miércoles, mayo 7

Suerte matemática

En cuarto año, a mis dieciséis años y dos meses, me sentaba en una de las esquinas del aula: la de adelante a la derecha. Ese lugar era estratégico: 1) Resultaba ideal para pasar desapercibida en las habituales llegadas tarde, ya que estaba al lado de la puerta. 2) Estaba en un rincón y había un recoveco para estantes, así que yo quedaba bastante escondida de los profesores, pese a ser la primera fila (tenía muchas menos probabilidades de que me hagan preguntas a mí). 3) Al estar al lado de una pared, me daba cierta seguridad mezclada con comodidad. 4) Al estar adelante de todo, impedía que los demás copañeros vean mi coloración facial al tener que hablar con algún profesor enfrente de toda la clase.
Básicamente el lugar estaba pensado para sobrellevar mejor mi timidez. Qué feo que es cuando tu vida gira en torno a tu timidez o inseguridad. Por suerte eso se fue yendo en mí. A veces me gustaría volver a aquellas épocas sabiendo lo que sé ahora (de la vida, o algo así). Pero lo que trato de hacer, en cambio, es lo posible: vivir ahora como si volviera dentro de unos años a esta época, arrepentida de gastar tiempo y energía en cosas no importantes. Y con ovarios. Porque la vida pasa rápido, y al hacer cosas que impliquen mucho crecimiento o un enfrentamiento a los miedos, dejamos una especie de clip -adornado con recuerdos y un poco de orgullo del bueno- que nos engancha de a tramos a esta existencia.

Iba a la modalidad Industrial, y en mi curso éramos 23 varones y 6 mujeres. Esta proporción por un lado era intimidante (en los momentos de coloración facial me importaba que me vean así los varones y los adultos, las chicas me daba casi lo mismo), pero por otro lado era cómodo para mí, dado que siempre me junté con varones, y se manejaban de una forma más simple que las chicas (además me malcriaban y yo podía salir impune de muchas situaciones que con amigas no).
Un viernes, en una clase de matemáticas, estábamos especialmente dispersos. Esta vez estaba sentada en unas mesas del fondo, charlando con unos compañeros. El profesor había puesto una ecuación en el pizarrón, y había pedido que la igualemos (qué se yo el término, había que ver si los dos lados eran equivalentes y, si no, arreglarla). Digamos que el profe también charlaba con los de adelante, pero después quiso remontar la clase y nos instaba a que resolvamos la ecuación. Yo, entre boludeos, lo miré al docente -medio desesperado parado frente al pizarrón-, y le dije, canchera: "...ponele sobre dos", como para callarlo.
El profesor se me quedó mirando, tiza en mano, sus ojos tan abiertos que parecían más blancos, como sus dedos cubiertos de polvo de tiza.
Y se hizo silencio.
Dijo: "Sí. Sobre dos", y dibujó una línea abajo de la parte derecha de la ecuación, y debajo de ella un dos. Se dio vuelta, me miró (ahora eran mis ojos los que estaban totalmente abiertos, contrastando con el creciente rojo de mis mejillas), y las cabezas de 23 hombres y 5 mujeres giraron hacia mí.
Yo, ya bordó, explicaba que lo había dicho jodiendo, que no tenía ni idea, que había sido suerte.

Y siguió la clase, con un aire extraño en el aire. A medida que el colorado en mi rostro se dispersaba y éste volvía a la normalidad, la clase también lo hacía (dispersarse -es decir, volver a la normalidad). El profesor, cinco minutos antes del recreo, se ubicó en nuestra zona para charlar con mi grupo. Sacó el tema de la ecuación, y yo le insistía con que había sido suerte. Supongo que pensó que lo decía para mantener mi perfil de rebelde (de esos que se jactan de su ignorancia), así que me dijo "se vienen las olimpíadas de la matemática, ¿no te querés anotar?".
Yo le dije que realmente había sido por suerte (hasta empezaba a dudar de mi misma: no habrá sido una parte de mi inconsciente y soy como el de "Una Mente Brillante"? Claro que esa película no había salido todavía, así que simplemente dudaba de mí misma, sin comparaciones), pero que me cuente más. Él me dijo que igual, aunque haya sido suerte, podía probar; hacer el examen clasificatorio. A mí me gustaba hacer cosas nuevas y raras, probar cosas (aunque sean catalogadas como "de nerd"; eso no me importaba). Entonces le dije que me interesaba.

Así fue como entré en las olimpíadas, y cuando estaba rindiendo para la instancia intercolegial, había dos chicas (una compañera y su amiga, que iba a la modalidad empresarial), que no sabían cómo responder una, entonces me pidieron ayuda. Yo, contenta por poder ayudar, les pasé la solución del problema que les faltaba, que requería más un pensamiento no lineal que de conocimientos matemáticos (uno de los problemas de cada instancia siempre era así). Y pasaron. Nunca me lo agradecieron.

La siguiente instancia, la provincial, se hizo en Bariloche. Nos pagaban el hotel. Eso es lo que me gustaba de hacer cosas nuevas: pegué viaje gratis (bueno, nosotros ayudamos a vender rifas para juntar plata, también). De El Bolsón, éramos: cinco estudiantes (el dúo ayudado, otro chico, y una chica del colegio privado del pueblo), el profe del "sobre dos", la profesora de matemáticas del colegio privado, y una preceptora nuestra. El dilema llegó a la hora de dormir: las habitaciones eran para tres personas, y yo no quería ir con las estúpidas superficiales y falsas del colegio privado. Mi preceptora era muy copada, yo quería ir con ella. Pero las dos chicas a las que yo había ayudado se complotaron contra mí, y lograron dormir con la preceptora, por lo que yo tuve que ir con las otras dos.
Al día siguiente, antes de la evaluación, me dí cuenta de que me faltaba un lápiz y mis dos compañeras se hicieron las boludas, no me quisieron prestar uno de varios que tenían. La preceptora copada se puso en campaña para conseguirme uno, pero yo quedé mal por la actitud de las pendejas.

Aprendí algunas cosas:
- Que no hay que esperar nada a cambio de un acto de bondad.
- Que no tenía que tener tantos prejuicios: las del colegio privado resultaron mucho más copadas y buenas que las otras dos estúpidas.
- Que tendría que haberme preparado para el examen si quería seguir viajando.
- Que el chocolate Mamuschka es el más rico.

No hay comentarios.: