jueves, septiembre 30

Dónde está mi remedio?

Melancolía. Melancolía por lo que fue, por lo que no fue, por lo que no es, lo que no será, lo que no tengo, lo que no soy. No tristeza. No envidia, no añoranza. Porque la tristeza es oscura, es gris. La envidia es desear lo que no se tiene, y tienen los demás. La añoranza es desear algo que no está. La nostalgia de la que hablo es un sentimiento de tristeza, sí, pero tristeza amarilla, no gris ni negra. Y no nace del deseo. Es asumir que algo no es de cierta forma, y la pena que implica darse cuenta de eso. Pero cuál es la forma que se quiere? Padezco de un estado de nostalgia crónica?
Estaba con dos viejos amigos y sentía nostalgia; de lo que fuimos, de lo que no somos. Caminando por la calle pasamos por un bar. No hay nada más hermoso que pasar por la puerta de un bar y sentir el sonido de una guitarra. Dulce, seductora, me llama. Nostalgia de no estar con ese sonido más tiempo. Estamos en la esquina. Hermosa casa. Quiero vivir ahí. Quiero despertarme a la mañana en ese balcón de paredes húmedas con el sol que me llama y la parra que me saluda. Nostalgia de despertarme a la mañana. En esa esquina.
Voy caminando y me imagino viviendo en los interiores de las casas. Cada una es un mundo diferente... quiero que esas cortinas sean parte de mi panorama diario. Pero más, quiero vivir la vida de ahí adentro. Quiero ver pasar a las personas nostálgicas. Probablemente si viera mi departamento de afuera sentiría lo mismo. Bueno, acá estoy, entre estas paredes. Mirando estas cortinas beige y marrones. Escuchando una guitarra. Pero no soy feliz. De esto tenía nostalgia?
No, tengo nostalgia de ese mundo que me inventé, donde la gente es bohemia, es feliz con poco. Con unos acordes, una ventana que de al sol, la forma de la mancha de humedad de la pared que refleja la completud de mi mundo-nostalgia. Siento esto, y tal vez sea porque estoy afuera de todo. Tengo nostalgia crónica de todo lo que sea adentro. Pero adentro de mí, adentro de la humanidad. Adentro de ese mundo feliz que me imagino, y que mucha gente tiene. El que nace de la propia interioridad.
En el colectivo mi amiga decide sentarnos en los asientos que miran hacia la parte trasera del mismo. Al mirar por la ventana me siento como en una película, todo se va alejando a una velocidad que no me deja ni siquiera apreciar las casas. No puedo tener nostalgia de estar en las casas o en los bares; ahora solamente tengo nostalgia. De quietud. Pero quietud plena, feliz. Voy en una catapulta de la angustia. Mirando hacia lo que dejo, aunque la mayoría de lo que dejo nunca lo tuve, excepto en mi imaginación. A pesar de que me impresiona no puedo dejar de mirar por la ventanilla, al tiempo que va aumentando el ritmo de mi sentimiento de alejamiento de todo. Nostalgia por la vida. En cualquier momento me voy a separar de la catapulta, continuando el movimiento inércico que me llevará a la verdadera soledad, donde no voy a pensar en nada, despegada del mundo.
Qué era vivir? Sólo sé que estoy cayendo.

2 comentarios:

alkerme dijo...

Me gustó mucho leer esto, siempre pensé que mi melancolía extrema iba a acabar conmigo, veo que no soy la única. ¡qué linda descripción de todo!
Gracias.

Margot/Cecilia dijo...

alkerme: bienvenida! gracias por el comentario.
Saludos!