sábado, junio 11

Nuevo trabajo

Les voy a hablar de mi nuevo trabajo. ¡Es lo más! Trabajo de pastelera, me encanta. Se me pasan volando las horas, estoy aprendiendo mucho, estoy feliz. No se imaginan las cosas ricas que hago.
Pero sigamos la rutina, y contemos sobre mis compañeros. El jefe, el pastelero, me encanta (aunque le tengo “miedo”), y ya me tomó, como suelen hacer, como la prolija, la organizada y, además de todo, su protegida (¡sólo después de 2 semanas! me siento como en la primaria cuando las maestras me amaban, salvo la de 4to. grado, pero eso es otra cosa. Y no, no soy oreja). El otro chico (son todas personas de mi edad a lo sumo, menos una) también me trata así. Hoy le dijo a una compañera, que había mojado el piso: “si se cae Ceci te cago a palos”. Y así fue que lo gastó y yo me puse colorada. Bueno, con éste compañero me quedo sola un cuarto del día, y nos llevamos bien. Después hay una mujer que es re camionera, es muy gracioso cómo es, es “la raulito”. También hay una chilena, que es una colgada, es pasante, y se manda cagadas todo el tiempo (es la que había mojado el piso, ya que se olvidó la canilla abierta, y el agua cayó también en una bolsa de 50 kg. de azúcar). Es un cago de risa. Todos la gastan a ella y ella gasta a todos. La otra pasante… ni fu ni fa.

También trabajé un par de días en la parte de restaurante, de Maitrê (pero ya fue). Lo que quería contar era que uno de los cocineros de ahí me preguntó… MI SIGNO, respondiendo al prototipo de empleada de panadería, como me dijo alguien al leer los posts sobre mi anterior trabajo (¿será empleada de panadería en sus tiempos libres?). Cuando le dije “capricornio”, dijo “¿ah, sos de las cabras que vienen a salvar al mundo?”. Ahí le comenté que en el horóscopo chino soy cabra (lo que me hace una cabra de capricornio, doblemente cabra, cabrona, cabrera). Se puso re contento. Estaba bueno trabajar ahí, por los compañeros y el lugar, pero no era lo mío, no sirvo para ser el centro de algo, la imagen, lo que conecta todo. Menos para un trabajo que me expone tanto (antisocial).

Una moza del restaurante era re chispita:

Mozachispa: Preguntan cada cosa… un tipo me preguntó recién si teníamos algo con gluten.
Yo: Jeje. Ah, tal vez era diabético, ¿los diabéticos no comen eso? Ah, no, comen sin gluten.
Mozachispa: Sí, es al revés. O tal vez era diabético y se quería suicidar.

En un ambiente así, formal y un poco estirado, fue muy gracioso.

Volviendo a la pastelería (feliz porque al otro trabajo lo odiaba, y cuando estaba decidida a decirle al dueño que no me sentía bien en el de maitrê (estaba mitad y mitad, haciendo los dos), el pastelero me dice que él prefiere que me quede ahí todos los días), les cuento que:

- Hoy hicimos la típica ronda de preguntar la edad, y de nuevo escuché el “no parecés ni ahí”, acompañado de algunas caras de miedo frente nuevo respeto encontrado al ver que soy mas grande (¡ridículos!).

- Soy la chica movimiento envolvente, y a no pensar mal: es una forma de mezclar que es delicada, con una técnica especial que no deja que la preparación se baje. Siempre “la prolija”, ¿vieron?

- Acá también hacen la típica broma de gritarte “¡nooooooooooo!” cuando estás haciendo algo, haciéndote creer que te mandaste una cagada tremenda.

- Ya me caí. Fue así: Estaba por hacer diez bizcochuelos en una súper batidora nueva que había llegado, y le voy a preguntar algo al pastelero, botellón de esencia de vainilla en mano. El piso estaba mojado, y en el medio de la cocina me caí de costado, revoleando el botellón, que por suerte era de plástico. Cuando me levanté fue hermoso ver al pastelero y al chico que hace las entregas contenerse la risa en un esfuerzo mortal al preguntarme si estaba bien. Me levanto, rodilla adolorida y agradecida de que no me pasó nada que implique algún tipo de atención porque mis piernas parecían las de un futbolista, pregunto lo que tenía que preguntar y me dirijo a la batidora nueva. Cuando estoy poniendo vainilla, siento algún tipo de descontrol alrededor mío, implicando mucho ruido. Uno de los batidores, que no se estaba usando, se había caído, desde la parte de arriba, adentro de la batidora en movimiento (en la que entran unos 40 litros o más, es grossa), previo rebotar en mi cabeza. Mucho quilombo, vuela el caño batidor mientras apago la batidora, viene el chico de las entregas y con la mejor cara de póker me dice “¿estás bien?”. Fue increíble que en un minuto y medio me pasen dos cosas, una de ellas muy riesgosa (bueno, y si me caía con una olla de almíbar a 120º C también era muy peligroso, pero no fue el caso). Ahora soy conocida como la catrasca, tiro algo y me gastan. Hoy se cayó la raulito al piso y se recagaron de risa. Ahí me reconocieron que se esforzaron mucho cuando me caí yo, porque no había suficiente confianza como para reírse.

- Ayer hubo una guerra de masa de brownies entre dos chicas. Fue entre la raulito y la chilena. En un momento se metió el chico con el que me quedo sola: él le agarraba las manos a la chilena mientras le ponía brownie en la cara, y la raulito la tenía agarrada con la mano izquierda de la nuca. Es impresionante lo grossa que es esa mina (y la chilena es mínima, usa talle XXS). Hay fotos y todo, estuvo espectacular. Lo peor es que después vino gente a ver la cocina, y ellas tenían todo el uniforme marrón.

Y así termino con el tema pastelería por ahora: el que llegó hasta acá se gana una minitorta. Cuando tenga más confianza como para llevármelas (ya me llevé alfajores de maicena), las entrego.

Ah, y si mis compañeros de trabajo llegan a este blog por alguna razón: por favor, raulito, no te enojes, en serio.

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