miércoles, 27 de agosto de 2008

Septiembre


Una noche de septiembre terminé de leer de un saque un libro sobre parto humanizado, que avaló todo lo que mi instinto me venía diciendo, y decidí que quería considerar tener un parto en casa. Un rato después, cuando mi pareja se levantó para ir al trabajo, le dije "Pablo, en realidad no quiero usar la obra social, me parece que quiero un parto en casa, pero después lo hablamos bien". Y me dijo que estaba bien.
Antes de quedar embarazada quería toda la tecnología posible, así que nos metimos en la “mejor” prepaga para maternidad. Estaba entusiasmada porque me iban a dar pantuflitas en la clínica y una afeitadora a mi marido. Al pasar los meses, a medida que mi panza crecía también crecía mi conexión con la naturalidad del embarazo, el parto y el nacimiento, y mi instinto me decía que las cosas no iban a salir como lo había sentido toda mi vida si seguía el camino que estaba tomando. Pero no tenía las herramientas para pensar otro camino. Al leer ese libro, se me presentaron muchas variantes, y vi que no era tan hippie, descocado, ni necesitaba tanta preparación el tenerlo en casa o buscar un parto más natural. Me acuerdo de haberle dicho a mi mamá, con una panza de cinco meses: "estaría bueno tenerlo en casa, pero ya es tarde, eso necesita mucha preparación".

Yo quería que no me metan ninguna sustancia; yo quería que no me corten; yo quería que me esperen lo que me tengan que esperar; que me dejen libre; que lo dejen a Pablo libre; que no nos asusten; que no nos manipulen para amoldarnos a su comodidad; que no me separen, en lo posible, del bebé; que no le hagan cosas innecesarias al bebé. Yo sabía –y siempre supe- que iba a estar todo bien en mi parto, pero que no sólo dependía de mí, de Pablo y del bebé sino también de la gente con la que eligiéramos hacerlo.
Al hacerse más presentes esas inquietudes, cuando el libro avaló lo que me venía diciendo mi instinto, tanteé la posibilidad de lograr un parto totalmente natural dentro de la prepaga. Decidí hablar del tema con mi obstetra (al que había elegido luego de pasar por otros tres que no me convencieron al principio del embarazo), que era divino pero me dijo cosas como "es una estupidez no darte la epidural", "si te duele una muela ¿que hacés?, ¿te ponés anestesia o dejás que se pudra?", "está bien, no te pongo oxitocina, pero si el parto no avanza en dos horas vas a cesárea", "es muy raro que una primeriza se salve de la episiotomía", "vos vas a tener suero desde el principio y el feto va a estar constantemente monitoreado y si cambian los latidos vas a cesárea". De esa charla me fui mal pero al mismo tiempo más aliviada, porque al menos él fue sincero y yo ya sabía lo que me esperaba si seguía con él.
A raíz de esa conversación empecé a averiguar en mi amiga internet (donde aprendo a tejer, a cocinar, busco direcciones, teléfonos, y muchas otras cosas que la hacen muy necesaria en mis días), y encontré varios grupos de profesionales que asisten y asesoran la clase de embarazo, parto y crianza que yo quería lograr y que iba con lo que queríamos Pablo y yo. Leí otro libro y varias notas, mientras le iba contando a Pablo y pasándole lecturas.

Lo que fui aprendiendo, que se confirmaba mientras más mujeres y hombres me contaban sobre sus experiencias en establecimientos tanto privados como públicos, es que se genera una reacción en cadena por un intento de los profesionales de la salud de controlar el parto, que casi siempre termina en cesárea o en un acontecimiento no del todo agradable, donde los protagonistas son los médicos y asistentes y la mujer es un objeto –y uno enfermo. El marido/papá directamente casi no figura. Tienen todo armado para ser fábricas de bebés y todo dispuesto para la comodidad de los médicos, con respecto a tiempos, condiciones y procedimientos. Se trata al parto como una enfermedad cuando no lo es. Y se contradicen cosas que no solo son obvias por sentido común sino que -por ejemplo- están recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (y se hacen rutinariamente cosas que están altamente contraindicadas por la OMS).

Me di cuenta de que en las clínicas privadas es inusual un parto sin anestesia peridural. Hasta les parece muy raro que alguien les diga que no la quiere. Raro y estúpido, y no sólo a los médicos, sino a la gente de esta ciudad en general. Pero esa anestesia no es inofensiva, tanto física como emocionalmente. Parece que "anula" la hipófisis, y no se segrega más oxitocina natural (que es una hormona que se libera en el parto o cuando se amamanta, y parece que también en el orgasmo y cuando estamos enamorados), que conduce las contracciones. Entonces, se pasa a la segunda instancia, que es poner un goteo de oxitocina (que no es oxitocina, en realidad), lo cual hace las contracciones más violentas y seguidas, así logrando lo que quieren: obtener un parto en menos de dos horas. Pero en la mayoría de los casos hay que ir a cesárea porque las contracciones al no ser naturales causan sufrimiento fetal, entre otras cosas. La mamá naturalmente genera contracciones que tanto ella como el bebé pueden soportar: pero si hacen todo así, arruinan irreversiblemente el proceso. Además el dolor en el parto es, entre otras cosas, lo que ayuda a despertar el instinto animal que hace que se pueda vivir de la mejor forma -y sobrellevar- semejante labor, sin dejar lugar a que la mente aporte miedos, angustias, distracciones, preocupaciones, enojos, ideas, que sólo traban el proceso. Y es lo que enfatiza las ganas de pujar: porque muchas veces pujando se lo alivia.
El índice de cesáreas en Capital Federal es de un 50% a 60% en hospitales públicos y un 80% a 90% en clínicas privadas, cuando debería ser un 10% de todos los partos. Increíble. Y ni hablar de la episiotomía: obviamente como los tejidos no tuvieron el tiempo necesario, no están listos para que salga la cabeza del bebé. Así que, si después de todo eso, se logra un parto por vía baja, seguramente va con episiotomía -que la hacen de rutina, obviamente. La OMS recomienda que es mejor un desgarro del tipo o nivel uno o dos que una episiotomía, porque la episiotomía es cortar directamente todo, incluido el músculo. Frente a un inminente desgarro de grado tres, es bueno un corte. Pero si no: no. Pero no hay con qué darle, la hacen mucho antes de que corone el bebé.

También averiguamos lo que le podían hacer al bebé como rutina innecesaria:
- Cortar el cordón en seguida, cuando es mejor que quede hasta que deje de latir, ya que la placenta le manda todo "lo bueno" (hierro, etc.) al ver que el bebé salió, y es muy beneficioso para el primer tiempo. Además lo obligan a introducirse en el medio aéreo de golpe, cuando podría estar tosiendo, eliminando secreciones, y recibiendo oxígeno por el cordón hasta estar listo para usar sus pulmoncitos.
- Separarlo de la mamá, aunque es lo primero que necesita y a lo que está acostumbrado.
- Meterle sondas -una gástrica y otra anal- cuando no es necesario hacerlo de rutina y es totalmente invasivo y violento para el pobre bebé. Se pueden controlar las obstrucciones en una primera instancia de otras formas no tan agresivas, con un estetoscopio y observando al bebé.
- Pesarlo, bañarlo, manipularlo, pincharlo, ponerle un líquido en los ojos, en vez de dejarlo con la mamá y la teta (y el papá) que es lo mejor que puede pasarle y lo que necesita.
- Si pesa aunque sea apenas menos de 3 Kg., va a incubadora por un par de días en observación, cuando, de nuevo, la mejor incubadora en este caso (que no es que peligra realmente su salud) es la mamá.
A veces hasta le dan leche de fórmula y suero, sin siquiera preguntar. Y las vacunas, que son un tema aparte.
La posibilidad de que le hicieran algunas de estas cosas nos angustiaba. Y las cosas que podrían llegar a hacerle fuera de la rutina normal -presentada alguna mínima eventualidad-, ni nos queríamos imaginar. No confiábamos en la forma en que eran tratados los recién nacidos sanos por el sistema médico.

Entonces el panorama era que en los partos normalmente se hacía una reacción en cadena de procesos que no necesitaban ser rutinarios, que empezaban con un suero y la inmovilidad de la madre en posición acostada y el monitoreo fetal constante con un cinturón (lo que impide que el parto avance bien y las cosas circulen como deben), al ir todo lento siguiendo con un goteo de oxitocina y/o rompimiento de bolsa, que iba de la mano con la peridural, y ahí o terminaba en cesárea, en la mayoría de los casos, o si no en parto vaginal pero con episiotomía y un bebé sometido a un proceso violento por demás (con contracciones tan duras y brutas, no naturales), y al que le esperaba todavía más con las rutinas que le harían a él.

Eso es lo usual, y a veces también se apura a la embarazada y le despegan la membrana, le ponen prostaglandina en algún tacto de las últimas semanas -sin siquiera decirle, ya que piensan que deben inducir el parto (se lo hicieron a una amiga y a una conocida, y parece que es común)-, o la fuerzan a inducir el parto artificialmente por una cuestión de fechas o a cesárea apurándola o con pretextos como que existe circular de cordón (la realidad es que el bebé se enrosca y desenrosca constantemente).

La mayoría de los procedimientos médicos antes mencionados son realmente útiles y extraordinarios cuando son necesarios. Debemos agradecer que existan y que haya profesionales entrenados para hacerlos. Pero usarlos metodológicamente en partos sin patologías es tratar de dominar lo indomable. Es intervenir artificialmente en uno de los actos más primitivos del ser humano. Es tratar de prever, planear, determinar y estructurar los partos en un molde cuando cada parto es diferente, así como es diferente cada vez que se hace el amor.

Leí en algún lado que en un embarazo de bajo riesgo es menos factible que pase algo si el parto transcurre en la casa, ya que –entre otros factores, como que la mujer se siente más cómoda con sus cosas, sus olores y en un lugar propio e íntimo- en clínicas y hospitales, al intervenir el hombre en algo totalmente fisiológico y natural, hay más tendencia a alterar el proceso y que éste se complique. Lo ideal sería que los partos sean en los hogares o en casas de partos o instituciones específicamente aptas para eso, y que los hospitales y clínicas estén preparados para recibir a la madre y al bebé si hace falta, con el equipo que los acompaña (parteras, idealmente), suministrando todo lo que sea necesario (transporte, profesionales, insumos, tecnología e instrumental médico).

Recuerdo que en una clase de gimnasia para embarazadas (a la que fui una sola vez), la profesora al leer mi ficha mencionó mi interés en tener un parto en casa, y todas me miraron, absorbiendo con sus bocas abiertas de asombro todo el aire del salón. Una de las panzonas me dijo: "pero... ¿no te da miedo? a mi me daría miedo no tenerlo en una clínica", y yo le contesté: "a mí me da más miedo todo lo que me harían en el hospital". Automáticamente me arrepentí un poco, porque tal vez las asusté. Quizás esa noche no durmió la pobre chica. Pero que se jodan, me daba bronca porque estaban todas asustadísimas y totalmente desinformadas. No sabían nada de lo que pasaba en un parto, especialmente fisiológicamente. Si algo te asusta: ¡informate! ¡averiguá! Hasta le preguntaron a la profesora, en la charla que tomaba lugar después de la clase, qué era la peridural. Ellas se entregaban a las manos de los médicos, parteras, anestesistas, enfermeras, neonatólogos y pediatras como vacas temerosas al matadero. Ellas colaboraban con el sistema de "fábrica de bebés" siendo sólo envases. Es cruel mi forma de decirlo, y no es taaan así. Pero me sacaban.


A raíz de ir aprendiendo todo esto me contacté con tres de las personas o agrupaciones de personas que pugnan por un parto fisiológico y natural, dos de ellos autores de los libros que mencioné. Fuimos con Pablo a tres charlas distintas en distintos barrios de esta ciudad, donde escuchamos testimonios, hicimos y escuchamos muchas preguntas y sus respuestas, miramos videos, y conocimos a las personas que podrían acompañarnos en ese camino que todavía no habíamos decidido del todo tomar. Luego fuimos a tres consultas, una por cada charla: la primera con un médico y las otras dos con parteras.
Nos dimos cuenta de que es casi imposible "pelear" al sistema desde adentro, y que no es lo mejor que el parto sea una lucha con la institución. Si se quiere un cambio es bueno movilizarse pero desde otros lados. Es demasiado valioso un parto/nacimiento como para arriesgarse así, casi ingenuamente, pensando que por imponernos, plantarnos con fuerza, por nuestros gritos o por llevar un documento que muestra las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, los hospitales y clínicas van a cambiar sus métodos y su organización. Además hay muchísimos profesionales que lo hacen de buena fe, porque realmente piensan que es lo mejor, porque les enseñaron así.

Un mes después de la noche en que leí el libro ya prácticamente decidíamos cómo encarar un parto en casa. No sólo por esto de que queríamos evitar al sistema tan equivocado y hasta a veces perverso, sino porque también aprendimos que el parto/nacimiento es algo natural y parte de la vida familiar y de la intimidad de la pareja, y que es muy hermoso si puede suceder de la misma forma que empezó: en la intimidad de nuestra casa, y de una forma tan hermosa y amorosa. Que no hay que verlo como una enfermedad, sino como algo con una connotación sexual, muy especial e íntimo y familiar; con cierto riesgo, sí, por lo que hay que tomar recaudos, pero que lo ideal era que suceda en casa naturalmente, dado que las instituciones no estaban preparadas para hacer las cosas bien.

Entonces, mientras terminábamos de decidir cuál de las dos parteras iba a acompañarnos, saqué turno con tres obstetras más de mi prepaga, que me habían recomendado como "los más potables de la cartilla". Quería tener alternativas dentro de la prepaga, por las dudas, con una orientación similar a la nuestra. El primero me dijo casi lo mismo que mi ex-obstetra, y que sería imposible encontrar lo que quería en este sistema. Que deje de buscar y me amolde al mismo. Que si él hiciese los partos como los quiero yo, no podría hacer los X partos que hacía al mes (1: él no hace los partos. 2: adaptan a las parturientas a sus comodidades o a sus billeteras y encima te lo dicen en la cara).
El segundo me dijo que no iba a estar para mi fecha probable de parto pero que estaba de acuerdo con que el parto sea lo más natural posible dentro de lo que la situación y la clínica permitan. Que era complicado, y que me comunique con grupos que hacen partos en casa, porque era lo que más iba conmigo. Le dije que ya había ido a algunas charlas, y le pedí que me diga, como médico, si realmente funciona la teoría del "plan B" para emergencias. Si se puede llegar a la clínica al haber una complicación en el parto en casa. Me dijo que las patologías se ven venir, y dan tiempo a llegar.
La tercera tenía un enfoque mucho más como el nuestro, aunque sentí que llegado el caso tendería aunque sea levemente hacia la búsqueda de la patología y la intervención quizás innecesaria. Nos quedamos con ella como mejor opción dentro de la prepaga, para seguir teniendo estudios y medicamentos "gratis" y por las dudas.

A todo esto ya habíamos elegido quiénes nos iban a acompañar e íbamos a reuniones de preparto y controles con ellas. Aprendí de a poco a escuchar a mi cuerpo, a desactivar mi mente cuando es necesario, a divertirme, a soltar, a sentir más, a confiar, a traspasar obstáculos o al menos intentarlo con todo mi ser, a sentir mi poder. Con Pablo fuimos acercándonos a conocer lo que pasa fisiológicamente, emocionalmente y a nivel de pareja en el parto y posparto, y nos íbamos preparando para el gran acontecimiento.

Como casi entrando al octavo mes se me complicaba barajar el doble control del embarazo (el de las parteras y el "fingido" con la obstetra para mantenerme como paciente), y la obstetra empezaba a querer intervenir (quiso hacerme un tacto innecesario), mi partera nos recomendó que directamente tengamos al bebé en casa con ella y una obstetra con la que ella trabajaba, en vez de con ella y otra partera. Y si pasaba algo íbamos a la clínica con esta médica. La conocimos y decidimos que eso nos cerraba más. Hice muchas averiguaciones y trámites en la prepaga, ya que teníamos un plan cerrado, y logré que llegado el caso la dejen pasar a ella y nos cubran la internación y el anestesista en una clínica a doce cuadras de casa.

Después de mucho trabajo, de mucho aprender, de mucha introspección, mucho observar y averiguar ya había tomado forma nuestro plan de embarazo/parto/nacimiento/primera crianza.
No sólo lo emocional nos hizo llegar a esa decisión, sino también lo lógico. No teníamos duda de que estábamos haciendo lo correcto y estábamos felices de haber llegado a ese camino. Sentíamos que estábamos haciendo las cosas bien –pasara lo que pasara-, y que le dábamos lo mejor a Casiel, y a nosotros mismos.

¿Quién sabe? Así como ese libro me ayudó a hacer el clic de "se puede", tal vez este escrito que da cuenta de ese recorrido tan importante en nuestras vidas que hicimos con mucho trabajo le llegue a alguna persona (si es que alguien llega hasta acá abajo), la movilice aunque sea mínimamente y la ayude en la creación de su recorrido personal.



Links:
www.parirconparteras.com.ar
www.tierradepartos.com.ar
www.nacimientoenfamilia.com.arwww.dandoaluz.net
www.partos.com.ar
www.partolibre.com.ar
www.partohumanizado.com.ar
www.doulasdeargentina.com.arwww.elpartoesnuestro.es
www.relacahupan.org
www.crianzanatural.comwww.busquedapermanente.blogspot.com
www.parterianatural.com.ar
www.doulaamorosamente.blogspot.com
www.soniacavia.com.ar

Recomendaciones de la OMS sobre el parto y el nacimiento

Callate y Pujá, un corto (un poco fuerte, aviso).

martes, 19 de agosto de 2008

Agosto

Una noche de agosto estaba con tres amigos en una carpa en el bosque, y sentimos unos ruidos extrañísimos. Habíamos ido de campamento al primer morro, que nace detrás de la casa de mi papá, en el cerro Piltriquitrón. Osito, Mary, R (que años después fue mi novio) y yo habíamos caminado media hora desde la última calle que hay antes del bosque cada vez más puro de montaña, hasta encontrar un lugar con arroyito, vista del pueblo -que en esa época a la noche se veía como una guitarra eléctrica, cuyo diapasón eran las luces de la avenida principal- y hasta una tímida cascada. Habiendo acampado en un pequeño claro al lado del arroyo, y ya listos para dormir, sentimos a lo lejos un sonido como de golpes secos. Yo los tranquilicé diciendo que estábamos cerca de Villa Turismo y podía ser que por algún misterioso fenómeno acústico escuchemos a alguien trabajando en su casa, pero no me convencía mi explicación, especialmente porque era alrededor de la una de la madrugada. El ruido se fue acercando, y nosotros parecíamos concursantes arrojando frenéticamente posibles explicaciones, el ganador siendo el que nos convencía y por ende tranquilizaba a todos. Nada parecía suficientemente razonable, y lo sabíamos. Lo que elegimos para tratar de superar ese miedo y pasar la noche fue: hay una rama en el arroyo que golpea un tronco. Pero los ruidos eran demasiado regulares en su irregularidad.
Yo había elegido un lugar estratégico: entre Mary y R. Creo que a nadie le gusta estar contra las paredes de la carpa (lo único que divide el sueño tranquilo del insondable mundo del bosque oscuro es una tela), así que nosotras mandamos a los varones a los costados.
El ruido de la rama seguía y, para desgracia nuestra, confirmamos que lo que estaba pasando no se trataba de algo explicable dentro de la normalidad de un bosque cuando empezó a sonar una campanita. El tintineo se fue acercando hacia el frente de nuestra carpa, mientras que el golpe seco seguía su ritmo escalofriante ahora más lejos y a nuestra derecha.
La teoría que ganó en este nuevo concurso fue que había alguna manada de ganado, y que la campanita estaba en el cuello de alguno de los animales. Yo ahí empecé a contarles de Mariposa, la vaca de mi vecina.
Pero, ¿y los palazos? pregunté.
Y... el ganado no creo. La rama en el arroyo.
La vaca y la rama no nos convencían pero tratábamos -quietos- de dormir cuando sentimos a nuestra izquierda una ramita quebrarse a menos de dos metros de la carpa, con ese crujido que hace una varilla de madera seca cuando alguien la pisa. Punto cúlmine de miedo, con reacciones diversas: Osito dijo "pasame el .45", y daba más risa que miedo. Mary estaba petrificada; parecía una momia, callada y quieta en su bolsa de dormir. R estaba en shock nervioso, prácticamente llorando. Yo abrí el cierre de la carpa, salí, y grité "¿¡quién mierda está ahí afuera!?". Ahí sentí algo que me tiraba del pullover hacia adentro de la carpa: era R, al mismo tiempo que me gritaba en un susurro "¡NO! ¿estás loca?".

No sentimos más ruidos, pero tardamos bastante en dormirnos. A la mañana siguiente Osito usó sus conocimientos de boy scout y se puso a examinar los alrededores de la carpa. No vimos pisadas ajenas; sí había huellas y caquitas de oveja. En mi opinión no eran frescas, pero le adjudicaron al animal el susto de la noche anterior. Ella había pisado la ramita, y tenía una campanita en el cuello. A mí me parecía que lo que habíamos escuchado tenía un tinte demasiado humano (o ex-humano) como para que haya sido la ovejita y una rama trabada en el arroyo. Fue una de las veces que más me asusté en mi vida.
Ese día bajamos, y le contamos a todo el mundo. Era difícil explicar el miedo que habíamos sentido, y todavía no había salido El proyecto Blair Witch como para comparar.

Ese año terminé la secundaria, me fui a vivir a Estados Unidos y, después de un par de años, en una de mis visitas a El Bolsón, mi hermano me confesó que había sido él.
Mi hermano, mi-ex-novio-que-terminó-siendo-su-amigo, y otro compañero mío habían subido a oscuras (como la casa de mi papá está sobre esa última calle de la Villa, el morro es como nuestro patio gigante en forma de cerro) con un hacha y una campana a cuestas, y se habían dividido para asustarnos. Mi compañero hachaba un tronco bastante lejos hacia el norte, mi hermano esperó un ratito y empezó con la campanita unos metros hacia el oeste, y mi ex novio se había ido acercando hasta llegar muy cerca de la carpa para escuchar nuestras reacciones. Quedó impresionado con la mía (ya dije en un post anterior que le gustaban mis ovarios loquitos), y se reía mucho de Osito y de R. Bueno, muchos lo hicimos después de esa noche.
Los tres macabros, en vez de usar un palo, subieron con un hacha para hacer ruidos más asesinos. ¡Y la campanita! Hay que ser guachos...
Dice mi ex novio de la secundaria que estuvo parado muy cerca mío cuando salí de la carpa. ¡Qué miedo! Me llegaba a tocar y me moría de un infarto.
Cuando mi hermano me contó que había sido él, lo primero que le dije fue, con los ojos aún bien abiertos de asombro y una sonrisa gigante:
Gracias. Estuvo buenísimo.

viernes, 15 de agosto de 2008

Julio

Una noche de julio estaba recién acostada en mi cama, en la oscuridad del cuarto que compartía con mis hermanos. Esa habitación de ciprés que tenía una salamandra. Mis papás se habían separado hacía poco, así que estábamos sensibles. Esa noche nos habíamos quedado Santi y yo en lo que en ese momento era lo de mi papá. Procedimos a saludarnos, cada uno desde su cama, y mi papá desde la habitación de al lado:

Padre: Hasta mañana, chicos
Ceci: Hasta mañana, pá.
Santi: Que sueñes con los angelitos, papi.
Padre: Que sueñes con los angelitos, Santi.
Santi: Que sueñes con los angelitos, Ceci.
Ceci: Que sueñes con los angelitos, Santi.
(y eso que no éramos creyentes)

Yo ahí me puse a pensar que nunca le había dicho a mi hermano que lo quería. Nos matábamos bastante, y además mi familia no era muy demostrativa.
Entonces, estuve como dos minutos intentándolo. ¡No podía decirlo! Cuando estaba a punto de pronunciar la primera sílaba (las otras dos vendrían naturalmente después) se apoderaba de mí una especie de pudor petrificante. Una y otra vez. Hasta que al final tomé coraje -como cuando, a la orilla del lago, empiezo a caminar decidida y me sumerjo de pronto en el agua helada-, y le dije "te quiero".
Y él me dijo "yo también". Me dio mucho amor ese diálogo. Y me imaginaba a mi papá, emocionado, del otro lado de la pared machimbrada. Dormí especialmente bien esa noche. No era como meterme en el lago helado; sentía una calidez única, muy reconfortante.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Junio

Una noche de junio el chico con el que salía y yo tratábamos de romper el vidrio de su auto en las calles de Washington DC. Habíamos ido a un bar, y cuando volvíamos él (en posts muuuy viejos me refiero a él como "el chico K", porque se llamaba Kari) se dio cuenta de que no tenía las llaves. No volvimos al bar porque recreó sus pasos y suponía haberlas dejado adentro del auto. Así fue. Peor fue la vez que directamente se olvidó en qué estacionamiento pago había dejado el auto en una ciudad extraña. No daba recorrer todos los estacionamientos de la ciudad. Por suerte este chico decía que tenía mucha capacidad cerebral para cosas raras, y se acordó después de un rato. Kari era mitad estadounidense y mitad finlandés, y se consideraba inteligentísimo, un prodigio; decía que su psicoanalista (al que lo había mandado el padre, que trabajaba en la CIA pero yo no podía decir nada) le cobraba baratísimo porque enriquecía mucho su conocimiento de la mente humana con él.
Al ver las llaves adentro del auto, no sabía qué hacer. Se lo acababa de comprar, era un Saturn azul metalizado. Empezó a decir que le iba salir más que alguien venga a abrirlo que comprar el vidrio nuevo (ya dije, era un genio). Entonces, decidimos romper el vidrio. Siempre había querido darle una buena patada a un vidrio de auto, así que lo hice, con todas las ganas. Pobre, mi pie.
Él también le pegó de varias formas, pero nada. Entonces agarramos unos bloques de cemento que había cerca, y lo golpeamos con eso. El más grande tuvimos que arrojarlo entre los dos sobre el vidrio, y sólo hizo unos rasguños.
Yo era muy temperamental (creo que se aprecia en mis ganas de romper un vidrio de una patada) y estaba medio borracha, así que me hice la ofendida con él por pelotudo y me fui caminando. Estaba acostumbrada a que al hacer eso me sigan, así que más bronca me dio todavía cuando Kari seguía mirando pensativamente el interior del Saturn, probablemente recreando en su mente el cuento de Alí Babá. Yanquis fríos de mierda, pensé, embroncada especialmente porque era más sano que yo (quería histeria, quería que me psicopatee un poquito). Por supuesto que a las dos cuadras di media vuelta y me volví. Cuando pasé por donde estaba el auto, había un patrullero y dos policías, que estaban hablando con Kari. Me hice la boluda y seguí caminando, pero uno de ellos me llamó. Yo sonreí pícara, como si mi abuela me hubiera descubierto robando caramelos de arriba del piano, y me arrimé a la charla.
Dijeron que los habían llamado anónimamente por vandalismo o robo, y no podían creer la decisión que habíamos tomado. Le preguntaron el número de patente sin que la vea y algunas cosas más -como cuánto habíamos tomado-, y después de un rato abrieron la puerta (no lo hicieron en seguida para sermonearnos cuando todavía tenían el poder total de nuestro futuro inmediato). Tardaron un segundo, con un listoncito flexible rojo. Y eso más bronca nos dio.
Después nos dieron un último sermón, y unos folletos. Eran cuatro páginas en blanco y negro de historietas en español con mensajes anti-crimen, anti-drogas, y pro-dios. Palabras clave: historietas, y español. ¿No será mucho?
Lo que más me molestó es que las marquitas quedaron en "mi" vidrio y nunca pude ver bien el paisaje.
A mí me divirtió mucho todo, de todas formas.
Supongo que a él esas marquitas le recordaban todos los días su mal criterio. Me pregunto si seguirá siendo el mismo

(boludo).

lunes, 11 de agosto de 2008

Mayo

Una noche de mayo hubo una fiesta en El Hoyo debido a que había volcado un camión chileno. Yo tenía una amiga que iba al colegio en ese pueblo, por lo que a veces me juntaba con ella y su nuevo grupo de amigos. Esta vez nos invitaron a una fiesta, cuyo único motivo fue una cantidad titánica de bebida gratis. Había volcado un camión chileno cargado de cerveza (no recuerdo la marca; creo que las latas eran grises) y, como no podían venderlas así, dejaron que la población las junte de la orilla de la ruta. Me contaron que lo más gracioso fue ver al patrullero llevarse los barriles más grandes. Uno de los compañeros de mi amiga tenía una Ford F100, que cargó de latitas y barrilitos apenas abollados. Había que consumirla pronto, así que improvisaron una fiesta. Estos chicos deberían tener contactos, porque al llegar me di cuenta de que era en alguna especie de pequeño complejo deportivo, con canchitas rodeándolo y todo. La fiesta, como han de imaginarse, fue bastante descontrolada, y en un momento con mi amiga atacamos los estantes del salón. Esa noche me di el gusto de tomar cerveza en un trofeo plateado con dos manijas a los costados cual reina egipcia, saboreando la cerveza como si fuera el elixir de algún grial sagrado.

jueves, 7 de agosto de 2008

Abril

Una noche de abril sentí la primera señal de que algo me pasaba con Pablo, pese a que no era un chico en el que me fijaría normalmente. Al contrario, reunía bastantes cualidades que no me gustaban en la primera (bueno, y segunda y tercera) impresión. Nos conocimos en una circunstancia muy particular: una gran y hermosa amiga de los dos falleció (palabra de mierda). Nunca lo comenté acá porque me sentía ensuciándolo (o ensuciándola, que es aún peor), o sentí que no correspondía. No es algo que me guste contar como una curiosidad, el haber conocido a Pablo en su funeral. Por otro lado, siento que es muy, pero muy especial el hecho de que haya sido así. Leer posts de acá. Celeste fue amiga mía desde siempre. En un momento hubo un distanciamiento (no de cariño, éste siempre fue incondicional), porque yo era adolescente y estaba en otra. Después hubo un acercamiento, dentro de lo que permitieron las distancias físicas. Me fui del pueblo a los 18; ella tenía 14 recién cumplidos, y es por esa época cuando conoció a Pablo. Y se hicieron muy, pero muy amigos. Porque son gente que brilla, como en los scones.
Y así fue que con Pablo nos vimos obligados a compartir algunos momentos, y comenzamos a sentir una fuerza abrumadora que nos unía (pero no nos asustaba), y a ir encontrando señales y coincidencias y muchos caminos cruzados en nuestro pasado, al mismo tiempo que sentíamos de alguna forma el comienzo de su entrelazamiento hacia el futuro.
Esa noche lo había conocido hacía unas horas, y estábamos en el auto de mi mamá -ella al volante, dos hermanos míos, Pablo y yo-, volviendo de la casa de la mamá de Cele por la ruta. Él estaba adelante y conversaba con mi mamá (nunca me voy a olvidar su grito a todo pulmón: "¡LOMO DE BURROOOOO!", cuando mi mamá casi incrusta el chasis del Senda en uno), cuando dijo, así al pasar, que tenía novia.
Pablo: "estoy haciendo unos trabajos en la chacra de mi novia...";
Yo: (puta, tiene novia. ¿EEEH? ¡cualquiera! ¿qué me importa a mí? dejá de pensar boludeces).
Y esa fue la primera vez que mis actos o pensamientos indicaban que sentía algo por él, pero yo no lo sabía. Hubo más, como darle un beso especial en el cachete al día siguiente al bajar de su auto (mi cuerpo sabía pero yo no), y que mi hermano me pregunte, tal vez celoso "¿ahora te gusta él?" (mi hermano sabía pero yo no), o que me obsesione al ver Los hermanos Grimm pensando que era igual a Heath Ledger (mi imaginación sabía pero yo no), y decirlo varias veces (mi hermana, que la veía conmigo, sabía pero yo no), o dejar plantado a E (que era un chico con el que había habido onda, vecinito de puesto en la feria), con el mate en la mano, para tomar mates con Pablo (E sabía pero yo no), o cortarle el rostro del todo a D, que resultó ser amigo de Pablo (bueno, D no sabía).
Ah, la novia dejó de serlo antes de que pase algo. (¿Importa si es horas antes?). Y el amigo dejó de serlo después.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Marzo

Una noche de marzo fui con un grupo de nuevos amigos de mi curso, mi hermana y una amiga al Lago Puelo, tomamos bastante, y estuve nadando en ropa interior. Al principio de la noche, mi mejor amigo de la secundaria (que en ese momento no lo era), se me declaró con un jeep en el medio. Estábamos uno en cada puerta, yo buscaba algo. Le propuse ser amigos, cosa que fuimos por cinco años, para después convertirnos en novios por otros casi cinco años (él es "mi chico" de posts viejísimos). A mí me gustaba uno de los otros tres, al que esa noche encontré en una actitud sospechosa en la oscuridad del bosque, con la amiga de mi hermana (también era mi amiga en ese momento. O... hasta ese momento). Estaban sentaditos entre los árboles charlando muy cerquita. Yo los vi, me di media vuelta y me fui. Ahí los dos empezaron a gritarme "Ceci, pará...!". El tema es que era sabido que ese chico y yo teníamos onda. Entonces ya era como cagarme, la misma noche en que se suponía íbamos a tener un acercamiento. Ahí no iba a decirles nada, que se hagan cargo de sus actos, yo lo tomaba como era: si él hizo eso, listo, no es para mí y punto. Y a ella, bueno, después hablaríamos, o nunca más tal vez.
Un rato antes habíamos ido a la costa del lago estos dos chicos y yo, y nos metimos al agua en ropa interior (yo tenía justo una bombacha negra y un corpiño a cuadritos verdes que parecía de malla). Fuimos a secarnos al fogón y después, cuando quise recuperar mi ropa, no la encontrábamos entre las piedras de la orilla. Buscamos los tres un rato, hasta que uno dijo "¡una zapatilla!" y nos pusimos tan contentos que hicimos esa rondita saltando abrazados como festejando. Y así con cada prenda: "¡el pantalón!" "¡bieeeen!" y corríamos a abrazarnos saltando, como festejando un gol. Qué tarados...
Después, el chico me pidió perdón, pero no le di bola. Igual debe haber funcionado porque terminó siendo mi novio por unos meses, y, un año y medio más tarde, el chico con el que tuve mi primera vez.
La amiga de mi hermana se terminó tranzando a mi nuevo amigo. Al día siguiente empezamos a discutir en mi habitación, y la cagué a gritos. Le decía cosas como "si vos sabías que teníamos onda", o "encima te agarraste a mi amigo", no sé si no le dije "puta". Lo peculiar es que estaba el-chico-con-el-que-tenía-onda charlando con mi hermano, porque se estaba haciendo amigo de él y lo había ido a visitar. Según mi hermano, no sabía dónde meterse. En eso mi ex amiga sale a fumar un cigarrillo, y cierra la puerta con entusiasmo. Yo voy, atravieso el comedor (donde estaban mi hermano y mi futuro novio), abro la puerta, y le grito "y en mi casa no das portazos", y doy un portazo. Vuelvo a mi habitación, ignorando al chico (bah, mirándolos, pero sin cambiar la cara de orto que tenía).
Igual para mí que se enamoró todavía más de mis ovarios loquitos. Él era así. Como cuando me enteré por mi hermano que le gustó que una noche en el boliche le pegue un hombrazo al cruzar la pista en el trayecto al baño porque pensé que estaba bailando con una chica.

domingo, 3 de agosto de 2008

Febrero

Una noche de febrero estaba durmiendo en la casa de mis abuelos, en Ramos Mejía, y me desperté sobresaltada. Estábamos de vacaciones con mi hermano: porque éramos de El Bolsón y nos veníamos de vacaciones al calor y al smog de Buenos Aires, a la casa de mis abuelos. La pasábamos bien, porque era diferente, y por la familia (excepto esa pelea en la que me hizo no sé qué cosa tan fea y yo lo empujé como para que se caiga por las escaleras de mármol. Suerte que mi hermano era como una lagartija). Esa noche me desperté, creo que por el calor o por algún ruido de ciudad, y, al ver el cielo tan iluminado (estaba acostumbrada a que la noche sea bien -pero bien- negra y que el único ruido sea el aullido de los perros vecinos), me tapé desesperadamente al mismo tiempo que exclamaba "¡SANTI!".
Pensé que era una bomba nuclear.
Tenía 16 años. Por dios.
Santi no se despertó, pero al día siguiente cuando le conté se cagó de risa, y lo sigue haciendo de vez en cuando.
Y yo le digo "¡pero te quería salvar!".

jueves, 31 de julio de 2008

Enero

Una noche de enero mi mamá exigía a gritos, en la Clínica Bazterrica, que no la rasuren ni le pongan goteo de oxitocina. Iba a nacer Cecilia o Andrés. En eso pasa su médica -con la que ya había tenido a mi hermana Ana-, y le dice a la enfermera afeitadora que está todo bien, que la deje. El goteo se lo ponen, aunque Marina dice y repite que no lo necesita. Al rato se lo tienen que sacar, porque el parto avanza demasiado rápido. La trasladan a la sala de partos ya pujando -le piden que no puje-, y casi nazco en el ascensor. Nací tan rápido que Ricardo, al que hicieron vestir para la ocasión, casi no pudo verme salir.
Nací a las 5 en punto; tocaba cambio de turno de personal. El enfermero, muy amanerado y calzando zuecos, entró en crisis porque había dejado la sala reluciente, y estaba a punto de colgar la gorrita cuando entra mi mamá, y en el pujo final, enchastra todo. Fue tan rápido el parto que resultó un quilombo, y Marina perdió mucha sangre.
Me pusieron en sus brazos, me reconoció, y después me llevaron a limpiarme, y a mi mamá a su habitación. Se sentó en la cama y se desmayó de costado (esta vez le tocaba a ella, en el parto de mi hermana mayor se desmayó mi papá), y cuando se recuperó comenzó a pedir que me lleven con ella. Estuvimos quince minutos separados, y cuando me devolvieron no me habían limpiado bien, por lo que se me dificultó respirar y empecé a expulsar mucosas por la nariz. Pasado ese susto, me prendí a la teta muy bien. Cuando llegó Ana de visita, con sus 2 años y 10 meses, se sacó las zapatillas y se metió en la cama con su mamá y el bebé.



Primera hoja de la carta que mi papá le escribió a un amigo relatando mi nacimiento, y afortunadamente para mí y mi espíritu guardarecuerdos nunca mandó.

miércoles, 23 de julio de 2008

Rodeada

Estoy en la cama. Me siento muy triste pero no puedo acordarme por qué. No tengo fuerzas. Estoy quieta... quieta y como tonta. Pero de desconsuelo.

Aparece él. Me abraza tan fuerte que me saca aire de los pulmones, así como toda mi tristeza. Se acuesta conmigo.

Me dice:

- Te traje una rosa, pero se me perdió en el camino, no sé bien dónde.

- ¿Te acordás la primer rosa que me regalaste? Ni siquiera me la regalaste vos.

- ¡Ah! Sí... estábamos en el bar ese, donde cantaba jazz un tipo, y como pensó que yo no te la compraba porque no tenía plata, te la compró él.

- Yo no entendía nada, porque el tipo aprovechó cuando fui al baño.

Reímos abrazados. En este momento me siento como en casa. Le pido que me siga hablando. Lo hace.

- ¿Y te acordás cuando jugamos a las escondidas con un montón de amigos, en un campamento, en el bosque, de noche?

- Por suerte era en parejas, si no me moría de miedo.

- Sí, pero nosotros nos escondimos tan bien que no nos encontraban más, y ahí empezamos a darnos besos... y bueno, se cansaron de buscar, y siguieron jugando solos.

- Sí, qué lindo. Y mirábamos las estrellas para ver si se caían y pedíamos deseos. Yo pedía que todo siga bien con vos.

- Yo también.

Me besa los ojos y me dice que me duerma. Yo quiero seguir escuchándolo.

- Bueno, ¿sabés qué me acuerdo siempre? cuando, aunque vivíamos en el segundo piso, tomábamos el ascensor hasta el piso 22, sólo para darnos besos en el camino.

- Yo me miraba en el espejo del ascensor abrazándote, y quería guardar esa imagen para siempre. Te guardo siempre, aunque no quieras, ¿sabés?

- Yo también te guardo. Y vos guardás al cordero de Júpiter.

- ¡Me había olvidado! - le digo, y empezamos a reír, con una risa totalmente diferente a la risa de las cosquillas. Con esa risa que nace de muy adentro, de un lugar donde no hay ni un poquito de luz.

Negro. Todo negro.

Me despierto. De nuevo soledad, de nuevo tristeza. Tengo una agenda en las manos, abierta. Hay una cáscara de maní, toda aplastada, pegada con muchas cintas a una página. Las cintas están amarillas en sus extremos y ya casi no pegan. Al lado de la cáscara quebrada dice "Cordero de Júpiter que me regaló él".

Me rodea la tristeza, y no puedo hacer nada para escaparme.

Y esta vez sé por qué.


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Ésto lo escribí hace un par de años o más y no lo puse acá porque el chico con el que salía lo iba a malinterpretar y en consecuencia hacer mi existencia más complicada; las cosas no estaban nada bien.

Estaba de luto, triste porque extrañaba cierta sensación, y no pensaba (ni quería, tal vez) recuperarla jamás.

Es un rejunte. No se refiere a nadie en especial sino a muchos y a un estado, que depende de la conexión con otro, y generalmente se va extinguiendo (o modificando, dirían los optimistas) de a poco al pasar el tiempo así, de a dos.

martes, 15 de julio de 2008

Sitiada

No hice cheesecake, lasagna o selva negra, como había prometido.
No fui a pasear a la montaña.
No caminé por el pueblo con mi hermoso bebé, cómo había planeado.
No fui a la feria, todavía.

En cambio: me engripé (o lo que sea). Traqueítis. Y viví por primera vez el miedo de madre con hijo afiebrado.

Mi casamiento, que fue acá, fue "diferente" en un buen sentido. Hicimos lo que quisimos, y realmente brillamos. No hubo ni un dejo de acartonamiento, y elegimos qué tradiciones seguir y cuáles dejar de lado. Preparamos un baile de flamenco árabe, me hice una corona de flores secas, y hasta tuvimos una torta de flores violetas con muñecos hippies.

La gripe la tuve que encarar de una forma más natural por estar amamantando, y fue posible gracias a estar acá. Té de mosqueta rojo y humeante, jarabe de sauco, mimos de madre, crema de caléndula para las paspaduras, té de mosqueta e hibiscus con miel, y para Casiel mimos de todos y vapor de agua pura.

Esas cosas son mágicas. Las recomiendo.

Tal vez me haga dealer de tés, cremas y jarabes mágicos en Buenos Aires.
Los mimos por ahora no los comercializo.

domingo, 6 de julio de 2008

Autóctonos

No son los que arreglan subtes atrás de mi edificio, que se saludan y dan portazos a las seis de la mañana. Ahora son los teros y bandurrias los que despiertan a mi hijo y en consecuencia a mí, y me hacen bailar por la habitación oscura con un bodoque de siete kilos que dice "baaa-baa-baaaaa", se ríe, y pega grititos. Al menos ahora lo puedo considerar como un ritual animal matutino.

viernes, 4 de julio de 2008

Tres de mis verdes

Verde de verdad, verde puro, de El Bolsón.
Casiel mira asombrado el movimiento de los árboles a través de las ventanas.
Yo miro extasiada en mi interior cómo crecen los brotes y se llenan de savia curadora las heridas: es contagioso el verde de acá.

Verde de deja vu. Tejo unas pantuflas para regalarle a un niño que quiero mucho, y al hacer el eterno punto elástico me acuerdo cuando en mi adolescencia me tejí un pullover de ese mismo verde, todo en punto elástico. Dos para arriba, dos para abajo; dos del derecho, dos del revés. Y mi mamá lo terminó, porque tanto no sabía.

Verde de madre, porque lo confieso: guardé un pañal de mi hijo, con caca, para mostrarle a mi marido cómo había hecho con espinacas por primera vez.

A veces me gusta el verde.

sábado, 28 de junio de 2008

Señales I

A mis doce años, en un viaje a Buenos Aires, mi mamá tuvo que ir a visitar a unos conocidos de El Bolsón que se habían mudado a Capital, y nos llevó a mi hermano y a mí.
Eran un matrimonio con una chica que tenía un año menos que yo y uno más que mi hermano. No era muy piola, pero era lo que había, así que nos pusimos a jugar y a romper un poco las reglas de sus papás.
No sé qué estaríamos haciendo, pero encontré tres copias de una misma foto entre sus cosas. Eran de un caballo color cremita con un dibujo como de diamante en la frente, mirando a la cámara. Estaba parado frente a un alambrado, y una rama de mosqueta hacía un dibujo frente a su hocico, cual abanico de flores rosas.
Me enamoré de la foto, y la chica me explicó que no conocía al caballo, que era del vecino de la chacra en la que había parado la última vez que había ido a El Bolsón. Pero que le encantó para una foto y que quedaba re bien con la rama de mosqueta.
Al ver tres copias se me ocurrió que me podía regalar una. Se la pedí, y me dijo que no.
Me gustaba tanto, que le insistí mucho. Pobre. Esa insistencia es una de las cosas boludas de las que me arrepiento, porque yo no era así, y menos con una chica que recién conocía. Me terminó dando la foto, sin querer hacerlo.
Y yo la guardé todo este tiempo.

Cuando la gente se enamora trata de compartir todo, y abrirse. El pasado es una parte muy importante durante ese "brindarse al otro", como si al unir presente, pasado y futuro, se inmortalizase ese amor, o se cerrara el círculo cálido que abraza a los dos enamorados.
Yo le mostré a Pablo mi gigante caja de fotos. Y de pronto dijo, muy sorprendido "¡¿qué hacés con una foto de mi yegua?!". No lo podíamos creer. Ahí, entre mis fotos, estaba Rayén, su yegua baya.
Yo la guardaba desde los doce años, y a él lo conocí a mis veintiséis.
Y el espacio a nuestro alrededor nos apretó un poquito más con su calor.

viernes, 27 de junio de 2008

Dos cosas

Primero una oda a mi verdulero.

Cuando voy al mercado chino a comprar verduras, me siento traficando drogas, o jugando a las carreras coordinando todo con un soplón. Resulta que el verdulero trabaja para ellos (no es de él la verdulería, como pasa en algunos de esos mercados), y cuando voy a comprar me asesora en secreto. Yo le digo "tres tomates", y me dice bajito, pasando al lado mío como acercándose al cajón, y levantando las cejas: "seis pesos". Y ahí le digo "eeeh, no. Está bien". O cuando le pido duraznos, me dice mirando hacia los costados "un 7. hace un mes estaban de 10, pero un 7".
Es un capo. Más porque se parece a Kramer de Seinfeld.

Y también, hace un tiempo escribí algunos posts clasificando y describiendo piropos. Me faltó poner un par de antipiropos.

Primero un antipiropo en pregunta de primera impresión, como cuando Chandler le pregunta a su futuro suegro al ayudarlo con el saco si nieva afuera, a lo que el hombre responde "no", mientras Chandler le sacude copitos blancos de los hombros.
Una vez con mi hermana invitamos a cenar a su casa a unos franceses que habíamos conocido. Al entrar Mathew le dice, para hablar de algo: "¿recién te mudás?". Y no.

Otra vez, yo vivía en Estados Unidos y me decidí a amortizar con el uso una camiseta que me había comprado y no me terminaba de convencer. No quería sentirme estúpida por haberla comprado al pedo en la feria de El Bolsón hacía un par de años. Estaba pintada a mano y también con estilo batik. Era demasiado cortita, tenía un piolincito para atar el cuello, y mangas oxford pero no del todo largas. Un asco.
Pero la usé. Y recibí un antipiropo en pregunta creativo inocente. Cuando le abrí la puerta a una de las nenas a las que cuidaba y les enseñaba español, me dice: "oh, ¿fue día de disfraces en tu universidad?" de lo más inocentemente, como esperando que le cuente lo divertido de ese día. Pero le dije "no". Y seguimos con lo nuestro.
Creo que al usarla para no sentirme estúpida, me sentí doblemente estúpida.

lunes, 16 de junio de 2008

Cotidiana

Pablo subió primero al colectivo con el bebé, yo subí y le dije al chofer "dos hasta Ramos". Pagando, miré por sobre mi hombro y había una mano extendida cerca de mi traste con un mate recién cebado. Una chica de los asientos de adelante se lo estaba dando al conductor, un hombre de medio siglo más o menos.

Y siguió así por un rato.

Más tarde me dí cuenta: es el día del padre.
Y me dio mucha ternura.
Y sé que yo habría hecho lo mismo si ese fuera mi papá.

Niño envuelto

No creo que Pablo use corbata muchos años más de su vida, por lo que desde el año pasado aproveché para caer en el cliché "día del padre = corbata", que me parece tierno (porque nunca pude regalar una corbata antes, me crié sin corbatas en mi casa, lo que en realidad es lindo).
Su primer día del padre me até la corbata en la panza, y así se la regalamos.
Este año, directamente le hice un moño a Casiel. Delivery de hijo con regalo.


También hubo desayuno especial, y de regalo más especial un molde de yeso con la impresión de la manito y el pie de Casiel, que nos costó un huevo. Pero fue muy divertido, especialmente cuando el gordito se limpiaba el yeso del pie en mi jogging negro (bueno, sí, de Pablo). Lo pinté de amarillo, naranja y morado, y quedó hermoso. Espero que se seque del todo algún día (me pasé de agua).
Para el desayuno especial hice, entre muchas otras cosas ricas, unas tarteletitas que copié del blog de Mer, que son de Nutella y mandarina y son... indescriptibles.
¡Quiero más!


(foto muy precaria)

jueves, 12 de junio de 2008

Por mi barrio

Sexo



Droga



Y... un peine asfáltico


Este último dedicado a Chizz, que cuando lo vio hace como dos años me dijo que tenía que sacarle una foto.

lunes, 9 de junio de 2008

La gordita, y también el gordito que se caía del techo

Creo que no es bueno que esté usando tanta ropa de Pablo. Joggings, remeras, buzos. Es muy feo que mi ropa ya no me entre o me haga pertenecer a la moda matambre. Tampoco está buena la moda jogging, o "ropa de marido", por lo que creo que me tengo que poner las pilas.

Mi abuelo también, pero con los comentarios o acciones salvajes.

Una vez, a sus 79 años, quería subirse al techo para arreglar la bomba de agua. Su yerno, que vivía con él en ese momento (y al cual no soportaba mucho) se ofreció a subir por él. Desde arriba, le gritó "cortó la luz, ¿no?". Mi abuelo le contestó "seeeeh", pero le dijo en voz baja a mi primo: "minga la corté". Y miraba desde abajo, muy divertido y con cierto sadismo, como esperando a que mi tío grite y se caiga.

Hace unos meses le dijo a mi hermana mayor "¿y para cuando el bisnieto vos? Vos ya no sos mi nieta... vos ya sos una prima para mí".

Demasiado.

Yo ya sé cómo es, así que no me enojé cuando ayer le dijo, a su supuesta ex-nieta mayor: "estás flaca vos. No combinás con tus hermanas".

Carcajada general, un par de puteaditas, y él dice, riéndose de una forma que me da ternura "soy muy directo, ¿no?".

Su comentario no me impidió comerme dos porciones de rogel.

Creo que igual debería tranquilizarme un poco con la comida (dice Margot, mientras se manda la tercer bola de fraile rellena con dulce de leche).

jueves, 5 de junio de 2008

Poné dos pesos

- No, gracias a vos. Esperá a que corte el semáforo para bajar.
- Sí.

- ¿Ahora?
- Sí, ahora. Bueno... (que tengas una) linda tarde.
- Bueno, perdón por el susto de mi marido.
- No, por favor.

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Resulta que el otro día nos encontramos con Pablo en el centro médico para darle la vacuna a Casiel. Después de tomar un café, me acompañó hasta un taxi para venir a casa; él se iba en subte de vuelta al trabajo.
Subo, Pablo le dice al taxista "te encargo a mi mujer y mi hijo" medio en joda, casi se olvida la mochila, y se va. Estábamos en el semáforo. Bastantes segundos más tarde, abre mi puerta bruscamente desde afuera y grita "¡les voy a robar todas sus cosas!". Yo no me inmuté (qué mal que cuidé a mi hijo si era en serio). El chofer se dió vuelta bruscamente con cara de no entender nada, y cuando nos reímos, le dijo "¡me asusté!", también riéndose.
¿Habrá una propina por "despliegue de adrenalina forzado e innecesario"? ¿Y por "susto a causa de marido comediante"?
No sé, pero seguro la merecía más que el mozo del café, que al traernos el vuelto comenzó a hacerse el simpático ("me imagino que es de River el niño, ¿no?", y así). Más obvio no podía ser. Y pablo cayó, porque le entró un interés sin precedentes por la propina. Apenas se fue el hombre, me dice, con cara de justiciero: "poné dos pesos".

viernes, 30 de mayo de 2008

Otra vez la fiebre amarilla

En algunas casas ajenas me agarra una melancolía o nostalgia extraña. Es en las casas cálidas, con onda. Se nota en seguida cuando en un lugar vive una pareja que se ama. Son esas casas las que me dan esa sensación triste y añorante. No me pasa en las que tienen toda la tecnología y confort, sino en las que se encuentra un sentido estético cálido, artístico, con cierta bohemia. ¿Será cierto lo que dice y repite Ludovica en el horóscopo chino, que para las cabritas es muy importante la triada techo, vestimenta y comida, y que le damos mucho valor a lo estético?
La semana pasada conocí la casa de unos amigos en La Boca. Quiero pensar que lo que sentía era nostalgia, y no envidia. ¿Cómo lo diferencio? Porque también había añoranza, y admiración. Su casa es grande (por lo que es extraño haberme sentido así: esa sensación casi siempre me ataca en hogares pequeños), vieja, y la refaccionaron ellos de una forma hermosa. Tienen una pared llena de CDs, y hasta una mecedora. Había una salamandra encendida. Para colmo, toda la tarde sonó Piazzolla. ¿Me querían matar?
Yo sé que en una casa como la mía sentiría lo mismo. Entonces, ¿por qué no me dejo de joder y disfruto mi hogar? Ay, Margot, vos y la melancolía...

Suddenly active

Con las chicas del grupo de preparto nos seguimos reuniendo cada dos o tres semanas. Somos cinco, más nuestros cinco cachorros. Es lindo charlar mientras ellos retozan, se miran, se tocan. Ir viendo sus diversas personalidades y evoluciones. Y charlar de sus caquitas, llantos, ropitas, vacunas, vómitos, sin sentirnos patéticas y aburridas. Es agradable también poder estar tomando mate y que nuestras interlocutoras nos comprendan si hablamos de dolor de tetas, de toda la ropa del placard rebelde y repentinamente encogida, de copiños abuelísticos para amamantar o de libido alterada.

De cinco flamantes padres, cuatro están haciendo actividades nuevas dos o tres días a la semana. Pablo por fin se decidió a practicar karate lunes, miércoles y viernes (le estuvo dando vueltas al asunto más de un año y ahora que nació Casiel, lo hace). Mariano1 empezó a jugar al paddle con una abnegación insospechada, ya que nunca había sido constante con ese tipo de cosas, según su mujer. Andrés también empezó algo pero no me acuerdo qué. Cristian, clases de bandoneón. Mariano2 quiere hacer algo, pero dice que ella no lo deja todavía (justo él pasaba por ahí en la reunión en la que surgió el tema, que fue en su casa). No quiero empezar a preguntarme el por qué de este comportamiento, ya que probablemente me trate de culpar a mí, o si no a él y no sé cuál es peor. Además no lo veo como algo negativo.
En realidad me gusta que haga algo por él y, como es cuando Casiel duerme, con el tema del cuidado del bebé está todo bien.
De todas formas me da curiosidad esta reacción masculina. En la reunión les pregunté si no sería el viejazo que les agarra por ser padres, pero me dijeron: "¿Pablo cuántos años tiene?"; "25"; "Y, no creo". ¿Tendrá que ver con las nuevas responsabilidades adquiridas? ¿O con no bancar una mujer puérpera? Pero dije que no lo iba a analizar.

Tal vez a ellos también les vendría bien juntarse.

Me calientan mis vecinos

No tenemos calefacción, excepto una estufita eléctrica que no me agrada mucho y uso sólo para calentar el cuarto para hacerle masajes de Shantala a Casiel, cambiarlo o dejarlo jugar en bolitas después del baño.
En invierno, el primer día de frío es complicado. Pero de ahí en más el departamento es bastante calentito. Supongo que nos dan calor los vecinos, y por eso el título del post. A los que entraron a esta página porque buscaron "me calientan mis vecinos": lamento desilusionarlos, y suerte con sus problemas.

martes, 27 de mayo de 2008

Sólo falta el bastón y un poco de cinismo (los ojos claros están)

Hoy fue la primera vez que Casiel entró a un hospital. Y no fue para control ni consulta.
Fuimos a pedirle a su pediatra que nos haga la receta para una vacuna (la primera y una de las pocas que se va a dar, también).

Cuando vi venir al pediatra caminando por el largo pasillo, me dí cuenta: es Dr. House!
Renguea, y tiene cierta "actitud House" (sólo que es mucho más agradable).

Mi hijo tiene cinco meses, y ese tiempo es el que llevo de conocer al médico. No me había dado cuenta de que rengueaba. ¡Basta de ser tan colgada! Quedo como una estúpida tantas veces por estas cosas...

El otro día me preguntaron cuánto pesaba Casiel y empecé "tres cuatrocientos. No, cuatro quinientos. NO! a ver... ah, sí, seis cuatro cincuenta". Quedo como una mala madre y una inútil.

Llevo una cronología del embarazo y del bebé en un archivo de Word, porque no confío en mi memoria. Siempre fui de guardar datos, fotos, recortes, momentos. Tengo la valija negra que es como un tesoro de recuerdos. Un día de estos la voy a abrir, a ver qué encuentro. Pero primero, apenas tenga tiempo, debería abrir las otras dos valijas negras, las que tienen ropa de invierno. Para ver qué me sigue quedando este año en mi cuerpo post-maternidad ...es que tengo frío!

Ahora que lo pienso el que es como Dr. House es mi suegro. Hasta escribió un par de libros de sus hazañas y errores como médico cuyos relatos me dan la razón. No podía ser más Dr. House cuando ayudó a mejorar a un enfermo de sida al que mandaron a su sala con los días contados a base de cagarlo a puteadas por dejarse morir. Y a otro "lo hizo" caminar inyectándole solución salina.
Pero esas son historias aparte.

sábado, 24 de mayo de 2008

Poohta, che

Casiel se está haciendo grande para el moisés real (de todas formas por ahora duerme con nosotros, aguante el colecho). Las siestas y la primera parte de la noche duerme en el moisés que, como dije recién, le está quedando chico.
Me iban a mandar una cunita de El Bolsón pero obviamente es un poco complicado, por lo que nos vino genial que unos amigos de por acá nos pasaran una.
Hoy la trajimos. Recién la observaba, y lo ví, todo brillante y centrado en la cabecera de la cuna, agarrándose la cabeza porque se le cayó una torre de cubos: mi archienemigo Pooh.
Creo que voy a tener que unirme a él, me está ganando por afano.

Fotito de yapa:

martes, 20 de mayo de 2008

De libros

Ayer pasamos por la esquina de mi casa con mi mamá, mis hermanas y Casiel, y vimos abierta la nueva librería,esa que nombré unos posts más abajo.
Estaba llena de gente.
Yo estaba apurada y no quería entrar, pero mientras iba con el cochecito de Casiel tratando de esquivar pozos en la vereda, ellas pispeaban por las ventanas.
Las vidrieras no eran lo que esperábamos. Primero vieron uno que se llamaba "El Camino hacia Dios", y enfocaron otro estante. Ahí se dieron cuenta: es una librería religiosa.
Qué mala noticia.
Hoy pasamos de nuevo y estaba cerrada, a las 6 de la tarde. Es raro. Se ve que abre cuando hay algo en la iglesia que está acá a una cuadra.

Hoy fuimos a una librería que tiene todas obras en inglés, ya que hace mucho tiempo que estoy obsesionada con lo que creo es el romanticismo, pero no estoy segura (mayormente literatura femenina de la época Victoriana). Digamos que me gustan las novelas en las que las mujeres usan esos vestidos grandes y no pueden ir por la calle solas con un hombre sin que se comente en el pueblo. Las hermanas Brontë, pero también Jane Austen. Y me quedé sin libros de estas escritoras. Leí algunos escritos por hombres o con protagonistas masculinos, pero no es lo mismo. Estoy encaprichada. Entonces fui a ver qué había, y me compré "Good Wives", de Louisa M. Alcott, y "Wives and Daughters", de Elizabeth Gaskell.
Buenas esposas y Esposas e hijas.
Cualquiera pensaría que:

a) estoy haciendo un trabajo sobre el rol de las mujeres en el matrimonio en la literatura inglesa

o

b) estoy tratando de ver cómo es esto de ser esposa

(Tal vez es mejor que piensen eso en vez de que estoy encaprichada con los vestidos grandes y las restricciones a las mujeres).

sábado, 17 de mayo de 2008

La clave

Mi hermana Ana me contó que una noche que tenía fiebre sentía que necesitaba un password para dormirse. Y obviamente no lo sabía, entonces no pudo dormir en toda la noche.
Dice que ahora ya puso "recordar contraseña".

Ah, trabaja entre computadoras y cuentas de usuarios.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Sospedoso

Señor taxista:
Si hay algo que conozco es el olor de los pedos de mi bebé. Si pensó que incriminando a mi hijito disimulaba su gas, pensó muy mal.
Y no está bueno que me tire tanta mala onda por el cochecito de bebé, y encima me ponga cara de orto cuando no le doy propina.
Ubíquese. o Ubíquesé.

martes, 13 de mayo de 2008

Besazos, sombreros de cowboy y carnaval

Tres veces me sorprendieron encajándome un beso. De esos besos seguí dos, pero en su momento me hubiera gustado seguir el otro también y que el chico sea mi novio. Le dije que no me había gustado lo que hizo, de tímida boluda que soy. Las tres veces yo estaba un poco alegre por ingesta de alcohol, pero no creo haberlos incitado o incentivado. Mi cara de sorpresa después de cada besazo debe haber sido muy simpática. Por eso, el chico del beso que no siguió me dijo con una actitud muy Sawyer de LOST: "ah, pero te gustó el beso", enfrente de toda la gente que estaba parada afuera del boliche. Yo le dije "¡no!", se puso su sombrero de cuero (sí, tenía un sombrero de cuero, pero él realmente podía usarlo, le quedaba muy bien) y se fue. No lo ví más, pero después me enteré que era de un pueblo muy cercano (El Hoyo) y que tenía un levante terrible. Los otros besos fueron, por suerte, de chicos que me gustaban (pero no me los esperaba; por ejemplo, uno fue de un ex. Ahora que lo pienso, en las dos ocasiones los chicos estaban "comprometidos" cuando lo hicieron. Lamentable.).
La sensación la puedo explicar como una mezcla de sorpresa y placer al mismo tiempo. En realidad, no es al mismo tiempo: Es primero sorpresa y tal vez un poco de rechazo instintivo, pero milésimas de segundo después, se acepta el placer como tal y de ahí nace la sonrisa cuando el Romeo separa su cara de la propia.

La misma seguidilla de sensaciones sentí el verano pasado mientras ordenaba la cocina: Estaba muy panzona agachada guardando unos tuppers en el mueble de abajo de la pileta, mientras se llenaba un bowl arriba de una pila de platos para dejarlo en remojo, cuando de pronto se volcó el bowl, derramando todo su contenido sobre mí. Hacía calor, y el agua fresquita sobre mí fue agradable. Pero no era algo que esperaba ni algo que hubiera hecho a propósito. Me sentía como en carnaval, o como en la casa de playa familiar cuando un primo te tira un baldazo de agua a traición mientras leías tranquila las traducciones de las letras de Queen.

Entonces, las dos sensaciones son parecidas, sólo que una incluye lechuguitas aceitosas en el pelo.

viernes, 9 de mayo de 2008

Tres cotidianas

Hoy salí a mi paseo diario con Casiel y por fin ví qué van a abrir en la construcción de la esquina. Un local de libros y música. Me puso contenta, aunque en realidad a mí me gusta comprar libros viejos, y no tengo plata para comprarme nada en ese lugar. Pero qué se yo, me encanta que sea una librería y no otra inmobiliaria.

En la película "Las Alas del Deseo", dos ángeles se juntan y comentan cosas que vieron en su día de observar a la humanidad. No cualquier cosa, sino acontecimientos como "hoy un hombre se paró en el medio de la calle y sintió la lluvia"; "hoy un viejo le leía La Odisea a su nieto y éste dejó de respirar por unos instantes".
Yo hoy les hubiera dado letra (bueno, creo que les daría letra seguido, por suerte). Una hoja ocre cayó desde un árbol al cochecito de Casiel mientras paseábamos, y yo la agarré y la guardé en un cuaderno. Me dí cuenta de la mirada externa (y pensé en los ángeles) cuando ví la fila de conductores en el semáforo mirándome sonreir con una hojita en la mano.

La mamá del encargado del edificio me dijo que ahora estoy más linda, que no vaya a quedar embarazada de nuevo (como implicando que antes Pablo no me tocaba ni con un palo).

miércoles, 7 de mayo de 2008

Suerte matemática

En cuarto año, a mis dieciséis años y dos meses, me sentaba en una de las esquinas del aula: la de adelante a la derecha. Ese lugar era estratégico: 1) Resultaba ideal para pasar desapercibida en las habituales llegadas tarde, ya que estaba al lado de la puerta. 2) Estaba en un rincón y había un recoveco para estantes, así que yo quedaba bastante escondida de los profesores, pese a ser la primera fila (tenía muchas menos probabilidades de que me hagan preguntas a mí). 3) Al estar al lado de una pared, me daba cierta seguridad mezclada con comodidad. 4) Al estar adelante de todo, impedía que los demás copañeros vean mi coloración facial al tener que hablar con algún profesor enfrente de toda la clase.
Básicamente el lugar estaba pensado para sobrellevar mejor mi timidez. Qué feo que es cuando tu vida gira en torno a tu timidez o inseguridad. Por suerte eso se fue yendo en mí. A veces me gustaría volver a aquellas épocas sabiendo lo que sé ahora (de la vida, o algo así). Pero lo que trato de hacer, en cambio, es lo posible: vivir ahora como si volviera dentro de unos años a esta época, arrepentida de gastar tiempo y energía en cosas no importantes. Y con ovarios. Porque la vida pasa rápido, y al hacer cosas que impliquen mucho crecimiento o un enfrentamiento a los miedos, dejamos una especie de clip -adornado con recuerdos y un poco de orgullo del bueno- que nos engancha de a tramos a esta existencia.

Iba a la modalidad Industrial, y en mi curso éramos 23 varones y 6 mujeres. Esta proporción por un lado era intimidante (en los momentos de coloración facial me importaba que me vean así los varones y los adultos, las chicas me daba casi lo mismo), pero por otro lado era cómodo para mí, dado que siempre me junté con varones, y se manejaban de una forma más simple que las chicas (además me malcriaban y yo podía salir impune de muchas situaciones que con amigas no).
Un viernes, en una clase de matemáticas, estábamos especialmente dispersos. Esta vez estaba sentada en unas mesas del fondo, charlando con unos compañeros. El profesor había puesto una ecuación en el pizarrón, y había pedido que la igualemos (qué se yo el término, había que ver si los dos lados eran equivalentes y, si no, arreglarla). Digamos que el profe también charlaba con los de adelante, pero después quiso remontar la clase y nos instaba a que resolvamos la ecuación. Yo, entre boludeos, lo miré al docente -medio desesperado parado frente al pizarrón-, y le dije, canchera: "...ponele sobre dos", como para callarlo.
El profesor se me quedó mirando, tiza en mano, sus ojos tan abiertos que parecían más blancos, como sus dedos cubiertos de polvo de tiza.
Y se hizo silencio.
Dijo: "Sí. Sobre dos", y dibujó una línea abajo de la parte derecha de la ecuación, y debajo de ella un dos. Se dio vuelta, me miró (ahora eran mis ojos los que estaban totalmente abiertos, contrastando con el creciente rojo de mis mejillas), y las cabezas de 23 hombres y 5 mujeres giraron hacia mí.
Yo, ya bordó, explicaba que lo había dicho jodiendo, que no tenía ni idea, que había sido suerte.

Y siguió la clase, con un aire extraño en el aire. A medida que el colorado en mi rostro se dispersaba y éste volvía a la normalidad, la clase también lo hacía (dispersarse -es decir, volver a la normalidad). El profesor, cinco minutos antes del recreo, se ubicó en nuestra zona para charlar con mi grupo. Sacó el tema de la ecuación, y yo le insistía con que había sido suerte. Supongo que pensó que lo decía para mantener mi perfil de rebelde (de esos que se jactan de su ignorancia), así que me dijo "se vienen las olimpíadas de la matemática, ¿no te querés anotar?".
Yo le dije que realmente había sido por suerte (hasta empezaba a dudar de mi misma: no habrá sido una parte de mi inconsciente y soy como el de "Una Mente Brillante"? Claro que esa película no había salido todavía, así que simplemente dudaba de mí misma, sin comparaciones), pero que me cuente más. Él me dijo que igual, aunque haya sido suerte, podía probar; hacer el examen clasificatorio. A mí me gustaba hacer cosas nuevas y raras, probar cosas (aunque sean catalogadas como "de nerd"; eso no me importaba). Entonces le dije que me interesaba.

Así fue como entré en las olimpíadas, y cuando estaba rindiendo para la instancia intercolegial, había dos chicas (una compañera y su amiga, que iba a la modalidad empresarial), que no sabían cómo responder una, entonces me pidieron ayuda. Yo, contenta por poder ayudar, les pasé la solución del problema que les faltaba, que requería más un pensamiento no lineal que de conocimientos matemáticos (uno de los problemas de cada instancia siempre era así). Y pasaron. Nunca me lo agradecieron.

La siguiente instancia, la provincial, se hizo en Bariloche. Nos pagaban el hotel. Eso es lo que me gustaba de hacer cosas nuevas: pegué viaje gratis (bueno, nosotros ayudamos a vender rifas para juntar plata, también). De El Bolsón, éramos: cinco estudiantes (el dúo ayudado, otro chico, y una chica del colegio privado del pueblo), el profe del "sobre dos", la profesora de matemáticas del colegio privado, y una preceptora nuestra. El dilema llegó a la hora de dormir: las habitaciones eran para tres personas, y yo no quería ir con las estúpidas superficiales y falsas del colegio privado. Mi preceptora era muy copada, yo quería ir con ella. Pero las dos chicas a las que yo había ayudado se complotaron contra mí, y lograron dormir con la preceptora, por lo que yo tuve que ir con las otras dos.
Al día siguiente, antes de la evaluación, me dí cuenta de que me faltaba un lápiz y mis dos compañeras se hicieron las boludas, no me quisieron prestar uno de varios que tenían. La preceptora copada se puso en campaña para conseguirme uno, pero yo quedé mal por la actitud de las pendejas.

Aprendí algunas cosas:
- Que no hay que esperar nada a cambio de un acto de bondad.
- Que no tenía que tener tantos prejuicios: las del colegio privado resultaron mucho más copadas y buenas que las otras dos estúpidas.
- Que tendría que haberme preparado para el examen si quería seguir viajando.
- Que el chocolate Mamuschka es el más rico.

martes, 6 de mayo de 2008

... de las nubes?



Hace un tiempito invité a Clari a ver Un Cuento Americano porque no se la acordaba y yo pensaba que era muy tierna para no acordarse.
En un momento aparece en la pantalla el gato malo, y le digo "es como el malo de Pearl Jam". Y ella "¿eh?", "sí, cómo está dibujado. Como el malo de Pearl Jam". Y ella me miraba con cara de que estoy loca. En seguida me dí cuenta y me corregí, entre risas: "¡Space Jam!".

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Sigo con mis ocasionales "bolufrases" (como las de este viejo post). No las guardo nunca, y al ser -justamente-, tan colgada, me las olvido horas después. Pero éstas quedaron por ahí:

Dije Camino a los Ángeles en vez de Camino al Cielo.
Dije Alí Babá en vez de Sai Baba

Y Clari me pasó algunas que dijeron con sus compañeras de diseño:

Dijeron Adam Sandler en vez de Saddam Husseim.
Dijeron El Cuento Infinito en vez de La Historia sin Fin.
Dijeron la escuadra trucha en vez de falsa escuadra.

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Cómo lograr que un centrifugador evolucione: olvidárselo girando a toda velocidad unos quince minutos, proceso en el cual se genera calor que evapora la humedad. Así, el artefacto se convierte en centrifugador/secadora. No se sabe con certeza la vida útil de este innovado electrodoméstico. Probablemente sea corta.

miércoles, 23 de abril de 2008

Denuncia poética

La maestra nazi está de nuevo retando a los chicos en el patio, de una forma verbalmente violenta.
Esta vez es a una nena, además de a Federico.
Veo entre las hojas de un árbol muchos guardapolvitos sentados en ronda, y escucho gritos que hace unos minutos me despertaron de mi pequeña siesta oportunista.

Dijo cosas como:
"¡ustedes quisieron la clase afuera!"
"¡Sentada! ¡Sentada! ¡Sentada! ¡Sentada!"
"Movete un poquito más, movete un poquito más" (en tono muy amenazante).
"Ahora no participan en la historia"
"¡Vos también, Federico!"

Lo que me dio a entender que iban a hacer una historia en el patio.

Entonces, un poco (un poco) más calmada, empezó. "Los varones piensan los personajes y las nenas los lugares". Pero hasta su tono calmado parece digno de la niñera de Hitler. Si fuera uno de esos nenes, temería no poder pensar un personaje o un lugar en 10 segundos.
Hasta sus "muy bien, muy bien" dan miedo. Y les dice a todos vos: "Vos, qué pasa en una panadería", "vos, un personaje más".

En la cama, me dieron ganas de tirarle un huevazo. Pero no sé cuánto daño hará su impacto desde un cuarto piso, y además tengo miedo de pegarle a uno de los nenes.
Pero me encantaría que pruebe un poco de su propia humillación, delante de esos niños.

No sé, al menos existe mi forma casera de justicia poética. (?)

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Comentario colgado: Me dí cuenta que me perdí todas las referencias al "género" blog que se deben hacer ahora en las clases de Letras. Cuando yo iba, no eran tan conocidos.

Comentario mucho más colgado: Una persona es, no sólo golosa sino muy haragana, cuando deja, dentro de la heladera, el cuchillo en la bandeja del alimento que se sirve en porciones. Ej: lemon pie, arrollado de roquefort y tomate.

viernes, 18 de abril de 2008

La salamandra de bronce

Anoche por fin me dí cuenta a qué época me remitía el olor a humo.
Me hace acordar a algunas noches invernales de mi infancia, en las que nos calentábamos con una salamandra antigua a leña, y se ve que a veces largaba humo. Quiero pensar que no era toda la noche, si no mis viejos estuvieron muy flojos con el tema del tiraje de la estufa. Supongo que era cuando se apagaba: se acababa el efecto vacío que se hace cuando está prendida (el fuego absorbe aire por abajo y se va el humo por el tiraje de la chimenea), y se escapaba un poco de humo.
La idea era dormirse antes de que se apague, porque si no te dabas cuenta del frío que hacía. Era hermoso el resplandor cálido de sus ventanitas en el cuarto, oscuro de noche. Nuestra habitación la había construído mi papá con un poco de ayuda, y era de ciprés, muy cálida y natural. Las paredes tenían dibujos veteados en la claridad de las tablas, en los que era entretenido (o no tanto cuando daban miedo) encontrar formas.
Un tiempo después de que mis papás se separaran le vendieron la casa a un hombre cuyo hijo iba a mi escuela. Qué feo fue ir a visitarlo una vez y ver, en el machimbre de ciprés, las marquitas con mi nombre marcando mi altura a través de los años. Esas marquitas no están más; las paredes tampoco, porque se les quemó la casa.
La salamandra era antigua, de la familia de mi mamá (como el moisés de bronce de un post anterior), y a mi me daba un poco de miedo porque tenía salamandritas feas en relieve sobre el metal.


Es parecida, aunque la nuestra era más linda y redondeada. Tenía el cajoncito abajo, donde van cayendo las cenizas. Además tiene la función de regulador del calor, porque mientras más abierto más oxígeno va a la combustión, y por ende quema más rápido y fuerte. Y la puertita de arriba es para agregar leña sin abrir la puerta principal, ya que a veces el fuego está muy cómodo apoyado sobre las ventanitas, mirando el paisaje.
Era gracioso cuando alguno decía "alimentá la salamandra".
Teníamos en la habitación nuestra propia mascota metálica y cálida.
No sé dónde estará ahora. A veces pienso que es mejor que nuestras cosas se hayan ido repartiendo, perdiendo y pudriendo a la intemperie, después de tanto tiempo y separaciones y distintas casas. Porque quedaron en nuestra memoria más valiosas, vívidas e intactas en su pureza de recuerdo que si las pudiéramos ver ahora.

domingo, 13 de abril de 2008

Mucho pensar

Ayer pensaba lo atrapante que me resultaba el blog de una chica que relata sus aventuras amorosas de una forma cínica, un poco depresiva, superficial y algo autodestructiva.
Y me acordé del blog que abrí una vez para contar mis desvaríos emocionales, pero que quedó por ahí en el olvido (iba a poner un link, pero lo releí y no puedo... el que tenga curiosidad puede pedirlo, tiene 5 o 6 posts).
Y pensé si para escribir bien había que ser cínica, depresiva, y/o autodestructiva.
Y me pregunté si había perdido cierto enfoque en este blog, ahora que soy empalagante y con puros "mi bebé es hermoso".

Y si pensaban que esto lleva a algún lado, están equivocados.
Ah, Casiel es hermoso:



Ya que el post no tiene forma alguna, va un agregado:

Después de que el parto me haya dolido como no imaginé que podía doler algo, y de quedar "rota" y hasta llorar para ir al baño, pensé que no sabía si iba a querer/poder tener otro hijo. En realidad, era más tirando a un NO. Pero ese pensamiento duró muy poco.
Ahora, no me engaño ni a mí misma. Cuando me preguntan si Casiel es mi único hijo, les digo "sí, el primero".

sábado, 12 de abril de 2008

Nada que ver con él o nosotros, mucho que ver con mi boludez

Es sábado a la noche, Pablo está en una fiesta familiar a la que no fui, y me acabo de dar cuenta, al ir a ver a Casiel a su cuarto mientras se desagota el lavarropas y leo en el comedor, que me gustaría ser madre soltera. O que sería una buena madre soltera.
También lo sentí el día en el que un contacto del messenger (un colega blogger) me habló por error después de mucho tiempo y terminamos manteniendo una agradable conversación, y en esa charla me dijo que había seguido mi embarazo por mis fotos del msn, y que no sabía por qué pero me imaginaba madre soltera. Y yo ahí sentí como que me perdía de algo por no serlo.
Es un sentimiento pasajero y no voy a darle más que un par de vueltas al asunto, pero ¿será como cuando de chiquita quería quebrarme para tener un yeso? ¿O como cuando los regalos de navidad de los otros chicos son siempre mejores, y en vez de disfrutar el tuyo mirás de reojo la felicidad de los demás?
¿O será que estoy aburrida, nomás?

No digo que ser madre sola sea una tragedia ni mucho menos (justamente en este momento pienso lo contrario), pero... si tengo algo tan lindo, ¿por qué me sale esto de "añorar" otra cosa? Como si la vida fuese un juego y yo quería ser la mamá soltera.
Qué pelotuda que soy.
¿Será de enferma posesiva?
Desde hace dos o tres horas (con interrupciones amamantísticas y de lavado de ropa y platos) que estoy leyendo un blog bastante cínico, creo que me influenció en mi tono.
Ya va a volver Margot tierna.

Y esto no tiene nada que ver con mi marido, al que amo (comentario culposo por pensamientos ridículos).

Tenía un post más presentable recién publicado, y vengo a sacarle protagonismo con esta pelotudez...

Círculo vicioso y fuerza centrífuga

Resulta que no tengo energía
Y si no tengo energía no me cocino.
Y si no como bien no tengo energía.
Qué mal, ¿no?

Lo loco es que para Casiel sí saco energía de donde sea. Esto de convertirse en supermamá llena de amor y que no haya kriptonita es buenísimo.
Supongo entonces que esto se va a solucionar cuando le haga sus papillas y sopas sanísimas y me coma lo que sobre.

Definición del día: Una persona es muy despistada cuando varias veces por semana se queda agarrando el centrifugador después de girar la manijita que lo arranca, pensando "¡qué bien que acomodé la ropa, va perfecto!", para darse cuenta después de un ratito de que no estaba enchufado.

martes, 1 de abril de 2008

Dale que yo posteaba algo?

El departamento donde vivo es contrafrente, pero por suerte no hay otros edificios atrás del mío en esta manzana que me saquen luz, paisaje, aire.

Atrás (abajo) arreglan los subtes, y también hay una escuela.
Siempre escucho a los adorables niños (cómo odié la moda de cantar "foooto... foto, foto, foto. Foooto... foto, foto, foto"), pero lo peor son los maestros y maestras.

Acabo de escuchar a una gritar "por culpa de Federico los varones se quedaron sin recreo".

1) Dejate de joder.
2) ¡Los Federicos siempre son terremotos!
3) ¿Por qué esa división sexista?
4) Pobre Federico! Si leen en los diarios que lincharon a un nene en una primaria, fíjense si no es Federico.

Si no era porque tenía a Casiel en brazos y porque las cosas no están muy bien con mis vecinos, le gritaba algo por la ventana (iba a gritarle Nazi, pero no sé si aplica).

viernes, 15 de febrero de 2008

No soy más pelotuda porque no puedo

Ahora, ahora que tengo un hijo y que sé que me vuelvo a El Bolsón probablemente en un año, AHORA, se me ocurre que estudiar Letras no debería ser tan traumático, que no es para tanto, que podría hacerlo y muy bien.

Para mí que es porque todo esto me cambió, y por lo tanto se fueron muchos fantasmas.

Pero... ¿y ahora qué hago?

Es triste. Me siento una tarada que desperdició siete años en Buenos Aires, viviendo a cuatro cuadras de Puán, y se va sin título (bah, sin una materia rendida). Hice otras cosas, pero ahora que siento que puedo eso, que tanto quería y me gustaba... me voy.

Es frustrante.

¡TARADA!!!

martes, 5 de febrero de 2008

El rincón de Casiel

Una cajonera que tengo desde mi adolescencia, de esas de pino que se venden por cajón, que pinté para él. Compramos barnices al agua, y la pinté. Como base, color maíz. Y con unas hojitas de arce (o algún primo) que me traje de Estados Unidos (tengo hojitas en muchos libros, de muchos sitios y momentos; unas lindas son las que tengo en cada uno de los libros que me regaló Flor, que vinieron con esa sorpresa), hice un sténcil y la cajonera se convirtió en un otoño celeste.

El moisés real. Me mandaron de El Bolsón un moisés de bronce con pie que está en la familia desde que nació mi abuelo materno. Se lo compraron a él, y después lo usó su hermana, y la siguiente generación: mi mamá y sus hermanas. También lo usé yo, y algunos de mis hermanos y primos. Y ahora, le toca a Casiel. Es como de príncipe, con un tul protegiéndolo, que está sostenido por un caño de bronce que se eleva terminando en una espiral. Unos días antes del parto, Pablo lo lustró: dijo mi mamá que la tradición es que lo lustren los papás. Creo que la inventó (nosotros contentos, de todas formas).

También está mi enemigo Pooh que lo acepté porque muchos productos para bebés vienen con esos motivos (y encima... verdes! puaj). De Pooh tengo un par de organizadores de tela y plástico.

Y tengo dos carteles que dicen "Casiel". Uno es de madera, que lo compró mi gran amiga Ju y su familia en la feria de El Bolsón, y tiene un trencito. El otro tiene las letras en relieve sobre madera, y le cuelga un conejito de tela recostado sobre una luna celeste.

Juguetes, por ahora no hay. Tengo que lavarlos y ponerlos en alguno de los organizadores Poohnianos.
Los mejores juguetes, de todas formas, no los lavo, y son para más adelante: son juguetes de madera que le trajo el abuelo paterno, hechos por él. "Gepetto" es su nombre artístico (y yo que llamaba así al viejo del puesto de enfrente, antes de conocerlo a Pablo... ahora no uso más ese sobrenombre). Están hechos con maderas de allá, y barnizados con tintura de propóleo, así que son totalmente inocuos, y además educativos porque se pueden desarmar (y posteriormente armar, por supuesto, si no no serían educativos, serían depresivos). Hay una caja que se llama "armatoste", que está llena de piezas para armar estructuras y encastrar, tiene hasta pequeñas roldanas.
También un camión con cara (se le puede cambiar la expresión), que lleva vaquitas (como la canción de Atahualpa -versión Divididos- que le canta Pablo a Casiel para relajarlo), y dos muñecos/marionetas, de los cuales uno es Pinocho.

Me dan ganas de postear fotos del rincón de Casiel o de los juguetes, pero prefiero describirlos. Lo que no puedo describir es la belleza de mi hijo, así que pongo su foto a continuación:


lunes, 14 de enero de 2008

Maravillas

Estuve 14 días sin salir de mi casa.
Estuve 2 semanas descalza.
Viví la experiencia más fuerte, hermosa, importante, luminosa y transformadora de mi vida.
Y fue, con nuestra fuerza, de la mejor forma posible.

Casiel nació, en casa, en medio del gran amor mío y de Pablo.

Estuve 14 días sin salir de mi casa.
Estuve 2 semanas descalza.
Descalza y salvaje, de cuerpo y alma.
Conociendo a mi nuevo amor, y sintiendo y maravillándome frente a cómo crece lo que siento por él.


martes, 27 de noviembre de 2007

Casiel

Hace muchos años ví una película hermosa y perfecta (una obra de arte), y escuché un nombre que me pareció bello y especial, y siempre guardé cerquita mío.

La peli es de Wim Wenders y se llama Der Himmel über Berlin (Cielo sobre Berlín, Wings of desire o Las alas del deseo). El nombre es "Cassiel". Me enamoré de ese nombre, de esos sonidos. Y también de Damiel y Cassiel, dos ángeles (o arcángeles, no sé la diferencia) de las películas. Porque hay otra, también hermosamente hechizante: In weiter Ferne, so nah! (Far Away, So Close, ¡Tan lejos, tan cerca!), que hizo 6 años después.

Ví las pelis de nuevo hace unos meses, con esta luna llena que tengo en la panza, como dice Flor.
Y la noche que siguió a la tarde en que nos enteramos que el bebé era varón, le conté a Pablo con un poco de miedo sobre cierto nombre que era muy especial para mí. Y él, como yo, se enamoró automáticamente del nombre. Y después de repetir esos sonidos en la penumbra y hacerlos suyos y del aire, empezó a hablarle al bebé y a decirle Casiel, mientras yo me desdoblaba de emoción.

La gente pregunta "¿qué quiere decir?"; "¿qué origen tiene?"; "¿qué significa?" (bueno, y ni hablar de comentarios negativos o preocupados, que sabemos "comprender" pero también ignorar). No se lo pusimos por ninguna de esas razones (¿alguien lo hace por esas razones?).
Es mucho más simple que eso, como todo lo puro y hermoso.

Es un nombre bello y es el nombre de nuestro hijo; lo supimos los dos apenas lo escuchamos por primera vez. Yo hace años, viendo una película, y Pablo hace unos meses, de mis labios emocionados.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Fluyendo

Y así fue

que la ciudad nuevamente se vistió de violeta
y yo me entrelazé con hebras de sol
y mi cuerpo y yo nos enamoramos sorpresivamente
para crear, para dar y para cuidar.