lunes, diciembre 27

Todo porque hice una tarta de cerezas

Cuando era chiquita le daba mucha importancia a la muerte. Mía, de mis familiares, de los animales, de las plantas. Era la típica nenita que, cuando el maestro le pregunta qué tienen en común todos esos animales que está señalando en un afiche, en vez de decir mamíferos dice "todos mueren".
Un día le dije a mi papá que si se llegaba a morir nos teníamos que reunir en el tilo, árbol maravilloso donde pasaba varias de mis tardes. Ese quedó como el lugar de encuentro. Lástima que vendimos esa chacra; se va a complicar decirle al nuevo dueño "mire, tengo que encontrarme con mi papá en el tilo". Pero para eso falta mucho.
La primera vez que pensé que me estaba muriendo fue horrible. Estábamos en lo de un amigo de la familia, era su cumpleaños. Había mucha gente. Era verano, era de noche. El hombre tenía guindos en la plenitud de su producción, a lo cual no pude resistirme. Estaba abajo del rebosante árbol, saboreando las futas, cuando mi mamá me dice, muy seria: "tienen veneno, no las comas". Ahí lo miro al dueño y estaba enojadísimo porque le estaba comiendo sus guindas. Después de eso, siguieron con su reunión.
Yo me sentía como el rey Hamlet, al borde de la muerte, envenenada por mi gula. Estaba siendo castigada con la ignorancia por mi irrverencia. Me estaba muriendo y a nadie le importaba. Miraba a mis pares jugar, correr, gritar, y quería ser como ellos, tener la oportunidad de desconocer que me estaba muriendo.
Miraba a mis padres, riéndose, y luego al guindo asesino, para después mirar al cumpleañero y odiarlo por contaminar un árbol tan perfecto con veneno, castigando a los osados pecadores.
No sé cuánto duró mi agonía, pero era como una pesadilla, donde los propios familiares son tus asesinos, o cómplices de las fuerzas malignas, como cuando, en uno de mis sueños, llegaban los encapuchados a mi casa (que ya habían encadenado a mi hermana mayor a un árbol), y cuando yo gritaba "¡maaaami!", el encapuchado principal me decía "yo soy tu mamá".
Me sentí sola en el mundo, las personas que quería me dejaban a merced de mis actos. Yo comí las guindas envenenadas, yo debo morir. Yo estaba sola ante mi vida y mi muerte.
Hay un antes y un después de ese día. Es una bisagra forzada que divide a ese mundo de la autocompasión y la seguridad de una realidad ficticia basada en los demás, y la certeza de estar sola. SOLA.
Eso no quiere decir que no me interese cómo sigue mi tilo amigo, o que no quiera estar cerca de mis seres queridos, creando esa conexión que hace que todo sea mejor y que nos contacta más con la vida, aún cuando tu mamá a veces sea un demonio encapuchado.
La historia del guindo terminó cuando, ya demasiado angustiada (aunque debo reconocer que abracé el sentimiendo de muerte, y aún en la certeza de estar yéndome seguía con mi espíritu observador y nostálgico), fui y le dije a mi mamá: "mami, ¿me voy a morir?, comí muchas guindas", con carita de "¿no te importa?" y ella me dijo que no, y sólo después de que me lo haya asegurado mucho le creí, y me fui a jugar a la escondida-mancha con los demás chicos.

miércoles, diciembre 15

Ex(in)ibición

LLueve mucho y tengo miedo de que me venga a visitar otra rata.

En el lavadero hay un agujero, al lado del calefón, que es por donde entró la otra rata. Hay un caño que empieza en el piso y llega a la terraza. Se le inunda la casa a la rata, viene subiendo por el caño y qué encuentra en el cuarto piso? un agujero cuadrado grande como una asadera. Este sí que es el portal de las mascotas, pensará.

Hoy fui a tapar el agujero. Me subí a un banquito, contra la ventana, y empecé a luchar con un pedazo de cartón para que entre justo en la abertura (no tengo cinta ni nada de eso). De golpe empiezo a escuchar chiflidos. Claro, estaba en bombacha y musculosa. Eran los que arreglan los subtes atrás del edificio. Me sentí muy desnuda, me agaché y me fui hacia el interior de la casa, lejos de las ventanas.

No sé si me preocupa más el hecho de que ví que hay otro agujero, por donde sale el caño del calefón, que no sé cómo tapar porque los bestias de los gasistas rompieron el vidrio directamente, o todas las veces que habré estado en pelotas en mi casa, y que calculé mal la perspectiva de la visión de los de abajo.

martes, diciembre 7

Susurros perdidos

Soy miedosa. No me gusta ver películas de terror porque después a la noche me da miedo. El miedo irracional se acrecienta si estoy mal emocionalmente.
Ví una película de terror el sábado. Mala, pero con efectos que daban miedo (me matan los efectos que juegan con los movimientos humanos, como haciéndolos más rápidos o extraños).
Él se queda a dormir desde el sábado por mi miedo nocturno.
Entonces pasa lo siguiente, anoche:
Yo en la cama, él en el baño. Cuando sale, escucho que habla bajito. Empieza con mi nombre y después sigue. En total tres oraciones, las dos últimas como cantando. No entiendo lo que dice exactamente. Me habla a mí? Está cantando?
Entonces le digo “Qué?” y él “Cómo?”; “Qué?”; “Cómo?”; “QUÉ?”; “Yo no hablé”. Pero sí cantaste. "No". Hablabas bajito. "No". Pensabas en voz alta. "No". No abriste la boca?. "No".
Y ahí empezó mi terror: Te escuché desde que saliste hasta que te pregunté "qué". Era tu voz, bajita. Además dijo mi nombre!!! No me estás jodiendo, no? Y él me dice “No, ojalá”.
Entonces empecé a preguntarme si estaría loca, si es posible que me esté haciendo una broma, si él está loco y habla solo, si tengo poderes telepáticos o de alguna otra índole, si sería un vecino, pero no, no puede ser. Es la única explicación lógica pero nunca los escucho. Aparte es raro que haya hablado justo en ese lapso de tiempo y en ningún otro momento. Él me dice que estoy súper sensible por la peli, yo me enojo porque no me cree. Y cada vez que le digo “pero escuché una voz, y era la tuya, y dijo mi nombre!” me asusto más.
Y así fue como me quedé como estatua en la cama, tratando de dormir, y pidiéndole que aguante un poco antes de dormirse.
Yo con calor pero toda tapada, con los ojos como dos platos playos, y encima el ruido que hay a la noche que parece que estuviéramos adentro de un microondas. Es un zumbido insoportable, dice él que es de una fábrica que muele café cerca, pero suena a equipo electrógeno también, posiblemente de donde arreglan los subtes.
Una vez que me estoy durmiendo, él ronca y me despierta. Así varias veces. Después empiezo a calmarme, me destapo porque ya lo del microondas se sentía no sólo auditivamente, y él habla dormido. Pero qué dice? Qué elige decir en voz alta de todos los sueños y de cada línea que pronuncia en esos sueños? “No me respondiste”.
ME ESTÁS JODIENDO??? Otra vez miedo, otra vez pensando que está poseído, y tratando de ver qué quiere que le diga.
Igual me dormí, no soñé pesadillas, y ahora de día no tengo tanto miedo... pero sigue el misterio de la voz. Anoche tenía miedo de escucharla de nuevo. Esta noche me espera lo mismo.
Y al escribir esto me dan escalofríos y piel de gallina.

jueves, diciembre 2

In memory

Sucumbió la rata. Pero no de sucundún-sucundún, sino que murió.

pereció – finiquitó – no vive más - expiró – entregó el alma – falleció – estiró la pata – feneció – se fue para siempre – sonó – la espichó- exhaló su último suspiro – finó - dejó de existir – palmó - se extinguió – pasó a mejor vida – caducó – se fini – se fue a otro mundo – despichó - fué – se apagó - cayó redonda - cayó

Sí, porque cayó, pobre.
Todas las ratas van al cielo? Ah, cierto que no creés en el cielo, Ceci.

Al final medía 18 cm. su cuerpo (no 11) y su cola más todavía.

Cayó en la trampa del queso para rallar (tenía para elegir diferentes quesos y hasta salamín). Por suerte le había sacado la canasta de alimentos que había en el piso de mi cocina porque era de ahí que se alimentaba. Me había abierto 3 bolsas de pan rallado. Debería estar re constipada, pobre: vivir a pan rallado! Igual el queso no la iba a ayudar.
Anoche limpié todo cual Mónica de Friends y hoy termino de desinfectar la canasta de comida, tirando la mitad de las cosas, y ya habilito la cocina y puedo practicar para el examen de cocina del sábado. Marquise de chocolate a la naranja con masa de pionono y de alfajor marplatense voy a hacer hoy. Pero no tengo a quien convidarle. La extraño!!! Con quién leo a Woolf ahora?

La puso (yo ni la ví, no me iba a poder sacar la imagen de la cabeza) en una caja de zapatos, de guillerminas. La encintamos por afuera y la pusimos en una bolsa blanca a la que le escribí con marcador negro “rata muerta”. Y murió en el anonimato nomás. Ahora me doy cuenta de que ni siquiera le puse su nombre. Spider-rat culta. Al menos en este blog sigue presente y existiendo de alguna forma.


Update: También comía coco rallado (debería ser el postre). Y cayó en la trampa del queso para rallar. Era una rallada. O capaz, pobre, estaba en la tercera edad roedora, y sólo podía comer cosas ralladitas.

miércoles, diciembre 1

Roommate

La rata sigue en casa, cada vez con más confianza:



Lo hizo un amigo, el gran dibujante Cocoliso. Está genial.