viernes, octubre 29

Modalidades de una caminante

Hecho callejero: la gente que lee los labios o tiene un oído muy agudo debe pensar que tengo síndrome de Tourette, porque cuando voy por la calle muchas veces voy puteando bajito. "Vieja de mierda", "pelotuda, correte un poco", "no ves que vengo caminando, retrasada?" o un simple "hijos de puta, córranse" acompañan mi camino.
¿No existo? ¿Por qué la gente no se corre cuando voy caminando? ¿Es que tengo cara de pelotuda? ¿Saben que me voy a correr? ¿Cómo? ¿Es que ya me ven haciendo zig-zag por ir más rápido que los que van en el mismo sentido que yo?. A veces pienso en ir estilo Terminator y no moverme ni un centímetro de mi camino. Es que también soy un poco pendenciera cuando estoy así. Miro las baldosas del piso y sigo recto, que se muevan los demás, que son tres y yo soy sólo una, unita.

A veces voy con la autoestima baja por la calle, que se podría relacionar directamente con lo que acabo de detallar, ya que seguramente me hago chiquitita y la gente ni me nota. Esas veces me desestructura un "que hermosa que sos!" dicho por otro transeúnte. Hoy me dí cuenta de que cuando me dicen un piropo, me miro en la primer vidriera que encuentro (y en la siguiente, y en la siguiente). Como queriendo comprobar si es verdad esta gansada que me dice el chabón. Como queriendo ver "tengo puesta mi cara?" o chequeando "se me escapó una teta?" y tratando de buscar lo que vio el piropeador.

Los días que voy enojada también suelen darme sorpresas, como cuando voy con la boca como haciendo pucherito, fruncida, pensando, seguramente haciéndome mala sangre. La cara es de enojada, pero me pasó un par de veces que me dijeron "qué boquita hermosa que tenés", y ahí fue inevitable reirme, porque lo que menos me esperaba con la cara de orto que tenía, es que me la halaguen y le encuentren un lado sexy oculto. Será verdad eso de "sos más linda cuando te enojás?". Lo dudo mucho, yo me asustaría si me viese enojada.

Pero también a veces estoy en modalidad tierna, como hoy cuando escuché a una viejita que le decía al perro "nos teníamos que traer el paraguas nosotros". La conclusión típica de que el animalito debe ser su compañero y soporte frente a la soledad no me despertó lástima ni un sentimiento de cotidianeidad aceptada, sino ternura.
También el viejito que el otro día me preguntó en la puerta del edificio "se puede entrar? porque no tengo la llave preparada", y mientras entrábamos me dice "voy al séptimo", y la señora que limpia, otra en la tercera edad, me dice "mirá la compañía con la que vas, eh, no sabés...!". Y el viejito sonreía y se erguía cada vez más. Todo era muy tierno, pero alcanzó su punto cúlmine cuando, ya en el ascensor, me dice "es que es raro que alguien quiera entrar atrás tuyo, no se sabe nunca, hoy en día..." y le dije "pero tiene cara de bueno", con cara de "abuelo, te adoro", y el señor se rió tímida pero orgullosamente, una carcajada hermosa, que parecía la de un pre-adolescente halagado.

Otras modalidades de mi andar no las detallaré porque están ausentes desde hace un tiempo, como la de caminante que conquista el mundo a cada paso, la de optimista, la jocosa, o la de observadora y creadora de historias.

2 comentarios:

alkerme dijo...

Hola desde Tenerife!
He descubierto tu blog, ya sabes, cosas del destino y de la red, claro, solamente he podido leer "modalidades de una caminante" debido a la búsqueda que realizaba en google. Me ha encantado. Estoy en esa época en la que hablo sola, miro al suelo y todo me parece criticable y cuestionable. Es un horror!
Desde que pueda te seguiré leyendo y escribiendo, un beso.

Margot/Cecilia dijo...

alkerme: Yo ahora con el cochecito de mi bebé soy peligrosísima, y hablo con él o puteo a los que paran en las bajaditas de cordón o a los conductores que paran en las franjas peatonales.
Yo también te leí, y puse tu blog en favoritos para seguir leyendo.

Saludos!