el blog logró un cierre, o un término de diálogo.
El otro día le dije a mi papá y su mujer:
Yo: Dice R... que bla bla bla.
Ella: ¿Cómo "dice R..."?
Yo: Sí, seguimos hablando.
(Cara de desaprobación de los dos).
Ella: No tienen que hablar más. Tienen que cortar como la gente normal, putearse un poco, y dentro de algunos años encontrarse por la calle y decir "ah, mirá, ese es...".
Yo: Es que como lo normal era putearnos, en realidad ahora para lograr un cierre nos tratamos bien.

Esa noche, cuando me fui a dormir (me quedé en su casa), me puse el "pijama" en el baño, pero para hacer el trecho del baño a mi cuarto me puse la ropa encima. Porque mi pantalón pijama es un boxer que le pertenecía a mi ex (lo usó una vez y se achicó, casi no fue suyo). Ellos me iban a hacer algún comentario burlón.
El que no sé si lo va a aprobar es mi "futuro chico" (tal vez el boxer va a estar desintegrado para ese entonces).

Me equivoqué (de torpe) demasiadas veces con la clave de mi caja de ahorros, en internet, y ahora tengo que ir al cajero a cambiarla. La que tenía era su cumpleaños. ¿Otra señal?


Lados

Tendría que hacer una encuesta (colaboren, por favor). Me dí cuenta de que todas las veces que dormí al lado de un hombre (que no fueron tantos, pero igual), quedé naturalmente a su izquierda (si está mirando para arriba). ¿Fue por casualidad, es la costumbre mía y se respetó, o es la posición standard? Las veces que dormí del otro lado fue porque tenía una cama de una plaza con una pared a la derecha, y no daba para quedar aplastada entre la pared y el muchacho. Pero, el resto de las veces, se dio así: él a mi derecha, yo a su izquierda (tengo una teoría, pero es muy tonta y falocéntrica).
Ahora tengo una cama de dos plazas, que está buenísima. Tengo la mesita, el placard, los Cds, libros, todo, del lado izquierdo de la cama (si te parás a los pies frente a ella). Así que duermo donde supuestamente iría "mi hombre". Y me siento incómoda del otro lado.
No sé si empezaré algo con alguien acá, pero, si es así, veremos si se la banca o tendré que ceder mi lugar.
Cuéntenme: ¿De qué lado duermen cuando están acompañados?


Can... y no

Ahora estoy cuidando un perrito que se llama Candombe y es de un chico que toca las congas en un grupo de salsa. Candombe tiene pocos meses, es una mole negra. El boludo se cruza cuando caminás, se hace casi imposible ir de la tranquera a la casa. Es como una constante zancadilla gordita y ladradora.
En realidad casi adopto a uno de sus hermanos. Se dio una de esas situaciones que sólo se dan en un pueblo.
Había un aviso en una revista de clasificados: "regalo un cachorro cruza mastin nap. y policía, 2 meses, vacunado y desparasitado. N... . Tel: xxxxx."
Llamo, y se da esta conversación:

Voz en el teléfono: INTA, buenos días.
Yo: Hola, se encuentra N...?
Voz: Sí, habla él.
Yo: Aguardame un segundito.
Yo (al esposo de mi mamá, tubo en el pecho): Che, N... D.A. trabaja en el INTA, no?
Jote: Sí.
Yo (al Tel): Hola, N...? Soy Cecilia C., te llamaba por el aviso del perro, no sabía que eras vos.
N...: Hola, Ceci! Jaja, no, pero ya lo regalé.
Etc.,etc.

Y el jueves pasado, cuando fui a ver a la banda de "El Jote", este chico me pidió que le cuide el perro. Y cayó al día siguiente a las 10 AM con Candombe. Yo con mi resaca, mi pantalón peludito amarillo patito, y un saco de lana largo con capucha, más dormida que despierta.
La cosa es que esa mole de 3 meses es más guardián que mi perra. Ojalá la boluda aprenda algo.
Mi perra se llama Negra. La queremos rebautizar, porque la perra de mi mamá también se llama así. Queremos un nombre bien de puta (pobrecita). Acepto propuestas.


Otra perra

Hoy vino una mujer al local que era todo un personaje. No sé quién se creía que era.
En un momento (del laaargo tiempo en que esta mina estuvo boludeando en el local) una chica se prueba una remerita. Sale del vestidor y me dice:

Chica: ¿Te puedo pedir tu opinión? Porque estoy sola y tengo que comprarme algo para una publicidad.
Yo: Sí (con una sonrisa, no hace falta aclarar)
Chica: ¿Cómo me queda esta remera?
Yo: (La miro bien unos instantes) Bien... (me interrumpen)
Señora: No me gusta. Te queda mal. Vos pediste una opinión, ¿no? Te queda muy apretada y atrás te marca todo.
Yo: A mí me gusta.
(Chica mira con cara de deprimida)
Señora: La sinceridad ante todo. Yo sé que hay que vender, pero por ejemplo, eso me gusta de M... (una de las dueñas). Si algo no te queda bien, te lo dice.
Yo: (bueno, pero no la voy a matar, pobre piba, con la espalda de heladera que tiene, probablemente nada del local le quede bien. Dentro de todo, esa era una de las que mejor le podía quedar) Sí, está bien, pero a mí me gusta.
Yo (a la chica, que está entrando de nuevo al vestidor): Me gusta. Aparte ese color te va re bien con tu piel.
Chica: Bueno, me pruebo la otra.
Sale, con una musculosa violeta.
Señora: Ah, ahora sí, ésta me gusta más.
Yo: Sí, te queda bien, pero me gustaba más la otra. No coincidimos (mirando a la señora).
(¡Tenía unas ganas de pegarle!)

Cuando se fue la señora, la chica dijo que la escuchaba desde el vestidor y "era una mala onda, tiraba un palo atrás del otro".


Lo gracioso del día: Me siguió un mimo con cara y disfraz de gato que emite sonidos agudos. Voy caminando por la feria, paso por atrás del gato sigilosamente, y dos feriantes me miran y le dicen "mirá qué linda" (esto siendo lo levanta-autoestima del día). Ahí el gato me sigue algunos metros, yo camino derechito riéndome, y, mientras, los dos feriantes lo animan desde su puesto a que me lleve de vuelta.


Gran hermano

Cualquiera de El Bolsón que lea blogs y caiga en éste me puede ubicar tranquilamente (mi nombre junto al de mis hermanos, mi ubicación en la feria, mis dibujos...). Tengo que controlarme y tratar de no hablar muy mal de la gente.


Take Care

Hoy en la feria (los días de feria almuerzo ahí) vino al puesto el chico de los asaltos que me ama (el puesto lo atiende el que trató de hacer de cupido esa noche). Cuando me despedí para ir al trabajo, me dio un beso con caricia en el brazo y me dijo "¿te cuidás?" (¿y ahí qué le respondo? "sí, ¿y vos?").
Una cuadra después paso por afuera de donde trabaja el cantor de tangos, me golpea el vidrio y entro. Hablo un poco, y cuando lo saludo me dice "cuidate, eh".
Los demás que me saludan no me dicen así. Sólo los que tienen onda conmigo. ¿Cómo es? ¿Se preocupan por mi bienestar, o es la nueva forma de tirar onda? Porque cuando me lo dicen me hacen una cara, como enfatizando eso. Es raro. Sea lo que sea, yo no entiendo ese nuevo código.


Miradas cómplices

En la feria, también, mientras almorzaba mi sandwich de milanesa de pollo, el muchacho de gorro de colores que toca la guitarra mientras se pisa un pie con el otro, tocó una melodía que me hizo hacer un escándalo a mis acompañantes de puesto: "¡mi tema preferido de Piazzolla, qué lindo, no es común que lo toquen, qué lindo, qué emoción!". El guitarrista estaba a dos puestos de distancia; la feria más bien vacía. Yo lo miraba emocionada. Al rato, suena mi celular. El chico me mira. Somos cómplices en la muerte del ángel (yo lo maté en serio, en realidad).


Un poco de Pizarnik:

Solamente

ya comprendo la verdad

estalla en mis deseos

y en mis desdichas
en mis desencuentros
en mis desequilibrios
en mis delirios

ya comprendo la verdad

ahora
a buscar la vida.


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No estoy lista para decir lo último. Pero sí estoy lista, al menos, para decir

... y que siga la melodía.

martes, marzo 7

Frío y calor

Estoy en el local. Dejándome envolver por la poesía que hay en la voz y la guitarra de Spinetta.
Tomando mate, sentada, leyendo un libro.
Afuera llueve. Cierro la puerta.
Veo a las viejitas salir del negocio de lanas de enfrente, acomodándose las chalinas o pañuelos sobre sus cabezas para protegerse del viento helado.
¿Qué harán con esa lana? ¿Una mantita para un futuro nieto? ¿Un pullover para algún hijo, que les cebará mates mientras tejen? ¿Una bufanda para una nieta adolescente?
¿Quién las ayudará a ovillar la lana? ¿O lo harán en el respaldo de una silla, que hace tiempo está vacía?
¿Dónde viven?
Siempre me dio curiosidad la vida de los viejitos. Los respeto mucho. Los valoro mucho. Me dan como nostalgia (de esa que es a futuro).
¿Seré viejita alguna vez? Si hablo de lo que pienso sobre eso, la gente que me quiere se enoja. Así que mejor me callo.
Igual, me tengo que callar ahora. Entró una viejita para ver si le quiero comprar sus pullóveres.

No te busques ya en el umbral

Le quería regalar ese tema a alguien, pero me contuve porque sentí que le daba con un palo.
Y ayer lo escuché dos veces, en dos versiones diferentes; para colmo una después de la otra, por casualidad. Es el último tema de "Elija y Gane" y el primero de "Obras en Vivo". Pensé: ¿y si me lo regalo a mí? (o me lo regala Spinetta). Cuando cambié el CD y puse play (tuve una mañana muy Spinetta), dije: no me jodas. Y ahí lo tomé como un regalo.
Sí. Ahora es mío.

... y que siga la melodía.

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Umbral (no te busques ya en el umbral)

Estás perdiendo el tiempo
pensando
pensando
y estás fuera de la vida
jugando y perdiendo

comes tu conciencia
manzano
en la nada
y qué dirán las sombras
de todo tu regreso?

tu ser sin querer
se abrirá de la luz
se irá
sin saber que lo amaban

deambulan los perros
en busca de agua
y cómo pasa el tiempo
(sin fuego, sin fuego)

ángel de los pobres
pequeña armonía
algo tiene un ensueño
en este insomnio

tu ser sin querer
se abrirá de la luz
se irá
sin saber que lo amaban

ya dejaste tu día
buscando las moras
hablando de los niños
que escriben en el cielo

apocalypse
(de aire, de aire)
termina todo ese oro
en tus bolsillos

perdido en el mundo
tu ser te dolerá al fin
ombligo de piedra marcado

No
te busques más
en el umbral
para que sepan
la forma de tu alma

y que siga la melodía.

domingo, marzo 5

Pongámonos al día

Estos son proyectos de posts, algunos más aburridos que otros (pero todos aburridos), que tengo desde hace más de una semana.
Los pongo por fecha, más o menos.

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Miércoles.

Se fue mi hermanita y con ella las noches de descontrol (nota de la autora: o eso pensabas, ilusa). Al menos un poco. Además, ya inauguré la casa. Voy a contar de la última de esas noches. La despedida de Clari.
Empezamos con un comentario gracioso del chico ojotas Dire Straits:
"Siempre tenés una sonrisa ¿Eso lo sabés? Lo sabés, ¿no?"
Así, todo sorprendido y curioso, como diciéndome algo que yo no había notado. Sí, lo noté, y en el momento no me percato. Un día fui a la feria, pensando no sé qué, y Clari, que estaba atendiendo el puesto, me dice "ay, me asustás con esa sonrisa!". Y sí, parecía re-psicópata.
También lo notó Chizz en este post.
Y es re así. Tanto, que mis primeras líneas de expresión son rodeando las comisuras de la boca.

Otro comentario de este chico, de cuando de puso meloso: "no tenés perfume (duelo de Narcisse), pero tenés un olor riquísimo". Una semana después su amigo me decía "vos con tu olor a mujer..." ¿Tendré muchas feromonas? ¿Qué onda?

Este amigo hizo un comentario de confianza graciosa. Yo estaba en una mesita, acuclillada en la silla, poniéndole maní a mi cerveza (siempre tengo una bolsita de maní en mi cartera). Pasan ojotitas y su amigo y éste me dice "¿Qué hacés?? ¡Gordita golosa!". Sin que lo conozca.
Ese chico después quedó sorprendido cuando en un momento, hablando de las edades (tema que siempre viene a colación cuando estamos las tres hermanas juntas), me retó a adivinar la suya. La dije "a ver, mirame". Lo miré unos instantes: sus arrugas y sus líneas de expresión. Y le dije "tenés 23". Se quedó mudo y con cara de susto. El amigo, sorprendido: "tiene 23".
Más tarde le dije "vos cantás" (tenía linda voz) y me dijeron, asustados de nuevo, que cantaba en una banda (¿lo viste? ¿cómo sabías?). Y después me empezaron a pedir que adivine otras cosas. Pero no.
Este chico dijo, en un momento de la noche (que tuvo cervezas en la plaza, uso de baño en casa/fábrica de alfajores -con alfajor de frutilla incluído-, y coros), que tal vez mi hermana mayor y yo parecíamos tan pendejas porque de tanto sonreir y enojarnos ejercitábamos los músculos de la cara. Y por momentos me miraba y me decía "desenojate"; "cambiá la cara"; "no te enojes", porque yo no me daba cuenta y me re enchinchaba con un chabón, que era un imbécil y realmente me sacaba. En un momento le tiré un caramelo sugus en la frente (chica violenta), con eso digo todo. Este chico idiota en una de nuestras peleas me dijo "vos no hablés. Cuando tengas más de quince años me vas a poder venir a decir algo a mí". Y mi delicada respuesta: "soy más grande que vos, pelotudo".
Otro comentario gracioso fue el del amigo de ojotas Dire Straits, que en un momento cantó esa partecita de un tema de Full Monty que dice "we - are - fa - mi - ly", y dijo que eso teníamos que cantar nosotras. Es re lindo tener hermanas así, para joder un poco (con las edades como las tenemos, en este pueblo que fomenta la eterna adolescencia). No me voy a olvidar nunca esta etapa.

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Viernes.

Sueños
Anoche soñé que me mataba un dinosaurio. En realidad yo elegía que un velociraptor me coma la cabeza, frente a no sé qué otra muerte, menos rápida.
El otro día soñé que me ponía una ferretería. Y que cuando me daba cuenta de que no sabía nada de eso, pensaba: "bueno, los clientes me explicarán, a los hombres les parece simpático que una sea tonta con esas cosas". Muy machista mi sueño, me sentía Marilyn.

Adicta
Estoy comiendo un paquete de Rumbas por día. No sólo en alcohol y ropa se ahogan mis penas.
Ya sé dónde las venden más baratas, y lamentablemente también sé cuántas calorías tienen: ¡Como 500! Y por día se necesitan de 1500 a 2000. Así que es un poco exagerada mi ingesta de galletitas.
Y se va notando esa forma de ahogar las penas con cerveza con maní, chocolate, galletitas y sandwiches de milanesa de la feria. Se va notando en mi pancita. Ya seguirá a otros lados si no me empiezo a calmar.
Por este trauma con mi pancita es que hoy me estuve probando remeras en el local. Para salir a la noche (cualquier excusa es válida para mi alma consumista). No me dí cuenta de que los viernes viene mucha gente. Yo estaba probándome una celestita que se ataba atrás, y entraron dos grupos de chicas a revisar todo. Estuve quince minutos con la remerita puesta, etiqueta colgando del cuello (tapada por mis mechas largas).
Las remeras las vendemos con prueba de calidad y todo.
Era así cada vez que me probaba (fueron cuatro o cinco). La última fue la peor. Tenía una remerita toda escotada (otra forma de disimular la pancita) y entra un tipo. Yo salgo del vestidor, acomodandomela rápido como puedo, y era el que entrega los productos de limpieza (¡siguen mis aventuras de este tipo!). Vergüenza de atenderlo así, despechugada. Cuando se fue agarré una musculosa hindú, escotada y transparentosa. Pero me controlé y pensé "¿te pasó todas las veces, por qué no te va a pasar ésta?". Al final me compré un pantalón hermoso. Zarpadísima.

Mimada
Para aflojarle a las rumbas y a las Melita avena y miel (¿las probaron? ¡Son lo más! Estoy descubriendo las galletitas, antes no comía), anoche pasé por el súper y compré Casancrem y pan. No me quise comprar dulce, ya que mis papás hacen y son mucho más ricos y sanos.
Salí del súper y llamé a mi papá, pidiéndole que me regale un dulce. Que lo baje (vive en la ladera de la montaña), y yo lo pasaba a buscar en algún momento por su trabajo.
Esta mañana me desperté, triste (costó mucho), quemé dos tostadas, puse dos más, y cuando salí para ver si realmente hacía calor o el sol engañaba (¡maldito verano! ¡te fuiste sin avisar! ...yo me quedé con las ganas de ir un día al lago y nadar toda la tarde), vi en la tranquera tres frasquitos brillando con el sol. Primero pensé "quién puso mis guindas en la entrada?!", pero después caí y me puse muy contenta, y fui corriendo a buscarlos, feliz. Dos de guindas y uno de ciruelas.
Después mi papá me dijo "¡qué guardiana que es tu perra! metí la mano por la tranquera y me la lamía" (no lo conoce).

Sigo llena de rasguños de la perra. No se tranquiliza más. El otro día me tiró al piso. Saltó, y caí de espaldas al suelo. La perra arriba, mi bolso a un costado. Quedé toda llena de arena, hasta en la bombacha. Ella se revolcaba por el pasto para sacarse la arena. Y yo la retaba cagándome de risa.

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Sábado.

Con mi amiga del alma, de siempre, "de fierro", brindamos por mensajitos. Algunas noches conversamos por este medio (ella está en Bariloche y yo en El Bolsón), y cuando nos damos cuenta las dos estamos tomando una cerveza.
¡AGUANTE 1985! es el brindis.
Es el año en que nos conocimos. Y fue nuestro nombre en un taller de la secundaria, que era en equipos.

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Jueves.

Lo malo de leer un libro que no es tuyo es enamorarte de su olor, de su texura, de su tipografía, que sea un infaltable en tu bolso o mochila, que prácticamente sea parte tuya... y que después lo tengas que devolver.

Yéndome (de espaldas y cada vez más chiquita)
Ya pasé la mitad de Cartas a Théo y siento cómo me voy alejando cada vez más de él; agotando quizás lo último que vamos a hacer juntos.
Como siempre cuando se trata de mi cerebro, me salió todo al revés. En diciembre hice una lista de cosas "tontas y lindas" que no quería olvidarme de esos días hermosos (con ítems como: upa a lo Piazzolla - la estrella que se cayó antes de los cinco minutos - Artaud hasta dormirse - pasarelas - ¿el fuego es sedentario? - el pantalón rojo que se cae - "está hecho de... barro, tal vez" - la cruz del sur que guía - pullover de Narcisse [narcótico] - cerveza y panchos en el campito de las manzanas [y pasó el gaucho atlético]), y lo que terminó pasando es que no me puedo olvidar nada. No puedo comer un guiso de fideos, papas y arroz sin ponerme mal.

Perth
Mi hermana estaba haciendo limpieza de cosas viejas (es increíble la cantidad de boludeces que guarda. Cajitas, resortes, diez centímetros de alambre, otros diez centímetros de guirnalda de navidad...), y en un momento saca una bolsita de tela, la tira en el centro de la mesa y me dice "sacá una runa". Yo metí la mano, toqué las runas de cerámica, y una me llamó. Respetando la sensación que me dio (aunque se me hayan ido mis aptitudes de bruja, esa sigue: sentir la energía de algunas cosas o personas), que salió dada vuelta. Parece que era Perth. Y el libro decía: "Perth al revés te aconseja no esperar demasiado, o no esperarlo de un modo ordinario, ya que lo que hasta ahora creías y sabías ha llegado a su término.
Simplemente, no puedes continuar lo que hacías sin sufrir.
Concentra tu energía dispersa, concéntrate en tu vida, en este momento, en tu aquí y ahora, en lo que necesitas para crecer. Pero, más importante aún, Perth te aconseja que no te concentres en el resultado ni te ciegues con la memoria de tus logros anteriores, ya que al hacerlo estarás robándote de tu presente real, el único momento en el cual el cambio personal puede llevarse a cabo" (Y seguía un poco más). Mírenlo a Perth, eh. La tenía clara.

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Viernes.

Un secreto viejo: el invierno de 1999 volví por primera vez a mi pueblito después de mi partida post-secundaria. Y también volví, por ese par de meses, con una especie de novio que solía tener. El chico, ese invierno, tenía rastas por abajo de los hombros, que había cultivado con mucho trabajo.
Mi hermanito tenía piojos. Que pasaron a mi cabeza.
Un día voy a la casa de mi novio invernal, y tenía el pelo corto.
"Tenía piojos", me dijo. "Y me lo tuve que cortar".
...¡La culpa que me dio!
Yo le pasaba el peinecito como una buena novia (con cada pasada abnegada tratando de borrar un poco mi culpa), pero nunca dije nada de la causa de su pérdida.

Un secreto nuevo: el jueves fuimos en familia a ver la banda del esposo de mi mamá, y le convidé varios fondos de vaso de cerveza a mi hermanito de trece, cuando nadie miraba.

Algo que me gusta: reirme de mí misma. Y me hace bien.

Algo gracioso: el piropo autóctono (tendría que ir a mi clasificación). Pasan dos tipos y uno me dice "Ay... mami, qué linda que estás". Da dos pasos y grita "¿Cachai???".

Algo que me molesta de El Bolsón: me siento constantemente observada, es como que hay un gran hermano mirándolo todo.


Boludeando (metáforas)

Almuerzo en lo de mi mamá (mi hermana mayor, mi hermanito, el esposo de mi mamá, mi mamá y yo). Me estaban gastando por mi cantor de tangos.
Todo en tono de joda.

Yo: Y bueno, no hay nada en este pueblo, quedan sólo nenes o viejos. Los nenes son inmaduros y los viejos están casados.
Jote (esposo de mi mamá): No generalices, hay pendejos maduros como viejos inmaduros.
Madre: No tenés por qué tener problemas.
Yo: Bueno, pero Ana (hermana mayor), por ejemplo, tiene un problema con la madurez. El suyo tiene 21. Hay etapas que hay que pasar, es así.
Madre: Y, quédense con los viejos.
Jote: Ojo con eso, que si es muy viejo, será muy maduro pero no es "más-duro".
Todas: DIOS!!!
Yo: Lo bueno es que así como no hay hombres de nuestra edad, tampoco hay mujeres. Entonces se pelean todos por nosotras.
Todos: ah, bueeeno, jajaja.
Madre: Estás como Felipe (de Mafalda): "hoy me levanté pedante".
Yo: No, en serio, es deprimente.
Madre: Bueno, pero el tuyo no es tan chico.
Yo: Y, tiene 17.
Madre: Ehhhhhh!
Yo: No, tiene 23, pero igual... NO.
Madre: Y, quédense con uno viejo y uno joven. Uno para el día y otro para la noche.
Yo: Sí, vamos a tener que hacer eso.
Madre: Como las toallitas: uno es el nocturno.
Yo: Sí, y tenés el ultrasuave, el extra-absorbente...
Jote: Ap...
...

No sé qué iba a decir, pero se debe haber contendo por estar entre mujeres (a esta altura mi hermanito ya había desaparecido, supongo que de vergüenza ajena).

Emocionada

Ésta fue la respuesta más hermosa a mis avisos por mail del nuevo blog. Es de Budka (que tiene un blog excelente, ahí, medio abandonado).

"Siempre que veo una mujer con harina en las manos;
O a esa horrible cerveza artesanal de El Bolsón;
O a esas hermosas chicas que escuchan en sus iPods cualquier cosa menos Piazzolla;
Que tienen onda pero comprada en Palermo.
Cada vez que alguien dice “chucha”
Con cada chica que camina cerca de la sede Puán, triste porque sus zapatitos no brillan como en la plaza de un pueblo.
Cada vez que cito algo de lo poco que sé de Pizarnik y la gente cree que soy un tipo triste...

Pienso en vos.

Menos que en la gente que quiero, pero mucho más que el resto de las personas que no conozco.

(...)

Algún día saldré del armario y volveré a sacar fotos, mientras tanto seguiré tu último rayo de sol.
Por suerte yo conservo el mío, ya que lo he visto varias veces (en Ohio, en Berlín, en Remedios de Escalada y en El Bolsón)."

(GRACIAS)

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Sábado.

Hoy hice mi segunda vidriera. Soy la armadora de vidrieras oficial. Según una de las dueñas, mi primer vidriera fue la mejor que tuvo el local hasta ahora (esssaaaa).

Anoche fue otra noche descontrol. Entre muchas cosas, hubo un encuentro con un antiguo amigo del barrio (no, no es el "E" de la lista, no es para tanto lo mío [aunque podría escrachar a mi hermana contando que sí pasó a formar parte de SU lista]), y se la pasó hablando de cómo yo jugaba al fútbol con ellos en la canchita, que era un pibe más con mis zapatillas Adidas, mis pantalones elastizados (¿eh? ni yo me acuerdo de eso), mi pelo largo con flequillo. Que después me hice heavy metal y no lo saludé más. Que en un momento me pelé. Que una vez vio un programa de tele y escuchó un mensaje mío (era Medios Locos, le pedía a Gillespie que se saque los anteojos y me haga ojitos, y no sé cómo supo que era yo. Hay muchas Cecilias de El Bolsón). Que tenía un perro que se llamaba Tomás. Y así, sin parar.
Mi hermana no sabía si ponerse celosa o preocuparse por una posible condición psicópata del chico.
Otra cosa que hubo en la noche fue una vuelta a los asaltos. En el medio de un bar, estábamos en ronda charlando (cinco chicas, siete chicos), y parece que a alguno se le ocurrió girar una botellita en el medio y jugar a la botella. Así que me encontré dándole un piquito a un chico cuya novia estaba a unos tres metros (nunca se enteró), y, como siempre, siendo la única lanzada que se prende en todo lo que sea lúdico.

Después fui con mi hermana a un boliche. Cuando llegamos había chicas en la ventanilla discutiendo de esa forma mueveorto que se usa a veces para conseguir rebajas en los boliches. Me paro atrás con mi hermana. Las chicas dicen que pasemos, que tienen que seguir hablando con él, y se abren un toque para que yo hable. Él me dice de una el valor de la entrada. Seria, le digo que sí. Le doy un billete inferior al costo de nuestras entradas, le digo "dos", le hago un parpadeo leve con una sutil inclinación de la cabeza hacia adelante. Me dice "sí" y me da dos entradas.
Creo que las chicas me querían golpear. Soy una capa.

Después de tanta joda decidí venir el fin de semana a la casa de mi papá (desde su compu escribo) a purificarme un poco y visitar a mi plantita.
Me dí cuenta de que la movida de blog fue un poco al pedo. Basta poner Blogger "el bolsón" cecilia en google y ya aparece la página (y esa es una búsqueda posible de tantas).
Y bueno, que entre quien quiera; jódanse.
Pero no jodan.

Y la verdad es que en realidad estoy hecha mierda. Otra vez mi estado de ánimo vuelve a lo usual (y cito de mi agenda: "la depresión queda guardadita ahí, como un carozo negro con algo de carne, pudriéndose"). Tengo algunas razones, por ejemplo que tiene que ver con mi "mal de amores". Lo que contaba de vivir en un pueblo, y cómo la presencia tácita (y no tanto) de alguien me desmorona.
Porque en realidad su presencia está en mí. Mientras eso dure, va a ser así.

Pero estar acá es lo mejor. Sin dudas.

viernes, marzo 3

Bienvenidos

(los que vienen de la casa de Margot)

Les presento al hermano tímido (ya va a dejar de serlo, gracias a ustedes).

Voy a extrañar a Margot.

Igual sigue acá de alguna forma, en estos campos amarillos y ocres.

Esperemos que esta nueva etapa esté buena. Yo creo que sí.

jueves, marzo 2

Un metro y dos centímetros plegados en mi ropero.
Un metro y dos centímetros de mirarte a los ojos y ver esas palabras que dejaste en el río.
De saber ciento dos veces que tenés esa luz -alma de diamante.
De cielos que se multiplican -naranjas, transparentes, insomnes, de gris y azul gastado, con jirones de luz, starry nights, de negro quebradizo, con esquirlas de acero profundo- y, cómplices, se separan del horizonte; una gota viscosa que pende intensamente tras estos ojos y me abarca cuando pienso en vos.
Un metro y dos centímetros de piedras gemelas, de rocas que se abren en capas, de gemas abrazadas por raíces, de piedras que recorren el cauce del río.
De poder mirarte con mis ojos de niña -vértigo- y poder sentir tu ausencia con mis ojos de mujer.
Un metro y dos centímetros es el largo del río, y a cada palmo hay uno de esos instantes nuestros -alerces, cassettes, hormigas, puentes- grabados en la madera amarilla, como quedaste impreso en mi todo -en mi nada.
El tiempo también se plegará.
El tiempo se plegará en nuestras almas.