lunes, 9 de enero de 2006

Algunas cosas

El sábado a la noche tocó la banda del esposo de mi mamá. Estuvo muy bueno. Según mi mamá yo no podía sacarle los ojos de encima al saxofonista nuevo. Lo que no sabía es que lo miraba porque el tipo era insoportable. Parecía el conejito de Duracell (tanto como para, en un momento efusivo, patearle la trompeta al esposo de mi vieja). Según Clari, un Jamiroquai barato.
El tipo era un guitarrista frustrado: tocaba el saxo alto, pero cuando no lo hacía, el instrumento se convertía en su guitarra imaginaria.

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Después salí con mi hermana, y me divertí mucho.
En un momento hablábamos de nuestros problemas con el compromiso, la entrega, los chicos en general, y nuestra teoría de que es por nuestra infancia (los cuatro mayores tenemos de esos problemas). Nos acordamos de una charla que tuvimos el año pasado:

Ceci: Sería mejor que no existiera la familia, es una mierda, te re trauma.
Clara: Un Mundo Feliz...
Ceci: Sí, sería un mundo feliz.
Clara: No, boluda, hablo de la novela
(risas)

Antes de anoche cuando nos acordábamos dije "un mundo felix", y me entendió (sabía que estaba pensando en el apellido del autor). Eso es lo lindo de charlar con ella. Ya sabe cómo trabaja mi mente. Sabe que digo cosas como "Cartas al Capitán" cuando quiero decir "El Coronel no tiene quien le escriba". Que digo "mona Lisa" en vez de "gata Flora", Milan Kundera en vez de Emir Kusturica, hermafrodita en vez de ematita, I Ching en vez de Horóscopo Chino, "El lobo Feroz" en vez de "San Francisco y el lobo", "sex on the beach" en vez de "Sex and The City".
Y me entiende.

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Esa noche caminé un par de cuadras sola, antes de que toque "Caravana". Una de las cuadras la caminé mirando a la luna. Hablando sola.

- No puede estar tan linda la luna. La puta madre, no puede ser tan linda. Me duele. No lo puedo creer, mirá eso...

Cualquiera hubiera pensado que estaba loca. Suerte que yo estoy perdida, porque yo también lo hubiera pensado si estaba ahí. Lo peor es que en realidad son esos los momentos en los que vuelvo.

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El sábado a la tarde pasé por enfrente de Musimundo y me quedé parada ahí afuera como una pelotuda, empapada, escuchando "Si tú no estás aquí", mirando a la lluvia y haciendo pucheros. Era para una postal, o un video clip barato. Doy lástima (era una imagen muy patética, nunca pensé llegar a eso).

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Despeinada, aha aha aha. Despeinada, aha aha aha.

He descubierto algo nuevo. Tener el pelo largo en un lugar asediado de hombres alcoholizados es un propulsor para sus acercamientos melosos insoportables.
En dos lugares diferentes y en tres oportunidades, pasé caminando entre estos especímenes, y me peinaban!
Hasta uno ofreció hacerme una trenza.

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Y de colgada, pensé durante diez minutos que me decían "lunares", "me gustan los lunares", etc. por los de mi cara. Y cuando le dije a Clara, en joda "los chicos están re observadores hoy", me dijo "pelotuda, es por tu remera". Tenía una remerita blanca con lunares rosas, amarillos y rojos.

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Reacción graciosa de Clari.

Situación: en la barra de un bar, un ex compañero suyo totalmente manosero, cargoseándola. De golpe ella grita "Martín, no me untes!!!", por cómo la estaba acariciando (era increíblemente cargoso, realmente era como si le untase el brazo).
Más tarde le dije que vayamos a ese lado del bar, y me dijo "claro, porque a vos allá no te untan".

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Qué Nahuelito ni Nahuelito.

Hay una nueva atracción turística en Bariloche. Se llama "las caídas de Cecilia".
Si ven a una chica, pelos al viento, que no puede hacer dos cuadras sin tropezarse, amagar a salir corriendo, trastabillar, resbalarse, chocarse postes, gente, pisar charquitos... síganla. Hay diversión garantizada.
No acepten imitaciones.

viernes, 6 de enero de 2006

Extraño a mi jacarandá

Estoy muy mal. Sólo yo sé lo mal que estoy.Tirada en la cama, escuchando Spinetta, escribo esto. Y no lo quiero postear acá. Mi familia juega a las cartas, escucho sus risas. Estoy hecha mierda y lo único que me importa es no ser desagradecida al no darles bola.
Fui a una psicóloga. Me compré pañuelitos descartables, preparada para llorar, ya que cada vez que pensaba las cosas que le iba a decir se me llenaban los ojos de lágrimas.
Pero no lloré. Me dijo que mis palabras no iban con lo que mostraba. Que estaban como despojadas de sentimientos. Y así soy. Por eso digo que nadie sabe realmente cómo estoy. No se acercan a saberlo. Ni siquiera me creen. No me toman en serio, fría como me muestro.
Me preguntó si me angustiaba. Le dije que con temas puntuales (como peleas con algunas personas) mucho, pero que no soy de llorar en la cama pensando en mi vida. Me preguntó si escribiendo es como yo logro conectar mis sentimientos con mis palabras. Pensé en posts como éste y éste.
También me dijo si no me enroscaba mucho. Le conté que siento que mi vida es ficticia, que no soy yo. Que me levanto, voy por la calle, tomo el colectivo, pero no soy yo. No estoy ahí. No es real. Me preguntó dónde estaba, y le dije que en mi cabeza. Me preguntó qué hacía ahí, y le dije que me buscaba, porque estoy perdida.
Salí del consultorio, me compré un cuaderno, una birome azul de trazo grueso, un helado palito de chocolate, y me fui a la plaza.
No escribí nada, pero necesitaba tener el cuaderno.

miércoles, 4 de enero de 2006

Fiestas en El Bolsón

Navidad.

Almuerzo el 25 al mediodía, con mesa larga en el patio. Mi familia, mis tíos con sus mellizos de seis años, dos amigas de la familia y una pareja amiga de mis tíos, con su bebé de dos meses.
Todo empezó con un juego de mi hermano Tiago (24) y Dante (6). Jugaban a mojarse con botellas de agua, corriendo por el jardín. Se sumó el otro mellizo. Era gracioso ver cómo le revoleaban a mi hermano la botella entera en vez de mojarlo. Media hora después se sumó mi hermano de 12, y después Tiago se cansó y abandonó.
La cosa ya era con baldes de agua. Se rompió la canilla del patio de la que sacaban agua, y fue el amigo de mis tíos (una mole) a arreglarla. Empezó a mojar a los chicos, que no dudaron en tomar medidas al respecto (ignorando que estaba vestido con jean y remera). Mi mamá fue a comprar bombitas, las infló, salió con un balde lleno, y no pudo resistir la tentación de hacer la pelea un poco más pareja (ella también, con jean y remera). Mi hermanito prendió la bomba de agua y empezó a usar una manguera. Se sumó el esposo de mi mamá , e implementaron otra manguera, con más presión todavía. La cosa se había puesto despareja de nuevo, entonces me fui a poner la malla, abajo del vestido (si no, se me veía todo), y salí disimuladamente con una sidra y un sifón (mi arma).
La guerra duró dos horas. Yo tenía un contacto interno, Tiago, que me llenaba baldes desde adentro de la casa. Mi mamá se disputaba las mangueras con los hombres, y hasta el bebé recibió salpicaduras de agua. Los autos quedaron como recién lavados (durante la pelea, mi tió movió su auto al centro de la disputa. Tal vez era el mejor estratega de todos).
De pronto me dí cuenta: estaba empapada, corriendo descalza por el pasto, en mi vestidito blanco con flores azules, riendo, y pensé: “este sí que es un buen comienzo para las vacaciones”.


Año Nuevo.

Amigos y familia en casa de mi mamá. Tragos para todos, pero la bartender tomaba cerveza con maní. Todas las ensaladas eran de papa.
Resaltado de la noche: Partido de voley a las 2 a.m., divertidísimo. En el equipo contrario al mío sacaba siempre el mismo, escondido entre las sombras (nunca se sabía de dónde venía la pelota), y rotaban corriendo en círculos antes del saque. Al principio jugaban todos con vasos en la mano, terminaban parados (con suerte) en el medio de la cancha contraria, agarrando los pies de los jugadores del otro equipo, o colgados de la red (hubo que desenredar un par).
Terminó el partido por necesidad de tragos (alegaron). Como se me había acabado el repertorio, inventé uno. Vodka, licor de frambuesas, limón y Sprite.
Se llamó Volley-Ball.

jueves, 22 de diciembre de 2005

Despelote

El departamento es un desastre. El desorden está más que nada causado por mí –el torbellino Cecilia-. Clari me quiere matar.
Yo no puedo llegar a casa después del trabajo y sentarme a estudiar con este quilombo. Y claro, así nunca estudio, porque ordenando de hace tarde.
Pilas de ropa en el piso (categorizada: al lado de la puerta los uniformes. Adelante de la tele los zapatos, medias y ropa que me saco cuando estoy acá, en la compu. Al lado del sillón ropa que tal vez me ponía y no me puse), compu rodeada de monolitos de cajas de CDs, compacts sueltos, valijas en el cuarto ocupando el único sector de piso libre... porque me agarró un ataque nostálgico y revisé fotos, agendas, cartas y videos viejos (el que ganó el premio al aburrimiento: dos horas de skateboarding de mi noviecito yanqui-finlandés).
Ayer ordené. Fue tedioso, pero más entretenido que mirar el video. Especialmente por los descubrimientos. Entre las pilas de CDs, por ejemplo, estaba mi corpiño negro, el que buscaba desde hace más de una semana.

El otro aspecto que hace la casa deprimente y anti-estudio es que se viene abajo. Este post debería llamarse “cómo destrozar una casa en tres años”. Podríamos haber hecho un reality sobre eso.
¿Se acuerdan del piso de parquet? bueno, ha sufrido una inundación (Clari), y se hinchó todo. Donde entraban seis maderitas ahora entran cinco. Y como se salía (el famoso piso jenga), quedó todo levantado y salido, hay maderitas repartidas por toda la casa. Mi mamá, en una de sus visitas, descubrió que poniendo las maderitas en el horno éstas recuperan su tamaño normal, y se pueden encajar de nuevo como van. Mi hermana se tomó el trabajo de hacerlo, de a poco. Un día, llegando a casa, bajé del ascensor y había olor a quemado. Mientras me acercaba a la puerta el olor aumentaba. Yo ya me imaginaba qué sería. Entré y efectivamente, había quemado una tanda de maderitas. Ahora están ahí, negritas, entre las otras. Encajan bien, eso sí.
Se puede decir que mi hermana tiene una relación bastante pasional con el piso.

Para sumar a la decadencia de la casa, las luces no andan. La luz del comedor y la del cuarto dejaron de funcionar, y nos manejamos con veladores. Muy tétrico. A la noche es muy jodido estudiar. Especialmente para ella, que tiene que hacer dibujos y demás.

Todo esto acompañado de un eterno ruido a agua. Según el Feng Shui es malísimo tener pérdidas de agua. Bueno, nosotras las tenemos en todos los ambientes con canillas (de ahí se originó la inundación). La caliente de la cocina prácticamente no tiene cuerito, por lo que cerramos la llave de paso del agua caliente. Pero al cerrarla, ésta pierde. Así que ponemos una palangana abajo. Más o menos hay que vaciarla una vez al día. El piso del baño tiene un eterno arroyito, que sale del lavamanos y va a la rejilla. Es para sentirnos más cerca de El Bolsón.

Otro tema: la heladera. Congela las cosas. Parece que algo anda mal, y nunca para. Entonces tenemos lechuga petrificada, leche ya en cubitos, y casancrem helado, entre otros.

Por último, tenemos a nuestra amiga nocturna, la murciélaga que vive en la ventana del cuarto. Por su culpa no abrimos la ventana a la noche, y nos morimos de calor.
Igualmente no creo que se anime a entrar. En realidad hicimos todo ese descontrol para mantenerla en el rollo de la persiana, que debe ser mucho más lindo que el departamento.

...

Este post tiene como un mes, me había olvidado de publicarlo. Las cosas ahora cambiaron un poco. Hice arreglar las canillas y los portalámparas. Vamos mejorando. Y a la heladera la vamos apagando y prendiendo nosotras. El tema es cuando nos olvidamos de prenderla (Ceci) y se descongela el freezer. O cuando se olvida Clari, y yo llego a casa ansiosa por tomarme un vaso de cerveza helada, y está casi natural (mal humor irreversible).
Y también cambió algo más: mágicamente, está lleno de nuevo de pilas de CDs y ropa, es un descontrol.

Me pongo a ordenar, a ver qué descubro ahora.

jueves, 15 de diciembre de 2005

Calmate, Ceci

Últimamente estoy muy nerviosa, más que nada por el trabajo. Le digo a todo el mundo que soy una pastelera pero me estreso como si trabajara en Wall Street.
Lo peor es ver cómo la empresa donde trabajás se está desmoronando, y que todo lo que te esforzaste, y todo lo que creciste, no sirvan de mucho. Es horrible la nebulosa: no saber lo que va a pasar. Y que no te paguen, ni hablar.

Ayer fui al médico: tengo gastritis.
Pastillas y jarabe feo, dieta, noches sin dormir por el dolor de panza, pero hoy fui de nuevo al trabajo.

Iba en el colectivo con la ventanilla abierta y un poco de dolor de panza, pensando en qué sería de mi trabajo... cuando me cae una flor de tilo entre las manos.

Los árboles me siguen acompañando.

Bueno, voy a tratar.

Ya en la pastelería me tomé un té de tilo (no de ese; la flor la guardé), para luego enterarme de que hoy era el último día de trabajo, "al menos por un tiempo".

Otro té, y ...¡no me importa nada! O sí: me importa que en unos días me voy a mi pueblito. Eso sí que me hace bien.

martes, 29 de noviembre de 2005

La chica sentada en la plaza

Un día, casi por azar, ella se encontró muy triste mirando cómo caían flores violetas de un árbol. Después se enteró que era un jacarandá. Lo sospechaba, pero no lo sabía. Ella sabía de radales, cipreses, lengas, alerces. Ahora también de jacarandaes. Sabe que se conectó con ese árbol y que lo suyo se convirtió en una cita casi diaria.
El árbol es bastante alto, y no hay mucho a su alrededor. No hay juegos, no hay mesas. Abajo suyo hay una plataforma circular de cemento, apenas elevada del suelo, preparada como para ser un cantero lleno de flores; sólo que está vacío. Ese día que ella estaba tan triste era como un trono violeta, esperándola.

Hay otros árboles en la plaza. Son muchos, y muy diferentes entre ellos. Hay un jacarandá cerca de ese del trono violeta. En realidad el trono está en el medio, y se juntan las flores de los dos. Pero su amigo es el del primer día.
Ella siempre miró a los árboles de la ciudad un poco recelosamente. Tal vez evitaba sentir –percibir- su sufrimiento, en parte sintiéndose culpable por él. Pero desde hace unos meses se anima a conocerlos un poco, al menos a los de las plazas. Se pregunta por qué la cautivan especialmente esos, los que están un poco más libres. Como cuando, tiempo atrás, no se detenía a observar tanto a los árboles de su pueblo como a los del bosque. Lo que sentía junto a estos últimos era mucho más intenso.

Ayer ella fue a ver al jacarandá después de cuatro días sin haber ido. Lo encontró casi sin flores. El trono, vacío. Se preguntó si sería el momento para eso, pero le resultó muy extraño recordar que ninguno de los que había visto desde el colectivo estaban así. Muchos estaban repletos de flores, todavía. Ninguno tan despojado como su amigo. Lo más extraño fue ver al jacarandá vecino (está a una docena de metros) y que esté tan florido como los demás.
Si no era, entonces, por mayor exposición al sol o al viento... ¿por qué era?

Ella se lamentó mucho. No la había esperado.
¿Y su ritual? Pensó que tal vez sería por tristeza o despecho, ya que ella no había ido por varios días. También pensó que él quizás le había brindado tanto que se había quedado sin energía antes que el resto. Y que tal vez fue más feliz, y que eso aceleró su ciclo vital.
Pero, ¿por qué no la esperó?
Quizás había sido al revés. Quizás lo que a ella le atrajo del árbol fue su profunda tristeza, o que esté expuesto más que los demás, de alguna forma. Tal vez tenían en común una terrible empatía y se potenció al juntarse.
Algo hubo ese día, que lo hizo especial para ella. Y ella quiso pensar que era especial para él.

Lo fueron, y lo siguen siendo.
Ella está sentada en el trono, que ya no está vacío. Y sonríe: se acaba de dar cuenta de que tiene puesto un buzo violeta.

lunes, 28 de noviembre de 2005

Fin de semana

Viernes. Pearl Jam! Sentirme afuera de todo (cosa que no me disgusta tanto). Pasar más tiempo analizando cómo siento las cosas que sintiéndolas.
Sigo pensando que mi vida es como la de Abre los ojos o Vainilla Sky. Esa vida que elegís tener, que es un sueño pero lo sentís real. Por eso... ¿no se supone que tenía que ser linda? Bueno, en realidad no es FEA, si la miro objetivamente. Pero... ¿no tendría que sentirse bien? ¿No tendría que estar conforme? Pensar todo esto en alguno de los temas de Pearl Jam, probablemente Even Flow. Cuando termina pienso “¿quien dijo que yo quería ser pastelera y tener que trabajar mañana?”

Sábado. Salir del trabajo, pasar a buscar algunas de mis cosas de la casa de “mi ex chico”. Pretender que no me afecta. Que a cinco pasos de la puerta de mi edificio, muy cargada, y dejando que todos los autos de la avenida parados por el semáforo vean cómo una chica (‘cause I´m just a girl, so pretty and petite, so why won’t you leave me alone?) se las arregla sola con tantas bolsas, se me desfonde una y se destrocen las 3 botellas de agua con gas que me había traído del laburo, vidrios por todos lados. Que un chico me alcance el secador de pelo que quedó a un metro y medio. Tratar de juntar los vidrios y cortarme. Bajar a los diez minutos, a lo abuela para barrer la vereda.

Domingo. Decidir caminar, no tomar el colectivo (está lindo). Ir por la calle con un ramo de rosas y un aire de “diva-no-me-importa-nada”. Mirándome en las vidrieras para comprobar que sí, este pantalón me queda bien. Sentirme una chica de película, aunque nunca haya tenido sentido para mí que las flores cortadas sean un regalo (“prefiero una planta de verdad, viva, aunque sea un yuyito de la esquina”). Darme cuenta de que esa frase se alejó un poco de mí.
Que una señora me pare para preguntarme dónde conseguí las flores, tan lindas. Que otra mujer me diga, mientras compro damascos en el supermercado chino, que mis flores son muy lindas.
Que se me vaya todo ese glamour a la mierda cuando una cajera me dice “señora, por acá”.

Pasearme por mi casa en mi conjunto de culotte y tank top con estampado de cebra (impunemente).

Realizar una limpieza en cadena –duración: toda la tarde- en el mismo conjunto, pensando en el merecido premio que va a ser el vaso de esa cerveza fría que compré en el mercadito.

Que no baste con los damascos, y bajar a comprar cuatro sanguchitos de miga, y otra cerveza (por las dudas).

Cada vez soy más Bridget Jones.
¿Y la actitud cuándo llega?

domingo, 20 de noviembre de 2005

Encontrada en la valija negra

Selenion

Es una noche
en la que el óxido de las flores
es absorbido por cada uno de mis poros,
que sólo logran escuchar
el grito eterno de las almas que recitan su callosa esencia.
Ellas sólo esperan que llegue el amancecer
para salir corriendo
hacia un hato de preces,
la marea de sangre huérfana que puebla el planeta.
Y yo camino por su música,
que mensura en el abismo
los engranajes de las lágrimas
que los amanerados cuervos de la nostalgia
desplegaron sobre la hierba.
Descubro mi semblante reflejado
en cada escalofrío de esta noche agonizante,
y sólo espero
que el rocío me cubra cuando acabe.


Ceci. 26/9/98

martes, 15 de noviembre de 2005

Puchereando en el colectivo

Escalofríos por todo el cuerpo.
Sentada en uno de los asientos individuales de la parte izquierda del colectivo.
Escuchando música muy significativa en este momento. Música que me hunde un poco el pecho, pero que me hace llenarlo de aire en cada lento y profundo respirar.

Escalofríos por todo el cuerpo.
Cuando miro por la ventanilla y veo una paloma semimuerta, o muerta. Parece más chica de lo normal, y más oscura (no es un zorzal). Pienso patéticamente que tal vez es “la luz de la muerte sobre ella”.
Ver eso normalmente no me afectaría mucho. Pero también veo otras dos palomas tratando -frenética e inútilmente- de moverla, de subirla al cordón, de levantar vuelo aferrándose a ella. Desesperadas.
Mientras, sobre la vereda hay otras diez que comen, “pavoneándose” sin inmutarse.

Escalofríos en todo el cuerpo, especialmente en la pierna derecha (¿por qué?).
Lágrimas en los ojos.

Y me digo: “música de mierda”.

martes, 8 de noviembre de 2005

Colgada

Escena uno: un día de agosto, en la facu, en la fotocopiadora del centro de estudiantes.

Yo: Los horarios los tengo que pagar?
Cobrador de la fotocopiadora: No, sólo los programas. Sos ingresante?
Yo: No, colgada nomás.
Cobrador: Jajajajajajaja, nunca me hubiera esperado esa respuesta, me hiciste reír, eh.
Y siguió sonriendo y moviendo la cabeza hacia los lados a lo Stevie Wonder, mientras yo me alejaba. Podría no haberme cobrado nada, de onda.


Escena dos: un día de septiembre, en un Video Club.

Hombre uno del mostrador: Te acordás tu numerito?
Yo: No, me acuerdo mi apellido.
(Al darme cuenta de la boludez que dije, río bajito).
Hombre dos del mostrador: Eso es por él, no?
Hombre uno del mostrador: Sí, al principio decíamos así a veces.
Yo: Ah… cierto, sí, vos me preguntaste eso la primera vez que vine. Pero no fue por eso, fue de colgada (sin saber dónde meterme).
Hombre dos del mostrador: No, ya está, recibimos el mensaje.

La historia termina riendo los tres, yo colorada, y ellos sin cobrarme una deuda que tenía. Ellos sí tienen onda.

jueves, 27 de octubre de 2005

Aperrizaje

Quería volver al blog sin contar demasiadas boludeces poco interesantes, pero si sigo tan exigente va a quedar prácticamente vacío. Y me gusta tenerlo, y me gusta usarlo, y me gusta leerlo aunque aburra.

Últimamente no tengo mucho tiempo, y ni hablar de energía. Pregúntenle a mi hermana, que tiene que bancarse mi pachorra, como por ejemplo esquivando los montones de ropa que dejo por toda la casa, en el piso. Sí, a tal nivel llegó el desorden. Y no son pilas pequeñas. Uniformes sucios frente a la puerta, jeans, pulloveres, bolsas y zapatillas al lado de la tele, remeritas, joggins, toallones en un sillón, bombachas, corpiños, medias y remeras en una esquina del baño (que no es el cesto de ropa sucia). Y mejor del cuarto no hablemos. Es un depósito de ropa con paredes. En realidad nosotras dormimos en los roperos, que están vacíos.

Sigo en la pastelería. Después de estos meses de trabajar ahí, mi hígado ya me pidió socorro un par de veces, de modos no muy placenteros. Así que ahora no ataco tanto las cremas y los mousses (además ya me cansé un poco). De todas formas de vez en cuando me agarra la gula y me hago un poco de mousse de chocolate con crema y almendras.

Me duelen los brazos, porque ayer amasé 15 kg. de masa y no estoy acostumbrada. Es que "la Raulito" está enferma. ¡Volvé, Raulito! Las masas te esperan.
Ya que estoy voy a contar algo que me hizo reir toda la semana.
Me lo contó ella, una mole de 32 años, campeona nacional de paddle, cero tacto y mucha masculinidad.
Festejábamos el cumple de una compañera de trabajo, comiendo sandwiches de carne en una plaza, cuando la charla tomó el rumbo de "accidentes cuando éramos chiquitas".

Raulito: Yo me caí de una altura así (señalando una ventanita a unos 4,5 metros del suelo). Y me salvé...
Esmeralda, yo: ¿A qué edad?
Raulito: no, hace dos años.
Todas: Jajajaja.
Raulito: Y me salvé porque caí arriba del perro.
Todas: ¡NOOOOOOOOO! JAJAJAJA
Yo: ¿Qué perro?
Raulito: Un ovejero alemán.
Todas: Pobre!
Raulito: Sí. Estaba pintando el techo y parece que me insolé y me fui de cabeza al piso. El vecino escuchó una explosión y a los perros como locos. La explosión era yo.
Y después me aparecí en su vereda, toda llena de sangre, medio boluda. Me hicieron pasar y me preguntaron qué había pasado. Y cuando vino mi papá y entró a mi garage vio el charco de sangre, el quilombo de pintura, y lo vio al Beto ahí echado en el piso. Y lo llamaba y no venía.
Esmeralda, yo: ¿Lo mataste?
Raulito: Pegué con el costado de la cabeza en el portón, con la parte de atrás en el paredón del vecino, y el otro costado contra el piso.
Yo: jajaja, re pinball.
Esmeralda: ¿Pero lo mataste?
Raulito: No, no lo maté.
Yo: ¿Lo quebraste?
Raulito: No, tampoco. Pero no podía caminar. Lo llevaron al veterinario y le dio un antiinflamatorio, pobre. Y a mí me tuvieron que coser toda.
Esmeralda: jajaja, capaz que el perro estaba re durmiendo la siesta y le cayó encima, pobre!
Yo: O capaz es re heróico y fue corriendo a salvarla, jajaja.
Raulito: Y después me acordé de estar tirada en el garage, y sentía que estaba durmiendo, así como a la mañana, pero pensaba "me tengo que levantar, me caí del techo". Y en un momento me di vuelta, como cuando a la mañana girás para taparte, y ahí salió el perro de abajo.

Y ahí fue demasiado, nos tentamos las cinco.

Yo: Jaja, faltaba taparte con la patita del perro.
Esmeralda: Y ahora te odia el perro, ¿no?
Cumpleañera: Te ve y llora.
Raulito: No, pobre Beto, no me odia.
Esmeralda: ¿Y camina bien?
Raulito: Sí, sí, todo bien.
Yo: ¿Y quién pintó el techo al final?
Raulito: No, quedó así, ni en pedo me subía ahí de nuevo. Encima quedó un desastre de pintura. Después lo hice pintar.

Y sí, tenía que terminar con una pregunta colgada mía.

domingo, 2 de octubre de 2005

Todo el verano en un día

Un día de esos en los que mi edad era de una sola cifra, le pedí a mi papá que me dé un "cuento de grandes", porque estaba cansada de leer siempre lo mismo. Me dio un libro: "Remedio para Melancólicos", de Ray Bradbury. Estudié el índice, como sabiendo de antemano que estaba por vivir un momento que podía ser especial, y elegí un cuento cuyo título me llamó la atención.
Página 148. Ahí encontré a Margot (que me acompaña hasta hoy, como muchos sabrán) y algo más: encontré esa sensación de terminar un escrito, cerrar el libro, ponerlo sobre mi pecho y, mirando hacia adelante y a ningún lado, con dolor por lo que leí, con pena y ansiedad porque se acabó, sonreir por la calidad y cantidad de sensaciones que me producen unas pocas páginas.
Me marcó. Fue el primero y encajaba tan bien conmigo, con mi devoción por el sol (tan solo sea como instrumento de explicación e interpretación), con mi melancolía innata, con mi pena y mi sensación constante de ser incomprendida, de ver más allá (o ver las cosas distinto) que los demás y me excluyan por ello...
Hoy lo guardo como un tesoro. Y acá lo comparto con ustedes.
Está en el link nuevo de la columna de la izquierda (es el sol).

jueves, 8 de septiembre de 2005

Pobrecito

Parece que era en serio nomás.

Cuando me sintonice de vuelta, vuelvo.

domingo, 31 de julio de 2005

Abandonado

Ya lo sé.

Ya volveré. Mientras, lean archivos. Que no creo que exista mucha gente que haya leído todo el blog.

Hay premio.

viernes, 15 de julio de 2005

Patético

Perdí una apuesta sobre el color de mis ojos.

Por segunda vez en el año.

domingo, 3 de julio de 2005

Inmortal

Mirando Entrevista con el Vampiro, hablábamos con mi hermana de cómo nos encantaría ser vampiresas. Ella decía “imaginate el conocimiento que tendríamos”, refiriéndose a los siglos y siglos vividos.
Yo: Sí, claro, pero que no me venga con ésta (agarrando mi “busardita” como si tuviera un bebé pero no, no es de bebé, es de pastelería). Si tengo que ser inmortal en estas condiciones, me muero (qué paradoja).
Ella: Claro, nos tienen que dar tres meses para prepararnos.

Así que si hay algún vampiro por ahí, especialmente si es como Brad Pitt, por favor: háganos vampiresas, pero con previo aviso (y sí, conviértanos a las dos juntas que si no, nos vamos a aburrir mucho.

Paranoia

A veces soy muy paranoica. Como cuando, al encontrar que la ropa que había dejado en el lavadero de abajo estaba llena de pedazos de papelitos, pensé que la mujer de ahí le había tirado un papel a la máquina cuando yo no estaba.
Al ver que los papelitos tenían numeritos y caras de próceres, me calmé: nadie me puede odiar tanto como para tirar plata en mi lavarropas.

sábado, 25 de junio de 2005

Trabajo

El trabajo me sigue encantando, aunque tengo las manos y la espalda hechas mierda. Es un ambiente re copado, me cago de risa; aunque me exploten me encanta, aprendo mucho. El tema es cuando no tenga más que aprender. Pero ahí me puedo poner a innovar. ¡Porque me dan un montón de responsabilidades para haber estado menos de un mes!
Mis compañeros me llaman “la loca de las tijeras”, porque les conté de cuando me lastimé el ojo con una tijera, accidente por el que nunca vi bien con el ojo derecho. Una de mis frases célebres es: “pero no me clavé la tijera, sólo me saqué un pedacito”.

Hubo otra guerra de masa de brownie. Esta vez los integrantes fueron: la chilena, el mismo chico del otro día, y el “pastelero jefe”. Como éste empezó a gritar que después la masa de brownie no iba a alcanzar, empezaron a usar el mousse de chocolate que yo estaba haciendo en una palangana. Lo loco es que no me incluyen a mí, por suerte. En un momento el pastelero (lo vamos a llamar Pitufo de ahora en más), miró una heladera y dijo “la torta de coco ya fue, ¿no?” (está desde antes que yo esa torta). Le dije que sí, la agarró, y mientras el otro chico (lo llamaremos Básquet), agarraba a la chilena de atrás, Pitufo le trató de estampar la torta de coco bañada en chocolate en la cara. Digo trató porque la torta parecía de utilería, rebotó en la cara de ella y le pegó en los dientes a Pitufo, que quedó bastante adolorido.

La Raulito se tomó unos días, y me enteré ayer que ellos también la llaman así: cualquier cosa les echo la culpa.

Hoy estuve sola con Pitufo y Básquet y hubo un diálogo muy lindo para mí:

Pitufo: …porque queremos poner nuestro propio negocio nosotros dos.
Básquet: Te venís con nosotros.
Pitufo: Sí, ya le dije, sí o sí se viene.
Básquet: O te matamos.
Pitufo: No tiene opción, es o venir o la muerte.
(pausa)
Pitufo: Y si te vas a la mierda vos, avisá un mes antes así nos vamos nosotros también.

Y esa fue la alegría del día. Mucho mejor que la alegría del miércoles, que fue el yanqui que me hacía sonrisitas en el colectivo.

Comentario colgado, o no tanto: Cómo me gusta la gente zurda!!!

Otro comentario: el lunes hacemos brownies especiales. Esos no los vendemos.

viernes, 24 de junio de 2005

Querido remisero:

¿Por qué me cambiaste de radio justo cuando venía el tema de Damien Rice?

Locutor: El siguiente tema es de la banda de sonido de la película “Closer” (suspiro mío, sonrisa interna), protagonizada por Julia Roberts y… “click” trece coma seis grados la temperatura actual en la ciudad de Buenos Aires… (puta madre).

¿Tenías miedo, remisero, de que la cosa se ponga romántica y seamos sólo vos y yo en el auto? Bien que igual te gustaba mirar cómo me maquillaba por el espejo retrovisor en los semáforos. ¿Te gustaba ver cómo se deslizaba el lápiz labial por mi boca, seguido por mi dedo?
Yo no te impedí mirar, me hubieras dejado and so it is.

Después, cuando empezaron a sonar canciones como “You look wonderful tonight”, “I have nothing”, o una que decía “you mean the world to me”, me di cuenta de que no era por temor a lo romántico.

Debés estar cansado de ese tema. Es entendible, no todos pueden escucharlo veinte veces en una tarde y no hartarse, y además suspirar cada vez, como yo.

lunes, 20 de junio de 2005

Narciso sin espejo

Yeya era mi abuela. Yo tenía catorce años cuando se murió. Un día fui a su casa, que estaba huérfana desde hace una semana, así como mi mamá y sus hermanas. Me dijeron que elija algo de su cómoda. Yo miré un ratito lo que había ahí, y pensé: “¿me podré elegir ese espejo antiguo gigante colgado ahí arriba?”.
Había muchos perfumes. A ella le encantaban los perfumes caros. Me llamó la atención uno cuya tapa era una flor.
Un narciso.
Lo agarré, mirándolo por unos instantes como un tesoro, sabiendo que desde ese día sería importante para mí. Y así fue que me acompañó hasta hoy. A veces pienso que es una forma de llevar a Yeya siempre conmigo. Y también, a esta altura, es parte de mí; la gente que me conoce y lo huele lo asocia automáticamente conmigo.
¿Algún día dejarán de fabricarlo? Si es así, ¿perderé el nexo con mi abuela? ¿Estaría desapareciendo otra fracción de ella en el mundo? ¿O algo mío? ¿Perderé mi esencia? Eso pasa cuando la esencia viene de afuera. Mi esencia no la voy a perder. Tampoco la conexión con Yeya. Además, mis primitas me llaman “Yeye”, que aunque esté pronunciado “ieie”, también me recuerda a ella. Igualmente, si tuviera mucha plata, llenaría todo un estante de mi placard de Narcisse de Chloé, por las dudas.

My buddy left me

Hay cuatro cervezas Budweiser abiertas en la puerta de heladera. Las compré en dos lugares diferentes, y fueron elaboradas en distintas fechas. Misteriosamente, todas tienen gusto feo, no tienen gas, y están como fermentadas (más de lo normal). Es mi cerveza número uno; ¿ahora me falla? ¿Qué hago ahora? Y no soy yo, a mi hermana le parece lo mismo. Puaj.
Si alguien sabe qué le está pasando a la Bud, por favor avise.

sábado, 11 de junio de 2005

Nuevo trabajo

Les voy a hablar de mi nuevo trabajo. ¡Es lo más! Trabajo de pastelera, me encanta. Se me pasan volando las horas, estoy aprendiendo mucho, estoy feliz. No se imaginan las cosas ricas que hago.
Pero sigamos la rutina, y contemos sobre mis compañeros. El jefe, el pastelero, me encanta (aunque le tengo “miedo”), y ya me tomó, como suelen hacer, como la prolija, la organizada y, además de todo, su protegida (¡sólo después de 2 semanas! me siento como en la primaria cuando las maestras me amaban, salvo la de 4to. grado, pero eso es otra cosa. Y no, no soy oreja). El otro chico (son todas personas de mi edad a lo sumo, menos una) también me trata así. Hoy le dijo a una compañera, que había mojado el piso: “si se cae Ceci te cago a palos”. Y así fue que lo gastó y yo me puse colorada. Bueno, con éste compañero me quedo sola un cuarto del día, y nos llevamos bien. Después hay una mujer que es re camionera, es muy gracioso cómo es, es “la raulito”. También hay una chilena, que es una colgada, es pasante, y se manda cagadas todo el tiempo (es la que había mojado el piso, ya que se olvidó la canilla abierta, y el agua cayó también en una bolsa de 50 kg. de azúcar). Es un cago de risa. Todos la gastan a ella y ella gasta a todos. La otra pasante… ni fu ni fa.

También trabajé un par de días en la parte de restaurante, de Maitrê (pero ya fue). Lo que quería contar era que uno de los cocineros de ahí me preguntó… MI SIGNO, respondiendo al prototipo de empleada de panadería, como me dijo alguien al leer los posts sobre mi anterior trabajo (¿será empleada de panadería en sus tiempos libres?). Cuando le dije “capricornio”, dijo “¿ah, sos de las cabras que vienen a salvar al mundo?”. Ahí le comenté que en el horóscopo chino soy cabra (lo que me hace una cabra de capricornio, doblemente cabra, cabrona, cabrera). Se puso re contento. Estaba bueno trabajar ahí, por los compañeros y el lugar, pero no era lo mío, no sirvo para ser el centro de algo, la imagen, lo que conecta todo. Menos para un trabajo que me expone tanto (antisocial).

Una moza del restaurante era re chispita:

Mozachispa: Preguntan cada cosa… un tipo me preguntó recién si teníamos algo con gluten.
Yo: Jeje. Ah, tal vez era diabético, ¿los diabéticos no comen eso? Ah, no, comen sin gluten.
Mozachispa: Sí, es al revés. O tal vez era diabético y se quería suicidar.

En un ambiente así, formal y un poco estirado, fue muy gracioso.

Volviendo a la pastelería (feliz porque al otro trabajo lo odiaba, y cuando estaba decidida a decirle al dueño que no me sentía bien en el de maitrê (estaba mitad y mitad, haciendo los dos), el pastelero me dice que él prefiere que me quede ahí todos los días), les cuento que:

- Hoy hicimos la típica ronda de preguntar la edad, y de nuevo escuché el “no parecés ni ahí”, acompañado de algunas caras de miedo frente nuevo respeto encontrado al ver que soy mas grande (¡ridículos!).

- Soy la chica movimiento envolvente, y a no pensar mal: es una forma de mezclar que es delicada, con una técnica especial que no deja que la preparación se baje. Siempre “la prolija”, ¿vieron?

- Acá también hacen la típica broma de gritarte “¡nooooooooooo!” cuando estás haciendo algo, haciéndote creer que te mandaste una cagada tremenda.

- Ya me caí. Fue así: Estaba por hacer diez bizcochuelos en una súper batidora nueva que había llegado, y le voy a preguntar algo al pastelero, botellón de esencia de vainilla en mano. El piso estaba mojado, y en el medio de la cocina me caí de costado, revoleando el botellón, que por suerte era de plástico. Cuando me levanté fue hermoso ver al pastelero y al chico que hace las entregas contenerse la risa en un esfuerzo mortal al preguntarme si estaba bien. Me levanto, rodilla adolorida y agradecida de que no me pasó nada que implique algún tipo de atención porque mis piernas parecían las de un futbolista, pregunto lo que tenía que preguntar y me dirijo a la batidora nueva. Cuando estoy poniendo vainilla, siento algún tipo de descontrol alrededor mío, implicando mucho ruido. Uno de los batidores, que no se estaba usando, se había caído, desde la parte de arriba, adentro de la batidora en movimiento (en la que entran unos 40 litros o más, es grossa), previo rebotar en mi cabeza. Mucho quilombo, vuela el caño batidor mientras apago la batidora, viene el chico de las entregas y con la mejor cara de póker me dice “¿estás bien?”. Fue increíble que en un minuto y medio me pasen dos cosas, una de ellas muy riesgosa (bueno, y si me caía con una olla de almíbar a 120º C también era muy peligroso, pero no fue el caso). Ahora soy conocida como la catrasca, tiro algo y me gastan. Hoy se cayó la raulito al piso y se recagaron de risa. Ahí me reconocieron que se esforzaron mucho cuando me caí yo, porque no había suficiente confianza como para reírse.

- Ayer hubo una guerra de masa de brownies entre dos chicas. Fue entre la raulito y la chilena. En un momento se metió el chico con el que me quedo sola: él le agarraba las manos a la chilena mientras le ponía brownie en la cara, y la raulito la tenía agarrada con la mano izquierda de la nuca. Es impresionante lo grossa que es esa mina (y la chilena es mínima, usa talle XXS). Hay fotos y todo, estuvo espectacular. Lo peor es que después vino gente a ver la cocina, y ellas tenían todo el uniforme marrón.

Y así termino con el tema pastelería por ahora: el que llegó hasta acá se gana una minitorta. Cuando tenga más confianza como para llevármelas (ya me llevé alfajores de maicena), las entrego.

Ah, y si mis compañeros de trabajo llegan a este blog por alguna razón: por favor, raulito, no te enojes, en serio.

lunes, 30 de mayo de 2005

Irrelevancias cotidianas de la última semana

- La semana pasada mi hermana perdió sus llaves, que estaban en un llavero mío. En el llavero, que era un destapador de cerveza ya roto hace años, se leía "Don't say I'm a bitch like it's a bad thing". ¿Será la señal del cierre de una etapa, o será que mi hermana es colgada y nada más? Lo peor es que dice que las perdió adentro de la casa. Imaginen el descontrol.

- Antes de ayer, en una pausa de libros y apuntes, se me ocurrió abrir el diccionario en cualquier página y poner el dedo sin mirar, encontrando la palabra que me defina en este momento de mi vida.
La palabra fue "¡najencia!". Que haya sido una exclamación, y no una palabra un poco más común, ya indica algo. Me define un grito. Y un grito desconocido.
Quiere decir: "Exclamación de germanía algo usada en el lenguaje achulado o informal para echar a alguien de un sitio".
La frase quiero huir de mí sigue marcando mis días, y no sólo eso, sino que hasta el diccionario me echa.

- Anoche mi hermana hizo una observación sobre algo que contradice cualquier pensamiento inductivo al respecto. Dijo que yo me cambio de ropa enfrente de ella, me cambio enfrente de "mi chico", pero no me cambio enfrente de los dos. Wow... interesante, ¿no?

- Hace cuatro días me desperté a las 7 A.M. con fiebre. Dije "soy hebras de luz distribuidas como una pista de autitos" (me refería a los scalextric). Eso sí que es delirar.

- El viernes, mi hermana y yo llevamos 10 envases de cerveza al supermercado para que nos devuelvan la plata que habíamos pagado por ellos (obviamente con los correspondientes tickets de compra y a cambio de otros productos. Se acabaron las épocas en que comía gracias a los envases de cerveza). Ella estaba poniéndolos en la máquina, base primero, acostados, cuando empieza a hacer sonidos que indican que le está pasando algo desagradable. Suelta el envase que acababa de poner en la máquina, baja el brazo, y de adentro de su campera empieza a caer un arroyito de cerveza. Era interminable. Fue muy gracioso, y obviamente la sección que visitamos después fue la de desodorantes, porque olía como Courtney Love a las cinco y media de la mañana.

- En algún momento del fin de semana, mi blog superó las 10.000 visitas. No estuve atenta, no sé quién habrá sido el/la visitante afortunado/a, así que se quedó sin el viaje la Patagonia gratis.

- En el feriado de la semana pasada me grabé un disco con los tangos que cito en el post anterior, en el orden en el que los nombro, como para representar bien el camino que formaron esas palabras que enmarcaban mis pensamientos y mis sentimientos. Lo escucho a la noche antes de dormirme, y en el colectivo. Así que si alguien se sube a un colectivo y ve a una chica de pelo lacio largo con un discman haciendo pucheritos, soy yo.

- El martes cada vez que entraba al cuarto me sentía un Jedi o la nenita de Monsters Inc. El foquito anda mal (no sé si está falseada la rosca, algo así), y a veces hay que pegarle o moverlo porque se apaga de la nada. Ese día, cada vez que entraba al cuarto, cambiaba la intensidad de la luz. Amagaba a apagarse pero enseguida volvía a la normalidad. Y no es que yo hacía viento cuando entraba. Yo sé que estamos hechos de energía, pero me cagaba toda cada vez que entraba al cuarto y el foquito notaba mi presencia. ¿Será que él también me echaba? (¿O será verdad que soy hebras de luz?)

- Hoy conseguí trabajo. Mañana empiezo, pero ya hablaré de eso en otro post. Además en este momento es muy relevante, así que no va acá.

miércoles, 18 de mayo de 2005

Anoche

Dormías en el cuarto. Me puse tu campera, sin saber por qué. Respiré tu olor, que es como mío. Aspiraba, llenándome los pulmones de vos y tratando de completar tu espacio adentro de la campera.
Sabía que te ibas. No sabía cuándo y menos sabía cómo.
Odio mis premoniciones, ¿sabés?
Ahora estoy envuelta en tu campera de nuevo. Hace unas horas le decía a Spinetta en un sueño que mi niñez, mi vejez y mi madurez están plegadas en una misma unidad que es mi presente, y que eso se ve en mis ojos honestos, mi expresión melancólica y mi sonrisa perenne.
Tal vez no debería pensar tanto en mí, o soñar conmigo. Pero todo es , aunque piense en cualquier otra cosa. Como en vos, durmiendo en mi cama.
Siempre sola. Las personas me distraen de ese sentimiento con el que miro al mundo, que está bañado de cierto halo tragédico frente a la magnificencia y al mismo tiempo banalidad de las cosas. Creo que es esa la clave de mi anhelo de soledad. Dicen que lo que nos hace humanos es relacionarnos y realmente llegar a otras personas. Lo acepto. Pero no puedo evitar querer estar sola para sentir las cosas con esa luz tenue y cálida que se crea a mi alrededor cuando nada me distrae y puedo sentir, pensar, recordar e imaginar tranquila. Como ahora, envuelta en tu campera.
Soy como una bolsa de arpillera llena de mierda, repartiéndola por donde voy. No sé a quién le escuché esa frase, creo que a mi viejo, o tal vez es una adaptación libre de cualquier otra cosa. Sé que no soy mala, ni siquiera hago cosas teñidas de maldad. Pero últimamente siento una profunda atracción hacia temas como Quiero huir de mí (todo el dolor regado por el mundo / parece que se adhiere en mi caida... / Y vivo en un abismo tan profundo, / lejos de lo mundano de la vida). No me siento más como un fantasma. Asumo mi corporalidad, asumo mi presencia, y la rechazo. Alguien me dijo una vez que frente a las apariciones hay gente que reacciona naturalmente: es más, lo hacen con cierta paz y felicidad. Pero que también hay gente que se espanta, personas a los que un hálito frío les recorre el cuerpo y no entienden nada (son mil fantasmas, al volver / burlándose de mí, / las horas de ese muerto ayer...). Creo que se puede comparar con el estoicismo frente a la vida. Hay gente que toma las desgracias como algo natural, el yang del yin, y hay gente que se congela, que pierde un poco de vida en cada infortunio. Después hay gente como yo, que, sin demasiadas desgracias, igual se siente así (dan ganas de balearse en un rincón).
Me siento como una escultura de arcilla condenada a estar eternamente fresca. Marcada por gente, dedos, golpes. Con la textura de la vida marcada en la piel. No sé por qué te cuento esto a vos. A vos no te lo cuento, no se lo cuento a nadie. Además, ¿qué me podés decir? (tú compras el carmín / y el pote de rubor / que tiembla en tus mejillas, / y ojeras con verdín / para llenar de amor / tu máscara de arcilla. / Tú, / que tímida y fatal / te arreglas el dolor / después de sollozar). No, no te hablo a vos. Para hablarte a vos tendría que hablar de vos y de mí. Pero queda sólo silencio, como cuando ya no sé qué decirte y te habla mi panza con sus ruidos nerviosos.
“Vos no te podés quejar”, me digo. “La vida no te trata mal”. Pero no, no se mide todo en lo exterior. También se mide adentro, en las partes que se te atrofiaron, las que se pudrieron, las que te olvidaste, las que te inventaste, las que te robaste, las que te forzaron a poner.
La noche me seduce, sacándose de a poco las capas de su cómplice vestimenta, mientras yo me interno en mis pensamientos aferrada a esta prenda tuya (en esta noche tan fría y tan mía / pensando siempre en lo mismo me abismo).
Los libros me miran y se ríen. Ellos son ahora un misterio hermético para mí; los colecciono, los huelo, los apilo, los quiero, los espío. Pero no puedo, no me siento capaz de leerlos, de acercarme (ríe siempre, milonguera, bullanguera, casquivana, / para qué quieres amargar tu vida / pensando en esas cosas que no pueden ser. / Corre un velo a tu pasado, sé milonga, sé mundana). Yo no quiero que la literatura sea algo así en mi vida, algo que nunca pude lograr y me acompañe para siempre (contame tu condena, / decime tu fracaso, / ¿no ves la pena que me ha herido?), pero lo siento imposible, cada vez más lejano.
Vos sabés que no puedo dormirme escuchando tango porque mi corazón se acelera, no al ritmo de la música, sino al ritmo de las palabras que transmiten desesperación, tristeza, decepciones, desencuentros. Así como este piso es un excelente conductor del sonido, yo soy la portadora ideal de esos sentimientos, y soy como un imán para ellos (late un corazón, / déjalo latir... / Miente mi soñar, / déjame mentir...). La gente. La gente me decepciona, yo los decepciono, yo me decepciono entre ellos. Es todo un engaño, una inercia, alejándonos de la verdad de cada uno, con algunos acercamientos cada vez más espaciados (dentro de mí mismo me he perdido, / ciego de llorar una ilusión). En un momento escribí que nunca voy a alcanzar el barco que me lleva, pero que estoy segura de que me estoy acercando. Hoy no sé si me estoy acercando, alejando, o es un ida y vuelta constante a la simpleza, las esencias, el contacto verdadero. Definitivamente se siente como un alejamiento, así como la escultura de arcilla va perdiendo su forma original (sé que fue todo de barro, / de barro mi vida, / de barro mi amor).
¿Será éste el momento en el que, colgando de un ventanal al infinito, los dedos de la única mano que me sostiene se están cansando, y dudan que alguna vez haya existido la seguridad, a punto de entregarse —entregarme— a la caída por entero? (¡Ya sé, no me digás! ¡Tenés razón! / La vida es una herida absurda).
No sé si estoy sola. Con tu campera como sudario, me duermo. Cierro los ojos, lejos tuyo, lejos de todos, pero cerca.
Cerca.

lunes, 9 de mayo de 2005

Últimamente

Ella sólo puede pensar en una cosa.

Entonces decide poner a prueba sus habilidades expresivas. ¿Podría enfrascar con palabras cualquier cosa, logrando una tensión lo suficientemente armónica como para tener sentido en conjunto?
Con la libreta en una mano y la tinta verde secándose lejos del papel, ella prefiere reposar su cabeza en la almohada, cerrar los ojos, sentir el calor del velador recorriendo su rostro, y seguir pensando.

Para luego apagar la luz y esperar en sus sueños.

Pero allí no aparece.

miércoles, 4 de mayo de 2005

Pasan los años...

Y se siente cada vez más cómo la truculenta mano del devenir nos quita el aire con su fiebre frenética de hálitos vitales.
No más libertad total. Nunca la hubo, y siempre la hay, pero ahora ni siquiera se siente. Cada movida significativa parece ser tropezar sobre la primera ficha de una espiral de dominó que se cierra sobre sí misma, anulando todos los demás caminos posibles.
Todo tiene consecuencias, una estrella que brilla opaca y roba la vida a millones que quedan flotando en la ignorancia, como las respuestas a las preguntas que nadie va a hacer.
Damos vueltas sobre nosotros mismos, en cada giro (o elección) eclipsando o iluminándonos desde adentro, en ese juego de luces con la fatalidad que nos constituye como personas.
Y acá me encuentro en un ida y vuelta, subiendo y bajando esta escalera casi eterna, tan larga como las ilusiones que solía tener, aunque ahora sólo me dedique a correr, subiendo, bajando, reconociendo algunas texturas, salteando otras. Pero como gritó Enrique en la novela que estoy leyendo, nadie regresa, nunca, a ningún sitio.
El día que la mano se cierre del todo, se entenderá que no importa el dominó, no importan las espirales que tan macabras nos parecían, no importa el ida y vuelta.
Importa girar en la luz. Girar con gracia, girar dando manotazos en el vacío, girar torpemente, girar sintiendo toda la gravedad del aire que nos rodea. Volver, dejar, escapar, buscar, mirar. Mirar de verdad. Girando como sea pero festejando la propia luz.

Por supuesto que ya será demasiado tarde.

Cambio de trabajo

Los posts panadería se van a acabar, pero no porque tenga otros más interesanteas para poner, sino porque cambio de trabajo, si todo sale bien.

Antes de cerrar el tema panadería, quiero remarcar que es importante recordar que los pechos femeninos se caracterizan por ser protuberancias. Y es muy factible que los ocho cocineros que trabajan con vos en una panadería mientras decorás masitas, no te van a avisar que tenés dos manchas de chocolate redondas en esa parte del cuerpo. Y que lo más probable es que te avives recién cuando termines y bajes las masitas, cuando una compañera te dice que estás manchada, y recién ahí te des cuenta de que tenés las tetas bañadas en chocolate.

miércoles, 27 de abril de 2005

Post panadero III, y trataré de que se acaben por ahora.

Me cambiaron de horario en la panadería. Ayer fue mi primer día a la mañana y como tengo compañeras nuevas, empezó el típico cuestionario. Pero esta vez, cuando una me preguntó la edad y me dijo que no parecía ni ahí, yo le dije "ah, por lo boluda?". Es que me tienen cansada.

Justo ahora me cambian de turno, cuando la encargada me tenía apadrinada y encima me daban los trabajos "para prolijas", que obviamente son mejores. Me tengo que ganar buena reputación de nuevo.

A la mañana hay un pastelero que trabaja con nosotras abajo. Me asusta todo el tiempo por ser la nueva. Cuando estoy haciendo algo me grita "¡NO!" sólo para que me asuste, o me dice "ya te mandaste una cagada", o "no te quiero ver poner eso ahí, eh". Ayer me dijo "¿vos estuviste cocinando con un panadero?", y cuando le digo que no, me dice "porque tenés toda la pierna blanca". No sé cómo, tenía el costado del muslo derecho lleno de harina. No sé qué quiso decir el pastelero.

Después les voy a contar los típicos chistes verdes de panadería, como por ejemplo los que surgen cuando una compañera le pregunta al cliente si se lleva puestos los cuernitos, o cuando un tipo le dice a otra compañera cuando ésta le da una baguette "¿a vos te gusta doblarla, no?". Uno fue adrede, el otro no.

Hoy vino un tipo a averiguar por el aviso que dice "se necesita empleado para delivery con carnet y moto, entregar CV". Cuando le dije los requisitos, dice "ah, es necesario saber conducir? yo no manejo". Para mí que sólo entró a charlar para mandarse todos los sanguchitos que teníamos para degustación (léase: los que están demasiado viejos para vender").

Un punto para mi percepción: La turrita-que-se-maneja-como-si-fuera-la-hija-del-dueño-pero-no-lo-es, resultó ser la novia del hijo del dueño. Con razón...

viernes, 15 de abril de 2005

Primeros días en la panadería

¿Alguien vio alguna vida por ahí? Porque perdí la mía. No tengo tiempo para nada, quedo muerta. Espero acostumbrarme al laburo y tomármelo de una forma más relajada, porque así no existo. No estoy estudiando, no llego a hacer nada. Una cagada.
Aparte de eso, el laburo está bien, las compañeras son bastante piolas, y estoy aprendiendo muchas cosas.

Ya tengo una enemiga, una turrita que no es la encargada y me manda a hacer bocha de cosas y ella no hace nada, come todo el día. Ni que fuera la hija del dueño... (no lo es). Ella no sabe que es mi enemiga todavía. También tengo una que admiro pero le tengo miedo (esas dos sensaciones casi siempre vienen juntas en mí), que es la encargada. Hay una re buena, que me cae bien, y una graciosa que a veces está de mal humor, pero casi siempre es buena onda.

La primer semana no me dieron franco los soretes, así que laburo 10 días seguidos.
Encima debo estar pagando por ser la nueva, porque me mandan a limpiar más que a ninguna otra. No paro. Ellas boludean bastante. Limpiar el baño se denomina "mirar el baño". "¿Podés ir a mirar el baño?" (loca, si me mandás a limpiar la mierda de todos, por lo menos llamalo por su nombre).

Antes de irnos comemos sanguchitos de miga. Horribles: los de choclo. Igual lo comí todo como una chica buena.

Es feo: El chirrido que hace el horno constantemente, que es como el sonido que aparece en la película "The Ring" cuando se ven los videos maléficos (miedo!).

Como soy la nueva, mis compañeras cuando se aburren averiguan sobre mi vida. Lo curioso es que hay cierto patrón (no, no el jefe, quiero decir "pattern, está bien?): el primer día me preguntaron mi edad. Cuatro de ellas, por separado, lo hicieron, y todas dijeron "ah, ¿25? parecés menos". El segundo día, 3 chicas me preguntaron, en distintos momentos: "vos ya tenés experiencia en panadería?" (sí, boluda, por eso estoy usando 5 kilómetros de papel para envolver 3 vigilantes...). El tercer día fue el más raro, ya que 2 de ellas me preguntaron mi signo zodiacal (¿Se ponen de acuerdo?). El cuarto día, 4 de ellas me preguntaron, cada una por su lado, si tenía novio y con quién vivía (¿Qué es? ¿El nivel de confianza que avanza? ¿Están cumpliendo con algún plan de acción?). No sé qué me preguntarán mañana... ya veremos.

Recordar: No ponerme la máscara negra que no es a prueba de agua cuando llueve.

martes, 12 de abril de 2005

Panadera

Conseguí trabajo en una panadería. Hoy fue mi primer día. Estoy muerta y me duele todo, debe ser por haber estado tan tensionada todo el día.
Está bueno, le traje facturitas a mi hermana y todo.
No es exactamente lo que buscaba, pero es dentro del rubro, y me mantengo atenta a otras oportunidades.
¡Y logré que mi día libre sea el día de salsa!
Así que no sé si voy a tener mucho tiempo para postear, leer y comentar otros blogs (además estoy preparando finales). Pero seguro voy a tener muchas situaciones para contar.

Tengo un olor a pan en las manos...
Parezco una abuela.


(fue raro escribir sin nombrar un corpiño)

sábado, 9 de abril de 2005

Observaciones

Observación 1.
Lo primero que hago al llegar a casa: lavarme las manos y sacarme las lentes de contacto. Esa sensación es sólo comparable a la de volver al hogar después de un largo día y sacarse el corpiño.
Así que ahora los hombres que usan lentes de contacto entienden a las mujeres con respecto al uso de corpiño, y las chicas que no usan lentes de contacto comprenden mejor a las personas que sí.
Y las mujeres que usan corpiño y lentes de contacto entienden cómo me siento yo cuando llego a casa.


Observación 2.
Queda comprobado que peor que soñar que estás desnuda caminando por la calle, es soñar que vas desnuda por la calle y nadie se da cuenta.

jueves, 7 de abril de 2005

Post polirubro

Hoy fui a clases de salsa, después de tanto tiempo de querer ir. Es un proyecto que tengo desde el primer o segundo post de este blog (¿será la marca del cierre?). Estuvo muy muy bueno. Fui con mi hermana. Antes de ir, nos tomamos un par de chopps de cerveza, para juntar coraje y estar más desinhibidas. En el camino mi hermana me pidió que en la clase me fije si se le desabrochaba el corpiño, cuyas tiras se había cruzado "para que no se le escapen".
Al llegar había dos o tres principiantes y un par de nuevas como nosotras. Empezamos a bailar y llegaron dos chicos. Cuando tuvimos que bailar en parejas, el profesor decidió que yo era un varón. Ahí me marcó para siempre. Si la primera vez que bailo en pareja soy el varón, ¿cómo me voy a acostumbrar a ser mujer? Igual me gustó ser el hombre (ese va a ser el problema). Rotamos todos los varones con todas las mujeres, estuvo muy bueno. Lo malo fue que con mi hermana nos tentamos cuando nos tocó bailar juntas (¿la cerveza? ¿la boludez innata?).
Cuando terminó, camino a casa, conversamos sobre la clase:

Yo: Hay que aprenderse el 1,2,3, es lo básico.
Ella: Sí, el 1,2,3 es la solución a todo.

Ahí no sé si se refería a la salsa, al postre instantáneo, a algo más, o si es su filosofía de vida. No pregunté por las dudas.

Al llegar a casa practicamos, nos reímos mucho y creamos un esquema con todos los pasos aprendidos, que el que quiera dése una vuelta y se lo mostramos.

Hace un rato se estaba por ir a dormir, y me dice "tengo el corpiño desabrochado, andá a saber desde hace cuánto lo tengo así, ¿ves por qué te decía que te fijes? Capaz un chabón me agarraba la espalda y agarraba las tiritas...". Yo me reí tanto que no llegué a decirle que yo fui chabón y no noté nada, así que o no lo tenía desabrochado o no se notaba.

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Y ahora empieza la segunda sección, que es la laboral.

Estoy buscando trabajo de ayudante de cocina, en algún restaurante o panadería. Creo que es en este momento donde se nota lo inadaptada social que soy. Camino, entro a lugares, entrego curriculums. Me quedo muda, tartamudeo, me pongo colorada. Me choco mesas, me voy sin saludar, no me animo a entrar. Y así es mi búsqueda laboral.
De a poco me va saliendo mejor. Ojalá que consiga algo pronto, quiero trabajar YA. Si saben de algún lugar que necesite gente en la cocina, avisen.

viernes, 25 de marzo de 2005

Esencialmente

Para hacer scones, como en muchas otras preparaciones, hay que mezclar primero los ingredientes secos. Me gusta mirar este punto del proceso porque los granos de azúcar brillan en la opaca harina, como si fueran diamantes en el lecho de un río que se ha secado por siglos de incomprensión. Sus destellos son espaciados pero constantes.
Esta imagen representa lo que siento en este mundo de gente. Para cada uno de nosotros hay determinadas personas que brillan más. No. No es que brillan más. Sólo brillan.
Cuando encontramos una de esas personas (si es que eso pasa alguna vez), la conexión es inmediata e imperturbable. No solamente se siente como si hubiésemos estado juntos en el azucarero, sino también como si en el pasado hubiéramos sido parte de la misma planta, y en el intercambio de palabras y gestos estemos recuperando la savia que nos unía.
Esta conexión no nace de la necesidad. Porque no nace; es parte de nosotros como lo es cada hueso y cada grito contenido. No necesariamente se adecua al conjunto de propiedades de cada uno para alguien supuestamente especial. Se quiera o no, sea en el momento justo o en el peor momento posible, existe esa conexión ineludible con alguien así. Es esencial; va más allá de actitudes, opiniones, posiciones.
Algunos quieren hacer todo más light poniéndole edulcorante en vez de azúcar, o más suave, con azúcar impalpable. Obviamente no es lo mismo, no está el brillo, es una farsa.
Generalmente, para que los gránulos de azúcar se unan, hay que poner huevo.
Pero las masas tienen vida propia, y salen bien sólo cuando quieren.

jueves, 24 de marzo de 2005

No hay química

Yo no sé si es porque cuando era chica mi papá me dijo que para él los gatos tenían una energía maléfica o siniestra, porque de verdad la tienen, o porque no me caen bien y listo, pero no los puedo tolerar.
La tía de "mi chico" se fue por Semana Santa, y estamos cuidando su casa y su gata. Por más que sea un buen lugar para estar solos (sí, relativamente solos en realidad), estoy considerando no ir más. No sólo me molesta la gata sino que me da miedo.
Especialmente cuando se me queda mirando, y no puedo hacer nada para ahuyentarla. Ahí le grito a él "¡sacame la gata!" (porque no la toco ni loca). Es algo químico, no puedo dominarlo.
Hasta tuve pesadillas.
Además, para mí que lo presiente (no hay que ser muy perspicaz), y se ensaña conmigo, durmiendo en la bolsa que tiene mi ropa interior (¡fetichista!), o tirando, de todos los elementos que había en el escritorio, el único que era mío, que era también el más difícil de tirar.
No sé que voy a hacer.

miércoles, 23 de marzo de 2005

Todo es interpretación

Tenemos la necesidad de clasificar todo. Algo totalmente terrenal despierta en nosotros un conjunto de sensaciones, sentimientos, o nos remite a algo no tan terrenal, y al escribirlo, al pensarlo, al encerrarlo con palabras, lo matamos, al mismo tiempo que cobra vida algo que llega más allá de nosotros. No como nuestra extensión sino como nuestro aliento, robado por el viento, cada vez más ajeno, cada vez más de nadie y de todos, disolviéndose en el terreno común que nos ancla.

Como por ejemplo, en este momento podría decir:

Anochece.
En aire se espesa. Estiro la mano y siento que se escurre entre mis dedos, lo refriego por mi cuerpo y me contagio de la nostalgia de este ocaso.
Las cosas aparecen bajo una perspectiva nueva, como si el mercader de la desdicha, que nos quería hacer pagar de más, entrecerrase los ojos, mostrando la verdadera materialidad de sus artículos.
Todo toma un aroma extraño. Hasta lo puedo saborear. Dulce. Dulce y viejo, como la soledad de los niños a la hora de la siesta.
No hay sonidos fuera de este cuarto que es el único testigo viviente del atardecer, que se brinda a nosotros dos confiándonos su secreto de la jornada. Se puede escuchar cómo rebota la luz en las paredes, en una guerra cromática con el cuadro de Van Gogh de la pared. El sol ya es tan sólo el recuerdo de una presencia en la ciudad, y el último rayo de luz rebota en mí, para terminar en el Campo de trigo con cuervos, haciendo bailar levemente a una brizna amarilla, en el momento en que cae el telón. Terminó la función.

martes, 22 de marzo de 2005

Soy un poco:

Nena: porque antes de cruzar la calle me quedo arriba del cordón, y para cruzarla le doy la mano a "mi chico".

Ridícula: Como cuando le dije a una vendedora de ropa: “te puedo hacer una pregunta «fashion»?”

Vengativa: Porque cuando mi amiga (la chorra) me perdió el DNI en un pub (de adentro de MI cartera), decidí regalar sus cosas por ahí (que las tenía yo).

Indecisa: Porque en realidad no estaba segura, y empecé a preguntar a desconocidos qué debería hacer.

Controlada: Porque sólo regalé sus cigarrillos, y dejé su celular.

Miedosa: Porque hago pis con la puerta abierta.

Asquerosa: Porque cuando hay gente me olvido de ese detalle.

Antisocial: Porque muchas veces screeneo mis llamadas.

Egoísta: Como cuando "mi chico" tiene fiebre y me gusta abrazarlo y dormir bien juntos, porque está calentito.

Freaky: Porque a veces me olvido que es intimidante y me quedo mirando a alguien fijamente por mucho tiempo.

Influenciable: Porque cuando escucho Hoy puede ser un gran día de Serrat comienzo a disfrutar cada cosa que hago, sea lo que sea.

Cambiante: Porque eso me dura dos horas máximo.

Loca I: Porque en la facu, cuando hay una chica con pelo muy largo y sedoso sentada adelante mío, me dan ganas de tocarlo. Y a veces me da miedo llegar a hacerlo.

Loca II: Como cuando, discutiendo con "mi chico", me enojé mucho y le tiré la ojota por la ventana del cuarto piso. Acto seguido: Él en pantuflas, yo aguantándome la risa, a hablar con los tipos de donde arreglan subtes para que nos la alcancen.

Loca III: Porque a veces pienso que a la gente me la imagino para no sentirme sola. Pienso que soy la loca del edificio que habla sola, ya que en realidad no estoy viviendo con mi hermana, o todavía no llegó.

Tímida: Porque me pongo colorada, nerviosa y muy insegura ante situaciones nuevas o en las que me siento expuesta.

Descarada: Porque al ser tímida, me cuesta lo mismo hablar en clase que decirle a alguien eso que nadie se anima, o gritar en la calle (si me voy a poner colorada igual… por qué no hacer lo que me parezca?).

Frontal: Porque no sólo le digo cualquier cosa a cualquiera, sino que a veces no dejo que me digan las cosas como no son. Como cuando, al darme una excusa, les digo "en realidad es que…xx, no?" (esto también califica para ser pushy e insoportable).

Maniática: Porque me lavo las manos cada vez que entro a alguna casa, tengo una tabla para verduras y quesos y otra para carnes, un trapo de piso para la cocina y otro para el baño, en los baños públicos tiro la cadena "protegiendo" mi mano con papel higiénico, y si puedo abro la puerta así también. Cosas que para mí son sentido común puro, pero se suponen anormales (al menos todas juntas).

Rara: Porque nunca miro atrás cuando me voy.

También soy un poco caprichosa, golosa, rencorosa, dramática, insegura, atrevida, dulce, enojona, observadora, admiradora. Pero si sigo no termino más.

sábado, 19 de marzo de 2005

Bagaje

Ella recolectó ladrillos toda su vida, con materiales que fue encontrando por el camino; ladrillos de sal, de decepción, de leche, de angustias, de recuerdos, de arena en los ojos, de nudo en la garganta. Les dio forma, les suavizó las aristas, los apretó contra sí y los encastró.
Así armó de a poco lo que la llevaría, como dos muletas, por el mundo. Conformando sus deseos, sus preguntas, sus debilidades, sus intolerancias, sus ideales, sus prejuicios, su temperamento. Especialmente su temperamento.

Ella se derrumba de vez en cuando. Sobre todo cuando abre los ojos y enfrente suyo encuentra al espejo que la acechaba desde hace tiempo, y en él se descubre, inmortal, intangible, inexistente.
Ahí es cuando ella toma un ladrillo y rompe el espejo. Los pedazos flotan en el aire unos instantes que parecen eternos, con un dejo de reproche, y luego caen al piso.
Y ella vuelve a su engaño.

jueves, 17 de marzo de 2005

Nuevo encabezado

Así me vio mi mamá.


Gracias a toda la gente que me ayudó a poner el dibujo!

Y puse hace días una foto abajo de todo, a ver quién la veía. Una sola persona me la mencionó.

Y sí, es mío el arco iris.

sábado, 12 de marzo de 2005

Adaptación

Mi hermana se está acostumbrando a la ciudad, al piso del departamento que se despega y hay que armarlo de nuevo, a la murciélaga que vive en la ventana del cuarto, a no ser tan colgada.
Porque si pensaban que yo soy colgada, no se imaginan lo que es ella.

Secuencia primeros días en el departamento:

Día 1: Se va. A los dos minutos, siento "toc toc". y una vocecita que me llama del otro lado de la puerta, y me dice "me olvidé las llaves...".

Día 2: Salimos, y tenemos que volver porque se olvidó el celular.

Día 3: Pierde la billetera camino al tren.

Día 4: Casi infarta a una viejita del quinto piso, tratando de entrar a su depto. en vez de al nuestro. Para colmo, de todos los departamentos que hay, eligió justo el de la señora paranóica que tiene ataques de pánico.

Y, más tarde ese día: Salimos, y cuando estamos en el pasillo me dice "ay, me olvidé los zapatos!".
ESTABA DESCALZA!

viernes, 11 de marzo de 2005

Más feria

Este post venía pensado desde mi pueblito, y es sobre la feria artesanal.

Las últimas ferias estuve recopilando frases de "el viejito del puesto de madera de enfrente", al que de ahora en más llamaremos Geppetto.

Frase 1: "hay un tango que dice «la que no sabe bailar que se vaya a limpiar la casa». Yo me buscaba las que limpiaban..."

Frase 2: "¡Qué rico para comer con la salsita del Vitel Toné!" (a una señora que pasaba con su perrito todo chiquito, blanquito y peinado).

Frase 3: No te voy a molestar más, Laurita. Falta poco. 40 años nada más, me dijeron que a los 104 (tiene 64 años Gepetto! está re bien!!!).

También le hace apuestas a los clientes. "Si emboco los dos baleros al mismo tiempo, me comprás uno". Y, un balero en cada mano, lo hace. La mayoría del tiempo el cliente ya está seis puestos más adelante, pero a veces le compran al perder la apuesta en la que nunca accedieron participar.

No sólo Gepetto dice frases dignas de remarcar. Recopilé una frase arpía de mi vecina de puesto, una señora que hace lámparas. Otra señora mayor que se mentiene re bien. Yo no sé cómo hacen. Hay que ir más seguido a la feria.
La cosa es dijo un comentario ácido respecto a esta tal "Laurita", que está enfrente suyo.
Laura (puesto de dulces al lado de Geppeto) estaba sentada sobre un caballito de madera del señor. Más bien recostada, o haciendo una postura de yoga, que consistía en sentarse sobre el lomo, pierna izquierda cayendo del mismo lado del caballo llegando hasta el piso, pierna derecha reposando sobre la cabeza del equino, dejándola caer hacia adelante.
Comentario de la vecina: "mírenla a Laurita, siempre montada".

Después vino Gepetto, y le dijo a mi tocaya vecina, que debe tener casi su edad: "cuando termina Laurita te toca a vos la vuelta a caballito".

Por último quería mencionar el regateo más ridículo y gracioso que me hicieron:
Mujer de unos cuarenta y tantos años, pelo corto, campera en pleno enero. Después de mirar mucho las piezas y elegir las que llevaba, agarra una taza, estira el brazo hacia adelante y me dice: "Mirala... se quiere venir conmigo a la costa!". Haciendo pucherito y cara de simpática al mismo tiempo.

Y... ¡aguante el canje! Es muy usado en mi pueblito, como se imaginarán. Gracias a él (y a la generisodad de mi mamá) me pude traer dulces ricos (de Laurita, of course), y algunas cosas lindas.
A veces se exceden con el canje, o llega a lo absurdo, como cuando una psicóloga que conocía aceptó rollos de papel higiénico al por mayor como pago (¿sería algún mensaje en especial?), o también, a la mujer de mi papá, que también es psicóloga, una paciente le pagó algunas veces con un pan casero quemado que parece el pan con el que matan un pato de un golpe en la película "Un Gran Chico".
En fin...

domingo, 27 de febrero de 2005

Estudio

Yo sé que esto no es un fotoblog, y yo no soy una fotógrafa ni mucho menos, pero sí soy estudiante y esta es una muestra de mis elementos de estudio (además del material a estudiar, obviamente, and my tiny little brain). Para que se entretengan, además de conocer mi panorama diario de acá a unos días, y para que vean algo en el blog, porque no puedo pensar ni medio post.

Me estoy volviendo matera con el estudio


Veo, veo...


Mataburras


Esencialmente especial


IN-DIS-PEN-SA-BLES


Relajándome, concentrándome... aguante el Feng Shui!!!


It´s hot in here!!! Sin él se me queman las neuronas


Oh, maldito recordatorio!!! Me estreso...

Novedades

- Pérdida de la soledad, ganancia de una linda compañía, convivencia nueva: mañana llega mi hermana menor, que viene a vivir conmigo.

- Descubrimiento y placer: radio de tango.

- Realización, felicidad y gusto: entender cada vez más los textos de la facu.

miércoles, 23 de febrero de 2005

Porn Star

Vengo del ginecólogo. Yo sé que es privado y no debería contar estas cosas, pero es muy gracioso!

Estoy ahí, en la camilla, espéculo puesto, luz apuntando a mis partes privadas, cuando la doctora me pregunta: “¿a vos te molestaría que te saque unas fotos?”. Yo: “no...”, con cara de sorprendida y preguntándome si tendría duendecitos azules bailando en mi interior.
“No tenés nada raro, pero las secreciones se ven re bien, es para mostrarle a mis alumnos y eso”.

Y ahí sacó de su cajón del escritorio una camarita digital y empezó el despliegue de flashes. Ella diciéndome “vas a ser famosa”; “no te preocupes, son todas iguales”. Yo, por mi parte, dando lo mejor de mí en las poses (osea: me la banqué lo mejor que pude mientras ella trataba de lograr una buena toma, moviendo el espéculo y la luz).
Y cuando me estoy yendo, parada en la puerta, me dice: “gracias por las fotos” y, más bajito: “sólo se ve la chucha

Todo sea por la ciencia.

martes, 15 de febrero de 2005

Si se enterase don Astor...

Ahora tengo celular.

Que me deja componer dos canciones en un pentagrama y, si quiero, programarlo para que suene con alguna de ellas.

Yo le puse "Muerte del Angel", de Piazzolla.

Situación imaginaria: Yo en un colectivo, suena el celular. Alguien me dice "la muerte del ángel".

Y ahí me enamoré.

sábado, 12 de febrero de 2005

Cecilia está acá!

Les puedo garantizar que no hay nada más insoportable que estar negociando el precio del alquiler con un tipo que se la pasa diciendo "porque si Cecilia va y mira departamentos, Cecilia me llama y me dice que encontró mucha diferencia con este precio; ahí yo arreglo con Cecilia".

Y lo más difícil es, después de haberlo gastado mucho a sus espaldas, hablar con él y aguantar la risa cada vez que se refiere a su interlocutor/a en tercera persona.

Pero lo bueno es haber logrado llegar al número pensado, y hacerle proponer a él algunas de las pautas necesitadas. ¡Vamos con la negociación! Tantas discusiones en la vida de algo tenían que servir.

domingo, 6 de febrero de 2005

Sólo acá

Acá en este pueblo, como en muchos otros:

- Podés tener (y VAS a tener) los brazos y las piernas llenos de cortes, moretones, picaduras, quemaduras, y a nadie le va a llamar la atención, y nadie te va a preguntar qué te pasó.

- Vivo escuchando "ah! sos la hija de Marina?"; "Sos igual a tu papá"; "no serás hermana de Clara, no?", y me hacen descuentos y me dan tratos especiales por eso.

- Hay demasiadas coincidencias. Es un entramado terrible de gente. Entre "exes" (novios, cuñados, parejas de los padres, hermanastros, amigovios, suegros), amigos, y familia, no queda nadie que no esté relacionado con una. Y se dan situaciones muy incómodas, y otras muy graciosas.

- Podés tomarte un remis, ir a un quiosco a comprar cerveza, y al quejarte de que no venden, que la remisera te diga "no, yo te llevo adonde venden, yo soy la inspectora a la mañana, el año pasado le pusimos una multa a este quiosco por vender alcohol". Y que nos lleve a un mercado, y se estacione lejos para que no la vea el que atiende.

Pero SÓLO en este pueblo:

- Llegan mensajes como los siguientes en las "notiferias" (comunicados para los feriantes):

15/1: "Nuevamente se recuerda que el armado es hasta las 11 hs. y el desarme debe ser a más tardar a las 18 hs. ya que la calle debe quedar libre para la limpieza y recogido de las mediasombras. Si esto no se cumple, se les complica toda la historia a la familia Reina"

29/1: "Luego de las 11 hs. la Municipalidad procederá al vallado de las calles para el libre acceso de las ambulancias. Esperemos con el tiempo mejorar este mecanismo. Tengamos en cuenta que esto es tirarle una onda al hospital del cual todos necesitamos".

Sí, porque sólo acá la calle que se usa para la feria es la del frente del hospital y la policía. Salís del hospital y vas a la feria. Estás internado y escuchás los tambores y los caireles, y olés los waffles. Habría que hacer un estudio, tal vez tenga un efecto positivo en los enfermos. Pero es cualquier cosa...


- Existió el siguiente diálogo en la radio:

Locutor: Bueno, tarde pero seguro, vino XX XX, parece que tuvo unos percances antes de venir, no?
Invitado: Eh? No, de colgado...

Sólo acá se dan esos argumentos, y sólo acá el receptor los toma como válidos. Seguramente diálogos como éste toman lugar:

Posible empleador: Por qué llega tarde?
Entrevistado: Porque tuve un flash... no sabés, estaba en mi casa y el amanecer estaba alucinante, me quedé mirádolo hasta que terminó, y ahí se me ocurrió una poesía, que escribí y después vine.
Posible empleador: Ah, buenísimo, después muéstremela.

O podría haber un aviso de radio así:
"Se solicita la presencia de Luna Azul Sanchez en el Juzgado de Paz. Favor de presentarse a la brevedad, o cuando pinte".

Tiene ventajas que sea así la cosa, como por ejemplo que haya tanta permisividad (aunque a veces juega en contra, especialmente a largo plazo), y que todo sea más personal y se ajuste a tu medida, como por ejemplo que el dueño de la casa donde vivís te baje el alquiler cuando sabe que tus ingresos bajan, "de onda".

Y yo me estoy contagiando de este vivir colgada, porque el otro día ví un súper sticker en el vidrio trasero de un auto que decía "cuidado, BEBA a bordo!", y supuse por un momento que recomendaban la ingestión de bebidas alcohólicas dentro del vehículo. Pero no, no es del pueblo la culpa, yo soy siempre así.

viernes, 4 de febrero de 2005

La sinceridad monstruosa corre en la familia

Cuando tenía 17 años había un amigo de mi tío que estaba atrás mío. Él tenía 38.
Una tarde estaba en el comedor de mi casa con mi mejor amigo, que después pasó a ser "mi chico" (cagando toda mi teoría de que existía la amistad entre el hombre y la mujer), y este tipo. Charlando.
En un momento pasa mi mamá y se queda a hablar un poquito con nosotros. Le preguntan una boludez y dice "no sé. Lo único que sé es que los dos están enamorados de la misma mujer". Y se va.
Quedó un silencio terrible en el comedor, yo luchando para no ponerme bordó. Después de un ratito fui y le pregunté qué quiso decir (es que sabía?! ...A mother knows...).
Se hizo la re-boluda.
¡Pero qué zarpada!

Resaltados de la noche

- El chico de los piropos
1) Hermosa (el simple pero efectivo)
2) Sólo quiero saber tu nombre (despues de recorrer medio bar)
3) Te estoy mirando tanto que se te cayó algo (un saquito).
4) Te quiero jugar un pool yo contra vos, que ganaste antes. Ah, te vas? Y adónde vas? (acá ya se puso pesada la cosa)
Pero era dulce, o no?

- El daikiri de limón que nos hicieron en un bar. Nunca probé uno tan rico. Y que al pedir otro, nos digan que cerraron la barra porque se estaba poniendo feo el ambiente (fiesta del lúpulo en el pueblo), y al quejarnos nos prometan otro gratis al día siguiente. Creo que también ayudó el hecho de que el chico de la barra había sido compañero de escuela de mi hermano; pero bueno, es imposible no conocer gente en este pueblo.

- Otro piropo, este grupal y motorizado) (y bien boludo).
Camioneta que pasa llena de chicos, para y uno pregunta: "Sabés dónde queda la calle te quiero?" Encima yo, sorda, no entendí y le pregunto de nuevo, y al tonto le da vergüencita y lo dice más bajo todavía.
Por dios!!!

- El chico de otro bar, que no sólo usaba la visera al revés en el sentido de "adelante/atrás" sino también en el de "arriba/abajo". Como si el sol le saliera del culo.

miércoles, 12 de enero de 2005

Cosas raras, cosas graciosas, cosas raras y graciosas.

- Las gallinas de la chacra de mi papá, en su organización delictiva. Las agarraron dos veces así: Una gallina trepada al cerezo, sacando cerezas con el pico y tirándolas al piso, donde el resto de las gallinas comían. Las sacaba con cabito y todo! Así es como el único cerezo de la casa quedó pelado y nosotros con antojo de cerezas de nuestro árbol para todo el año.

- Uno de los saxofonistas de la banda del esposo de mi mamá, que se prendió un cigarrillo antes de un tema y lo fumó en los momentos en que no tenía que estar soplando en el instrumento. Obviamente del público gritaban de todo, como por ejemplo "qué pulmones!"

- El mismo saxofonista, que está bastante excedido de peso, cuando propuso que los que bailen primero se ganen un strip tease suyo, o su "slip".

- El puesto de la feria que está al lado del nuestro, que vende plantas (empezó siendo el puesto de un vivero), pero también cuadros y libros de poesía de Antonia, la que lo atiende. No sólo cultivan plantas ahí.

- El viejo loco del puesto de madera de enfrente, que se la pasa hablando (casi siempre solo), y jugando con un trompo (...las piruetas que puede hacer!!!). Entre muchas cosas dice que conoce extraterrestres, que EEUU tiene satélites espiándonos (y ahí mira para arriba y le habla a los yanquis), y muchos chistes tontos.

- También en la feria, saber inglés y entender muy bien cuando los turistas que lo hablan dicen cosas como "pedile una rebaja", "esto no me gusta", "pedile que separe este juego, no puede hacer una excepción?", etc. etc. Lo mejor es cuando se pelean. Lo gracioso es ver sus caras cuando después de todo eso les hablo en inglés (pero pocas veces lo hago, tan mala no soy).

- Hoy cumplir 25 años.

- Ir al almacén de mi barrio con una piedrota en el bolsillo por los perros (en el bolsillo porque si ven la piedra se ponen más agresivos todavía).

- Tener frío a la noche.

- Ver tantas estrellas tan lindas en el cielo.

- Que me llamen la atención estas tres últimas cosas, como si no hubiera crecido acá. Me fui hace 7 años y ya soy una extraña.

- Estar acá pero querer estar en mi departamento en Capital Federal, con calor y todo.

domingo, 9 de enero de 2005

Al vacío

No estoy bien acá. No estoy bien allá.
No estoy bien en mí?
O es en todo lo que sea OTRO?

Estoy caminando, ya que no puedo parar y disfrutar esa roca en el camino, ese viento frío que viene de pronto y me desnuda el cuello; esa voz, esa cara, ese momento.
Voy caminando bajo una lluvia de nylon, no sé donde voy, sólo sé que me angustia parar. Mi mente se asfixia: tal vez por eso camino, buscando un hueco donde pueda pertenecer y ser. Un espacio que me contenga, uno hecho para mí. Pero por quién?
Tengo que cavar mi propio hueco. Pero si termina siendo mi tumba?
No es una carrera conmigo misma, no es un escape, no es una búsqueda. Es inercia. Es el movimiento de un cuerpo en el vacío. Pero el vacío está adentro.
Trato de ordenar mis reflejos, mi mente me dice "¡viví!"; percibo, absorbo, actúo. Pero para qué me sirve el carpe diem si en el interior estoy muerta?
Tal vez mi cuerpo es el contenedor del vacío que soy yo.

.....................


Acaso cambió también mi tristeza,
como si yo no fuese mío,
por mí mismo olvidado.


(fragmento de "Huyen de mí también mis compañeros")
Salvatore Quasimodo.