lunes, noviembre 27

El ente

Una noche del verano 2004/2005, volvíamos de un pub mi hermana, nuestra amiga Mexicana del Sur, y yo, y pasó algo extraño. Esa noche habíamos salido con una cámara de fotos. Eso es un peligro, no sólo por haber sacado fotos avergonzantes, y deprimentes (oh, esa es mi cara cuando tomo un poco de más... y yo que me creo tan diosa cuando estoy borracha), sino también porque sin querer sacamos fotos a lo sobrenatural (no, no es la foto del chico con la visera dada vuelta en los dos sentidos). <--- Ese post es de esa noche (y sí, tengo la foto de ese chico).

Cuando estábamos en la esquina de la despedida, se me ocurrió sacarle fotos a la luna. Primero salió "bien" (noten las comillas):

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Pero después, salió algo raro. No sólo salió así en la foto, sino que lo vimos. El flash hizo destellar un montón de cositas a un metro nuestro, distribuidas en forma más o menos esférica. Nos asustamos, porque no lloviznaba, no había viento, ni estaba helando, ni sentimos nada raro en el aire (y no son comunes las "bandadas" de moscas y mosquitos). Después de un ratito de seguir sacando fotos en la misma dirección tratando de ver qué era (sin éxito; volvió a salir la foto tan linda de la luna), y de descartar todas las hipótesis que se nos ocurrían menos la del ente, nos despedimos (pobre Mexicana del Sur que se tuvo que ir sola una cuadra), y guardé la foto del citado "ente":

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Pero el otro día me puse a investigarla, y en los acercamientos encontré imágenes que me desconcertaron/intrigaron/asustaron un poco más! Miren:

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No me digan que no ven algunas caritas por ahí.
Si alguien sabe qué puede llegar a ser eso, agradecería su colaboración.
(No son las estrellas, no había, y lo vimos adelante nuestro iluminado por el flash - No son gotitas de agua, no había humedad en el aire, no llovía ni lloviznaba ni había un regador cerca [estábamos alegres pero no para tanto, che]).

Pastelera insomne

Conseguí trabajo (la entrevista del día del lunar), en el mismo lugar que el año pasado, pero armando la pastelería desde cero y conmigo como encargada.
Está buena la propuesta, y me gusta mucho esa cocina.
Pero... ¡estoy nerviosísima! No sólo por las responsabilidades nuevas (y el hecho de estar planeando todo para la pastelería), sino también porque los dueños siguen siendo un poco colgados, delirantes, volados... ni que fueran de El Bolsón!
Así que volví a las desesperantes noches de insomnio. A veces cuando suena el despertador de mi Pablo, yo sigo con los ojos y la mente totalmente abiertos. Es horrible.
Igual, he cambiado en algo: si el trabajo me hace mal, no dudaré mucho en dejarlo. Aprendí que no vale la pena sufrir en un trabajo; ya bastante hay con otras cosas que no podemos manejar. Y también hay demasiadas cosas lindas, que no vale la pena arruinar por un trabajo que angustia.


Acá terminan las...
Reflexiones de Ceci.

(Ténganme paciencia, estoy con insomnio).

viernes, noviembre 3

Querido Diario:

A la mañana agarré la plancha al revés (!), y me planché las yemas de dos dedos. Quedaron como plastificadas.
Después fui a una entrevista a la otra punta de Capital Federal, pero "el entrevistador" no estaba y me la pasaron para la tarde, después de mi cita en la clínica.
Porque me fui a sacar un lunar sospechoso de mi rodilla, y me hicieron esperar dos horas con una bata finita, gorro y protectores de pies. NADA MÁS. Cuando fui al quirófano, y empezó a cortar, casi me muero. Le conté (avisé) que me había desmayado de impresión dos veces, una cuando me sacaron sangre de chica y otra durante un lavaje de oído, de adolescente. Con la charla zafé, pese a sentirme (y estar, casi) en pelotas. Pero cuando me hizo los puntos, empecé a respirar hondo, y tenía las manos húmedas, y cuando las miré estaban completamente blancas, de los dos lados! Debía estar toda blanca, porque cuando se lo dije al doctor me pellizcó las mejillas y se reía. Después no me podía levantar y la enfermera propuso sacarme en la camilla. ¡La bata estaba toda húmeda! Igual caminé erguida, con todo mi orgullo (del brazo de la enfermera, ejem).
Y después de eso volví a la entrevista, a la cual tuve que ir con las marcas de la gorra del quirófano en la frente, de tanto que me hicieron esperar con eso puesto. Aprendí algo: ponerse la gorra bien atrás (para la próxima).
Pero... ¡parece que tengo un trabajo copado!
En la misma pastelería del año pasado, esta vez ya de encargada.
¡Se avecina mucho trabajo!
Pero me gusta.

Igualmente: más razones para volver con el tilo.

Después de todo eso, y con la rodilla dolorida, tuve que hacer más de una hora de cola en Puán para votar y no perder la regularidad. Por más que no esté yendo a Letras, quiero tener las puertas abiertas por las dudas, al menos un año más.
Acepté un par de folletos pero al recordar que era interminable lo de los folletos y la gente contándote las propuestas, y sabiendo que no estaba como para eso, les decía un firme pero amable "no, gracias", y me dejaban en paz. Más cerca de las urnas, se ponía complicado. Mis razones eran simples: no me gusta que se malgaste el papel, no lo iba a leer. Y se lo dije a un par de personas.
Sólo uno me persuadió, y ahora tengo su folleto.
Se fue orgulloso.

Y yo me quedé con las ganas de seguir con Letras, y ya sin tanto miedo de los finales (¿después de casi 10 entrevistas de trabajo en 2 meses?) pero con más miedo de no tener tiempo de estudiar.