miércoles, abril 18

Cuentos de insomnia:

Me encanta cómo tu camisa vuela entre jirones de aire frío mientras se seca frente al ventilador, con su trono que es un banco de metal pintado de azul.

Yo no puedo dormir con el ruido del ventilador, tampoco cuando me hablás desde el comedor al levantarte y me desvelo por casi una hora. Tampoco con mis miedos y mi angustia existencial, y mi vulnerabilidad, y creo que eso es más grave.

Oreándose, esperando que te levantes y encuentres todo dispuesto: medias, mochila, monedas para el viaje.

Escuchando el sonido del teclado y de los huesos de mi columna, ansiosa de la paz que sólo le da estar guarecida entre montañas.

Te extraño a la noche. Lo siento mucho, por este insomnio. Creo que es cobardía.

Sus gestos de jabón blanco, abotonados,
¿me saludan o me echan? Cualquiera de esas dos opciones me haría ir hacia vos ahora.

Y voy.

Feliz (es)

Todo estuvo hermoso.
Hermoso.
Creo que voy a linkear fotos de la boda y demás.


Pronto.
(cuando los fotógrafos (muchos, era muy intimidante pero a la vez flasheante, valga la redundancia) nos manden las fotos).