miércoles, mayo 24

Kiosco

Señora: ¿Tenés chicles de 5 centavos?
Yo (con Pablo esperando, en el teléfono): No, tengo de 2 por 10.
(Cara de poca paciencia de la mujer: entre "¿sos boluda?" y "¿me estás cargando?")
Yo: Perdón, de 2 por 15.

Desde las 12:50 hasta las 13:20 es el peor horario en el kiosco, porque salen los chicos de la mañana y entran los de la tarde (hay una escuela a media cuadra). Se llena, y compran mayormente caramelos, así que me vuelven loca.
Secuencia:
Llega el turno de atender un grupito de tres chicos de unos 14 años.
Uno me dice: "Yo quiero... un Grandote."
Los amigos se empiezan a reir, él también, y por consiguiente yo también.
Pero lo peor fue cuando le pregunté: "¿Negro o blanco?".
Carcajadas en todo el kiosco.

La peor experiencia fue la siguiente:
Entra una nenita de 5 o 6 años. La dueña del kiosco, que justo estaba, acomodaba unas cosas debajo del mostrador.
Yo: Hola.
Nena: Hola. ¿Tenés forros?
Yo (cara de traumada): Sí (pensando: "cómo la van a mandar a la nenaaa!").
Nena: ¿Y cuánto salen?
Yo (con voz de amarga): Hay de dos pesos y de tres pesos.
Dueña del kiosco, de abajo: ¡No, para el cuaderno! (y se empieza a reir).
Yo: Ah! Ya me estaba traumando! (Y me río, también) No, de esos no tenemos (mirando a la nena, que tenía una cara de no entender nada... que hubiera sido más grave si le mostraba los forros de dos pesos y los de tres pesos).