domingo, diciembre 17

Tormenta

La tormenta de anoche nos agarró en la calle. Pablo y yo ya estabamos a cinco cuadras de casa cuando se largó fuerte fuerte. Fuerte. Nunca había visto algo así. Volaban los pedazos de árboles, y el ventarrón de verdad metía miedo. Esas cinco cuadras se hicieron eternas, y a mí me daba miedo avanzar pero también quedarme refugiada en alguna puerta (sentía que en cualquier momento se volaba algún cartel de un negocio y nos estampaba).
Entonces preparamos la caballería: Pablo con el paraguas adelante de su cuerpo, aferrado con las dos manos, y la mochila en su pecho, con mi bolso, y en su poder también las ramas de la planta de mi abuela en una bolsita (pobres ramas, pasaron de estar bajo el naranjo, en paz, a estar en el medio de una tormenta, envueltas en una bolsa. Ahora por suerte están tranquilas en agua, para que saquen raíz y las plante). Yo atrás de Pablo, aferrada de su camisa, y así los dos corriendo a luchar la tormenta (obviamente, el viento estaba en contra). En las bocacalles me hacía caballito, porque eran ríos y yo tenía ojotas. En un momento de la corrida perdí la ojota, pero la pude rescatar.
En realidad el agua, el miedo y la lucha nos revitalizó. Era una sensación linda.
Media cuadra antes de casa, le dije "pará", y nos dimos un beso romántico bajo la lluvia, que dolía en la cara, y el viento, que daba vuelta el paraguas de mi abuela. Empapados.

Pero empapados de verdad.

Fue como nadar contra las olas por cinco cuadras.
Así entramos al edificio, sintiéndonos por fin al resguardo del clima tan impresionante, y dejando un camino como de babosa acuática atrás nuestro.

Hoy salí y el panorama era un poco triste. Todo gris, todo dormido de domingo, pero también dormido como después de una tormenta devastadora. En el suelo: ramas de árboles, plásticos de todo tipo y tamaño, botellas, mucha tierra y arena, piedras, carteles...

La verdad, fue impresionante.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola.
Gracias por tus hermosos acuarelados.
Ahora soy yo la que anda por acá, suerte que cada vez que vengo encuentro que no hay un último rayo de sol, siempre hay otro.

A mí la lluvia me agarró comiendo con mi novio y mejor amigo en una parrilla. Luego, queríamos ir a la casa de mi chico a ver una película e intentamos especular con eso de 'cuando pare un poquito' y nos salió más o menos porque nos mojamos bastante.
Y vimos la película, claro.

No puedo dejar de sentir un profundísimo amor por el agua.

Un abrazo enorme.

Cecilia/Margot dijo...

Hola, piscica :)
Yo también amo el agua, pero no tanto como Pablo. Juro que cambia al contacto con el agua, como si fuera un Gremlin.
Es jabalí de agua en el horóscopo chino, y piscis en el otro.

Muchas gracias por pasar!

Nosotros también especulamos, pero cuando nos dimos cuenta de que la especulación era si un cartel nos pegaba o no, decidimos avanzar (nadar) a casa.

Besos!!!

Margot/Ceci.