lunes, 20 de febrero de 2006

Un poco de todo

(CON ACTUALIZACIONES Y AGREGADOS, ABAJO DE TODO)

Tengo el cuadernito lleno de posts y proyectos de posts. Lo que no tengo es compu o plata para el cyber. Voy a hacer un lindo rejunte (y faltan).

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Colgadísima

El otro día estaba en el puesto de la feria, con mi hermana y unos amigos, y de pronto escuché una música, bastante lejana, y pensé: qué copado, hay alguien escuchando Piazzolla. Unos segundos más tarde me dí cuenta de que era mi celular, sonando en mi bolso.
Cuando escribí este post nunca pensé que pasaría algo así.

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Ojotas Dire Straits

Un amigo de mi hermana, ahí, en la feria, halagó mis ojotas y me contó que Dire Straits una vez encargó a una marca "top" de baterías una rosada con lunares negros (como mis ojotas), y que costó pero al final se la hicieron. Ahí fue que las bauticé.

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Y seguimos...

Este chico, según mi hermana, es un práctico y vivo ejemplo de músculos de granja, ya que se lo puede comparar con su hermano, que tiene músculos de gimnasio. Igualmente nada se compara al chico del puesto de enfrente. Cuando haga mi manual de definiciones, le voy a pedir que pose. También podría hacerlo mi hermano, pero sería un poco extraño.
Ah, y debería hablar de los músculos de pastelera. Estos se desarrollan a raíz de técnicas como movimiento envolvente, batido y amasado. Uno de los ejercicios más exigentes es espesar algo a baño de María, como una crema de limón -y es más difícil todavía si añadimos la necesidad de batido, como con un sabayón-. Estos músculos son más localizados (mayormente en el área de los brazos). No se comparan a los de granja, que logran un efecto en todo el cuerpo, con bronceado incluído (aunque los músculos de pastelera pueden venir acompañados con un rico postre).
Yo estoy perdiendo mis brazos fuertes, y lo peor es que no es que se vuelven a hacer flaquitos. Quedan grossos y fofos. NOOOOOOO! Cuando llegué de Buenos Aires le mostré mis músculos a mi familia y el esposo de mi mamá dijo "tiene más músculos que yo". Aguante la pastelería! Tengo que empezar ya con Puentes Amarillos. Sólo por mis brazos.

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Utilísima porno

Y, hablando de pastelería, puedo contar algo que ví el otro día haciendo zapping. En Utilísima Satelital había un tipo cocinando, todo amanerado, y otro mirándolo desde una banqueta. La batidora estaba andando mal, uno de los dos batidores no giraba.

Cocinero: La máquina no anda bien
El otro: No la pusiste bien.
Cocinero: Y bueno, no la puse bien, nunca te pasó que no la pusiste bien?

Y ahí el otro contestó algo que no se escuchó.

El cocinero deja la batidora eléctrica, toma un batidor, y bate mientras dice: "y bueno, vamos a recurrir al batidor de mano, al final la mano es lo único que siempre va a andar bien...".

Ah, bueno...

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Puta cadena

Mi ex chico me contó que trató de hablar con sus amigos de lo que le está pasando después de cortar conmigo, pero que no sirve de nada, porque ellos no entienden lo que es el amor. Que no saben lo que siente, que nunca lo sintieron. Y que le dicen boludeces que no lo ayudan. A mi me pasa cuando hablo con algunas personas: me siento incomprendida. Personas que me dicen "sí, con este me pasó esto, y en ese momento también pasaba algo con éste, y entonces bla bla bla...".
Pero lo peor es que el que no entienda de amor sea la persona a quien amás.


De todas formas estos son Luminous times (hold on to love).

(...)
I love you 'cause I need to;
Not because I need you
(...)


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Hogar

Estoy llena de rasguños. Con mi hermana-concubina conseguimos una perra. Tiene un año y dos meses y también tiene parte de ovejero alemán, que es lo que nos gustaba. Es muy buena, y ya me quiere. Y también nos cuida! La segunda noche dejó salir un par de ladriditos, y así de a poco le fue saliendo su espíritu guardián.
Pero es tan pilas y cariñosa que cuando nos ve nos salta encima, y por eso estoy toda marcada. Quise cortarle las uñas pero el veterinario me dijo que se le iban a limar solas con el piso. Ahora me dedico a hacerla correr, a ver si se le liman más rápido.

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Mal de amores

Estoy insoportable. Escucho un chucao y me pongo mal.
El chilco está peor, y me acuerdo de ET. Para colmo no basta con esos recuerdos que llegan ataditos a las plantas, pájaros, olores. Hay cosas más alevosas o graves, que tienen que ver con su presencia tácita (la de él), y nacen por vivir en un pueblo. Es insoportable eso.

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Piano

La semana pasada agarré el piano, y me dio mucha tristeza darme cuenta de que me había olvidado todo. TODO.

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Exageraciones

- Haberme mudado hace una semana y que ya haya diecisiete envases de cerveza en mi casa.
- Haber besado a tres hombres en una semana.

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Estructurada

Me di cuenta de una razón por la que soy estructurada. Porque como siento tanto todo (terriblemente sensible), tengo que preveer de alguna forma lo que va a pasar. Si no, mi vida sería una tragedia interminable.
¿Y quién puede soportar eso?

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Updates y agregados

Update canino

Hoy casi llego tarde al trabajo. Ayer puteaba a mi hermana por haber dejado a la perra adentro del canil, en vez de soltarla en el patio cercado tan grande que tenemos. Me dijo que se escapaba. Hoy me despido de la perra, y una cuadra después me dí cuenta de que me estaba siguiendo. Seguí un par de cuadras, apuradísima (bad Lassie, I hate you, Lassie, go away!). Tuve que volver y encerrarla, llamar un remisse y bancarme histérica que vaya lentísimo. Por suerte todo queda cerca. Está bueno que todo acá tenga otro ritmo, pero... por qué los remisses tienen que ir tan lento?

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Ética

Qué raro llegar un domingo a la casa de tu papá y que esté tu psicóloga con su marido y su hijita tomando mate con tu papá, su mujer y su nene.

Qué raro, también, que las dos colegas que comparten consultorio con tu psicóloga sean tu tía y la mujer de tu viejo, y que todas las semanas se junten a hablar de los casos.

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Update Dire Straits

Parece que el chico de mis ojotas rosas a lunares está interesado en algo más que las ojotas, y no le importa mucho la diferencia de edad. Yo lo trato re bien porque una noche, bailando con los amigos/as de mi hermana, se armó una especie de pogo atrás mío y él me agarró y me cambió de lugar. Veía cómo lo golpeaban y me daba una ternura terrible (y culpa, pero mucha ternura).

Hoy pasó por el local cuando yo regaba el pasto, y se quedó charlando. Beso cariñoso, mano cariñosa. O es muy cariñoso o quiere algo, pensaba yo.

Él: Qué hacés esta noche?
Yo: Y, es la despedida de Clari, así que saldremos a descontrolar un poco. Hoy (nombre de boliche) no abre, no?
Él: No, no creo.
Yo: Qué cagada, para bailar un poco.
Él: Y yo me meto en su rondita.
Yo: Sí y me salvás del pogo, estuvo bueno
(risas)
Él: Bueno, nos vemos esta noche.
Él (yéndose): A qué hora salís, a las 9, no?
Yo: Sí (glup, no me pensarás venir a buscar, nene, no?).

Al rato volvió a pasar, mientras yo limpiaba los vidrios (sin Morphine, por suerte). Y de nuevo:

Él: ¿Mejoraron la vidriera un poco?
Yo: Sí, puede ser, la cambiaron un poco.
Él: A ver...
Yo: Pero no podés decir nada de esta, porque la hice yo.
Él: Ah, no, está buena, está mejor que las otras.
Yo: Bueno, gracias. (silencio) Che, igual no me puedo quedar charlando mucho, porque no dejan tener visitas.
Él: Ah, sí? bueno, decís que te vine a comprar un conjuntito de ropa interior para mi novia. O para vos, deciles que te vine a comprar un conjuntito a vos.
...

No lo puedo evitar, me sigue dando ternura.

miércoles, 15 de febrero de 2006

Leé y aburrite

Como siempre, llegó el post aburrido en el que hablo de mi trabajo.
Estoy contenta, la hice re bien. Estoy trabajando cuatro horas y media, a la tarde, en un local de ropa chiquitito y medio apartado.
Estoy sola la mayor parte del tiempo, y no entra mucha gente. Pongo la música que quiero (bueno, no tanto: para tango no da. Pero para tango remixado, sí). Me llevo mis lecturas y este cuadernito donde anoto futuros posts.
Cobro, por hora, casi lo mismo que cobraba en Buenos Aires como co-encargada de la pastelería. Claro que son menos horas.

Para la gente de los locales y casas vecinas yo soy la loca que limpia los vidrios bailando. Recién estaba en eso y empezó un tema de Morphine, así, todo sexy, y no pude evitar contornearme, moviendo el culo hacia un lado y hacia el otro, con flexión de rodillas, mientras rociaba los vidrios y les pasaba papel. Parecía los de Full Monty. ¡Descocada!

Ya me mandé una. El viernes, aburrida con una de las dueñas, nos estuvimos probando unas prendas nuevas que habían llegado. Lo gracioso era decir cosas como "bien! me va chica!". Es horrible estar encaprichada con alguna remerita y no poder comprártela, y ver que se la llevan bajo tus narices. Entonces es como un alivio que te quede fea.
Pero hubo una strapless arrugadita color violeta que me probé y me encantó. Normalmente se trae un solo talle y color -o a lo sumo dos- de cada modelo. Porque como es un pueblo chico, no da para que mucha gente tenga la misma ropa (parece que las clientas se quejan si es así).
De estas strapless había una rosa viejo talle small, y la que me gustó.
Sabía que el sábado iba a estar medio deprimida, así que planeé comprármela por despecho (aunque no podía). No es lo mejor consolarme con mi espíritu consumista (aunque solo sea para tener algo "lindo y nuevo"), alimentando a la dictadura capitalista, como diría Jan, de Los Educadores. Pero, por esta vez, me lo permití.
Cuando llegué, el sábado, después de hacer mi rutina de baile, entró una chica que es la diva de la clientela. Compra mucho, es la reina del local cuando entra, que es muy seguido. Me pidió la strapless violeta para probarse. Yo le dije: eh... esta ya está reservada, ... la tendría que haber sacado (mientras la guardaba).
Puso cara de acontecimiento y se negó a probarse la rosa.
Y después me dí cuenta: no pude ser tan pelotuda. Yo quería usarla también en el negocio! Cuando la diva me vea con su strapless voy a quedar mal. Y no le puedo mentir adelante de las dueñas ("no, la había reservado mi hermana/una amiga, y yo se la uso"; "había dos, yo me quedé con una"; "la que la reservó no vino más y me la terminé comprando yo"), porque van a saber que cagué una venta.
No sé qué haré (qué interesante que viene este post!).

Lo malo del trabajo es que me pagan por día. Y yo soy un poco descontrolada con la plata. El otro día perdí $ 20 del bolsillo de mi pantalón (que estaba tirado en el cuarto). No llegué a ponerlos en el lugar de la plata para el alquiler. Busqué por todo el cuarto, cuando mi hermanito y su primo (los dos de trece años) me preguntaron qué me pasaba, y les conté. Les expliqué mis números, y cómo me afectaba perder esa plata, especialmente si no había empezado con lo de las tortas. Me ayudaron a buscar un ratito (la pieza era un descontrol, obviamente). Yo desistí y me fui a esperar a mi papá. Cuando me vino a buscar, salí hacia su auto, y vinieron los chicos corriendo ¡Ceci, Ceci, esperá, los encontramos!. Y yo entré, desconfiada, y los empecé a interrogar. ¿Dónde los encontraron?; Abajo de la ruedita de la tele, la corrimos y ahí estaban. Y yo les insistí con que me digan la verdad, pero ellos me aseguraban que los habían encontrado. Yo sospechaba que no, pero igual los acepté: tan cortamambo no iba a ser.
Me alegraron el día. Son lo más dulce que hay.

Le estuve pidiendo a todo el mundo sugerencias de nombres para mi mini-emprendimiento de tortas (que irá creciendo de a poco, esperemos), incluídos estos dos muchachos, que propusieron "CecInc" (jeje). El otro día les conté que finalmente se va a llamar Puentes Amarillos. El nombre me lo propuso alguien que también está leyendo Cartas a Théo y conoce mi pasión por Spinetta (que hizo el tema Cantata de puentes amarillos inspirado en una descripción de Vincent Van Gogh en una carta).
El nombre es significativo y lindo. Pero los chicos se burlaron un poquito (¿y si el cliente no conoce a Spinetta ni a Van Gogh?), y, más tarde, me llamaron desde el cuarto (estaban en la compu), y me mostraron un afiche que habían hecho. Decía: Los Puentes Amarillos - Tortas de Calidad - de la loca de Ceci. Y una foto mía, con el traje de chef, y llena de masa de brownie (guerra de brownie).

Son divinos estos chicos!
En enero, cuando estaba muy mal, me obligaba -aunque no tenía fuerzas- a ir a patearle algunas pelotas a mi hermanito, que tiene un arco en el patio.
Me hace re bien.

domingo, 12 de febrero de 2006

Mensajes

En la película Waking Life, de Richard Linklater (una película genial, a mi parecer), dicen en un momento que para darte cuenta si estás soñando o no, tenés que mirar números o letras, que enseguida se ponen borrosos o desaparecen (que son inestables). No se puede leer en los sueños. Yo lo comprobé varias veces (así como soy consciente y observadora en mi vida, también lo soy en mis sueños): trataba de enfocar estos signos, y en seguida se transformaban en otra cosa o desaparecían.
Hace unos días soñé que leía algo que había escrito. Era algo así como:

"hemos estado locos, pero hoy esperamos la parodia, hacinados en la puerta holocáustica; ésta, la púrpura".

No me acuerdo las palabras. Lo que sé es que la Ceci protagonista del sueño decía "qué mierda esto que escribí, debe tener otro sentido, si no...". Y miraba bien y las iniciales de las palabras decían "help, help, help, help".
Y después desaparecieron (de todos modos fue un mérito haber leído tanto). Decía así, cuatro veces esa palabra.
Y me desperté.

Ahora, me pregunto: ¿qué parte de mí me está pidiendo socorro?

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Otra peli.

Acabo de ver Los Educadores (Die Fetten Jahre sind vorbei), de Hans Weingartner. Me gustó todavía más que la primera vez que la vi. En un momento la chica habla con uno de los chicos (el actor de Good Bye Lenin), y le dice que cuando era una nena y jugaba a las muñecas con sus amigas, ellas se lo tomaban como si fuera real, pero ella no podía; se sentía una observadora. Y que en la vida real, ahora, le pasa lo mismo.


Obviamente, con esa frase me sentí identificada.

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Ah, y otra peli: Anoche vi parte de Dark Water, y me hizo sentir algo especial que la nenita se llame "Cecilia". Y que lo pronuncien mal, así, a lo yanqui, como la canción de Simon & Garfunkel (Ceci-i-lia, you´re breaking my heart, you´re shaking my confidence daily... Oh, ceci-i-lia, I’m down on my knees,
I’m begging you please to come home
). Y le decían Ceci. Me gustó.
Imaginé que mi ex-noviecito yanqui/finlandés le decía a su acompañante del momento en el cine: "I once knew a girl named Cecilia".

lunes, 6 de febrero de 2006

En lo de mi papá

El olor a dulce de frambuesas y de ciruelas.
Salir de la casa, sentir la montaña que me abraza. Verla bien de cerca.
Caminar unos pasos, comer un par de frambuesas que saco de las plantas, y correr por el pasto. Pasar entre dos manzanos y que una rama me acaricie el pelo, mientras me acerco al arroyo.

Ahí está mi planta. El mejor regalo de cumple (le pasó cerca el hecho de que mi hermano Tiago, en el momento de elegir su día franco, haya elegido los jueves, sabiendo que mi cumple caía ese día. Casi me muero cuando me lo dijo. Es un tierno).
Mi planta es un chilco, y cuando voy a visitar a mi papá, lo riego.
Es lo primero que hago; ir a ver al chilco. Los perros ya van para allá porque saben dónde voy.
Espero verlo florecer algún día. Espero que viva.


Escuchar las campanadas del reloj de péndulo. Recordar odiarlas en las noches de insomnio (no puedo saber la hora cuando se me hizo tarde o sé que voy a dormir poco), y recordar que eran lo único que me ataba a la realidad de la noche cuando leía libros enteros, sin poder dejarlos, en el silencio de la casa dormida.
Una campanada para las y media. Hay que esperar media hora más para saber qué y media es.

Ver desde la cama las estrellas, la silueta de la montaña y las copas de los árboles arañando el cielo.

Despertar con olor a tostadas, y que el arce que vigiló mis sueños me diga buen día a través de la ventana.
Desayunar con el dulce de frambuesas.
Salir, ver al sol justo cuando se asoma por detrás de la montaña.
Ir a cosechar guindas (haré guindas al natural para futuras selvas negras).
Recorrer el bosquecito de arces, escoltada por los tres perros, que parecen moscardones.
Pasar por donde están los maquis. Recordar el juego en el cual no podíamos tocar el piso, yendo de árbol en árbol, porque había monstruos (inspirados en la película "Temblores").
Saber que lo jugaría de nuevo.

Bajar al pueblo caminando, pasar por la chacra de mi infancia. Resistir las ganas terribles de meterme. Cercada por los pinos y cipreses, permanece ahí, como un mundo mágico, inalcanzable, que existe en mi mente y solo recorro en sueños. Pero es algo imprescindible, vital para mi presente. Me gustaría ir a ver a mi nogal, al tilo. Al ciprés gigante que ejercía su dominio indiscutido en el centro de la chacra. O al pino que a mis nueve años tenía mi altura exacta, y ya debe ser altísimo. Estaba metido en una selva de árboles y mosquetas, casi imposible de alcanzar. Tal vez ahora está a la vista. O tal vez no está más.

Exactamente una hora después de salir de la casa de mi papá, llegar a la de mi mamá, y prepararme para el trabajo.
Así cualquiera está listo para el primer día de trabajo.

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A pedido del público:
Chilco
El chilco es un arbusto.

domingo, 5 de febrero de 2006

De trabajo, de la feria, de canas y de músculos

Las cosas se van encaminando. Ya tengo un trabajo tranqui y de pocas horas, y tengo casa, que voy a alquilar con mi hermana mayor. Una casa con mucho patio, dos habitaciones, un arroyito, un membrillo, un sauco y un manzano. Estamos considerando tener un perro (yo dudo, porque en algún momento me voy a ir. Si no, no lo dudaría: un ovejero).
Cada vez estoy más cerca de las cosas que "quería y no quería" de un post de agosto del 2004. Decía: (porque lo saqué)

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Cosas que quiero pero no quiero



- Trabajar

- Tener un bebé

- Volver a mi pueblito

- Tener un perro grande grande

- Rendir mi primer final después de 3 años

- Vivir en una casa con patio

- Hacer amig@s nuev@s

- Estar con mis amig@s

- Estar con mi familia



- Volver con él

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Se ve que me voy acercando a lo que me hace bien. Ahora la lista cambiaría un poco. Tendría que hacer otra.
Hay varios posts que yo me acuerdo de haber escrito, y que después me doy cuenta que saqué. No me tiene que importar quién lee el blog. Yo sé que, como me dijo un amigo, hay sinceridades y sincericidios, pero no creo ser taaan salvaje con mi forma de ser "abierta".

Siguiendo mis cosas: En mi tiempo libre pienso estudiar y hacer tortas que voy a vender (ya tengo un tiramisú encargado para el fin de semana, y la opción de dejar minitortas en un restaurante) y, si puedo, atiendo el puesto de mi mamá en la feria. Me encanta atenderlo, me encanta estar ahí. Siempre la voy a ver a mi hermana, que lo atiende hasta que se vaya a Buenos Aires (llenándose de plata, la guacha, en plena temporada, ya que nos pagan un porcentaje de las ventas).
Conozco desde siempre a los vecinos de puesto, y hay algunos nuevos muy piolas.

Algo feo del día: Mi hermana, aburrida en el puesto, me encontró dos canas. Ya van tres en dos días. No me gusta nada. En Buenos Aires me agarró de nuevo gastritis, parecía que tenía un gremlin en la panza. Todo esto es por los nervios que pasé los últimos meses. Por suerte decidí hacer lo que estoy haciendo.

La alegría del día: el "hola, bonita" del chico músculos de granja del puesto de enfrente.

Voy a intentar explicar un poco esa definición. Pertenece a mi hermana y sus amigas. Y es tal cual. Los músculos, en los hombres, se dividen en: músculos de gimnasio y músculos de granja.
Los músculos de gimnasio son muy marcados, abultados, y aumentan el tamaño del portador. Se notan artificiales, forzados. Son excesivos.
Los músculos de granja, en cambio, son más leves, naturales, armoniosos con el resto del cuerpo. Como lo indica su nombre, son idealmente obtenidos a raíz del trabajo físico en el campo. El portador sigue siendo considerado "flaco" (no raquítico: normal), pero con músculos de granja. Y lo mejor de ellos es que van acompañados de un dorado hermoso en la piel, por trabajar bajo el sol.

Algo divertido que acabo de escuchar:
(Situación: el hijo de la mujer de mi papá, de siete años, bañándose).

Mamá: Muy bien. Ahora, con el mismo ímpetu, lavate las patas.
Hijo: Con quién?

martes, 31 de enero de 2006

Lecturas

Como volví a leer, hay una nueva sección (un poco exhibicionista) en la columna de la izquierda. Me tengo que acordar de renovarla cuando cambie de libro. Va a ser como una posta de obras.
Hasta que no agarre otro, no saco el que esté. Y obviamente puede haber varios al mismo tiempo.
Y quiero más recomendaciones.

domingo, 29 de enero de 2006

Viaje de vuelta para el sur

En el colectivo dieron una peli que me encanta. It's all about love.
No podía ser mejor, porque esta vez me tocó una noche con tormenta. Amo las tormentas eléctricas.
No dormí mucho, y me desperté justo para el amanecer, por lo que fue un despertar con sonrisa incluída (el chico de enfrente debe haber pensado que estaba loca).
El resto de la gente se tuvo que despertar con Enrique Iglesias.
Después de desayunar me volví a dormir hecha un bollito, y tipo once me desperté de golpe y me incorporé un poco, sobresaltada, con los ojos muy abiertos. Ahí sí el chico de enfrente debe haber pensado que estaba loca, porque él estaba acurrucado para mi lado, y justo me estaba mirando. En realidad tal vez por eso me desperté así. ¿No les pasa?
Las últimas horas del viaje las pasé hablando con ese chico de enfrente, que resultó ser bastante piola. Bajó un par de puntos cuando dijo que no entendió la película, pero como los había ganado cuando se rió en un par de escenas, quedó igual.
Me dí cuenta de lo poco que sé de las zonas que rodean mi pueblo (y ni hablar del resto de la Patagonia). Quiero conocer más!

Para cenar nos dieron pollo con algo que no se sabía si era polenta o puré. Tal vez era mejor no saber.

Esto ahora se está convirtiendo en un diario, pero de viaje.
Me compré un diario íntimo, así que espero que cambien las cosas por estos lados bloggeros. Tal vez postee menos.
Ya llevo escritas más de veinte hojas. Desde que me puse de novia, hace como cinco años, que no tenía diario.
Es que es un peligro. Bueno, si alguien lo encuentra y se anima a leerlo, que se haga cargo si algo que lee no le gusta. De última a mi nunca me jodió que la gente vea mi interioridad, por más oscura que sea.
En una parte del diario escribí: cuando encuentro algo de cuando mis viejos eran más jóvenes me pongo re contenta, es como un tesoro. Con toda la documentación que dejo atrás mío, mis hijos van a decir "uh, otro diario de la vieja..."; "... otro más?", y se van a cansar de mi letra.

Tengo las agendas (una por año desde hace más de diez años), que son exclusivamente para guardar ese período de tiempo de alguna manera, y para poner citas que me gustan. Tengo el blog. Tengo un cuadernito muy lindo donde pongo ideas literarias y sueños copados. Y tengo diarios. Desde los 10 hasta los 21 años, y ahora de nuevo. En esos cinco años de silencio puse una sola entrada, a los 25, que dice "si escribiese ahora... LA PUTA MADRE, no sabés lo que sería".
O algo así. No sé, porque mis diarios quedaron en la valija negra, en Buenos Aires. Ustedes se preguntarán qué tamaño tiene la famosa valija negra. Bueno, en realidad es mágica. Sólo pueden entrar cosas relevantes, pero entran todas las que yo quiera, si son de la categoría recuerdo: dibujos, cassettes de filmaciones, cartas, fotos, cuadernos llenos de hojas de árboles...

Algo gracioso: Yo tengo un jabón de azufre, que me recomendó mi prima para controlar la oleosidad en algunas zonas de la cara. Lo llevé a la ducha, y me lo olvidé. Toda mi familia lo usó como jabón corporal. Quedaron todos re sequitos, no entendían qué pasaba, por qué les tiraba la piel. Eso les pasa por robarme el jabón.

sábado, 28 de enero de 2006

Visitando

Fui a visitar a mi amiga brujita. Lo dejé para el último momento porque cuando estoy mal no quiero ver a nadie, y porque soy una antisocial de mierda.
Me re gustó verla.
En un momento describió físicamente a una persona que ella nunca vio y yo vi sólo una vez. Es impresionante, porque acertó en todo lo que dijo.

Me acordé la razón por la que no me gusta usar vestidos. Me inhibe y me pone incómoda que me digan cosas por la calle. Para colmo los nervios aumentan mi torpeza y hago papelones con vestidito. De todas formas, cuando vivía en Estados Unidos extrañaba que me digan piropos (son muy buenos para la autoestima, obviamente).

Almorcé en su casa, y después me fui a merendar a lo de mis abuelos. Cumpleaños de mi tía. Estuve toda la tarde entre primos, tíos, tíos abuelos...
Y visité a las plantitas. Mi abuelo las regó con agua de lluvia y están re bien.
Cuando volvía, en el colectivo, pensaba: qué lindo que es ver gente, y miraba las calles que nacían en la avenida por la que iba. Si conociera a alguien por acá, me bajo y lo voy a visitar. Es más, podría estar días visitando gente. Sería una nómade.
Me gustaría saber por qué soy tan extremista.

No fui a visitar a mi amigo jacarandá, y de eso me arrepiento.

miércoles, 25 de enero de 2006

La chica de enfrente

Ella llega a su departamento y se saca las zapatillas y el pantalón. No porque estén mojados por la lluvia, no porque se va a cambiar, sino porque así le gusta estar.
La miro desde mi ventana mientras, frente a mí, se queda sentada, mirando un álbum de fotos viejas. Tal vez es como yo, tal vez puede ver toda una caja de fotos que ya conoce de memoria como si fuera la primera vez, porque las ve pensando en otra persona. Las ve por esa otra persona, imaginándose qué pensaría, qué le causaría gracia, qué la intrigaría.
Ella tiene períodos muy activos y períodos muy quietos, introspectivos. Cambia varias veces en una misma tarde. Baila, canta, arregla su casa. Y lee, escribe, observa lo que parece ser una gota de agua sobre su rodilla, cuando está sentada en una silla con una pose a lo bailarina. La observa maravillada, como si fuera su hija. A veces pienso que está un tanto loca.
Ella es un poco torpe. Muchas veces la veo caerse, romper cosas, o contener un grito de dolor al patear algo descalza.
A veces cuando mira tele llora. Y muchas veces más, se ríe. Y también se ríe cuando lee o escribe. Pero ahí no llora.
Tiene el pelo castaño, lacio, y no se lo arregla de ninguna forma. Sólo se lo peina (con suerte), y a veces, pocas veces, se lo ata. Es muy expresiva, con sus caras y sus gestos. Por eso es entretenido mirarla. Me gustaría saber qué pasa por su mente cuando está tranquila haciendo algo o escuchando música (siempre escucha música), y de pronto pone una cara de felicidad, así, de la nada, o se pone colorada.
Muchas veces está un rato quieta, pensando, y de golpe se levanta y se pone a hacer cosas, totalmente dinámica: cocinar, ordenar libros. Le gusta mucho cocinar, se nota.
Ella es linda. Mucho más linda que yo. Pero, ¿por qué está tan triste? Aunque baile y cante, siempre está triste.
A veces se acerca a la ventana, mira hacia abajo, mira hacia arriba. Sonríe, suspira. Es como si un ladrillo del edificio de enfrente, el perro de abajo y las nubes naranjas del atardecer le provocasen el mismo sentimiento melancólico.
Ahora la veo, y está haciendo cajas. ¿Se va? Si se va, ¿a quién voy a mirar? Me acerco a la ventana, para asegurarme. Y ahí es cuando recuerdo: enfrente no hay un edificio. No hay nada. Abajo, arreglan los subtes.
La chica es mi reflejo.

¿...Hola?

Otro post boludo

Lluvia.
Correr.
No recomendable con ojotas.
Veraniega, como una ducha tibia.
Que un hombre que viene caminando en sentido contrario me deje del lado de los edificios, aunque le corresponde a él, para que no me moje.

Orden.
Encontrar cosas.
Dentro del desorden hay un control. Por ejemplo: aparecieron todos, pero todos los botones de mis chaquetas de cocinera. Hasta sobró uno, seguramente robado a algún compañero (o se reprodujeron).
Encontrar una cerveza y un gatorade de naranja.

Heladera.
Arreglada!
No congela más.
Ahora la cerveza no me gusta tanto.

Música.
Escuchar toda la música de la computadora.
1219 temas. Random. Sorpresas, ciclotimia, pasar muchos temas.
Tener hasta el tema de Cazafantasmas (who you gonna call? Ghostbusters!). Y el del mundial 90.


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Qué feo cuando el que arreglaba la heladera sacó un bol de arroz pasado con albahaca que me había hecho hace unos días. Parecía la comida del perro. El tema es que no tengo perro.
Así como yo escribo mis aventuras con fumigadores, plomeros, gasistas, etc., ellos deberían escribir las aventuras en mi casa. Estaría bueno un blog de un plomero, y que cuente cosas de las casas y la gente que visita.

José es mi “arregla cosas”. Plomero, electricista, lo que quieras. La última vez que vino me arregló todas las canillas, la pileta del baño, y los portalámparas del comedor y el cuarto. Lo gracioso fue la parte eléctrica. Porque José es más petiso que yo -y eso es bastante decir-. Cuando se sacó el traje de plomero y se puso el de electricista, me planteó un problema: “¿cómo llego?”. Le propuse que use el banquito, y me dijo que igual no iba a alcanzar. Me preguntó si tenía guías telefónicas. Le dije que sí, pero abajo de la compu. Entonces puse tres cajas de mothers -que uso para guardar mis apuntes y fotocopias de la facu- arriba del banquito, y llegó. No resentí el hecho de que esté parado arriba de mis apuntes: les dió más uso que yo en el último año.

Y todo esto me hizo acordar a una charla que tuve con mi hermana hace un tiempo:

Cuando llego a casa del trabajo, Clari me cuenta que pasó el fumigador.

Cla: Me hubieras avisado que pasaba al lavadero!
Ce: Uh, estaba muy mal?
Cla: Sí, el tipo me dijo “ah, se complica acá”.
(Imaginen: un secarropas, veinte envases de cerveza, un cajón con elementos de limpieza, una escoba, un secador, una palita, una cesto para la ropa, una piletita, un calefón, y... una bicicleta. Todo esto en un cuartito de 1 x 1,5 mts. La bici está vertical, una rueda metida en la pileta, llegando casi hasta el techo).
Ce: Jaja, bueno, pero ¿llegó a la rejilla?
Cla: Sí, pero pasé una vergüenza... el tipo me dijo “ah, tienen hasta una bici acá. Pero hasta que la sacan, llegaban más rápido caminando”. Y yo le dije que la usábamos para colgar la ropa, y miró y estaban mis bombachas ahí colgadas del manubrio. Re feo.

lunes, 23 de enero de 2006

Algo raro

Guardar un vestido que me queda feo y es muy estilo “mamá” (y encima mamá de los noventa), negro con pequeñas flores blancas, con tiritas en los hombros que se enganchan con botones en la pechera (y hasta un bolsillo en esa pechera).

Y saber que lo guardo para cuando esté embarazada. Como si, al tener panza, vaya a convertirme automáticamente en una mamá que usa un vestido largo y con apliques de encaje blanco. Como si lo fuera a usar.

Pero está ahí, en la valija negra.

Está ahí guardado -como si mi anhelo necesitase algo tangible que funcione de recordatorio- para que, cuando llegue ese momento que tanto ansié siempre, decida no usarlo.

viernes, 20 de enero de 2006

Andanzas en baires

Cuando llegué me encontré con mis cosas, mi lugar. Va a ser triste dejarlo, aunque sea por un tiempo. Lo primero que hice fue poner una lista de música (de esas que hago juntando temas de todas partes de la compu, cada selección dependiendo del momento). La última que había hecho se llamaba “caca” (sí, muy madura, lo sé). Me fui a bañar, escuchando la selección. Empezó muy bien: Build me up buttercup, de Foundations. Bailando bajo la ducha, agitando el tushi, totalmente energizada, feliz feliz feliz. Pero siguió con All by myself, de Eric Carmen, el tema que canta Bridget Jones al comienzo de la película. “When I was young, i never needed anyone... those days are gone. ALL BY MY SE-EE-ELF, don´t wanna be... All by MYSELF, anymore”. El vecino debe pensar que soy una ciclotímica de mierda. Ahí pensé “¿en qué intento de atentar contra mi sanidad puse ese tema en una lista?”, y mis ánimos bajaron un poco, a merced de los acordes: no podía ir toda mojada a pasar el tema. Igualmente me causaba gracia la situación, además de que nunca me pude tomar en serio ese tema. Después, empezó a sonar otra canción-shake-your-bum-bum: That thing you do, de The Wonders. A sacudir la cabeza, llenando todo el baño de champú. Y a acordarme del batero en la peli de este grupo. Después, sonó Life on Mars, que también me pone melancólica, aunque no entienda un carajo qué dice (y por las partes que entiendo, me doy cuenta de que no debe ser muy proclive a despertar melancolía, por lo que prefiero no saber. Partes como “Mickey mouse has grown up a cow”). Cuando salía de la ducha, empezó Mr. Bojangles. Sentí esa alegría que se siente cuando una encuentra algo que estaba perdido por ahí, y se lo había olvidado. Como cuando encontré, a los 7 u 8 años, en una mochilita que estaba colgada en la pared y nadie tocaba desde hace muuuuucho, un viejo libro infantil que había olvidado y era hermoso (más hermoso que los demás, por su calidad de olvidado y encontrado, como un tesoro). La sensación fue tan linda que, después de disfrutar el momento y darme cuenta de que había sido como recibir un regalo -con lo que me gustaban a mí los regalos-, elegí a conciencia otros dos libros y algún juguetito, los puse en la mochila, y la colgué de nuevo ahí, en ese clavo de la pared, tan alto. Dispuesta a olvidarlos, como un regalo a futuro para mí misma. Pero no fue así: la mochilita se convirtió en un punto al que miraba siempre que jugaba en el cuarto. Era mi secreto, no lo podía olvidar, y no pude revivir esa sensación en un largo tiempo. Creo que por eso guardo todo: porque reviviendo el pasado es como yo disfruto del presente. Esa sensación de la mochilita es como mi nafta (distinta a la nafta de besos que uso cuando cargo a mis primitas a caballito).
La cosa es que Mr. Bojangles me despertó ese sentimiento, y lo más loco es que hace sólo tres semanas que no lo escuchaba. Eso es lo bueno de ser amnésica. Escuchaba los primeros acordes, me invadía el sentimiento de “qué melodía especial”, sin recordar qué era.
Después seguí ordenando, acompañada por mi esquizofrenia: Por un lado había momentos de agitar el culito sacudiendo los brazos y cantando, con temas como Respect, de Aretha Franklin, Runaway, de Pulley ("and I wonder... I wo-wo-wo-wo-wonde-eer, why... why-why-why-why-why, she run away"), Pretty Woman, por Elvis, Walk like a Man, de Four Seasons, I´m a Believer, de Smash Mouth (que me hace recordar mi apodo: Fiona), Everybody needs somebody y Soul man, de Blues Brothers, Per colpa di chi de Zucchero, el clásico infaltable I will survive, y el más pilas de todos: I like to move it (la versión de Sacha Baron Cohen, que es un cago de risa). Y por otro lado dejar que me envuelva un sentimiento de tristeza con temas como Dead man walking y Streets of Philadelphia de Bruce Springsteen, Total Eclipse of the heart (que igual me hace acordar a cuando Kate Blanchett choca a Billy Bob en "Vidas Bandidas", y me da risa), Comfortably numb, Father and Son, de Cat Stevens, Ne me quitte Pas por Nina Simone, The Blower's Daughter (que además lo tengo como cuatro veces en la lista), el tema de “City of Angels” (que me remite a cuando Nicolas Cage agarra peras angustiado en la verdulería y me pongo a moquear), Creep, More than words, y ni hablar de la sonata de Beethoven Pathetique (mis listas son muy diversas).

Revolver recuerdos me pone triste. En realidad hay dos clases: la clase de las agendas, que me da fuerzas, y la de cartas y fotos viejas, que me pone triste. Anotaciones en cuadernos, puntajes de juegos anotados en libretitas. Me puse a pensar: en realidad nunca caí en que corté con "mi ex chico". O caí, pero no lo sentí como tan traumático. ¿Me faltará caer, o va a ser así, nomás? ¿Tan forra soy? ¿O lo fui sintiendo los últimos meses de la relación? Si no caigo revolviendo todos los cadáveres de nuestra relación, ¿cuándo voy a caer?
Y así es como mi blog se convirtió en mi diario íntimo. Alguien me dijo en un mail: “El motivo de estas líneas es para felicitarte por la facilidad con la que transmitís tus sentimientos a través de las palabras. No es usual que la expresión en los blogs sea como la tuya, sino más bien todo lo contrario, con mucha superficialidad y hedonismo, características que tus letras no poseen, porque cuando describís un acontecimiento cotidiano no lo hacés de esa forma, sino con simpleza, naturalidad y humor”. Pero creo que ya me estoy zarpando.

Ayer me levanté, me preparé un té con leche congelada (con suerte el martes arreglan la heladera), y cuando fui a abrir la persiana se cortó la cinta, me asusté cuando cayó la persiana, solté la cinta y se fue todo a la mierda, como sucede en estos casos. Tenía una cinta nueva (chica siempre lista), pero ni en pedo abro la tapa de la persiana. Ahí adentro vive Marita, la murciélaga. No sé qué voy a hacer. Llamé a El Bolsón y Clara, después de cagarme a pedos por llamar a mi mamá sólo porque se me rompió la persiana, me dijo que ella se anima. Pero yo quería dejarle todo lindo. Qué feo el pensamiento machista de “¡necesito un hombre!”. Tíos... pónganse las pilas y vengan a visitarme! (Y traigan herramientas).

Confesión del día: Me enganché con “Sos mi vida”, la nueva novela de Facundo Arana y Natalia Oreiro. Es que cuando cuidaba a mi primita, a la hora en que ella dormía la siesta daban "Muñeca Brava", y sucumbí a los encantos de ese dúo (en esa época el lema era “cualquier cosa menos estudiar”).

jueves, 19 de enero de 2006

Is one of us supposed to be a DOG in this scenario?

Había escrito un pequeño post que decía:

...
Siempre quise que me hagan una carta de amor que enumere cosas boludas mías, que llaman un poquito la atención (al menos al remitente), a lo “When Harry met Sally”:

“Amo que tengas frío cuando afuera hacen veintidós grados, amo que te tome una hora y media ordenar un sándwich, amo que se te haga una arruguita arriba de la nariz cuando me estás mirando como si estuviera loco, amo que después de estar todo el día con vos todavía puedo oler tu perfume en mi ropa y amo que seas la última persona a la que quiero hablarle antes de irme a dormir a la noche. Y no es porque estoy solo, y no es porque es año nuevo. Vine aquí esta noche porque cuando te das cuenta de que querés pasar el resto de tu vida con alguien, querés que el resto de tu vida empiece lo antes posible.”

Y me imagino las cosas que pondría. Pero lo lindo es que te sorprendan las cosas, y te hagan reir.
...

El tema es que me ganaron de mano.
Lo único que faltó, fue el final.

miércoles, 18 de enero de 2006

Volver

Volví a Buenos Aires a asegurarme de que las plantas vivieran hasta que llegue Clari, a buscar mis apuntes y algunos libros de la facu, ropa, música (¡importante!), y a pagar cuentas.

Antes de irme de acá (hace tres semanas), había descolgado una planta mía, y la había puesto, con Magdalena, en la cocina, en sendas palanganas con agua. Para el potus, que nace de una macetita a la izquierda de la ventana pero se estira groseramente hasta el otro lado del comedor, ida y vuelta encuadrando la mitad de la ventana, se me ocurrió una solución (no podía descolgarla, tan enredada que estaba). Ésta consistió en poner una olla con agua sobre la mesa, y sumergir el extremo de la planta en ella, como un brazo sediento, porque el potus echa raíces y vive en el agua tranquilamente. Iba a tomar agua de ahí. La idea estuvo buena; lo que no estuvo bueno fue olvidar el otro factor necesario: la luz.
En diciembre me fui, apurada, y le cerré la persiana. Así fue como el otro día, al entrar, la encontré moribunda. Ahora está en proceso de recuperación. Espero que me perdone. Esta vez le voy a dejar la persiana abierta, y no me importa si viene el ladrón hombre-araña, que entra por las ventanas (los noticieros siempre tan originales).

Cuando entré a mi casa no ví al potus moribundo en seguida. No pude, porque me habían cortado la luz. Otro cuelgue. Con Clari nos olvidamos de pagar (en realidad, habíamos perdido las facturas, y no sabíamos qué se pagaba y qué no), y me tuve que quedar todo el fin de semana en lo de mis abuelos, en vez de hacer cosas. Igual los pensaba ir a visitar el domingo. Y los disfruté, me gustó ir. Además en su casa sueño mucho, por lo que me encanta dormir ahí.

Recordé uno de mis pasatiempos de cuando viajo en colectivo en la ciudad. Escuchar conversaciones ajenas. Hoy escuché a una mujer que hablaba de su ex: “tener un sueño erótico con él me provoca vomitar a la mañana”.

La luna llena me acompañó la noche del viaje en colectivo. Gigante, amarilla. De pronto comenzó a brillar más y me asusté. Pensé: “¿nadie se da cuenta? eso quiere decir que de golpe el sol está brillando más”. Pero después me di cuenta de que eran mis ojos que estaban cada vez más húmedos.
Para colmo la veía escuchando el tema “Si tu no estás aquí”, que, como masoquista que soy, me bajé después del acontecimiento “vereda de Musimundo bajo la lluvia”. Siempre me burlé de ese tema. Ahora me mata (excepto la parte de “Dios”). Por suerte, en un libro que leí, también en el colectivo, encontré un justificativo:

“Los instrumentos que manejaban los músicos mendigos eran una mandolina, una guitarra, un acordeón y un violín. (...) Aschenbach, sentado ante la balaustrada, se humedecía de cuando en cuando los labios con un refresco de soda y granadina que brillaba, con color rubí, a través del vaso. Sus nervios acogían ansiosos los lánguidos tonos, las melodías sentimentales y vulgares, pues la pasión paraliza el sentido crítico y recibe con delicia todo aquello que en un estado de serenidad se soportaría con disgusto.”

Porque... ¡estoy leyendo! ¡Por fin! Eso sí que es bueno. Si me quieren recomendar algo (prefiero cosas no contemporáneas), escucho atenta. La biblioteca de mi mamá está muy buena, así que es probable que encuentre varias de sus recomendaciones.

Es muy linda la ciudad vacía. Y el calor no me molesta tanto. Extraño la presencia de un lago cerca, pero igual no me jode.
Cuando tomaba sol en la terraza, a veces el ruido de la calle y el calor agobiante me hacían sentir que estaba al lado del lago. Los ruidos se me hacían como los del viento jugando con los árboles y el agua. Estaba ahí, muerta de calor, y me tentaba una rápida zambullida. No iba a ser un chapuzón muy agradable, o uno que pudiera repetir.

Una de las cosas que más voy a extrañar (encabezando la lista está mi hermana): subirme a un taxi un día de lluvia o una noche calurosa, y escuchar tango, mirando la ciudad melancólicamente. Para mí los taxis deberían tener un cartel como las compus, pero que diga “tango inside”.

Estuve leyendo agendas viejas, de esas que lleno todos los años, desde los 16, con citas de libros, recuerdos, cosas que me escriben amigos o conocidos, dibujos, etc. Ellas estuvieron en cumpleaños, viajes, campamentos, fiestas controladas y más descontroladas... en casi todos los eventos de estos últimos diez años. No sé qué haría sin las agendas. Me rescatan muchas veces de los bajones en que caigo. Tal vez las hice para eso. Como un hilito al pasado que me rescata, al conectarse con el presente. En ellas puedo ver que no me perdí del todo, que estuve todos estos años. Y me ayudan a volver a mí, a ser un poco más como la Ceci de 17 años, que era muy fuerte, se cuidaba, brillaba, se respetaba, hacía lo que le hacía bien. La tenía clara. Súmenle una década de años de experiencia en esta vida (¿o será por eso que me debilité?). Voy a arrasar cuando vuelva.

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(Sabían que pasando el mouse por arriba de las palabras subrayaditas se leen acotaciones, ¿no?. Si no lo sabían, se han perdido decenas de comentarios valiosísimos.)

domingo, 15 de enero de 2006

Charla

Cuando les conté a mis viejos mi decisión de quedarme un tiempo por el área de la comarca (sí, la llamamos así), hubo un par de momentos graciosos.

Mi mamá esperaba la charla desde la noche anterior. Mi papá desde la mañana (quedé en que cuando salía del trabajo pasaba por lo de mi mamá a hablar). Los tres estábamos muy nerviosos, obviamente. Eran diferentes clases de nervios. Los míos por saber de qué se trataba, los de ellos por no saberlo.

Mi papá llegó a las cuatro y me pidió mate. Se lo hice, puse dos sillas en el cuarto donde me estoy quedando, me senté en la cama y, cuando se sentaron enfrente mío, dejé pasar unos segundos y dije:

"Bueno, ayer me compré un Evatest..."
...

Mi mamá se empezó a reir y me dijo "callate, boluda" (con ese gesto de manotazo en el aire que se hace cuando el otro dice una boludez). Mi papá puso una cara que, aunque haya durado un segundo, fue inolvidable.

Por suerte después también se rió.


El otro momento fue, como es habitual, por un cuelgue mío.
Mi mamá me decía, al hablar de si me conviene quedarme en El Bolsón o Bariloche, que me conviene Bariloche por el tema hombres, porque "acá no hay nadie, y el que queda es un vago".
A lo que yo respondí, ingenuamente:
"¿quién es?"

Ahí fueron ellos los que se rieron un ratito a costa mía (y yo también).

viernes, 13 de enero de 2006

Soleada

Mi amigo el sol salió, por primera vez en el año, para mi cumple.

Me regalaron un perfume, y como estaba medio enojada o en duelo con Narcisse (sin querer usarlo) me vino re bien.

Después de la cena familiar con tarta de frambuesas salí a un pool y me pasaron por dos horas, de nuevo, música para mí (sin saberlo): Red Hot. Estuvo bueno.

Fue un día especial, por suerte. Lindo.

jueves, 12 de enero de 2006

26

Hoy cumplo veintiseis años.

Y empezó bien. Terminé de festejar el cumple de mi hermanito de (ahora) 13, y ya estaba festejando el mío, a las 12, con la misma torta y los bombones que habíamos hecho entre todos los niños (Ceci niña organizando).

Salí con mis tres hermanos restantes, los más grandes, y tomamos unas cervezas. También se juntaron un par de amigos de la secundaria.

Especial: que desde que llegué al bar, y por dos horas y media más, pasaron sin parar U2, y fue mi regalo de cumpleaños.

Seguiré festejando hoy, el 12, y con una torta no usurpada; tarta de frambuesas, como siempre desde hace más de 10 años. Ya es una tradición (o una ley, de esas lindas, como la de meterme al lago o al río siempre que voy, aunque el agua esté helada).

miércoles, 11 de enero de 2006

Es simple

Me voy a quedar un tiempo acá en el sur.
Me quedo con mis montañas, mis árboles, mis estrellas, mis flores, mis olores a pino y a lluvia y a tierra y a manzanos al costado del arroyo.
Me lleno de ellos, para volver a mí.
No hubo mucha decisión que tomar porque siento que no tuve opción. Es lo único que puedo hacer y sé que me va a hacer bien.

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Naturalmente

Un claro en las nubes.
El macizo perfil de las montañas azules
que recortan el horizonte.
El amarillo apagado de los rastrojos.
El río muy negro.
¿Qué estoy haciendo en este lugar,
solo y cargado de culpas?
Me pregunto.


Sigo comiendo las frambuesas de la fuente.
Sin hacerme problemas. Si estuviera muerto,
me recuerdo, no podría saborearlas.
Nada es tan simple.
Sí, todo es así de simple. Naturalmente.


Raymond Carver.

lunes, 9 de enero de 2006

Algunas cosas

El sábado a la noche tocó la banda del esposo de mi mamá. Estuvo muy bueno. Según mi mamá yo no podía sacarle los ojos de encima al saxofonista nuevo. Lo que no sabía es que lo miraba porque el tipo era insoportable. Parecía el conejito de Duracell (tanto como para, en un momento efusivo, patearle la trompeta al esposo de mi vieja). Según Clari, un Jamiroquai barato.
El tipo era un guitarrista frustrado: tocaba el saxo alto, pero cuando no lo hacía, el instrumento se convertía en su guitarra imaginaria.

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Después salí con mi hermana, y me divertí mucho.
En un momento hablábamos de nuestros problemas con el compromiso, la entrega, los chicos en general, y nuestra teoría de que es por nuestra infancia (los cuatro mayores tenemos de esos problemas). Nos acordamos de una charla que tuvimos el año pasado:

Ceci: Sería mejor que no existiera la familia, es una mierda, te re trauma.
Clara: Un Mundo Feliz...
Ceci: Sí, sería un mundo feliz.
Clara: No, boluda, hablo de la novela
(risas)

Antes de anoche cuando nos acordábamos dije "un mundo felix", y me entendió (sabía que estaba pensando en el apellido del autor). Eso es lo lindo de charlar con ella. Ya sabe cómo trabaja mi mente. Sabe que digo cosas como "Cartas al Capitán" cuando quiero decir "El Coronel no tiene quien le escriba". Que digo "mona Lisa" en vez de "gata Flora", Milan Kundera en vez de Emir Kusturica, hermafrodita en vez de ematita, I Ching en vez de Horóscopo Chino, "El lobo Feroz" en vez de "San Francisco y el lobo", "sex on the beach" en vez de "Sex and The City".
Y me entiende.

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Esa noche caminé un par de cuadras sola, antes de que toque "Caravana". Una de las cuadras la caminé mirando a la luna. Hablando sola.

- No puede estar tan linda la luna. La puta madre, no puede ser tan linda. Me duele. No lo puedo creer, mirá eso...

Cualquiera hubiera pensado que estaba loca. Suerte que yo estoy perdida, porque yo también lo hubiera pensado si estaba ahí. Lo peor es que en realidad son esos los momentos en los que vuelvo.

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El sábado a la tarde pasé por enfrente de Musimundo y me quedé parada ahí afuera como una pelotuda, empapada, escuchando "Si tú no estás aquí", mirando a la lluvia y haciendo pucheros. Era para una postal, o un video clip barato. Doy lástima (era una imagen muy patética, nunca pensé llegar a eso).

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Despeinada, aha aha aha. Despeinada, aha aha aha.

He descubierto algo nuevo. Tener el pelo largo en un lugar asediado de hombres alcoholizados es un propulsor para sus acercamientos melosos insoportables.
En dos lugares diferentes y en tres oportunidades, pasé caminando entre estos especímenes, y me peinaban!
Hasta uno ofreció hacerme una trenza.

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Y de colgada, pensé durante diez minutos que me decían "lunares", "me gustan los lunares", etc. por los de mi cara. Y cuando le dije a Clara, en joda "los chicos están re observadores hoy", me dijo "pelotuda, es por tu remera". Tenía una remerita blanca con lunares rosas, amarillos y rojos.

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Reacción graciosa de Clari.

Situación: en la barra de un bar, un ex compañero suyo totalmente manosero, cargoseándola. De golpe ella grita "Martín, no me untes!!!", por cómo la estaba acariciando (era increíblemente cargoso, realmente era como si le untase el brazo).
Más tarde le dije que vayamos a ese lado del bar, y me dijo "claro, porque a vos allá no te untan".

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Qué Nahuelito ni Nahuelito.

Hay una nueva atracción turística en Bariloche. Se llama "las caídas de Cecilia".
Si ven a una chica, pelos al viento, que no puede hacer dos cuadras sin tropezarse, amagar a salir corriendo, trastabillar, resbalarse, chocarse postes, gente, pisar charquitos... síganla. Hay diversión garantizada.
No acepten imitaciones.

viernes, 6 de enero de 2006

Extraño a mi jacarandá

Estoy muy mal. Sólo yo sé lo mal que estoy.Tirada en la cama, escuchando Spinetta, escribo esto. Y no lo quiero postear acá. Mi familia juega a las cartas, escucho sus risas. Estoy hecha mierda y lo único que me importa es no ser desagradecida al no darles bola.
Fui a una psicóloga. Me compré pañuelitos descartables, preparada para llorar, ya que cada vez que pensaba las cosas que le iba a decir se me llenaban los ojos de lágrimas.
Pero no lloré. Me dijo que mis palabras no iban con lo que mostraba. Que estaban como despojadas de sentimientos. Y así soy. Por eso digo que nadie sabe realmente cómo estoy. No se acercan a saberlo. Ni siquiera me creen. No me toman en serio, fría como me muestro.
Me preguntó si me angustiaba. Le dije que con temas puntuales (como peleas con algunas personas) mucho, pero que no soy de llorar en la cama pensando en mi vida. Me preguntó si escribiendo es como yo logro conectar mis sentimientos con mis palabras. Pensé en posts como éste y éste.
También me dijo si no me enroscaba mucho. Le conté que siento que mi vida es ficticia, que no soy yo. Que me levanto, voy por la calle, tomo el colectivo, pero no soy yo. No estoy ahí. No es real. Me preguntó dónde estaba, y le dije que en mi cabeza. Me preguntó qué hacía ahí, y le dije que me buscaba, porque estoy perdida.
Salí del consultorio, me compré un cuaderno, una birome azul de trazo grueso, un helado palito de chocolate, y me fui a la plaza.
No escribí nada, pero necesitaba tener el cuaderno.

miércoles, 4 de enero de 2006

Fiestas en El Bolsón

Navidad.

Almuerzo el 25 al mediodía, con mesa larga en el patio. Mi familia, mis tíos con sus mellizos de seis años, dos amigas de la familia y una pareja amiga de mis tíos, con su bebé de dos meses.
Todo empezó con un juego de mi hermano Tiago (24) y Dante (6). Jugaban a mojarse con botellas de agua, corriendo por el jardín. Se sumó el otro mellizo. Era gracioso ver cómo le revoleaban a mi hermano la botella entera en vez de mojarlo. Media hora después se sumó mi hermano de 12, y después Tiago se cansó y abandonó.
La cosa ya era con baldes de agua. Se rompió la canilla del patio de la que sacaban agua, y fue el amigo de mis tíos (una mole) a arreglarla. Empezó a mojar a los chicos, que no dudaron en tomar medidas al respecto (ignorando que estaba vestido con jean y remera). Mi mamá fue a comprar bombitas, las infló, salió con un balde lleno, y no pudo resistir la tentación de hacer la pelea un poco más pareja (ella también, con jean y remera). Mi hermanito prendió la bomba de agua y empezó a usar una manguera. Se sumó el esposo de mi mamá , e implementaron otra manguera, con más presión todavía. La cosa se había puesto despareja de nuevo, entonces me fui a poner la malla, abajo del vestido (si no, se me veía todo), y salí disimuladamente con una sidra y un sifón (mi arma).
La guerra duró dos horas. Yo tenía un contacto interno, Tiago, que me llenaba baldes desde adentro de la casa. Mi mamá se disputaba las mangueras con los hombres, y hasta el bebé recibió salpicaduras de agua. Los autos quedaron como recién lavados (durante la pelea, mi tió movió su auto al centro de la disputa. Tal vez era el mejor estratega de todos).
De pronto me dí cuenta: estaba empapada, corriendo descalza por el pasto, en mi vestidito blanco con flores azules, riendo, y pensé: “este sí que es un buen comienzo para las vacaciones”.


Año Nuevo.

Amigos y familia en casa de mi mamá. Tragos para todos, pero la bartender tomaba cerveza con maní. Todas las ensaladas eran de papa.
Resaltado de la noche: Partido de voley a las 2 a.m., divertidísimo. En el equipo contrario al mío sacaba siempre el mismo, escondido entre las sombras (nunca se sabía de dónde venía la pelota), y rotaban corriendo en círculos antes del saque. Al principio jugaban todos con vasos en la mano, terminaban parados (con suerte) en el medio de la cancha contraria, agarrando los pies de los jugadores del otro equipo, o colgados de la red (hubo que desenredar un par).
Terminó el partido por necesidad de tragos (alegaron). Como se me había acabado el repertorio, inventé uno. Vodka, licor de frambuesas, limón y Sprite.
Se llamó Volley-Ball.

jueves, 22 de diciembre de 2005

Despelote

El departamento es un desastre. El desorden está más que nada causado por mí –el torbellino Cecilia-. Clari me quiere matar.
Yo no puedo llegar a casa después del trabajo y sentarme a estudiar con este quilombo. Y claro, así nunca estudio, porque ordenando de hace tarde.
Pilas de ropa en el piso (categorizada: al lado de la puerta los uniformes. Adelante de la tele los zapatos, medias y ropa que me saco cuando estoy acá, en la compu. Al lado del sillón ropa que tal vez me ponía y no me puse), compu rodeada de monolitos de cajas de CDs, compacts sueltos, valijas en el cuarto ocupando el único sector de piso libre... porque me agarró un ataque nostálgico y revisé fotos, agendas, cartas y videos viejos (el que ganó el premio al aburrimiento: dos horas de skateboarding de mi noviecito yanqui-finlandés).
Ayer ordené. Fue tedioso, pero más entretenido que mirar el video. Especialmente por los descubrimientos. Entre las pilas de CDs, por ejemplo, estaba mi corpiño negro, el que buscaba desde hace más de una semana.

El otro aspecto que hace la casa deprimente y anti-estudio es que se viene abajo. Este post debería llamarse “cómo destrozar una casa en tres años”. Podríamos haber hecho un reality sobre eso.
¿Se acuerdan del piso de parquet? bueno, ha sufrido una inundación (Clari), y se hinchó todo. Donde entraban seis maderitas ahora entran cinco. Y como se salía (el famoso piso jenga), quedó todo levantado y salido, hay maderitas repartidas por toda la casa. Mi mamá, en una de sus visitas, descubrió que poniendo las maderitas en el horno éstas recuperan su tamaño normal, y se pueden encajar de nuevo como van. Mi hermana se tomó el trabajo de hacerlo, de a poco. Un día, llegando a casa, bajé del ascensor y había olor a quemado. Mientras me acercaba a la puerta el olor aumentaba. Yo ya me imaginaba qué sería. Entré y efectivamente, había quemado una tanda de maderitas. Ahora están ahí, negritas, entre las otras. Encajan bien, eso sí.
Se puede decir que mi hermana tiene una relación bastante pasional con el piso.

Para sumar a la decadencia de la casa, las luces no andan. La luz del comedor y la del cuarto dejaron de funcionar, y nos manejamos con veladores. Muy tétrico. A la noche es muy jodido estudiar. Especialmente para ella, que tiene que hacer dibujos y demás.

Todo esto acompañado de un eterno ruido a agua. Según el Feng Shui es malísimo tener pérdidas de agua. Bueno, nosotras las tenemos en todos los ambientes con canillas (de ahí se originó la inundación). La caliente de la cocina prácticamente no tiene cuerito, por lo que cerramos la llave de paso del agua caliente. Pero al cerrarla, ésta pierde. Así que ponemos una palangana abajo. Más o menos hay que vaciarla una vez al día. El piso del baño tiene un eterno arroyito, que sale del lavamanos y va a la rejilla. Es para sentirnos más cerca de El Bolsón.

Otro tema: la heladera. Congela las cosas. Parece que algo anda mal, y nunca para. Entonces tenemos lechuga petrificada, leche ya en cubitos, y casancrem helado, entre otros.

Por último, tenemos a nuestra amiga nocturna, la murciélaga que vive en la ventana del cuarto. Por su culpa no abrimos la ventana a la noche, y nos morimos de calor.
Igualmente no creo que se anime a entrar. En realidad hicimos todo ese descontrol para mantenerla en el rollo de la persiana, que debe ser mucho más lindo que el departamento.

...

Este post tiene como un mes, me había olvidado de publicarlo. Las cosas ahora cambiaron un poco. Hice arreglar las canillas y los portalámparas. Vamos mejorando. Y a la heladera la vamos apagando y prendiendo nosotras. El tema es cuando nos olvidamos de prenderla (Ceci) y se descongela el freezer. O cuando se olvida Clari, y yo llego a casa ansiosa por tomarme un vaso de cerveza helada, y está casi natural (mal humor irreversible).
Y también cambió algo más: mágicamente, está lleno de nuevo de pilas de CDs y ropa, es un descontrol.

Me pongo a ordenar, a ver qué descubro ahora.

jueves, 15 de diciembre de 2005

Calmate, Ceci

Últimamente estoy muy nerviosa, más que nada por el trabajo. Le digo a todo el mundo que soy una pastelera pero me estreso como si trabajara en Wall Street.
Lo peor es ver cómo la empresa donde trabajás se está desmoronando, y que todo lo que te esforzaste, y todo lo que creciste, no sirvan de mucho. Es horrible la nebulosa: no saber lo que va a pasar. Y que no te paguen, ni hablar.

Ayer fui al médico: tengo gastritis.
Pastillas y jarabe feo, dieta, noches sin dormir por el dolor de panza, pero hoy fui de nuevo al trabajo.

Iba en el colectivo con la ventanilla abierta y un poco de dolor de panza, pensando en qué sería de mi trabajo... cuando me cae una flor de tilo entre las manos.

Los árboles me siguen acompañando.

Bueno, voy a tratar.

Ya en la pastelería me tomé un té de tilo (no de ese; la flor la guardé), para luego enterarme de que hoy era el último día de trabajo, "al menos por un tiempo".

Otro té, y ...¡no me importa nada! O sí: me importa que en unos días me voy a mi pueblito. Eso sí que me hace bien.

martes, 29 de noviembre de 2005

La chica sentada en la plaza

Un día, casi por azar, ella se encontró muy triste mirando cómo caían flores violetas de un árbol. Después se enteró que era un jacarandá. Lo sospechaba, pero no lo sabía. Ella sabía de radales, cipreses, lengas, alerces. Ahora también de jacarandaes. Sabe que se conectó con ese árbol y que lo suyo se convirtió en una cita casi diaria.
El árbol es bastante alto, y no hay mucho a su alrededor. No hay juegos, no hay mesas. Abajo suyo hay una plataforma circular de cemento, apenas elevada del suelo, preparada como para ser un cantero lleno de flores; sólo que está vacío. Ese día que ella estaba tan triste era como un trono violeta, esperándola.

Hay otros árboles en la plaza. Son muchos, y muy diferentes entre ellos. Hay un jacarandá cerca de ese del trono violeta. En realidad el trono está en el medio, y se juntan las flores de los dos. Pero su amigo es el del primer día.
Ella siempre miró a los árboles de la ciudad un poco recelosamente. Tal vez evitaba sentir –percibir- su sufrimiento, en parte sintiéndose culpable por él. Pero desde hace unos meses se anima a conocerlos un poco, al menos a los de las plazas. Se pregunta por qué la cautivan especialmente esos, los que están un poco más libres. Como cuando, tiempo atrás, no se detenía a observar tanto a los árboles de su pueblo como a los del bosque. Lo que sentía junto a estos últimos era mucho más intenso.

Ayer ella fue a ver al jacarandá después de cuatro días sin haber ido. Lo encontró casi sin flores. El trono, vacío. Se preguntó si sería el momento para eso, pero le resultó muy extraño recordar que ninguno de los que había visto desde el colectivo estaban así. Muchos estaban repletos de flores, todavía. Ninguno tan despojado como su amigo. Lo más extraño fue ver al jacarandá vecino (está a una docena de metros) y que esté tan florido como los demás.
Si no era, entonces, por mayor exposición al sol o al viento... ¿por qué era?

Ella se lamentó mucho. No la había esperado.
¿Y su ritual? Pensó que tal vez sería por tristeza o despecho, ya que ella no había ido por varios días. También pensó que él quizás le había brindado tanto que se había quedado sin energía antes que el resto. Y que tal vez fue más feliz, y que eso aceleró su ciclo vital.
Pero, ¿por qué no la esperó?
Quizás había sido al revés. Quizás lo que a ella le atrajo del árbol fue su profunda tristeza, o que esté expuesto más que los demás, de alguna forma. Tal vez tenían en común una terrible empatía y se potenció al juntarse.
Algo hubo ese día, que lo hizo especial para ella. Y ella quiso pensar que era especial para él.

Lo fueron, y lo siguen siendo.
Ella está sentada en el trono, que ya no está vacío. Y sonríe: se acaba de dar cuenta de que tiene puesto un buzo violeta.

lunes, 28 de noviembre de 2005

Fin de semana

Viernes. Pearl Jam! Sentirme afuera de todo (cosa que no me disgusta tanto). Pasar más tiempo analizando cómo siento las cosas que sintiéndolas.
Sigo pensando que mi vida es como la de Abre los ojos o Vainilla Sky. Esa vida que elegís tener, que es un sueño pero lo sentís real. Por eso... ¿no se supone que tenía que ser linda? Bueno, en realidad no es FEA, si la miro objetivamente. Pero... ¿no tendría que sentirse bien? ¿No tendría que estar conforme? Pensar todo esto en alguno de los temas de Pearl Jam, probablemente Even Flow. Cuando termina pienso “¿quien dijo que yo quería ser pastelera y tener que trabajar mañana?”

Sábado. Salir del trabajo, pasar a buscar algunas de mis cosas de la casa de “mi ex chico”. Pretender que no me afecta. Que a cinco pasos de la puerta de mi edificio, muy cargada, y dejando que todos los autos de la avenida parados por el semáforo vean cómo una chica (‘cause I´m just a girl, so pretty and petite, so why won’t you leave me alone?) se las arregla sola con tantas bolsas, se me desfonde una y se destrocen las 3 botellas de agua con gas que me había traído del laburo, vidrios por todos lados. Que un chico me alcance el secador de pelo que quedó a un metro y medio. Tratar de juntar los vidrios y cortarme. Bajar a los diez minutos, a lo abuela para barrer la vereda.

Domingo. Decidir caminar, no tomar el colectivo (está lindo). Ir por la calle con un ramo de rosas y un aire de “diva-no-me-importa-nada”. Mirándome en las vidrieras para comprobar que sí, este pantalón me queda bien. Sentirme una chica de película, aunque nunca haya tenido sentido para mí que las flores cortadas sean un regalo (“prefiero una planta de verdad, viva, aunque sea un yuyito de la esquina”). Darme cuenta de que esa frase se alejó un poco de mí.
Que una señora me pare para preguntarme dónde conseguí las flores, tan lindas. Que otra mujer me diga, mientras compro damascos en el supermercado chino, que mis flores son muy lindas.
Que se me vaya todo ese glamour a la mierda cuando una cajera me dice “señora, por acá”.

Pasearme por mi casa en mi conjunto de culotte y tank top con estampado de cebra (impunemente).

Realizar una limpieza en cadena –duración: toda la tarde- en el mismo conjunto, pensando en el merecido premio que va a ser el vaso de esa cerveza fría que compré en el mercadito.

Que no baste con los damascos, y bajar a comprar cuatro sanguchitos de miga, y otra cerveza (por las dudas).

Cada vez soy más Bridget Jones.
¿Y la actitud cuándo llega?

domingo, 20 de noviembre de 2005

Encontrada en la valija negra

Selenion

Es una noche
en la que el óxido de las flores
es absorbido por cada uno de mis poros,
que sólo logran escuchar
el grito eterno de las almas que recitan su callosa esencia.
Ellas sólo esperan que llegue el amancecer
para salir corriendo
hacia un hato de preces,
la marea de sangre huérfana que puebla el planeta.
Y yo camino por su música,
que mensura en el abismo
los engranajes de las lágrimas
que los amanerados cuervos de la nostalgia
desplegaron sobre la hierba.
Descubro mi semblante reflejado
en cada escalofrío de esta noche agonizante,
y sólo espero
que el rocío me cubra cuando acabe.


Ceci. 26/9/98

martes, 15 de noviembre de 2005

Puchereando en el colectivo

Escalofríos por todo el cuerpo.
Sentada en uno de los asientos individuales de la parte izquierda del colectivo.
Escuchando música muy significativa en este momento. Música que me hunde un poco el pecho, pero que me hace llenarlo de aire en cada lento y profundo respirar.

Escalofríos por todo el cuerpo.
Cuando miro por la ventanilla y veo una paloma semimuerta, o muerta. Parece más chica de lo normal, y más oscura (no es un zorzal). Pienso patéticamente que tal vez es “la luz de la muerte sobre ella”.
Ver eso normalmente no me afectaría mucho. Pero también veo otras dos palomas tratando -frenética e inútilmente- de moverla, de subirla al cordón, de levantar vuelo aferrándose a ella. Desesperadas.
Mientras, sobre la vereda hay otras diez que comen, “pavoneándose” sin inmutarse.

Escalofríos en todo el cuerpo, especialmente en la pierna derecha (¿por qué?).
Lágrimas en los ojos.

Y me digo: “música de mierda”.

martes, 8 de noviembre de 2005

Colgada

Escena uno: un día de agosto, en la facu, en la fotocopiadora del centro de estudiantes.

Yo: Los horarios los tengo que pagar?
Cobrador de la fotocopiadora: No, sólo los programas. Sos ingresante?
Yo: No, colgada nomás.
Cobrador: Jajajajajajaja, nunca me hubiera esperado esa respuesta, me hiciste reír, eh.
Y siguió sonriendo y moviendo la cabeza hacia los lados a lo Stevie Wonder, mientras yo me alejaba. Podría no haberme cobrado nada, de onda.


Escena dos: un día de septiembre, en un Video Club.

Hombre uno del mostrador: Te acordás tu numerito?
Yo: No, me acuerdo mi apellido.
(Al darme cuenta de la boludez que dije, río bajito).
Hombre dos del mostrador: Eso es por él, no?
Hombre uno del mostrador: Sí, al principio decíamos así a veces.
Yo: Ah… cierto, sí, vos me preguntaste eso la primera vez que vine. Pero no fue por eso, fue de colgada (sin saber dónde meterme).
Hombre dos del mostrador: No, ya está, recibimos el mensaje.

La historia termina riendo los tres, yo colorada, y ellos sin cobrarme una deuda que tenía. Ellos sí tienen onda.

jueves, 27 de octubre de 2005

Aperrizaje

Quería volver al blog sin contar demasiadas boludeces poco interesantes, pero si sigo tan exigente va a quedar prácticamente vacío. Y me gusta tenerlo, y me gusta usarlo, y me gusta leerlo aunque aburra.

Últimamente no tengo mucho tiempo, y ni hablar de energía. Pregúntenle a mi hermana, que tiene que bancarse mi pachorra, como por ejemplo esquivando los montones de ropa que dejo por toda la casa, en el piso. Sí, a tal nivel llegó el desorden. Y no son pilas pequeñas. Uniformes sucios frente a la puerta, jeans, pulloveres, bolsas y zapatillas al lado de la tele, remeritas, joggins, toallones en un sillón, bombachas, corpiños, medias y remeras en una esquina del baño (que no es el cesto de ropa sucia). Y mejor del cuarto no hablemos. Es un depósito de ropa con paredes. En realidad nosotras dormimos en los roperos, que están vacíos.

Sigo en la pastelería. Después de estos meses de trabajar ahí, mi hígado ya me pidió socorro un par de veces, de modos no muy placenteros. Así que ahora no ataco tanto las cremas y los mousses (además ya me cansé un poco). De todas formas de vez en cuando me agarra la gula y me hago un poco de mousse de chocolate con crema y almendras.

Me duelen los brazos, porque ayer amasé 15 kg. de masa y no estoy acostumbrada. Es que "la Raulito" está enferma. ¡Volvé, Raulito! Las masas te esperan.
Ya que estoy voy a contar algo que me hizo reir toda la semana.
Me lo contó ella, una mole de 32 años, campeona nacional de paddle, cero tacto y mucha masculinidad.
Festejábamos el cumple de una compañera de trabajo, comiendo sandwiches de carne en una plaza, cuando la charla tomó el rumbo de "accidentes cuando éramos chiquitas".

Raulito: Yo me caí de una altura así (señalando una ventanita a unos 4,5 metros del suelo). Y me salvé...
Esmeralda, yo: ¿A qué edad?
Raulito: no, hace dos años.
Todas: Jajajaja.
Raulito: Y me salvé porque caí arriba del perro.
Todas: ¡NOOOOOOOOO! JAJAJAJA
Yo: ¿Qué perro?
Raulito: Un ovejero alemán.
Todas: Pobre!
Raulito: Sí. Estaba pintando el techo y parece que me insolé y me fui de cabeza al piso. El vecino escuchó una explosión y a los perros como locos. La explosión era yo.
Y después me aparecí en su vereda, toda llena de sangre, medio boluda. Me hicieron pasar y me preguntaron qué había pasado. Y cuando vino mi papá y entró a mi garage vio el charco de sangre, el quilombo de pintura, y lo vio al Beto ahí echado en el piso. Y lo llamaba y no venía.
Esmeralda, yo: ¿Lo mataste?
Raulito: Pegué con el costado de la cabeza en el portón, con la parte de atrás en el paredón del vecino, y el otro costado contra el piso.
Yo: jajaja, re pinball.
Esmeralda: ¿Pero lo mataste?
Raulito: No, no lo maté.
Yo: ¿Lo quebraste?
Raulito: No, tampoco. Pero no podía caminar. Lo llevaron al veterinario y le dio un antiinflamatorio, pobre. Y a mí me tuvieron que coser toda.
Esmeralda: jajaja, capaz que el perro estaba re durmiendo la siesta y le cayó encima, pobre!
Yo: O capaz es re heróico y fue corriendo a salvarla, jajaja.
Raulito: Y después me acordé de estar tirada en el garage, y sentía que estaba durmiendo, así como a la mañana, pero pensaba "me tengo que levantar, me caí del techo". Y en un momento me di vuelta, como cuando a la mañana girás para taparte, y ahí salió el perro de abajo.

Y ahí fue demasiado, nos tentamos las cinco.

Yo: Jaja, faltaba taparte con la patita del perro.
Esmeralda: Y ahora te odia el perro, ¿no?
Cumpleañera: Te ve y llora.
Raulito: No, pobre Beto, no me odia.
Esmeralda: ¿Y camina bien?
Raulito: Sí, sí, todo bien.
Yo: ¿Y quién pintó el techo al final?
Raulito: No, quedó así, ni en pedo me subía ahí de nuevo. Encima quedó un desastre de pintura. Después lo hice pintar.

Y sí, tenía que terminar con una pregunta colgada mía.

domingo, 2 de octubre de 2005

Todo el verano en un día

Un día de esos en los que mi edad era de una sola cifra, le pedí a mi papá que me dé un "cuento de grandes", porque estaba cansada de leer siempre lo mismo. Me dio un libro: "Remedio para Melancólicos", de Ray Bradbury. Estudié el índice, como sabiendo de antemano que estaba por vivir un momento que podía ser especial, y elegí un cuento cuyo título me llamó la atención.
Página 148. Ahí encontré a Margot (que me acompaña hasta hoy, como muchos sabrán) y algo más: encontré esa sensación de terminar un escrito, cerrar el libro, ponerlo sobre mi pecho y, mirando hacia adelante y a ningún lado, con dolor por lo que leí, con pena y ansiedad porque se acabó, sonreir por la calidad y cantidad de sensaciones que me producen unas pocas páginas.
Me marcó. Fue el primero y encajaba tan bien conmigo, con mi devoción por el sol (tan solo sea como instrumento de explicación e interpretación), con mi melancolía innata, con mi pena y mi sensación constante de ser incomprendida, de ver más allá (o ver las cosas distinto) que los demás y me excluyan por ello...
Hoy lo guardo como un tesoro. Y acá lo comparto con ustedes.
Está en el link nuevo de la columna de la izquierda (es el sol).

jueves, 8 de septiembre de 2005

Pobrecito

Parece que era en serio nomás.

Cuando me sintonice de vuelta, vuelvo.

domingo, 31 de julio de 2005

Abandonado

Ya lo sé.

Ya volveré. Mientras, lean archivos. Que no creo que exista mucha gente que haya leído todo el blog.

Hay premio.

viernes, 15 de julio de 2005

Patético

Perdí una apuesta sobre el color de mis ojos.

Por segunda vez en el año.

domingo, 3 de julio de 2005

Inmortal

Mirando Entrevista con el Vampiro, hablábamos con mi hermana de cómo nos encantaría ser vampiresas. Ella decía “imaginate el conocimiento que tendríamos”, refiriéndose a los siglos y siglos vividos.
Yo: Sí, claro, pero que no me venga con ésta (agarrando mi “busardita” como si tuviera un bebé pero no, no es de bebé, es de pastelería). Si tengo que ser inmortal en estas condiciones, me muero (qué paradoja).
Ella: Claro, nos tienen que dar tres meses para prepararnos.

Así que si hay algún vampiro por ahí, especialmente si es como Brad Pitt, por favor: háganos vampiresas, pero con previo aviso (y sí, conviértanos a las dos juntas que si no, nos vamos a aburrir mucho.

Paranoia

A veces soy muy paranoica. Como cuando, al encontrar que la ropa que había dejado en el lavadero de abajo estaba llena de pedazos de papelitos, pensé que la mujer de ahí le había tirado un papel a la máquina cuando yo no estaba.
Al ver que los papelitos tenían numeritos y caras de próceres, me calmé: nadie me puede odiar tanto como para tirar plata en mi lavarropas.

sábado, 25 de junio de 2005

Trabajo

El trabajo me sigue encantando, aunque tengo las manos y la espalda hechas mierda. Es un ambiente re copado, me cago de risa; aunque me exploten me encanta, aprendo mucho. El tema es cuando no tenga más que aprender. Pero ahí me puedo poner a innovar. ¡Porque me dan un montón de responsabilidades para haber estado menos de un mes!
Mis compañeros me llaman “la loca de las tijeras”, porque les conté de cuando me lastimé el ojo con una tijera, accidente por el que nunca vi bien con el ojo derecho. Una de mis frases célebres es: “pero no me clavé la tijera, sólo me saqué un pedacito”.

Hubo otra guerra de masa de brownie. Esta vez los integrantes fueron: la chilena, el mismo chico del otro día, y el “pastelero jefe”. Como éste empezó a gritar que después la masa de brownie no iba a alcanzar, empezaron a usar el mousse de chocolate que yo estaba haciendo en una palangana. Lo loco es que no me incluyen a mí, por suerte. En un momento el pastelero (lo vamos a llamar Pitufo de ahora en más), miró una heladera y dijo “la torta de coco ya fue, ¿no?” (está desde antes que yo esa torta). Le dije que sí, la agarró, y mientras el otro chico (lo llamaremos Básquet), agarraba a la chilena de atrás, Pitufo le trató de estampar la torta de coco bañada en chocolate en la cara. Digo trató porque la torta parecía de utilería, rebotó en la cara de ella y le pegó en los dientes a Pitufo, que quedó bastante adolorido.

La Raulito se tomó unos días, y me enteré ayer que ellos también la llaman así: cualquier cosa les echo la culpa.

Hoy estuve sola con Pitufo y Básquet y hubo un diálogo muy lindo para mí:

Pitufo: …porque queremos poner nuestro propio negocio nosotros dos.
Básquet: Te venís con nosotros.
Pitufo: Sí, ya le dije, sí o sí se viene.
Básquet: O te matamos.
Pitufo: No tiene opción, es o venir o la muerte.
(pausa)
Pitufo: Y si te vas a la mierda vos, avisá un mes antes así nos vamos nosotros también.

Y esa fue la alegría del día. Mucho mejor que la alegría del miércoles, que fue el yanqui que me hacía sonrisitas en el colectivo.

Comentario colgado, o no tanto: Cómo me gusta la gente zurda!!!

Otro comentario: el lunes hacemos brownies especiales. Esos no los vendemos.

viernes, 24 de junio de 2005

Querido remisero:

¿Por qué me cambiaste de radio justo cuando venía el tema de Damien Rice?

Locutor: El siguiente tema es de la banda de sonido de la película “Closer” (suspiro mío, sonrisa interna), protagonizada por Julia Roberts y… “click” trece coma seis grados la temperatura actual en la ciudad de Buenos Aires… (puta madre).

¿Tenías miedo, remisero, de que la cosa se ponga romántica y seamos sólo vos y yo en el auto? Bien que igual te gustaba mirar cómo me maquillaba por el espejo retrovisor en los semáforos. ¿Te gustaba ver cómo se deslizaba el lápiz labial por mi boca, seguido por mi dedo?
Yo no te impedí mirar, me hubieras dejado and so it is.

Después, cuando empezaron a sonar canciones como “You look wonderful tonight”, “I have nothing”, o una que decía “you mean the world to me”, me di cuenta de que no era por temor a lo romántico.

Debés estar cansado de ese tema. Es entendible, no todos pueden escucharlo veinte veces en una tarde y no hartarse, y además suspirar cada vez, como yo.

lunes, 20 de junio de 2005

Narciso sin espejo

Yeya era mi abuela. Yo tenía catorce años cuando se murió. Un día fui a su casa, que estaba huérfana desde hace una semana, así como mi mamá y sus hermanas. Me dijeron que elija algo de su cómoda. Yo miré un ratito lo que había ahí, y pensé: “¿me podré elegir ese espejo antiguo gigante colgado ahí arriba?”.
Había muchos perfumes. A ella le encantaban los perfumes caros. Me llamó la atención uno cuya tapa era una flor.
Un narciso.
Lo agarré, mirándolo por unos instantes como un tesoro, sabiendo que desde ese día sería importante para mí. Y así fue que me acompañó hasta hoy. A veces pienso que es una forma de llevar a Yeya siempre conmigo. Y también, a esta altura, es parte de mí; la gente que me conoce y lo huele lo asocia automáticamente conmigo.
¿Algún día dejarán de fabricarlo? Si es así, ¿perderé el nexo con mi abuela? ¿Estaría desapareciendo otra fracción de ella en el mundo? ¿O algo mío? ¿Perderé mi esencia? Eso pasa cuando la esencia viene de afuera. Mi esencia no la voy a perder. Tampoco la conexión con Yeya. Además, mis primitas me llaman “Yeye”, que aunque esté pronunciado “ieie”, también me recuerda a ella. Igualmente, si tuviera mucha plata, llenaría todo un estante de mi placard de Narcisse de Chloé, por las dudas.

My buddy left me

Hay cuatro cervezas Budweiser abiertas en la puerta de heladera. Las compré en dos lugares diferentes, y fueron elaboradas en distintas fechas. Misteriosamente, todas tienen gusto feo, no tienen gas, y están como fermentadas (más de lo normal). Es mi cerveza número uno; ¿ahora me falla? ¿Qué hago ahora? Y no soy yo, a mi hermana le parece lo mismo. Puaj.
Si alguien sabe qué le está pasando a la Bud, por favor avise.

sábado, 11 de junio de 2005

Nuevo trabajo

Les voy a hablar de mi nuevo trabajo. ¡Es lo más! Trabajo de pastelera, me encanta. Se me pasan volando las horas, estoy aprendiendo mucho, estoy feliz. No se imaginan las cosas ricas que hago.
Pero sigamos la rutina, y contemos sobre mis compañeros. El jefe, el pastelero, me encanta (aunque le tengo “miedo”), y ya me tomó, como suelen hacer, como la prolija, la organizada y, además de todo, su protegida (¡sólo después de 2 semanas! me siento como en la primaria cuando las maestras me amaban, salvo la de 4to. grado, pero eso es otra cosa. Y no, no soy oreja). El otro chico (son todas personas de mi edad a lo sumo, menos una) también me trata así. Hoy le dijo a una compañera, que había mojado el piso: “si se cae Ceci te cago a palos”. Y así fue que lo gastó y yo me puse colorada. Bueno, con éste compañero me quedo sola un cuarto del día, y nos llevamos bien. Después hay una mujer que es re camionera, es muy gracioso cómo es, es “la raulito”. También hay una chilena, que es una colgada, es pasante, y se manda cagadas todo el tiempo (es la que había mojado el piso, ya que se olvidó la canilla abierta, y el agua cayó también en una bolsa de 50 kg. de azúcar). Es un cago de risa. Todos la gastan a ella y ella gasta a todos. La otra pasante… ni fu ni fa.

También trabajé un par de días en la parte de restaurante, de Maitrê (pero ya fue). Lo que quería contar era que uno de los cocineros de ahí me preguntó… MI SIGNO, respondiendo al prototipo de empleada de panadería, como me dijo alguien al leer los posts sobre mi anterior trabajo (¿será empleada de panadería en sus tiempos libres?). Cuando le dije “capricornio”, dijo “¿ah, sos de las cabras que vienen a salvar al mundo?”. Ahí le comenté que en el horóscopo chino soy cabra (lo que me hace una cabra de capricornio, doblemente cabra, cabrona, cabrera). Se puso re contento. Estaba bueno trabajar ahí, por los compañeros y el lugar, pero no era lo mío, no sirvo para ser el centro de algo, la imagen, lo que conecta todo. Menos para un trabajo que me expone tanto (antisocial).

Una moza del restaurante era re chispita:

Mozachispa: Preguntan cada cosa… un tipo me preguntó recién si teníamos algo con gluten.
Yo: Jeje. Ah, tal vez era diabético, ¿los diabéticos no comen eso? Ah, no, comen sin gluten.
Mozachispa: Sí, es al revés. O tal vez era diabético y se quería suicidar.

En un ambiente así, formal y un poco estirado, fue muy gracioso.

Volviendo a la pastelería (feliz porque al otro trabajo lo odiaba, y cuando estaba decidida a decirle al dueño que no me sentía bien en el de maitrê (estaba mitad y mitad, haciendo los dos), el pastelero me dice que él prefiere que me quede ahí todos los días), les cuento que:

- Hoy hicimos la típica ronda de preguntar la edad, y de nuevo escuché el “no parecés ni ahí”, acompañado de algunas caras de miedo frente nuevo respeto encontrado al ver que soy mas grande (¡ridículos!).

- Soy la chica movimiento envolvente, y a no pensar mal: es una forma de mezclar que es delicada, con una técnica especial que no deja que la preparación se baje. Siempre “la prolija”, ¿vieron?

- Acá también hacen la típica broma de gritarte “¡nooooooooooo!” cuando estás haciendo algo, haciéndote creer que te mandaste una cagada tremenda.

- Ya me caí. Fue así: Estaba por hacer diez bizcochuelos en una súper batidora nueva que había llegado, y le voy a preguntar algo al pastelero, botellón de esencia de vainilla en mano. El piso estaba mojado, y en el medio de la cocina me caí de costado, revoleando el botellón, que por suerte era de plástico. Cuando me levanté fue hermoso ver al pastelero y al chico que hace las entregas contenerse la risa en un esfuerzo mortal al preguntarme si estaba bien. Me levanto, rodilla adolorida y agradecida de que no me pasó nada que implique algún tipo de atención porque mis piernas parecían las de un futbolista, pregunto lo que tenía que preguntar y me dirijo a la batidora nueva. Cuando estoy poniendo vainilla, siento algún tipo de descontrol alrededor mío, implicando mucho ruido. Uno de los batidores, que no se estaba usando, se había caído, desde la parte de arriba, adentro de la batidora en movimiento (en la que entran unos 40 litros o más, es grossa), previo rebotar en mi cabeza. Mucho quilombo, vuela el caño batidor mientras apago la batidora, viene el chico de las entregas y con la mejor cara de póker me dice “¿estás bien?”. Fue increíble que en un minuto y medio me pasen dos cosas, una de ellas muy riesgosa (bueno, y si me caía con una olla de almíbar a 120º C también era muy peligroso, pero no fue el caso). Ahora soy conocida como la catrasca, tiro algo y me gastan. Hoy se cayó la raulito al piso y se recagaron de risa. Ahí me reconocieron que se esforzaron mucho cuando me caí yo, porque no había suficiente confianza como para reírse.

- Ayer hubo una guerra de masa de brownies entre dos chicas. Fue entre la raulito y la chilena. En un momento se metió el chico con el que me quedo sola: él le agarraba las manos a la chilena mientras le ponía brownie en la cara, y la raulito la tenía agarrada con la mano izquierda de la nuca. Es impresionante lo grossa que es esa mina (y la chilena es mínima, usa talle XXS). Hay fotos y todo, estuvo espectacular. Lo peor es que después vino gente a ver la cocina, y ellas tenían todo el uniforme marrón.

Y así termino con el tema pastelería por ahora: el que llegó hasta acá se gana una minitorta. Cuando tenga más confianza como para llevármelas (ya me llevé alfajores de maicena), las entrego.

Ah, y si mis compañeros de trabajo llegan a este blog por alguna razón: por favor, raulito, no te enojes, en serio.

lunes, 30 de mayo de 2005

Irrelevancias cotidianas de la última semana

- La semana pasada mi hermana perdió sus llaves, que estaban en un llavero mío. En el llavero, que era un destapador de cerveza ya roto hace años, se leía "Don't say I'm a bitch like it's a bad thing". ¿Será la señal del cierre de una etapa, o será que mi hermana es colgada y nada más? Lo peor es que dice que las perdió adentro de la casa. Imaginen el descontrol.

- Antes de ayer, en una pausa de libros y apuntes, se me ocurrió abrir el diccionario en cualquier página y poner el dedo sin mirar, encontrando la palabra que me defina en este momento de mi vida.
La palabra fue "¡najencia!". Que haya sido una exclamación, y no una palabra un poco más común, ya indica algo. Me define un grito. Y un grito desconocido.
Quiere decir: "Exclamación de germanía algo usada en el lenguaje achulado o informal para echar a alguien de un sitio".
La frase quiero huir de mí sigue marcando mis días, y no sólo eso, sino que hasta el diccionario me echa.

- Anoche mi hermana hizo una observación sobre algo que contradice cualquier pensamiento inductivo al respecto. Dijo que yo me cambio de ropa enfrente de ella, me cambio enfrente de "mi chico", pero no me cambio enfrente de los dos. Wow... interesante, ¿no?

- Hace cuatro días me desperté a las 7 A.M. con fiebre. Dije "soy hebras de luz distribuidas como una pista de autitos" (me refería a los scalextric). Eso sí que es delirar.

- El viernes, mi hermana y yo llevamos 10 envases de cerveza al supermercado para que nos devuelvan la plata que habíamos pagado por ellos (obviamente con los correspondientes tickets de compra y a cambio de otros productos. Se acabaron las épocas en que comía gracias a los envases de cerveza). Ella estaba poniéndolos en la máquina, base primero, acostados, cuando empieza a hacer sonidos que indican que le está pasando algo desagradable. Suelta el envase que acababa de poner en la máquina, baja el brazo, y de adentro de su campera empieza a caer un arroyito de cerveza. Era interminable. Fue muy gracioso, y obviamente la sección que visitamos después fue la de desodorantes, porque olía como Courtney Love a las cinco y media de la mañana.

- En algún momento del fin de semana, mi blog superó las 10.000 visitas. No estuve atenta, no sé quién habrá sido el/la visitante afortunado/a, así que se quedó sin el viaje la Patagonia gratis.

- En el feriado de la semana pasada me grabé un disco con los tangos que cito en el post anterior, en el orden en el que los nombro, como para representar bien el camino que formaron esas palabras que enmarcaban mis pensamientos y mis sentimientos. Lo escucho a la noche antes de dormirme, y en el colectivo. Así que si alguien se sube a un colectivo y ve a una chica de pelo lacio largo con un discman haciendo pucheritos, soy yo.

- El martes cada vez que entraba al cuarto me sentía un Jedi o la nenita de Monsters Inc. El foquito anda mal (no sé si está falseada la rosca, algo así), y a veces hay que pegarle o moverlo porque se apaga de la nada. Ese día, cada vez que entraba al cuarto, cambiaba la intensidad de la luz. Amagaba a apagarse pero enseguida volvía a la normalidad. Y no es que yo hacía viento cuando entraba. Yo sé que estamos hechos de energía, pero me cagaba toda cada vez que entraba al cuarto y el foquito notaba mi presencia. ¿Será que él también me echaba? (¿O será verdad que soy hebras de luz?)

- Hoy conseguí trabajo. Mañana empiezo, pero ya hablaré de eso en otro post. Además en este momento es muy relevante, así que no va acá.

miércoles, 18 de mayo de 2005

Anoche

Dormías en el cuarto. Me puse tu campera, sin saber por qué. Respiré tu olor, que es como mío. Aspiraba, llenándome los pulmones de vos y tratando de completar tu espacio adentro de la campera.
Sabía que te ibas. No sabía cuándo y menos sabía cómo.
Odio mis premoniciones, ¿sabés?
Ahora estoy envuelta en tu campera de nuevo. Hace unas horas le decía a Spinetta en un sueño que mi niñez, mi vejez y mi madurez están plegadas en una misma unidad que es mi presente, y que eso se ve en mis ojos honestos, mi expresión melancólica y mi sonrisa perenne.
Tal vez no debería pensar tanto en mí, o soñar conmigo. Pero todo es mí, aunque piense en cualquier otra cosa. Como en vos, durmiendo en mi cama.
Siempre sola. Las personas me distraen de ese sentimiento con el que miro al mundo, que está bañado de cierto halo tragédico frente a la magnificencia y al mismo tiempo banalidad de las cosas. Creo que es esa la clave de mi anhelo de soledad. Dicen que lo que nos hace humanos es relacionarnos y realmente llegar a otras personas. Lo acepto. Pero no puedo evitar querer estar sola para sentir las cosas con esa luz tenue y cálida que se crea a mi alrededor cuando nada me distrae y puedo sentir, pensar, recordar e imaginar tranquila. Como ahora, envuelta en tu campera.
Soy como una bolsa de arpillera llena de mierda, repartiéndola por donde voy. No sé a quién le escuché esa frase, creo que a mi viejo, o tal vez es una adaptación libre de cualquier otra cosa. Sé que no soy mala, ni siquiera hago cosas teñidas de maldad. Pero últimamente siento una profunda atracción hacia temas como Quiero huir de mí (todo el dolor regado por el mundo / parece que se adhiere en mi caida... / Y vivo en un abismo tan profundo, / lejos de lo mundano de la vida). No me siento más como un fantasma. Asumo mi corporalidad, asumo mi presencia, y la rechazo. Alguien me dijo una vez que frente a las apariciones hay gente que reacciona naturalmente: es más, lo hacen con cierta paz y felicidad. Pero que también hay gente que se espanta, personas a los que un hálito frío les recorre el cuerpo y no entienden nada (son mil fantasmas, al volver / burlándose de mí, / las horas de ese muerto ayer...). Creo que se puede comparar con el estoicismo frente a la vida. Hay gente que toma las desgracias como algo natural, el yang del yin, y hay gente que se congela, que pierde un poco de vida en cada infortunio. Después hay gente como yo, que, sin demasiadas desgracias, igual se siente así (dan ganas de balearse en un rincón).
Me siento como una escultura de arcilla condenada a estar eternamente fresca. Marcada por gente, dedos, golpes. Con la textura de la vida marcada en la piel. No sé por qué te cuento esto a vos. A vos no te lo cuento, no se lo cuento a nadie. Además, ¿qué me podés decir? (tú compras el carmín / y el pote de rubor / que tiembla en tus mejillas, / y ojeras con verdín / para llenar de amor / tu máscara de arcilla. / Tú, / que tímida y fatal / te arreglas el dolor / después de sollozar). No, no te hablo a vos. Para hablarte a vos tendría que hablar de vos y de mí. Pero queda sólo silencio, como cuando ya no sé qué decirte y te habla mi panza con sus ruidos nerviosos.
“Vos no te podés quejar”, me digo. “La vida no te trata mal”. Pero no, no se mide todo en lo exterior. También se mide adentro, en las partes que se te atrofiaron, las que se pudrieron, las que te olvidaste, las que te inventaste, las que te robaste, las que te forzaron a poner.
La noche me seduce, sacándose de a poco las capas de su cómplice vestimenta, mientras yo me interno en mis pensamientos aferrada a esta prenda tuya (en esta noche tan fría y tan mía / pensando siempre en lo mismo me abismo).
Los libros me miran y se ríen. Ellos son ahora un misterio hermético para mí; los colecciono, los huelo, los apilo, los quiero, los espío. Pero no puedo, no me siento capaz de leerlos, de acercarme (ríe siempre, milonguera, bullanguera, casquivana, / para qué quieres amargar tu vida / pensando en esas cosas que no pueden ser. / Corre un velo a tu pasado, sé milonga, sé mundana). Yo no quiero que la literatura sea algo así en mi vida, algo que nunca pude lograr y me acompañe para siempre (contame tu condena, / decime tu fracaso, / ¿no ves la pena que me ha herido?), pero lo siento imposible, cada vez más lejano.
Vos sabés que no puedo dormirme escuchando tango porque mi corazón se acelera, no al ritmo de la música, sino al ritmo de las palabras que transmiten desesperación, tristeza, decepciones, desencuentros. Así como este piso es un excelente conductor del sonido, yo soy la portadora ideal de esos sentimientos, y soy como un imán para ellos (late un corazón, / déjalo latir... / Miente mi soñar, / déjame mentir...). La gente. La gente me decepciona, yo los decepciono, yo me decepciono entre ellos. Es todo un engaño, una inercia, alejándonos de la verdad de cada uno, con algunos acercamientos cada vez más espaciados (dentro de mí mismo me he perdido, / ciego de llorar una ilusión). En un momento escribí que nunca voy a alcanzar el barco que me lleva, pero que estoy segura de que me estoy acercando. Hoy no sé si me estoy acercando, alejando, o es un ida y vuelta constante a la simpleza, las esencias, el contacto verdadero. Definitivamente se siente como un alejamiento, así como la escultura de arcilla va perdiendo su forma original (sé que fue todo de barro, / de barro mi vida, / de barro mi amor).
¿Será éste el momento en el que, colgando de un ventanal al infinito, los dedos de la única mano que me sostiene se están cansando, y dudan que alguna vez haya existido la seguridad, a punto de entregarse —entregarme— a la caída por entero? (¡Ya sé, no me digás! ¡Tenés razón! / La vida es una herida absurda).
No sé si estoy sola. Con tu campera como sudario, me duermo. Cierro los ojos, lejos tuyo, lejos de todos, pero cerca.
Cerca.

lunes, 9 de mayo de 2005

Últimamente

Ella sólo puede pensar en una cosa.

Entonces decide poner a prueba sus habilidades expresivas. ¿Podría enfrascar con palabras cualquier cosa, logrando una tensión lo suficientemente armónica como para tener sentido en conjunto?
Con la libreta en una mano y la tinta verde secándose lejos del papel, ella prefiere reposar su cabeza en la almohada, cerrar los ojos, sentir el calor del velador recorriendo su rostro, y seguir pensando.

Para luego apagar la luz y esperar en sus sueños.

Pero allí no aparece.

miércoles, 4 de mayo de 2005

Pasan los años...

Y se siente cada vez más cómo la truculenta mano del devenir nos quita el aire con su fiebre frenética de hálitos vitales.
No más libertad total. Nunca la hubo, y siempre la hay, pero ahora ni siquiera se siente. Cada movida significativa parece ser tropezar sobre la primera ficha de una espiral de dominó que se cierra sobre sí misma, anulando todos los demás caminos posibles.
Todo tiene consecuencias, una estrella que brilla opaca y roba la vida a millones que quedan flotando en la ignorancia, como las respuestas a las preguntas que nadie va a hacer.
Damos vueltas sobre nosotros mismos, en cada giro (o elección) eclipsando o iluminándonos desde adentro, en ese juego de luces con la fatalidad que nos constituye como personas.
Y acá me encuentro en un ida y vuelta, subiendo y bajando esta escalera casi eterna, tan larga como las ilusiones que solía tener, aunque ahora sólo me dedique a correr, subiendo, bajando, reconociendo algunas texturas, salteando otras. Pero como gritó Enrique en la novela que estoy leyendo, nadie regresa, nunca, a ningún sitio.
El día que la mano se cierre del todo, se entenderá que no importa el dominó, no importan las espirales que tan macabras nos parecían, no importa el ida y vuelta.
Importa girar en la luz. Girar con gracia, girar dando manotazos en el vacío, girar torpemente, girar sintiendo toda la gravedad del aire que nos rodea. Volver, dejar, escapar, buscar, mirar. Mirar de verdad. Girando como sea pero festejando la propia luz.

Por supuesto que ya será demasiado tarde.

Cambio de trabajo

Los posts panadería se van a acabar, pero no porque tenga otros más interesanteas para poner, sino porque cambio de trabajo, si todo sale bien.

Antes de cerrar el tema panadería, quiero remarcar que es importante recordar que los pechos femeninos se caracterizan por ser protuberancias. Y es muy factible que los ocho cocineros que trabajan con vos en una panadería mientras decorás masitas, no te van a avisar que tenés dos manchas de chocolate redondas en esa parte del cuerpo. Y que lo más probable es que te avives recién cuando termines y bajes las masitas, cuando una compañera te dice que estás manchada, y recién ahí te des cuenta de que tenés las tetas bañadas en chocolate.