viernes, marzo 25

Esencialmente

Para hacer scones, como en muchas otras preparaciones, hay que mezclar primero los ingredientes secos. Me gusta mirar este punto del proceso porque los granos de azúcar brillan en la opaca harina, como si fueran diamantes en el lecho de un río que se ha secado por siglos de incomprensión. Sus destellos son espaciados pero constantes.
Esta imagen representa lo que siento en este mundo de gente. Para cada uno de nosotros hay determinadas personas que brillan más. No. No es que brillan más. Sólo brillan.
Cuando encontramos una de esas personas (si es que eso pasa alguna vez), la conexión es inmediata e imperturbable. No solamente se siente como si hubiésemos estado juntos en el azucarero, sino también como si en el pasado hubiéramos sido parte de la misma planta, y en el intercambio de palabras y gestos estemos recuperando la savia que nos unía.
Esta conexión no nace de la necesidad. Porque no nace; es parte de nosotros como lo es cada hueso y cada grito contenido. No necesariamente se adecua al conjunto de propiedades de cada uno para alguien supuestamente especial. Se quiera o no, sea en el momento justo o en el peor momento posible, existe esa conexión ineludible con alguien así. Es esencial; va más allá de actitudes, opiniones, posiciones.
Algunos quieren hacer todo más light poniéndole edulcorante en vez de azúcar, o más suave, con azúcar impalpable. Obviamente no es lo mismo, no está el brillo, es una farsa.
Generalmente, para que los gránulos de azúcar se unan, hay que poner huevo.
Pero las masas tienen vida propia, y salen bien sólo cuando quieren.

4 comentarios:

Racter dijo...

Sublime... me hice caramelo.

Cecilia/Margot dijo...

Racter : Gracias. Siempre va a ser un texto muy especial para mí.
Y desde que lo escribí, no miré a los scones de la misma forma que antes. :)

Penny Lane dijo...

EXCELENTE
la verdad, cada día escribís mejor.
Besos Grandotes para vos!

Romi dijo...

Ja, buenísimo Me encantó!