domingo, enero 29

Viaje de vuelta para el sur

En el colectivo dieron una peli que me encanta. It's all about love.
No podía ser mejor, porque esta vez me tocó una noche con tormenta. Amo las tormentas eléctricas.
No dormí mucho, y me desperté justo para el amanecer, por lo que fue un despertar con sonrisa incluída (el chico de enfrente debe haber pensado que estaba loca).
El resto de la gente se tuvo que despertar con Enrique Iglesias.
Después de desayunar me volví a dormir hecha un bollito, y tipo once me desperté de golpe y me incorporé un poco, sobresaltada, con los ojos muy abiertos. Ahí sí el chico de enfrente debe haber pensado que estaba loca, porque él estaba acurrucado para mi lado, y justo me estaba mirando. En realidad tal vez por eso me desperté así. ¿No les pasa?
Las últimas horas del viaje las pasé hablando con ese chico de enfrente, que resultó ser bastante piola. Bajó un par de puntos cuando dijo que no entendió la película, pero como los había ganado cuando se rió en un par de escenas, quedó igual.
Me dí cuenta de lo poco que sé de las zonas que rodean mi pueblo (y ni hablar del resto de la Patagonia). Quiero conocer más!

Para cenar nos dieron pollo con algo que no se sabía si era polenta o puré. Tal vez era mejor no saber.

Esto ahora se está convirtiendo en un diario, pero de viaje.
Me compré un diario íntimo, así que espero que cambien las cosas por estos lados bloggeros. Tal vez postee menos.
Ya llevo escritas más de veinte hojas. Desde que me puse de novia, hace como cinco años, que no tenía diario.
Es que es un peligro. Bueno, si alguien lo encuentra y se anima a leerlo, que se haga cargo si algo que lee no le gusta. De última a mi nunca me jodió que la gente vea mi interioridad, por más oscura que sea.
En una parte del diario escribí: cuando encuentro algo de cuando mis viejos eran más jóvenes me pongo re contenta, es como un tesoro. Con toda la documentación que dejo atrás mío, mis hijos van a decir "uh, otro diario de la vieja..."; "... otro más?", y se van a cansar de mi letra.

Tengo las agendas (una por año desde hace más de diez años), que son exclusivamente para guardar ese período de tiempo de alguna manera, y para poner citas que me gustan. Tengo el blog. Tengo un cuadernito muy lindo donde pongo ideas literarias y sueños copados. Y tengo diarios. Desde los 10 hasta los 21 años, y ahora de nuevo. En esos cinco años de silencio puse una sola entrada, a los 25, que dice "si escribiese ahora... LA PUTA MADRE, no sabés lo que sería".
O algo así. No sé, porque mis diarios quedaron en la valija negra, en Buenos Aires. Ustedes se preguntarán qué tamaño tiene la famosa valija negra. Bueno, en realidad es mágica. Sólo pueden entrar cosas relevantes, pero entran todas las que yo quiera, si son de la categoría recuerdo: dibujos, cassettes de filmaciones, cartas, fotos, cuadernos llenos de hojas de árboles...

Algo gracioso: Yo tengo un jabón de azufre, que me recomendó mi prima para controlar la oleosidad en algunas zonas de la cara. Lo llevé a la ducha, y me lo olvidé. Toda mi familia lo usó como jabón corporal. Quedaron todos re sequitos, no entendían qué pasaba, por qué les tiraba la piel. Eso les pasa por robarme el jabón.

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