sábado, octubre 2

Negocios fraudulentos

Al vivir en una chacra, y tener imaginación, herman@s y vecin@s cercanos a mi edad, cuando era chica tenía muchas formas de divertirme. Lo que no tenía era formas de ganar dinero, y no me daban mucho porque... qué iba a hacer ahí con plata? hacerle ofrendas al ciprés gigante que había? Igual yo quería tener plata. Así que nos organizamos con mis vecinitas y mi hermano y decidimos poner nuestro propio negocio de perfumes.
Consistía en:

1) Robar frascos viejos de perfumes de la mamá de ellas y frasquitos de jarabe de nuestro papá, que no tiraba nada y guardaba todo en el galpón.

2) Llenar los frasquitos con flores juntadas en el campo (lavanda, mosqueta), y luego con alcohol.

3) Dejarlos reposar unos días (en los que moríamos de ansiedad).

4) Colarlos.

5) Olerlos. No eran muy agradables, a decir verdad.

6) Salir a vender por el barrio.

Esto se complicaba porque, obviamente, nadie los quería. Además los vendíamos carísimos!
El colmo fue cuando empezamos a decirle a las vecinas que era un perfume importado que había traído la mamá de las chicas de un viaje. Pensábamos que eran tontos? Eran horribles!!! Además... en un frasquito de jarabe! Por lo menos nos divertíamos, no?

Decidimos hacer otra cosa. Un día, juntamos muchas flores silvestres para hacer ramos y venderlos. Como no eran suficientemente llamativas, fuimos al jardín de Doña Olga, muy sigilosamente, y le robamos algunas de sus flores. Había un vivero a media cuadra, pero era más seguro robarle a la viejita. Así que nos dirigimos, con los pensamientos de Doña Olga y nuestras flores silvestres, a vender los ramos por el barrio. Tampoco nos compró nadie. Lo patético fue cuando decidimos ir a vendérselas a Doña Olga. No podíamos ser más hijos de puta? Realmente pensábamos que nuestras caritas de ángel nos daban impunidad? La señora se rió muy tiernamente y nos dijo "no, eso lo tienen que ir a vender al pueblo, para los turistas". Y ahí nos fuimos, caminando cabizbajos, a quedar bien con nuestrás mamás y papás regalándoles todo nuestro stock.

Al ver que los negocios con flores no funcionaban cambiamos de rubro drásticamente. Instalamos un puesto de peaje. Atamos un alambre en el cerco de las chicas y, sosteniéndolo del otro lado de la calle, formamos un peaje casero. Lo que más ganamos fueron puteadas, especialmente porque el alambre no se veía, y nos decían que era un peligro y que no podíamos hacer eso. Tenían toda la razón. Éramos salvajes, lo confirmo cada vez que me acuerdo de las cosas que hacíamos. Pero lo cierto es que algo de plata ganamos entremezclada con las puteadas. Mi hermano y yo, de turros que éramos, nunca agarrábamos el alambre.
Un día, viene Marisol, la chica mayor, y nos cuenta que su hermanita estaba sosteniendo el alambre y bajó una moto (vivíamos en la montaña) y se tragó el alambre, y Mariajo (hermanita) salió volando y se marcó toda la mano. Desde ese día no lo hicimos más.

De esa anécdota me translado a unos años después, ya a principios del secundario, y viviendo en el pueblo. Con una vecina decidimos vender tortas. Yo ya experimentaba con el tema de la cocina, porque como quería darle un gusto especial le metí lo que había en la heladera: yogur, dulce. Cuando la torta salió, comenzamos a tocar puertas para venderla. No nos compraba nadie. Entonces decidimos decir que era para juntar plata para la escuela y que la había hecho la mamá de Laurita. La compraron enseguida. Después, ya en lo de Laurita, suena el teléfono. Viene la mamá y dice "le vendieron una torta a X que estaba cruda, y encima mintieron". Lo peor es que cuando vuelvo a casa, después de ir a devolverle la plata a X, me entero que ese X era un grosso del tema educación del pueblo, no me acuerdo el título.
Mi mamá y la mamá de Laurita eran maestras, así que se rieron mucho todos con lo que hicimos (y el guacho del chabón igual se comió la torta y gratis).

Y si sigo moviéndome en el tiempo ya estoy muy cerca de la actualidad, y debo decir que se hace más jodido salir impune por portación de inocencia, así que más o menos en el último año de la secundaria dejé de hacer esas cosas.
Plata no ganábamos. Pero cómo nos entreteníamos...!!!

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