miércoles, enero 4

Fiestas en El Bolsón

Navidad.

Almuerzo el 25 al mediodía, con mesa larga en el patio. Mi familia, mis tíos con sus mellizos de seis años, dos amigas de la familia y una pareja amiga de mis tíos, con su bebé de dos meses.
Todo empezó con un juego de mi hermano Tiago (24) y Dante (6). Jugaban a mojarse con botellas de agua, corriendo por el jardín. Se sumó el otro mellizo. Era gracioso ver cómo le revoleaban a mi hermano la botella entera en vez de mojarlo. Media hora después se sumó mi hermano de 12, y después Tiago se cansó y abandonó.
La cosa ya era con baldes de agua. Se rompió la canilla del patio de la que sacaban agua, y fue el amigo de mis tíos (una mole) a arreglarla. Empezó a mojar a los chicos, que no dudaron en tomar medidas al respecto (ignorando que estaba vestido con jean y remera). Mi mamá fue a comprar bombitas, las infló, salió con un balde lleno, y no pudo resistir la tentación de hacer la pelea un poco más pareja (ella también, con jean y remera). Mi hermanito prendió la bomba de agua y empezó a usar una manguera. Se sumó el esposo de mi mamá , e implementaron otra manguera, con más presión todavía. La cosa se había puesto despareja de nuevo, entonces me fui a poner la malla, abajo del vestido (si no, se me veía todo), y salí disimuladamente con una sidra y un sifón (mi arma).
La guerra duró dos horas. Yo tenía un contacto interno, Tiago, que me llenaba baldes desde adentro de la casa. Mi mamá se disputaba las mangueras con los hombres, y hasta el bebé recibió salpicaduras de agua. Los autos quedaron como recién lavados (durante la pelea, mi tió movió su auto al centro de la disputa. Tal vez era el mejor estratega de todos).
De pronto me dí cuenta: estaba empapada, corriendo descalza por el pasto, en mi vestidito blanco con flores azules, riendo, y pensé: “este sí que es un buen comienzo para las vacaciones”.


Año Nuevo.

Amigos y familia en casa de mi mamá. Tragos para todos, pero la bartender tomaba cerveza con maní. Todas las ensaladas eran de papa.
Resaltado de la noche: Partido de voley a las 2 a.m., divertidísimo. En el equipo contrario al mío sacaba siempre el mismo, escondido entre las sombras (nunca se sabía de dónde venía la pelota), y rotaban corriendo en círculos antes del saque. Al principio jugaban todos con vasos en la mano, terminaban parados (con suerte) en el medio de la cancha contraria, agarrando los pies de los jugadores del otro equipo, o colgados de la red (hubo que desenredar un par).
Terminó el partido por necesidad de tragos (alegaron). Como se me había acabado el repertorio, inventé uno. Vodka, licor de frambuesas, limón y Sprite.
Se llamó Volley-Ball.

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