sábado, junio 28

Señales I

A mis doce años, en un viaje a Buenos Aires, mi mamá tuvo que ir a visitar a unos conocidos de El Bolsón que se habían mudado a Capital, y nos llevó a mi hermano y a mí.
Eran un matrimonio con una chica que tenía un año menos que yo y uno más que mi hermano. No era muy piola, pero era lo que había, así que nos pusimos a jugar y a romper un poco las reglas de sus papás.
No sé qué estaríamos haciendo, pero encontré tres copias de una misma foto entre sus cosas. Eran de un caballo color cremita con un dibujo como de diamante en la frente, mirando a la cámara. Estaba parado frente a un alambrado, y una rama de mosqueta hacía un dibujo frente a su hocico, cual abanico de flores rosas.
Me enamoré de la foto, y la chica me explicó que no conocía al caballo, que era del vecino de la chacra en la que había parado la última vez que había ido a El Bolsón. Pero que le encantó para una foto y que quedaba re bien con la rama de mosqueta.
Al ver tres copias se me ocurrió que me podía regalar una. Se la pedí, y me dijo que no.
Me gustaba tanto, que le insistí mucho. Pobre. Esa insistencia es una de las cosas boludas de las que me arrepiento, porque yo no era así, y menos con una chica que recién conocía. Me terminó dando la foto, sin querer hacerlo.
Y yo la guardé todo este tiempo.

Cuando la gente se enamora trata de compartir todo, y abrirse. El pasado es una parte muy importante durante ese "brindarse al otro", como si al unir presente, pasado y futuro, se inmortalizase ese amor, o se cerrara el círculo cálido que abraza a los dos enamorados.
Yo le mostré a Pablo mi gigante caja de fotos. Y de pronto dijo, muy sorprendido "¡¿qué hacés con una foto de mi yegua?!". No lo podíamos creer. Ahí, entre mis fotos, estaba Rayén, su yegua baya.
Yo la guardaba desde los doce años, y a él lo conocí a mis veintiséis.
Y el espacio a nuestro alrededor nos apretó un poquito más con su calor.

4 comentarios:

Isabel dijo...

guau!

L! dijo...

Hola Ceci!
Casiel está hermoso!
A nosotros nos pasó que en nuestra primer salida, a mi mujer, de la nada se le rompió un collar de cuentas que tenía puesto y le había regalado su ex (con una historia difícil que no viene al caso contar).
Y después algunas otras cosas mas...
Besos,

Leonardo... desde Colombia dijo...

Hola Cecilia!!!

Tiempo sin escribirte nada... pero de vuelta al ruedo!!!

Linda historia la que contás... es asombroso como personas con historia terminan al final juntas...

Un saludo desde Colombia

PD. Y no olvido la torta de premio, un día de estos, ya verás!!! ;-)

Margot/Cecilia dijo...

Isabel: Y hay más! seguiré alguna vez.

l!: Cómo anda Ulises? Acepto fotos. :)
Qué bueno lo que le pasó a tu mujer! Debe haber sido liberador de alguna forma para ella. Genial!
Ahora me da intriga qué más de ese estilo les pasó! Es re loco lo de las señales.

leonardo: Hola! Tanto tiempo. Yo tampoco me olvido de las minitortas que prometí hace mucho; hasta me da culpa! jajajaja.

Saludos!!!