miércoles, agosto 22

Mi dentista, mi obstetra, anestesias y mangueos.

Mi dentista es un viejito muy tierno. No un anciano doblado y enclenque, sino un viejito alto y fornido. Un poquito sordo, nada más.
Lo odié un poco cuando me hizo doler la semana pasada, al resistirse lo más posible a usar anestesia por el embarazo (¡el obstetra me deja!), pero, más allá de eso, me da mucha ternura, como un abuelo.
Esa vez me dolió en serio. Yo soy de bancármela, pero sufrí mucho.

Pablo estaba en el trabajo y se rió al leer mi mensaje post-dentista. El jefe, que justo estaba ahí, le preguntó de qué se reía. Pablo le dijo "¿viste que yo te dije que mi mujer es re dulce y delicada? bueno, fue al dentista, y le debe haber dolido en serio, porque me dice «Amor, transpiré hasta el culo, tengo el pantalón mojado»". Obviamente se rieron los dos de mí.


Hoy fui de nuevo y le pedí anestesia. Me dijo: "Te pongo de la mejor, de la francesa, que no tiene adrenalina, ¿ves? tiene envase de vidrio. La de acá es de plástico, y por eso a veces duele, no es nuestra culpa, no resbala bien el envase". Y me mostraba las distintas anestesias, aclarando que igual está tan caro, y le pagan tan mal las prepagas, que tiene que comprar las nacionales.
Le conté que me iba a El Bolsón, y nos pusimos a charlar de allá, y de su casa en Mar del Plata, y del stress, y de paso me mangueó un dulce.
Ayer el obstetra me comentaba que un colega le pasaba todos los clientes porque no quería atender más partos, porque la obra social no le paga bien... y al ratito me mangueó una torta (pero ahora no porque está a régimen).

El dentista me siguió contando, mientras se ponía los guantes, que no sabe en qué productos confiar, que vio en el noticiero que muchas cosas que vienen de China son tratadas con un producto tóxico, que se usa para embalsamar.
Y empezó a revisar. "A ver, mis guantes, ¿de dónde son? de Malasia. Mhmmm... quién sabe. Y ¿a ver éstos? También. Y lo nacional también es malo ahora, como te decía, hay una anestesia que mi hijo (aclaración: también es dentista y atiende ahí) le puso tres tubos a un paciente y no tomaba, le tuve que prestar de la francesa. Es una vergüenza, y quedamos mal nosotros".
Y mientras el bebé se movía y el doctor ponía pastitas en mi muela arreglada, se iba fijando de dónde eran "¿A ver... ésta? es de Alemania". Y yo me enternecía (en parte porque me puso anestesia de la buena, entonces lo perdoné).

Me dice que el bebé va a ser dentista, y que me porto tan bien que me daría un caramelo, pero no tiene.
Y ya quedé: le traigo un dulce de guindas de la chacra de mi papá, cuando vuelva.

2 comentarios:

flor dijo...

¡me están encantando todos los posts que estás escribiendo!

Cecilia/Margot dijo...

flor: Gracias!!! :) En serio.

Un besote.