miércoles, julio 11

Simple como el blanco

Con Pablo estuvimos un poco enfermitos. El domingo a la noche nos quedamos viendo películas hasta tarde, y el lunes nos levantamos a las... 17! Y sólo porque mi hermana tocó el timbre. Cuando entró, al saludarla, le dije "tenés el cachete frío", y ella dijo "¡está nevando!". Y lo repitió un par de veces. Fue extraño ver la nieve a través de la ventana de nuestro cuarto piso. Era algo "surreal", como lo diría en inglés -según la traducción sería "surrealista", pero no sé si me gusta. Es más coloquial en inglés, es distinto.
Filmamos la nieve, y comprendimos por qué hacía tanto frío y por ende nos daba fiaca levantarnos de la cama.
Mi hermana nos contó que la gente estaba en la calle, riendo, sacando fotos, jugando.
Y ahí me imaginé y sentí que la alegría de la gente había subido unos grados. Que si hubiera un medidor de alegría y otro de preocupaciones de la población de la zona, el primero habría subido, y el segundo habría bajado drásticamente. Puede ser que esté acostumbrada a la nieve, o a ver la mayoría de lo que se me presenta como si fuera algo nuevo, único y fuera de lo normal, pero en vez de asombrarme me puse a pensar que sería bueno que la gente logre tener ese estado del lunes a la tarde en otros momentos, sin que suceda algo casi sobrenatural.
Es jodido no alienarse, no perderse, no olvidarse. El golpe de frío puede haber despertado muchas "almas" dormidas; eso seguro. Espero que sigan despiertas, o que hayan aprendido cómo despertarse y que es lindo hacerlo. Aunque sea un poquito, como logro yo a veces espiando a través de mis ojos aún lagañosos, al darme cuenta de que todo es tan simple... y tan lindo.

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Vivo con las manos heladas. Me gusta cerrar los puños y sentir los extremos de mis dedos enfriando mis palmas. O mis palmas calentando mis dedos. Es que en el departamento hace bastante frío. No demasiado, pero tampoco es para estar sin mi saco de lana gigante y mi pantalón de polar amarillo patito. No me gusta usar la estufita eléctrica que tenemos, porque te calentás cuando estás cerca, pero después vas el otro extremo de la casa y te sentís en la Antártida.
El sábado hice masitas, y como hacía tanto frío y necesitaba que la manteca esté en punto "pomada", la puse, envuelta como viene en su papel metálico, arriba del CPU de la compu. Funcionó a la perfección; recomiendo el método. El calor es perfecto, ni muy excesivo ni muy leve (como sucede al ponerla arriba del DVD). Y no se escapó ni un poquito de manteca, así que no arruina aparatos electrónicos.

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El otro día salí a comprar batatas y durante todo el camino entre casa y el almacén, de ida y de vuelta, el aire estuvo impregnado de un olor particular. No era olor a panadería, no era olor a hojas quemadas, no era olor a lluvia. Era olor a queso gruyère (ciertamente tampoco era muy agradable).
Los ratones de la zona se deben haber vuelto locos.

4 comentarios:

La Garrapata Vegetariana dijo...

Fue lindo ver la nevada. Me hizo recordar lugares que llevo en mi.
Muy tarde me enteré que estaban todos festejando el acontecimiento.

Cuando hagas masitas, no te acerques a mi pc!!! ¬¬

Cecilia/Margot dijo...

La Garrapata Vegetariana: Jajajaja, yo soy maniática, pero conozco los límites de la manteca... :p
O sea: maniática pero arriesgada.

"me hizo acordar a lugares que llevo en mí". :) qué lindo.

Besos.

flor dijo...

queso gruyere!!!

Me parece que tu estado te está haciendo efecto.

Besos!!

Cecilia/Margot dijo...

Jaja, Flor, te juro que no pude identificar el olor hasta que una mamá le dijo a su hijita "es queso gruyère!". A lo sumo soy influenciable... :p
Jaja.

Besos!