martes, mayo 13

Besazos, sombreros de cowboy y carnaval

Tres veces me sorprendieron encajándome un beso. De esos besos seguí dos, pero en su momento me hubiera gustado seguir el otro también y que el chico sea mi novio. Le dije que no me había gustado lo que hizo, de tímida boluda que soy. Las tres veces yo estaba un poco alegre por ingesta de alcohol, pero no creo haberlos incitado o incentivado. Mi cara de sorpresa después de cada besazo debe haber sido muy simpática. Por eso, el chico del beso que no siguió me dijo con una actitud muy Sawyer de LOST: "ah, pero te gustó el beso", enfrente de toda la gente que estaba parada afuera del boliche. Yo le dije "¡no!", se puso su sombrero de cuero (sí, tenía un sombrero de cuero, pero él realmente podía usarlo, le quedaba muy bien) y se fue. No lo ví más, pero después me enteré que era de un pueblo muy cercano (El Hoyo) y que tenía un levante terrible. Los otros besos fueron, por suerte, de chicos que me gustaban (pero no me los esperaba; por ejemplo, uno fue de un ex. Ahora que lo pienso, en las dos ocasiones los chicos estaban "comprometidos" cuando lo hicieron. Lamentable.).
La sensación la puedo explicar como una mezcla de sorpresa y placer al mismo tiempo. En realidad, no es al mismo tiempo: Es primero sorpresa y tal vez un poco de rechazo instintivo, pero milésimas de segundo después, se acepta el placer como tal y de ahí nace la sonrisa cuando el Romeo separa su cara de la propia.

La misma seguidilla de sensaciones sentí el verano pasado mientras ordenaba la cocina: Estaba muy panzona agachada guardando unos tuppers en el mueble de abajo de la pileta, mientras se llenaba un bowl arriba de una pila de platos para dejarlo en remojo, cuando de pronto se volcó el bowl, derramando todo su contenido sobre mí. Hacía calor, y el agua fresquita sobre mí fue agradable. Pero no era algo que esperaba ni algo que hubiera hecho a propósito. Me sentía como en carnaval, o como en la casa de playa familiar cuando un primo te tira un baldazo de agua a traición mientras leías tranquila las traducciones de las letras de Queen.

Entonces, las dos sensaciones son parecidas, sólo que una incluye lechuguitas aceitosas en el pelo.

2 comentarios:

La Garrapata Vegetariana dijo...

Paso a explicar: soy de esas personas que cuando comen papas fritas necesitan SI O SI tener servilletas a mano.
Soy un grasafóbico (?) por asi decirlo, así que eso de "lechuguitas aceitosas en el pelo" no me parece para nada bonito y amerita un baño urgente.
Un doctor a mi derecha!

Cecilia/Margot dijo...

Jajaja, sí, me acuerdo cómo te pusiste cuando conté que logro que la manteca se ponga en estado "pomada" poniéndola arriba del CPU.

No te preocupes, que esa parte tampoco me pareció bonita, y después de limpiar el piso me bañé.

Lindo volverte a leer!

Un beso.