jueves, diciembre 21

¿Por qué duele?

¿Vieron cómo se pone Marty McFly en Back to The Future, cuando le dicen "gallina"?

Bueno, así me pongo cuando me dicen estructurada.

Es raro.

Bah, es para pensar.

domingo, diciembre 17

Tormenta

La tormenta de anoche nos agarró en la calle. Pablo y yo ya estabamos a cinco cuadras de casa cuando se largó fuerte fuerte. Fuerte. Nunca había visto algo así. Volaban los pedazos de árboles, y el ventarrón de verdad metía miedo. Esas cinco cuadras se hicieron eternas, y a mí me daba miedo avanzar pero también quedarme refugiada en alguna puerta (sentía que en cualquier momento se volaba algún cartel de un negocio y nos estampaba).
Entonces preparamos la caballería: Pablo con el paraguas adelante de su cuerpo, aferrado con las dos manos, y la mochila en su pecho, con mi bolso, y en su poder también las ramas de la planta de mi abuela en una bolsita (pobres ramas, pasaron de estar bajo el naranjo, en paz, a estar en el medio de una tormenta, envueltas en una bolsa. Ahora por suerte están tranquilas en agua, para que saquen raíz y las plante). Yo atrás de Pablo, aferrada de su camisa, y así los dos corriendo a luchar la tormenta (obviamente, el viento estaba en contra). En las bocacalles me hacía caballito, porque eran ríos y yo tenía ojotas. En un momento de la corrida perdí la ojota, pero la pude rescatar.
En realidad el agua, el miedo y la lucha nos revitalizó. Era una sensación linda.
Media cuadra antes de casa, le dije "pará", y nos dimos un beso romántico bajo la lluvia, que dolía en la cara, y el viento, que daba vuelta el paraguas de mi abuela. Empapados.

Pero empapados de verdad.

Fue como nadar contra las olas por cinco cuadras.
Así entramos al edificio, sintiéndonos por fin al resguardo del clima tan impresionante, y dejando un camino como de babosa acuática atrás nuestro.

Hoy salí y el panorama era un poco triste. Todo gris, todo dormido de domingo, pero también dormido como después de una tormenta devastadora. En el suelo: ramas de árboles, plásticos de todo tipo y tamaño, botellas, mucha tierra y arena, piedras, carteles...

La verdad, fue impresionante.

Conversaciones con el fumigador

Estaba en mi tercera o cuarta hora de sueño, un sábado a las 9 a.m., cuando me tocan el timbre. Era el fumigador. Me puse un pantalón y una remera, le abrí semi-dormida, y cuando el tipo ya estaba en la cocina, tuvo lugar este diálogo (esta es mi versión del diálogo):

Fumigador: ¿Tenés menos?
Margot: Sí
F: Que no se acerquen acá.
M: ...
F: ...
M: ¿Cómo?
F: Que si tenés nenes que no se acerquen acá.
M: Ah, no, yo entendí si tenés "menos"; como hace 2 meses tuve cucarachitas...
F: ...
M: ...
F: ¿Cómo?
M: Que hace dos meses tuve cucarachitas.
F: Ah, yo pensé que hace dos meses había tenido una nena.
M: No, no, cucarachas.
F: ¿Baño?
M: Por acá.

viernes, diciembre 15

Ojos y cola

Ayer fui a una clase de baile con mi Pablo. En un momento yo estaba bailando adelante de él, y la profesora le dice "la vista al frente".
Él le dice "estaba mirando su postura...".
Y los tres nos reimos, y ella le dice "no, sabés que no. Pero dejame, yo con algo me tengo que reir!".

Yo estaba con pollera, y Pablo me bajó del colectivo como siempre: bajando él primero y después abrazándome en la parte superior de las piernas y llevándome hasta la vereda. Bueno, en este caso cuando me bajó, la pollera quedó toda levantada, y le mostró mi bombacha blanca con un signo de stop a toda Primera Junta.

Pablo se da cuenta cuando me miran por la calle. Casi todas las veces, y hasta más que yo en ocasiones. Es graciosa su actitud. A veces se calienta y los mira mal, pero a veces hace otras cosas, como abrazarme, agarrarme la cola, besarme. Yo le digo, cuando lo hace: "¡pero así el tipo si es un pajero se calienta más!", y me dice "bueno, pero sos mía".
Era territorial la cosa.

Chau mousses (y colectivos), hola teléfonos (y más tiempo)

Chau pastelería. Al final los tipos no cambiaron; me daban vueltas con los pagos, y cosas así que solían hacer, como hacerme nadar en la incertidumbre, lo que mata mis nervios. Hasta cuando preguntaba las cosas claramente (como mis funciones en determinado evento), después me las cambiaban.
Bueno, la cosa es que dejé ese proyecto aunque yo iba a estar a cargo e iba a ser muy interesante para mi carrera. Ahora tengo otras prioridades, como por ejemplo mi salud, tanto mental como física.

Ayer tuve una entrevista a cuatro cuadras de mi casa, en un lugar que ví cómo se fue costruyendo. Mandé mi CV por mail y me llamaron en seguida.
El tema es que el domingo me había salido algo en el ojo, una especie de granito cerca del lagrimal, que con los días se desarrolló en una marca roja e hinchada abajo del ojo, como si me hubieran pegado. La gente me miraba raro. El portero de nuestro edificio lo miraba raro a Pablo.
Estaba muy nerviosa por ir a esa entrevista con el ojo así, porque para colmo el lugar es una clínica estética, y el trabajo es para recepcionista, entonces desde la noche anterior me hice compresas con saquitos de té verde.
Para ir a la entrevista me hice unas compresas más y me maquillé. Pablo me decía que no me apure, que desayune, porque llegaba a tiempo. Yo insistía en que no. Cuando vio el proceso que era maquillarme ese ojo, entendió. Terrible revoque me hice.
El ojo quedó hinchado, pero sin el color del "golpe". Y fui con anteojos, para disimular más.
Estaba en la sala de espera de la clínica, y me miré las manos: tenía las uñas amarillas! me habían quedado así por agarrar los saquitos de té.
¡Me sentía un desastre! Pero me daba risa... la recepcionista de una clínica estética, toda deforme.
De todas formas el tipo me dijo que quería que quede yo, que probablemente me llamaban hoy, para que empiece el lunes.
Nunca fui recepcionista, veremos qué onda.