miércoles, septiembre 8

Sabios consejos II, esta vez no tan gratuitos

Clase de francés, muy aburrida, donde en vez de aprender francés la gente se dedica a discutir sobre el contenido de los textos... actividad que la podría llegar a hacer un poco más interesante que lo normal, pero no es así.
Se escucha "toc, toc, toc, toc", cada vez más intensamente. Aparece, atrás de la profesora, un viejito (aguanten los viejitos!), aunque no tan viejito, con bastón.

Y, acto seguido, nos empieza a contar de sus desgracias, que no voy a reproducir aquí. Yo ya lo conocía, así que antes de escuchar ya saqué la moneda de mi billetera. Igual siempre sorprende. Hoy me enteré que trabajaba para un general amigo de Perón, y que es peronista a muerte, "sin ofender a nadie". Hubiera estado bueno mostrarle la foto que justo había llevado una compañera, que era de Perón en su caballo Pinto, un caballo blanco con pintitas negras. No sé por qué la llevó porque falté a la clase donde deben haber hablado de eso, pero fue la curiosidad del día.

La cualidad especial de este señor es que, una vez que empieza a recibir monedas, comienza a enunciar una sarta de consejos a nosotros, que somos jóvenes, que debemos estar unidos, y que, por sobre todo, estudiemos. Y que la muerte tiene muchos pies y que nos alcanza a todos por igual, que seamos unidos.
Me hace acordar a esas estatuas humanas de las plazas que, al depositar una moneda, mueven su posición. Este señor, a cambio de unas monedas, empieza a proferir consejos, cosa que me parece perfecta. Creo que es uno de los mejores "necesitados" que van a la facu a pedir, por el enfoque que le da. Y siento que los consejos son sinceros.

Tan sinceros como los del chico que viene a vender pan para su viaje de egresados. Este chico (al que los profesores que no suelen dejar interrumpir la clase bajo ninguna circunstancia tienen mucho trabajo en echar) entra al curso y explica que vende panes a un peso cada uno, y que tiene "pan para adelgazar" y "pan para engordar". Y aquí viene la sinceridad. Al profesor de turno, le dice "Ud. necesita pan para adelgazar", o "señor, necesita el pan para engordar". Los profesores, por suerte, se lo toman con humor. El señor flaco dijo que el niño tenía mucho sentido marketinero, por saber ubicar su producto, y la señora gorda se llenó de ternura y le compró dos panes para adelgazar. Después los ofreció a la clase.
Otra propuesta chispeante que hace el chico es que cada uno junte 10 centavos y así juntemos uno o dos pesos para comprar pan y comerlo en la clase. Este chico sabe vender. Eso sí, si sigue viniendo después de noviembre, o no existía el famoso viaje de egresados, o se cebó y se puso su propio negocio independiente.

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