lunes, mayo 30

Irrelevancias cotidianas de la última semana

- La semana pasada mi hermana perdió sus llaves, que estaban en un llavero mío. En el llavero, que era un destapador de cerveza ya roto hace años, se leía "Don't say I'm a bitch like it's a bad thing". ¿Será la señal del cierre de una etapa, o será que mi hermana es colgada y nada más? Lo peor es que dice que las perdió adentro de la casa. Imaginen el descontrol.

- Antes de ayer, en una pausa de libros y apuntes, se me ocurrió abrir el diccionario en cualquier página y poner el dedo sin mirar, encontrando la palabra que me defina en este momento de mi vida.
La palabra fue "¡najencia!". Que haya sido una exclamación, y no una palabra un poco más común, ya indica algo. Me define un grito. Y un grito desconocido.
Quiere decir: "Exclamación de germanía algo usada en el lenguaje achulado o informal para echar a alguien de un sitio".
La frase quiero huir de mí sigue marcando mis días, y no sólo eso, sino que hasta el diccionario me echa.

- Anoche mi hermana hizo una observación sobre algo que contradice cualquier pensamiento inductivo al respecto. Dijo que yo me cambio de ropa enfrente de ella, me cambio enfrente de "mi chico", pero no me cambio enfrente de los dos. Wow... interesante, ¿no?

- Hace cuatro días me desperté a las 7 A.M. con fiebre. Dije "soy hebras de luz distribuidas como una pista de autitos" (me refería a los scalextric). Eso sí que es delirar.

- El viernes, mi hermana y yo llevamos 10 envases de cerveza al supermercado para que nos devuelvan la plata que habíamos pagado por ellos (obviamente con los correspondientes tickets de compra y a cambio de otros productos. Se acabaron las épocas en que comía gracias a los envases de cerveza). Ella estaba poniéndolos en la máquina, base primero, acostados, cuando empieza a hacer sonidos que indican que le está pasando algo desagradable. Suelta el envase que acababa de poner en la máquina, baja el brazo, y de adentro de su campera empieza a caer un arroyito de cerveza. Era interminable. Fue muy gracioso, y obviamente la sección que visitamos después fue la de desodorantes, porque olía como Courtney Love a las cinco y media de la mañana.

- En algún momento del fin de semana, mi blog superó las 10.000 visitas. No estuve atenta, no sé quién habrá sido el/la visitante afortunado/a, así que se quedó sin el viaje la Patagonia gratis.

- En el feriado de la semana pasada me grabé un disco con los tangos que cito en el post anterior, en el orden en el que los nombro, como para representar bien el camino que formaron esas palabras que enmarcaban mis pensamientos y mis sentimientos. Lo escucho a la noche antes de dormirme, y en el colectivo. Así que si alguien se sube a un colectivo y ve a una chica de pelo lacio largo con un discman haciendo pucheritos, soy yo.

- El martes cada vez que entraba al cuarto me sentía un Jedi o la nenita de Monsters Inc. El foquito anda mal (no sé si está falseada la rosca, algo así), y a veces hay que pegarle o moverlo porque se apaga de la nada. Ese día, cada vez que entraba al cuarto, cambiaba la intensidad de la luz. Amagaba a apagarse pero enseguida volvía a la normalidad. Y no es que yo hacía viento cuando entraba. Yo sé que estamos hechos de energía, pero me cagaba toda cada vez que entraba al cuarto y el foquito notaba mi presencia. ¿Será que él también me echaba? (¿O será verdad que soy hebras de luz?)

- Hoy conseguí trabajo. Mañana empiezo, pero ya hablaré de eso en otro post. Además en este momento es muy relevante, así que no va acá.

miércoles, mayo 18

Anoche

Dormías en el cuarto. Me puse tu campera, sin saber por qué. Respiré tu olor, que es como mío. Aspiraba, llenándome los pulmones de vos y tratando de completar tu espacio adentro de la campera.
Sabía que te ibas. No sabía cuándo y menos sabía cómo.
Odio mis premoniciones, ¿sabés?
Ahora estoy envuelta en tu campera de nuevo. Hace unas horas le decía a Spinetta en un sueño que mi niñez, mi vejez y mi madurez están plegadas en una misma unidad que es mi presente, y que eso se ve en mis ojos honestos, mi expresión melancólica y mi sonrisa perenne.
Tal vez no debería pensar tanto en mí, o soñar conmigo. Pero todo es , aunque piense en cualquier otra cosa. Como en vos, durmiendo en mi cama.
Siempre sola. Las personas me distraen de ese sentimiento con el que miro al mundo, que está bañado de cierto halo tragédico frente a la magnificencia y al mismo tiempo banalidad de las cosas. Creo que es esa la clave de mi anhelo de soledad. Dicen que lo que nos hace humanos es relacionarnos y realmente llegar a otras personas. Lo acepto. Pero no puedo evitar querer estar sola para sentir las cosas con esa luz tenue y cálida que se crea a mi alrededor cuando nada me distrae y puedo sentir, pensar, recordar e imaginar tranquila. Como ahora, envuelta en tu campera.
Soy como una bolsa de arpillera llena de mierda, repartiéndola por donde voy. No sé a quién le escuché esa frase, creo que a mi viejo, o tal vez es una adaptación libre de cualquier otra cosa. Sé que no soy mala, ni siquiera hago cosas teñidas de maldad. Pero últimamente siento una profunda atracción hacia temas como Quiero huir de mí (todo el dolor regado por el mundo / parece que se adhiere en mi caida... / Y vivo en un abismo tan profundo, / lejos de lo mundano de la vida). No me siento más como un fantasma. Asumo mi corporalidad, asumo mi presencia, y la rechazo. Alguien me dijo una vez que frente a las apariciones hay gente que reacciona naturalmente: es más, lo hacen con cierta paz y felicidad. Pero que también hay gente que se espanta, personas a los que un hálito frío les recorre el cuerpo y no entienden nada (son mil fantasmas, al volver / burlándose de mí, / las horas de ese muerto ayer...). Creo que se puede comparar con el estoicismo frente a la vida. Hay gente que toma las desgracias como algo natural, el yang del yin, y hay gente que se congela, que pierde un poco de vida en cada infortunio. Después hay gente como yo, que, sin demasiadas desgracias, igual se siente así (dan ganas de balearse en un rincón).
Me siento como una escultura de arcilla condenada a estar eternamente fresca. Marcada por gente, dedos, golpes. Con la textura de la vida marcada en la piel. No sé por qué te cuento esto a vos. A vos no te lo cuento, no se lo cuento a nadie. Además, ¿qué me podés decir? (tú compras el carmín / y el pote de rubor / que tiembla en tus mejillas, / y ojeras con verdín / para llenar de amor / tu máscara de arcilla. / Tú, / que tímida y fatal / te arreglas el dolor / después de sollozar). No, no te hablo a vos. Para hablarte a vos tendría que hablar de vos y de mí. Pero queda sólo silencio, como cuando ya no sé qué decirte y te habla mi panza con sus ruidos nerviosos.
“Vos no te podés quejar”, me digo. “La vida no te trata mal”. Pero no, no se mide todo en lo exterior. También se mide adentro, en las partes que se te atrofiaron, las que se pudrieron, las que te olvidaste, las que te inventaste, las que te robaste, las que te forzaron a poner.
La noche me seduce, sacándose de a poco las capas de su cómplice vestimenta, mientras yo me interno en mis pensamientos aferrada a esta prenda tuya (en esta noche tan fría y tan mía / pensando siempre en lo mismo me abismo).
Los libros me miran y se ríen. Ellos son ahora un misterio hermético para mí; los colecciono, los huelo, los apilo, los quiero, los espío. Pero no puedo, no me siento capaz de leerlos, de acercarme (ríe siempre, milonguera, bullanguera, casquivana, / para qué quieres amargar tu vida / pensando en esas cosas que no pueden ser. / Corre un velo a tu pasado, sé milonga, sé mundana). Yo no quiero que la literatura sea algo así en mi vida, algo que nunca pude lograr y me acompañe para siempre (contame tu condena, / decime tu fracaso, / ¿no ves la pena que me ha herido?), pero lo siento imposible, cada vez más lejano.
Vos sabés que no puedo dormirme escuchando tango porque mi corazón se acelera, no al ritmo de la música, sino al ritmo de las palabras que transmiten desesperación, tristeza, decepciones, desencuentros. Así como este piso es un excelente conductor del sonido, yo soy la portadora ideal de esos sentimientos, y soy como un imán para ellos (late un corazón, / déjalo latir... / Miente mi soñar, / déjame mentir...). La gente. La gente me decepciona, yo los decepciono, yo me decepciono entre ellos. Es todo un engaño, una inercia, alejándonos de la verdad de cada uno, con algunos acercamientos cada vez más espaciados (dentro de mí mismo me he perdido, / ciego de llorar una ilusión). En un momento escribí que nunca voy a alcanzar el barco que me lleva, pero que estoy segura de que me estoy acercando. Hoy no sé si me estoy acercando, alejando, o es un ida y vuelta constante a la simpleza, las esencias, el contacto verdadero. Definitivamente se siente como un alejamiento, así como la escultura de arcilla va perdiendo su forma original (sé que fue todo de barro, / de barro mi vida, / de barro mi amor).
¿Será éste el momento en el que, colgando de un ventanal al infinito, los dedos de la única mano que me sostiene se están cansando, y dudan que alguna vez haya existido la seguridad, a punto de entregarse —entregarme— a la caída por entero? (¡Ya sé, no me digás! ¡Tenés razón! / La vida es una herida absurda).
No sé si estoy sola. Con tu campera como sudario, me duermo. Cierro los ojos, lejos tuyo, lejos de todos, pero cerca.
Cerca.

lunes, mayo 9

Últimamente

Ella sólo puede pensar en una cosa.

Entonces decide poner a prueba sus habilidades expresivas. ¿Podría enfrascar con palabras cualquier cosa, logrando una tensión lo suficientemente armónica como para tener sentido en conjunto?
Con la libreta en una mano y la tinta verde secándose lejos del papel, ella prefiere reposar su cabeza en la almohada, cerrar los ojos, sentir el calor del velador recorriendo su rostro, y seguir pensando.

Para luego apagar la luz y esperar en sus sueños.

Pero allí no aparece.

miércoles, mayo 4

Pasan los años...

Y se siente cada vez más cómo la truculenta mano del devenir nos quita el aire con su fiebre frenética de hálitos vitales.
No más libertad total. Nunca la hubo, y siempre la hay, pero ahora ni siquiera se siente. Cada movida significativa parece ser tropezar sobre la primera ficha de una espiral de dominó que se cierra sobre sí misma, anulando todos los demás caminos posibles.
Todo tiene consecuencias, una estrella que brilla opaca y roba la vida a millones que quedan flotando en la ignorancia, como las respuestas a las preguntas que nadie va a hacer.
Damos vueltas sobre nosotros mismos, en cada giro (o elección) eclipsando o iluminándonos desde adentro, en ese juego de luces con la fatalidad que nos constituye como personas.
Y acá me encuentro en un ida y vuelta, subiendo y bajando esta escalera casi eterna, tan larga como las ilusiones que solía tener, aunque ahora sólo me dedique a correr, subiendo, bajando, reconociendo algunas texturas, salteando otras. Pero como gritó Enrique en la novela que estoy leyendo, nadie regresa, nunca, a ningún sitio.
El día que la mano se cierre del todo, se entenderá que no importa el dominó, no importan las espirales que tan macabras nos parecían, no importa el ida y vuelta.
Importa girar en la luz. Girar con gracia, girar dando manotazos en el vacío, girar torpemente, girar sintiendo toda la gravedad del aire que nos rodea. Volver, dejar, escapar, buscar, mirar. Mirar de verdad. Girando como sea pero festejando la propia luz.

Por supuesto que ya será demasiado tarde.

Cambio de trabajo

Los posts panadería se van a acabar, pero no porque tenga otros más interesanteas para poner, sino porque cambio de trabajo, si todo sale bien.

Antes de cerrar el tema panadería, quiero remarcar que es importante recordar que los pechos femeninos se caracterizan por ser protuberancias. Y es muy factible que los ocho cocineros que trabajan con vos en una panadería mientras decorás masitas, no te van a avisar que tenés dos manchas de chocolate redondas en esa parte del cuerpo. Y que lo más probable es que te avives recién cuando termines y bajes las masitas, cuando una compañera te dice que estás manchada, y recién ahí te des cuenta de que tenés las tetas bañadas en chocolate.