lunes, septiembre 29

Dos helados

Hace algunos meses me encontré con mi ex. El chico que fue mi mejor amigo por cinco años y mi novio/concubino por otros cinco más o menos (on and off, como dicen en ingés). En posts viejos me refiero a él como "mi chico", "ese chico" y "mi ex chico", dependiendo de nuestro estado del momento, y en posts más recientes me refiero a él como R.

Nos encontramos por motus propio en el muy conocido por ambos barrio de Caballito. La primera impresión fue rara, nos vimos iguales pero distintos (no me acordaba que era tan alto). Le dije que lo invitaba a tomar un helado a Pérsicco y, como siempre, terminó pagando él. Lo tomamos en el parque mientras charlábamos y nos reíamos (más que nada yo me reía de sus chistes y le daba pie para más). Se hizo tarde para cosas que cada uno tenía que hacer, así que nos levantamos de nuestro asiento verde y vivo. No le pedí su mano para pararme con mi panza de casi siete meses porque no me pareció. Me acompañó unas cuadras, nos abrazamos brevemente, y nos separamos -él con la bolsa de cosas que había dejado en mi departamento (como la única foto con su abuelo), y yo con trámites que hacer y alguien chiquitito pateándome desde adentro por comer tanto helado.

El sábado pasado estaba en Jauja, la heladería más rica de El Bolsón, tomando un helado con Marcelo (el esposo de mi mamá) y mi bebé Casiel. Marcelo se compró un helado de limón y ananá para darle a probar a Casiel. Yo me pedí mousse de chocolate y dulce de leche con moras salvajes. En un momento Marcelo no entendía la cara de feliz cumpleaños que puse, pero enseguida comprendió: lo veía venir a R. caminando, alto como ya me acordaba. Él también sonrió y se acercó a saludar. Conoció a Casiel (Gael, según él inicialmente), y se quedó charlando un poco. Hicimos chistes los tres y nos contamos algunas novedades cotidianas.
Se fue a comprar el cuartito de helado para llevar (probablemente para compartir con su mujer), volvió a saludar y conversar un poquito más y se fue, más sonriente que al principio. Yo igual.

Me gustó verlo, lo quiero mucho. Siempre melancolía: extraño ser amigos.
Me gustaría que lo sigamos siendo, pero sé que no se puede.
Me consuela pensar que tal vez algún día podamos relacionarnos un poco más que ahora.
Pero no sé, porque si seguimos en esta modalidad de encuentros vamos a engordar mucho.

5 comentarios:

flor dijo...

¿Cuándo volvés por acá? Snif, te extrañamos. ¿Será que tengo que comprar helado? ¿De qué sabores te gustan?

¡¡La azalea estalló de flores!!

Y ya todo el mundo sabe que el nene más lindo de Cheeky es Casiel.

A mí también me agarra como una melancolía cuando me doy cuenta de que hay lazos con algunas personas que no se pueden dar más o que no es tiempo ahora. Y no siempre me pasa con mis ex, también me sucede con amigos que por alguna causa ahora están lejos.

Margot/Cecilia dijo...

Hola, Flor!!!
Jajaja, me hiciste reir con lo del helado. Me gustan los amarronados (dulce de leche y chocolate en casi todas sus variantes, sambayón...). Bien gorrrrda.

Ví las fotos de tu jardín borboteando color y vida! HERMOSO

Con respecto a los lazos que no se pueden dar más, es triste pero es así. Me gusta más lo que dijiste de "que no es tiempo ahora". La filosofía del "nunca digas nunca" da cierto consuelo al mirar hacia adelante, como puse en el post.
Igual, quién sabe si se sentirá lo mismo en el futuro. Así que sí, es triste hoy y eso basta.

Un beso!

Turca dijo...

Uf.... también me ha pasado..... eso de sentir que podría haber aún un vínculo, que da para seguir compartiendod desde la amistad porque lo que pasamos juntos fue fuerte y mucho... y por distintas razones no se da... y también me da cierta tristeza....
Será una incapacidad de los latinos? Eso de no poder soltar los vínculos digo...
Igual me da melancolía!
Beso.

Margot/Cecilia dijo...

Puede ser que sea un rasgo cultural... pero me quedo con la melancolía, no me gustaría hacer un reset cada vez que algo "se termina" con alguien. En parte me gusta eso de aferrarse a los vínculos, aunque estaría bueno no sufrir por eso, ni vivir en el pasado.
Pero supongo que sería más sano saber que lo que existió ya floreció y terminó, y aceptarlo como lo que FUE, agradecidos de haberlo tenido.
Mejor no sigo delirando y contradiciéndome.

Beso!

paola dijo...

Que difícil es reencontrarse con viejos novios y completamente imposible no sentir melancolía. Hay muchos otros locales de helados y sucursales de grido, volta y Perssico para que te lo vuelvas a encontrar :)