lunes, octubre 29

La panza, su interior y su exterior.

Desde hace una semana, más o menos, que noto el peso de la panza. Ya no me puedo hacer la canchera haciendo todo lo que normalmente hago y al mismo ritmo (bueno, hacía todo excepto dormir boca abajo). Ahora tengo que caminar lento o me duele y me agoto, y el volumen abdominal me impide hacer algunos (¡varios!) movimientos y posturas.

El otro día me puse por primera vez un enterito de embarazada, me sentía re mamá.

Cuando el bebé se está moviendo mucho y le cantamos, se calma. Y cuando paramos, patea más, como pidiendo que sigamos.
Lo mismo hace con los masajes a la panza (y a él, obviamente), con aceite de Rosa Mosqueta. Interactuamos bastante con él, cada uno por su lado (bueno, yo estoy siempre), es hermoso.

Lo más hermoso es sentirlo todo el tiempo. Me encanta que sea tan activo. Cuando se estira o se da vuelta es loquísimo, me deforma la panza, es impresionante.

Nuestro niño tiene hipo prácticamente todos los días, un par de veces. Un día sentí pequeños movimientos muy regulares, y pensé "¡qué coordinado este chico!". Después de un ratito me dí cuenta de que no podía ser, así que deduje que era hipo.
¡A ejercitar el diafragma y los pulmones! Muy bien, hijito.

Vamos a hablar de los medios de transporte. Ahora me dan el asiento indiscutiblemente, salvo que les de narcolepsia, que es un síntoma que se presenta a veces en presencia de una embarazada o una persona mayor (creo que también lo hace frente a las personas con niños pequeños y con operaciones/yesos). Es notable: subo a un colectivo, miro por el rabillo del ojo mientras pago el boleto, y hay un tipo en el primer asiento, que me mira. Acto seguido, su cabeza pierde el sostén y entra en un letargo sospechoso.
Creo que el remedio es patearlo, pero nunca me animé a implementarlo.
Al principio no pedía el asiento, me daba vergüenza (y un colectivero me retó). La verdad es que un poco me sigue dando, y cuando espero el colectivo ruego que venga vacío. Pero cuando viene lleno tengo varios métodos. Método uno: Pago el boleto, me doy vuelta dándole la espalda a la máquina, y miro a todos. No sirve con los ómnibus superbajos, que tienen los asientos de adelante orientados al revés, y "no te ven". En estos colectivos uso el método dos, que consiste en caminar, pasar esos asientos, agarrarme de sendas barras a los costados del pasillo, y mirar panorámicamente, haciendo ostentación de panza. Si no reaccionan frente a este desfile, uso el método tres, que consiste en decir "¿alguien me podría dar el asiento, que estoy embarazada?". Cuando no tengo ganas de desfilar, directamente subo y pido.
Amo al chofer cuando pide por mí apenas subo.

No recomiendo el pedido de asiento selectivo. Primero, porque no está bueno cagarle la vida a alguien deliberadamente, además ¿quién me da a mí la sabiduría de decidir quién es más apto para sacrificar su asiento? Lo que sí se puede hacer, al subir y ver a una pendeja con su MP3, sentada en el primer asiento, mensajeando y haciéndose la pelotuda, es decir la famosa frase del método tres, pero mirándola a ella (disimulando un poco -sólo un poco--la cara de asesina).

Ahora soy una señora, y todo por mi panza. Me hace sentir cierto poder, no sé por qué. Claro que si no estuviera embarazada me deprimiría mucho con la lluvia de "señoras" que recibo por día, pero sé que es por la panza.
El otro día subimos al 26 con mi hermana y, entre que estaba lleno, había una mujer con nenes en uno de los asientos preferenciales, y que hubo cierto "efecto narcolepsia por atisbamiento de panza", nadie me daba el asiento. Yo hice los métodos dos y tres, y nada. A esto habían pasado unas cuadritas. El chofer, entonces, empezó a gritar "¡a ver si le dan un asiento a la señora!", "¡un asiento para la señora!". Y yo ahí buscaba dónde estaba la señora mayor a la que pensé se referiría. Yo estaba así, colgadísima (del caño y en mi despiste), cuando un tipo desde la mitad del colectivo empieza a decir "¡señora!, ¡señora!", cada vez más fuerte. Yo miraaaba, a ver dónde estaba la viejita. Mi hermana no sabía dónde meterse, porque sabía que se referían a mí. Cuando me dí cuenta casi me muero de vergüenza y de la risa.

En otra ocasión, subí a un subte muy lleno, pero en el cual todavía se podía circular molestando a la gente. Cuando subí busqué con mi vista los asientos de embarazada, y no estaban por esa puerta, al menos señalizados (es una mierda eso en los subtes). Entonces empecé a ir hacia el otro extremo del vagón, diciendo a mi paso "permiso, que estoy embarazada", "permiso, que estoy buscando los asientos de embarazada". Pensé que alguien se iba a dar por aludido. Pero como no sucedió, fui decidia a echar del asiento a quién sea que esté en el preferencial (si había algún cartelito). Por fin divisé varios cartelitos a lo lejos. Llegué al mar de gente que había ahí, y de golpe no sé por qué me dio vergüenza, cansancio o algo así, entonces me quedé callada, mirando espaldas (consecuencias de ser petisa), durante un minuto. Cuando estaba por decir la memorizada línea, miro mejor y me doy cuenta de que no había asientos. Estaba todo el mundo parado, era la zona para sillas de ruedas. Iba a ser muy patético si pedía el asiento, y encima con el tono pendenciero que iba a tener. ¡Suerte que no hablé!.
Ah, viajé parada.

Es hermoso estar embarazada. Nunca tuve tanta conciencia de mi cuerpo y nunca me sentí tan conectada con la vida.
Plena.
Feliz.

Falta muy poquito (bueno, dos meses) para que conozcamos a nuestro hijo, es increíble lo rápido que va pasando.
Vamos a ver qué sigue, vamos a ver cuánto más se puede multiplicar nuestro amor.

domingo, octubre 21

¡Feliz Día a mí!