miércoles, junio 9

Get myself together

Alguna vez estuviste en una situación en la que sentís que no hay forma de salir?

En un momento así ella siente que ya nada es igual y no sabe qué hacer. Pero no tanto por cosas externas solamente sino por lo que las cosas externas generan en su interior. Cierta desesperación, una angustia irrefrenable. Sus huesos se sueldan entre ellos, pero su sangre corre escandalosamente por sus venas. Su mente está encerrada, no puede ver más allá de eso que tanto le afecta, y si trata de pensar en otras cosas igual están teñidas de lo mismo. Aunque estén encerrados, sus pensamientos no paran de danzar eléctricamente, y repiquetean en su interior como una lluvia de ácido sobre su piel.
Pero cuando se cuelan entre esas imágenes apocalípticas la cara de su hermanito, el olor a los manzanos de la casa de su infancia, la imagen de su papá tocando Edelweiss para ella en el piano, y después enseñándosela, o la de su mamá cuando le cocinaba galletitas, es ahí cuando una caricia tibia empieza a recorrer su cuerpo, ablanda las coyunturas de sus huesos, y empieza a brindarle una paz relativa que le permite al menos dormirse, para despertar un poco más tarde, ya relajada y un poco más cuerda. Para seguir adelante.

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