domingo, enero 15

Charla

Cuando les conté a mis viejos mi decisión de quedarme un tiempo por el área de la comarca (sí, la llamamos así), hubo un par de momentos graciosos.

Mi mamá esperaba la charla desde la noche anterior. Mi papá desde la mañana (quedé en que cuando salía del trabajo pasaba por lo de mi mamá a hablar). Los tres estábamos muy nerviosos, obviamente. Eran diferentes clases de nervios. Los míos por saber de qué se trataba, los de ellos por no saberlo.

Mi papá llegó a las cuatro y me pidió mate. Se lo hice, puse dos sillas en el cuarto donde me estoy quedando, me senté en la cama y, cuando se sentaron enfrente mío, dejé pasar unos segundos y dije:

"Bueno, ayer me compré un Evatest..."
...

Mi mamá se empezó a reir y me dijo "callate, boluda" (con ese gesto de manotazo en el aire que se hace cuando el otro dice una boludez). Mi papá puso una cara que, aunque haya durado un segundo, fue inolvidable.

Por suerte después también se rió.


El otro momento fue, como es habitual, por un cuelgue mío.
Mi mamá me decía, al hablar de si me conviene quedarme en El Bolsón o Bariloche, que me conviene Bariloche por el tema hombres, porque "acá no hay nadie, y el que queda es un vago".
A lo que yo respondí, ingenuamente:
"¿quién es?"

Ahí fueron ellos los que se rieron un ratito a costa mía (y yo también).

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