jueves, agosto 17

Ahora sí

Precaución

Nombres de perros que me tengo que acordar para que no me muerdan:
Tomy (qué originales): Perro del vecino de mi mamá. Mordió a mi hermanito y casi me muerde a mí, pero me salvó mi maridito.
Casi siempre que voy a lo de mi mamá, cuando voy llegando a la esquina llamo a Rocco, el Rottwailer de mi hermano, para que me cuide de Tomy. En realidad ese es el nombre que me conviene tener presente: Rocco.
Dilan: Perro que vive a una cuadra de mi casa.
Dana: Perra que vive con Dilan.
En realidad no sé cuál es cuál (y no me voy a detener a observar), así que cuando paso por ahí y sale uno a ladrarme, le grito "¡Dilan y Dana!".
Tampoco estoy segura de que esos sean sus nombres (me pasó la información mi hermana, que pasó un día y escuchó que los dueños los llamaban así).
Ya veo que para los que viven ahí soy la loca que pasa y grita "¡DILANIDANA!".
Blas: El de la esquina. Está tan viejo que ya no le temo, pero no viene mal saber su nombre, a veces se hace el malo.

Ya agregaré más.


Poderes

Volver a El Bolsón, volver a mí, hizo que empiecen a volver mis "poderes".
Yo creo que no se trata de adivinar cosas, sino de cierta percepción especial; una conexión con la gente, con los hechos. Algunas cosas se podrían tratar de explicar lógicamente (como el saber exactamente dónde se va a bajar cada pasajero del colectivo, lo que se puede explicar suponiendo que se deduce de acuerdo a las ropas, expresiones y elementos que llevan).
Pero, ¿cómo explico mi "detector de Ceferino" de la infancia? Ceferino era un chico "con problemas mentales", que a veces tiraba piedras o pegaba a los demás chicos, por ejemplo esperándolos a la salida de la escuela. Por años, me sucedió que, por ejemplo, yo iba caminando por el pueblo y de pronto se me venía a la cabeza la palabra "¡Ceferino!", y miraba, y siempre estaba a una o dos cuadras, lo que me daba tiempo para evadirlo. Era una alerta. De algún modo no visual ni auditivo, lo percibía.
También me resonó en la cabeza la palabra "Alejandra", en una plaza de un pueblito desconocido, después de que mi amiga Judith le pregunte a esa chica de la hamaca como se llamaba, y antes de que la chica diga "Alejandra". Casi me muero.
Mis "poderes" me permiten, a veces: saber algunas cosas antes de que pasen (o MUCHO antes o unos instantes; no hay intermedio), saber lo que se va a decir uno o dos segundos antes de que se diga, y percibir personas (cuando suena el teléfono, cuando voy por la calle, etc.) y sus emociones. Con respecto a "saber lo que se va a decir", es como que sé lo que la otra persona está pensando. Me llega un eco en la cabeza, con mi propia voz. Como si me estuviera soplando en una prueba: una frase o palabra rápida y furtiva.
Un ejemplo tonto: entra alguien al kiosco y me pide un encendedor. Le pregunto qué color mostrándole la variedad. Mi cabeza dice "verde". El hombre dice "verde".
Y no creo que se trate de influenciar a la gente. Creo que es "percibir".
El otro "poder" es percibir a las personas cercanas (emocionalmente). Lo que hacen, lo que sienten. Hay muchos ejemplos boludos, que no voy a poner (de espaldas, cocinando, con música, preguntarle a Pablo "¿querés whisky?, y que justo tenga la botella en la mano).
La semana pasada Pablo se estaba duchando mientras yo cocinaba y escuchaba música (mis tres mosqueteros: cocinar - música - cerveza). Escucho que me llama, por mi apodo. Bastante lejano, pero supuse que era por la música. Entro al baño y le pregunto si me llamó. Me mira raro y me dice: Sí, con la mente. Justo te estaba diciendo "(apodo), tengo un problema, no tengo toallón".

Él también tiene "poderes". Uno de ellos tiene que ver con el movimiento de energía. No sé si le gustaría que lo cuente, así que no voy a dar ejemplos y detalles. Sólo puedo decir que si está muy rayado, no hay foquito que sobreviva.

Somos la pareja superpoderosa.


Psycho girl

Vengo de la peluquería. Hacía un montón que no iba y, como mi mamá me invitó, decidí cortarme las puntas. Pero quería que mi pelo siga largo y salvaje. Mi mamá alertó al tipo de que le iba a quemar la cabeza. Lo gracioso fue cuando ella me dijo, frente al peluquero: "mostrale la espalda", y le tuve que mostrar la marca que le había pedido a mi hermana que me haga con un fibrón, del largo original del pelo. Encima la pelotuda puso "hola". El pobre no sabía cómo cortarme.
Y cuando le dije que me gustaba el pelo salvaje, me dijo "si eso es salvaje, pobre la selva".
Bueno, a mí me gusta, y al resto de mi gente también.


¡Ahora sí!

En este post decía que no estaba lista para llegar a la misma conclusión a la que llegó Alejandra Pizarnik en Solamente:

ya comprendo la verdad

estalla en mis deseos

y en mis desdichas
en mis desencuentros
en mis desequilibrios
en mis delirios

ya comprendo la verdad

ahora
a buscar la vida.

Pero... ¡ahora sí! Y creo que vale la pena.



Bolufrases

De mi amiga, que tomó un poquito de más y no se sentía muy bien:

- El caramelo de durazno me cayó muy mal.

De mi Pablo, cuando le pregunté sobre algo que yo necesitaba:

- ¿Lo tiraste?
- No.
- Y, ¿dónde está?
- Apoyado en la basura.


Algo que voy a extrañar mucho:

El poder que tiene el Piltri de hacerme sonreir y olvidar cualquier problema o contrariedad cuando lo miro (y es difícil no mirarlo viviendo en este pueblo).

Piltri

domingo, agosto 13

No sé

No tengo ganas de postear.
Tengo un par de textos/anécdotas/comentarios escritos, pero no veo qué tienen de posteable.

Tal vez en Buenos Aires se pinten un poco las cosas de un color amarillo melancolía (color que a mí me agrada, de todas formas) y escriba de nuevo algo posteable, o sienta que cualquier basura lo es.

Ah, me voy a Buenos Aires de nuevo.

Con mi Pablo.

(¡Feliz!)