martes, mayo 27

Sólo falta el bastón y un poco de cinismo (los ojos claros están)

Hoy fue la primera vez que Casiel entró a un hospital. Y no fue para control ni consulta.
Fuimos a pedirle a su pediatra que nos haga la receta para una vacuna (la primera y una de las pocas que se va a dar, también).

Cuando vi venir al pediatra caminando por el largo pasillo, me dí cuenta: es Dr. House!
Renguea, y tiene cierta "actitud House" (sólo que es mucho más agradable).

Mi hijo tiene cinco meses, y ese tiempo es el que llevo de conocer al médico. No me había dado cuenta de que rengueaba. ¡Basta de ser tan colgada! Quedo como una estúpida tantas veces por estas cosas...

El otro día me preguntaron cuánto pesaba Casiel y empecé "tres cuatrocientos. No, cuatro quinientos. NO! a ver... ah, sí, seis cuatro cincuenta". Quedo como una mala madre y una inútil.

Llevo una cronología del embarazo y del bebé en un archivo de Word, porque no confío en mi memoria. Siempre fui de guardar datos, fotos, recortes, momentos. Tengo la valija negra que es como un tesoro de recuerdos. Un día de estos la voy a abrir, a ver qué encuentro. Pero primero, apenas tenga tiempo, debería abrir las otras dos valijas negras, las que tienen ropa de invierno. Para ver qué me sigue quedando este año en mi cuerpo post-maternidad ...es que tengo frío!

Ahora que lo pienso el que es como Dr. House es mi suegro. Hasta escribió un par de libros de sus hazañas y errores como médico cuyos relatos me dan la razón. No podía ser más Dr. House cuando ayudó a mejorar a un enfermo de sida al que mandaron a su sala con los días contados a base de cagarlo a puteadas por dejarse morir. Y a otro "lo hizo" caminar inyectándole solución salina.
Pero esas son historias aparte.

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