Hoy le pregunté a Ame con quién jugó en el recreo y me dijo "con Ceci", y yo, entre saltitos de emoción porque había una compañera nueva y que encima se llamaba Ceci, le dije "¿Ceci?? ¿Tenés una compañera nueva Cecilia?". Y me contestó que era conmigo. Imaginando que juega conmigo.
Muchas veces me dijo que le gustaría que yo fuera chica y que vaya a su escuela para que juguemos juntas. Y entiendo; estaría re bueno.
Le dije que puede imaginar que juega conmigo (hablábamos de momentos feos que pasó por dejadas de lado, etc.). Y pensamos ideas de juegos (más que nada de aventura). Y eso hizo.
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Tengo fuerte el otro a veces. Creo que es más cuando quiero escribir algo "de calidad" (prefiero calidez (ahí lo intente hacer (decía "lo hice" pero corregí a "lo intenté hacer" por el otro, ¿viste? (y así)))). Desde hace varias entradas no me importa ese tema, y pensaba que, si hiciera un libro de mi blog, se re notaría el cambio. "Para peor". Tipo qué onda re perdió todo.
Las que más me gustan son esas que escribí desde lo profundo. Y, muchas veces... llevé al otro (bueno, se vino). Claro que ese no es otro, soy yo y mis prejuicios, enseñanzas de vida, ejemplos, suposiciones. Así que, cuando viene, soy la misma otrariando un poco.
Tanto no me molesta usar el masculino porque, más allá (o más acá) del concepto teórico, el otro, por ahora, es patriarcal.
Genial ningunearlo.


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