lunes, agosto 11

Mayo

Una noche de mayo hubo una fiesta en El Hoyo debido a que había volcado un camión chileno. Yo tenía una amiga que iba al colegio en ese pueblo, por lo que a veces me juntaba con ella y su nuevo grupo de amigos. Esta vez nos invitaron a una fiesta, cuyo único motivo fue una cantidad titánica de bebida gratis. Había volcado un camión chileno cargado de cerveza (no recuerdo la marca; creo que las latas eran grises) y, como no podían venderlas así, dejaron que la población las junte de la orilla de la ruta. Me contaron que lo más gracioso fue ver al patrullero llevarse los barriles más grandes. Uno de los compañeros de mi amiga tenía una Ford F100, que cargó de latitas y barrilitos apenas abollados. Había que consumirla pronto, así que improvisaron una fiesta. Estos chicos deberían tener contactos, porque al llegar me di cuenta de que era en alguna especie de pequeño complejo deportivo, con canchitas rodeándolo y todo. La fiesta, como han de imaginarse, fue bastante descontrolada, y en un momento con mi amiga atacamos los estantes del salón. Esa noche me di el gusto de tomar cerveza en un trofeo plateado con dos manijas a los costados cual reina egipcia, saboreando la cerveza como si fuera el elixir de algún grial sagrado.

2 comentarios:

Nina dijo...

me encanto'o tu blog.
http://criticadigital.com.ar/impresa/index.php?secc=nota&nid=9794

Margot/Cecilia dijo...

Ay!!! Es re lindo! Me emociona!

Gracias, Nina! por el comentario y por avisar.