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Esto de arriba lo escribí hace bastante. Es un borrador, obvio.
Creo que lo de los dientes era que salí a la mañana a comprarle algo y le compré un cepillo de dientes con forma de oruga en la farmacia, lo único que estaba abierto. Le dejé eso, plata y una golosina, y me fui a trabajar. Ella, la noche anterior, me había dicho que iba a poder ver si era verdad o no lo del ratón/hada/lo que sea, porque sabía que yo no había podido comprarle nada.
Desde hace un mes que se le movía uno, premolar creo, así que me dije a mí misma que tenía que tener algo. Siempre pienso que es lindo hacerlo porque ya puede ser la última vez.
Antes de ayer vi que estaba revisando mi lata costurero, algunos cajones... y le pregunté qué hacía. Me dijo que no me quería decir. Mhmm, ahí ya empecé a pensar si se le habría caído el diente.
Más tarde comió un chupetín rojo y le dije "¿a ver si se te puso la lengua roja?", y ella trataba de mostrarme sin que se le vean los dientes. Confirmado.
Creo que sabe, pero es divertido, igual.
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Lo de las botas comunitarias amarillas es que, aprovechando una liquidación, compré un par de botas apto para todas las personas que viven en esta casa (o sea: número 43), para la incursión diaria al gallinero. Como no hay pasto ni yuyos porque se los comen y eso, y además hay caca (claro), el suelo del gallinero amerita ser recorrido con un calzado especial para eso. Solo tenían botas amarillas en ese talle, así que son bien peculiares, como del papá de Jorge el Curioso o de Lethal Company (juego que juega Cas).
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Jaja, releí y dice "cambié las alianzas por plata". ¡Vendí!
Me hace acordar a cuando, quizás culposa, decía que alguna ropa nueva era producto de un trueque. Lo que no aclaraba es que había sido por plata.
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5 veces digo plata. Que venga.

