domingo, octubre 2

Todo el verano en un día

Un día de esos en los que mi edad era de una sola cifra, le pedí a mi papá que me dé un "cuento de grandes", porque estaba cansada de leer siempre lo mismo. Me dio un libro: "Remedio para Melancólicos", de Ray Bradbury. Estudié el índice, como sabiendo de antemano que estaba por vivir un momento que podía ser especial, y elegí un cuento cuyo título me llamó la atención.
Página 148. Ahí encontré a Margot (que me acompaña hasta hoy, como muchos sabrán) y algo más: encontré esa sensación de terminar un escrito, cerrar el libro, ponerlo sobre mi pecho y, mirando hacia adelante y a ningún lado, con dolor por lo que leí, con pena y ansiedad porque se acabó, sonreir por la calidad y cantidad de sensaciones que me producen unas pocas páginas.
Me marcó. Fue el primero y encajaba tan bien conmigo, con mi devoción por el sol (tan solo sea como instrumento de explicación e interpretación), con mi melancolía innata, con mi pena y mi sensación constante de ser incomprendida, de ver más allá (o ver las cosas distinto) que los demás y me excluyan por ello...
Hoy lo guardo como un tesoro. Y acá lo comparto con ustedes.
Está en el link nuevo de la columna de la izquierda (es el sol).

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