viernes, enero 20

Andanzas en baires

Cuando llegué me encontré con mis cosas, mi lugar. Va a ser triste dejarlo, aunque sea por un tiempo. Lo primero que hice fue poner una lista de música (de esas que hago juntando temas de todas partes de la compu, cada selección dependiendo del momento). La última que había hecho se llamaba “caca” (sí, muy madura, lo sé). Me fui a bañar, escuchando la selección. Empezó muy bien: Build me up buttercup, de Foundations. Bailando bajo la ducha, agitando el tushi, totalmente energizada, feliz feliz feliz. Pero siguió con All by myself, de Eric Carmen, el tema que canta Bridget Jones al comienzo de la película. “When I was young, i never needed anyone... those days are gone. ALL BY MY SE-EE-ELF, don´t wanna be... All by MYSELF, anymore”. El vecino debe pensar que soy una ciclotímica de mierda. Ahí pensé “¿en qué intento de atentar contra mi sanidad puse ese tema en una lista?”, y mis ánimos bajaron un poco, a merced de los acordes: no podía ir toda mojada a pasar el tema. Igualmente me causaba gracia la situación, además de que nunca me pude tomar en serio ese tema. Después, empezó a sonar otra canción-shake-your-bum-bum: That thing you do, de The Wonders. A sacudir la cabeza, llenando todo el baño de champú. Y a acordarme del batero en la peli de este grupo. Después, sonó Life on Mars, que también me pone melancólica, aunque no entienda un carajo qué dice (y por las partes que entiendo, me doy cuenta de que no debe ser muy proclive a despertar melancolía, por lo que prefiero no saber. Partes como “Mickey mouse has grown up a cow”). Cuando salía de la ducha, empezó Mr. Bojangles. Sentí esa alegría que se siente cuando una encuentra algo que estaba perdido por ahí, y se lo había olvidado. Como cuando encontré, a los 7 u 8 años, en una mochilita que estaba colgada en la pared y nadie tocaba desde hace muuuuucho, un viejo libro infantil que había olvidado y era hermoso (más hermoso que los demás, por su calidad de olvidado y encontrado, como un tesoro). La sensación fue tan linda que, después de disfrutar el momento y darme cuenta de que había sido como recibir un regalo -con lo que me gustaban a mí los regalos-, elegí a conciencia otros dos libros y algún juguetito, los puse en la mochila, y la colgué de nuevo ahí, en ese clavo de la pared, tan alto. Dispuesta a olvidarlos, como un regalo a futuro para mí misma. Pero no fue así: la mochilita se convirtió en un punto al que miraba siempre que jugaba en el cuarto. Era mi secreto, no lo podía olvidar, y no pude revivir esa sensación en un largo tiempo. Creo que por eso guardo todo: porque reviviendo el pasado es como yo disfruto del presente. Esa sensación de la mochilita es como mi nafta (distinta a la nafta de besos que uso cuando cargo a mis primitas a caballito).
La cosa es que Mr. Bojangles me despertó ese sentimiento, y lo más loco es que hace sólo tres semanas que no lo escuchaba. Eso es lo bueno de ser amnésica. Escuchaba los primeros acordes, me invadía el sentimiento de “qué melodía especial”, sin recordar qué era.
Después seguí ordenando, acompañada por mi esquizofrenia: Por un lado había momentos de agitar el culito sacudiendo los brazos y cantando, con temas como Respect, de Aretha Franklin, Runaway, de Pulley ("and I wonder... I wo-wo-wo-wo-wonde-eer, why... why-why-why-why-why, she run away"), Pretty Woman, por Elvis, Walk like a Man, de Four Seasons, I´m a Believer, de Smash Mouth (que me hace recordar mi apodo: Fiona), Everybody needs somebody y Soul man, de Blues Brothers, Per colpa di chi de Zucchero, el clásico infaltable I will survive, y el más pilas de todos: I like to move it (la versión de Sacha Baron Cohen, que es un cago de risa). Y por otro lado dejar que me envuelva un sentimiento de tristeza con temas como Dead man walking y Streets of Philadelphia de Bruce Springsteen, Total Eclipse of the heart (que igual me hace acordar a cuando Kate Blanchett choca a Billy Bob en "Vidas Bandidas", y me da risa), Comfortably numb, Father and Son, de Cat Stevens, Ne me quitte Pas por Nina Simone, The Blower's Daughter (que además lo tengo como cuatro veces en la lista), el tema de “City of Angels” (que me remite a cuando Nicolas Cage agarra peras angustiado en la verdulería y me pongo a moquear), Creep, More than words, y ni hablar de la sonata de Beethoven Pathetique (mis listas son muy diversas).

Revolver recuerdos me pone triste. En realidad hay dos clases: la clase de las agendas, que me da fuerzas, y la de cartas y fotos viejas, que me pone triste. Anotaciones en cuadernos, puntajes de juegos anotados en libretitas. Me puse a pensar: en realidad nunca caí en que corté con "mi ex chico". O caí, pero no lo sentí como tan traumático. ¿Me faltará caer, o va a ser así, nomás? ¿Tan forra soy? ¿O lo fui sintiendo los últimos meses de la relación? Si no caigo revolviendo todos los cadáveres de nuestra relación, ¿cuándo voy a caer?
Y así es como mi blog se convirtió en mi diario íntimo. Alguien me dijo en un mail: “El motivo de estas líneas es para felicitarte por la facilidad con la que transmitís tus sentimientos a través de las palabras. No es usual que la expresión en los blogs sea como la tuya, sino más bien todo lo contrario, con mucha superficialidad y hedonismo, características que tus letras no poseen, porque cuando describís un acontecimiento cotidiano no lo hacés de esa forma, sino con simpleza, naturalidad y humor”. Pero creo que ya me estoy zarpando.

Ayer me levanté, me preparé un té con leche congelada (con suerte el martes arreglan la heladera), y cuando fui a abrir la persiana se cortó la cinta, me asusté cuando cayó la persiana, solté la cinta y se fue todo a la mierda, como sucede en estos casos. Tenía una cinta nueva (chica siempre lista), pero ni en pedo abro la tapa de la persiana. Ahí adentro vive Marita, la murciélaga. No sé qué voy a hacer. Llamé a El Bolsón y Clara, después de cagarme a pedos por llamar a mi mamá sólo porque se me rompió la persiana, me dijo que ella se anima. Pero yo quería dejarle todo lindo. Qué feo el pensamiento machista de “¡necesito un hombre!”. Tíos... pónganse las pilas y vengan a visitarme! (Y traigan herramientas).

Confesión del día: Me enganché con “Sos mi vida”, la nueva novela de Facundo Arana y Natalia Oreiro. Es que cuando cuidaba a mi primita, a la hora en que ella dormía la siesta daban "Muñeca Brava", y sucumbí a los encantos de ese dúo (en esa época el lema era “cualquier cosa menos estudiar”).

No hay comentarios.: