viernes, febrero 15

No soy más pelotuda porque no puedo

Ahora, ahora que tengo un hijo y que sé que me vuelvo a El Bolsón probablemente en un año, AHORA, se me ocurre que estudiar Letras no debería ser tan traumático, que no es para tanto, que podría hacerlo y muy bien.

Para mí que es porque todo esto me cambió, y por lo tanto se fueron muchos fantasmas.

Pero... ¿y ahora qué hago?

Es triste. Me siento una tarada que desperdició siete años en Buenos Aires, viviendo a cuatro cuadras de Puán, y se va sin título (bah, sin una materia rendida). Hice otras cosas, pero ahora que siento que puedo eso, que tanto quería y me gustaba... me voy.

Es frustrante.

¡TARADA!!!

martes, febrero 5

El rincón de Casiel

Una cajonera que tengo desde mi adolescencia, de esas de pino que se venden por cajón, que pinté para él. Compramos barnices al agua, y la pinté. Como base, color maíz. Y con unas hojitas de arce (o algún primo) que me traje de Estados Unidos (tengo hojitas en muchos libros, de muchos sitios y momentos; unas lindas son las que tengo en cada uno de los libros que me regaló Flor, que vinieron con esa sorpresa), hice un sténcil y la cajonera se convirtió en un otoño celeste.

El moisés real. Me mandaron de El Bolsón un moisés de bronce con pie que está en la familia desde que nació mi abuelo materno. Se lo compraron a él, y después lo usó su hermana, y la siguiente generación: mi mamá y sus hermanas. También lo usé yo, y algunos de mis hermanos y primos. Y ahora, le toca a Casiel. Es como de príncipe, con un tul protegiéndolo, que está sostenido por un caño de bronce que se eleva terminando en una espiral. Unos días antes del parto, Pablo lo lustró: dijo mi mamá que la tradición es que lo lustren los papás. Creo que la inventó (nosotros contentos, de todas formas).

También está mi enemigo Pooh que lo acepté porque muchos productos para bebés vienen con esos motivos (y encima... verdes! puaj). De Pooh tengo un par de organizadores de tela y plástico.

Y tengo dos carteles que dicen "Casiel". Uno es de madera, que lo compró mi gran amiga Ju y su familia en la feria de El Bolsón, y tiene un trencito. El otro tiene las letras en relieve sobre madera, y le cuelga un conejito de tela recostado sobre una luna celeste.

Juguetes, por ahora no hay. Tengo que lavarlos y ponerlos en alguno de los organizadores Poohnianos.
Los mejores juguetes, de todas formas, no los lavo, y son para más adelante: son juguetes de madera que le trajo el abuelo paterno, hechos por él. "Gepetto" es su nombre artístico (y yo que llamaba así al viejo del puesto de enfrente, antes de conocerlo a Pablo... ahora no uso más ese sobrenombre). Están hechos con maderas de allá, y barnizados con tintura de propóleo, así que son totalmente inocuos, y además educativos porque se pueden desarmar (y posteriormente armar, por supuesto, si no no serían educativos, serían depresivos). Hay una caja que se llama "armatoste", que está llena de piezas para armar estructuras y encastrar, tiene hasta pequeñas roldanas.
También un camión con cara (se le puede cambiar la expresión), que lleva vaquitas (como la canción de Atahualpa -versión Divididos- que le canta Pablo a Casiel para relajarlo), y dos muñecos/marionetas, de los cuales uno es Pinocho.

Me dan ganas de postear fotos del rincón de Casiel o de los juguetes, pero prefiero describirlos. Lo que no puedo describir es la belleza de mi hijo, así que pongo su foto a continuación: