domingo, noviembre 16

Empanadas especiales

A mis once o doce años, después de que mis papás se separaron no sé de dónde saqué (de algun residuo machista adoptado por ahí) que era bueno que le cocine a mi papá.
Obviamente él no se quejó.
Una de las primeras veces que incursioné en el mundo de la cocina salada busqué en los libros de cocina y me convenció una receta para hacer empanadas de verdura. Compramos todos los ingredientes y, esa tarde, cuando releí la receta para prepararme mentalmente para la tarea me dí cuenta de que faltaba un ingrediente.
Quería que todo sea perfecto, entonces le conté a mi papá y le insistí hasta que accedió a bajar al pueblo. Era algo muy, muy insólito ir al pueblo sólo por la falta de un componente culinario. Había mil cosas más importantes que dejábamos de hacer o comprar para evitar el viaje y el desgaste que implicaba bajar (especialmente con los autos que solíamos tener. Muy pronto escribiré sobre ellos), así que fue grosso que haya dicho que sí. Seguramente veía mi esfuerzo o mi necesidad de que la cena salga perfecta.
Bajamos, y compré las nueces que tanto quería.
Al subir, después de cortar la cebolla, rehogarla, lavar y hervir las espinacas, le pregunté a mi papá a qué se referían exactamente con moscar la nuez. ¿Cómo? me dijo. Y miró el libro abierto sobre la mesa. No, nuez moscada es un condimento, mirá: y me mostró el paquetito de nuez moscada con el mini rallador que tenía en la alacena. Yo estaba en una etapa en la cual leía mucho pero todavía no tenía buen vocabulario, entonces estaba acostumbrada a adivinar el significado de las palabras. Supongo que leyendo una novela no importaba pensar que "moscar" era un sinónimo de "picar". Pero era relevante para llevar a cabo una preparación leyendo una receta. Entonces me puse peor, ya que no era todo perfecto, y por haber tenido que bajar y gastar plata en nueces al pedo. Él me dijo que con nueces quedaba bien igual, y después de que le pregunté un par de veces más (me costaba salirme de la receta), le creí e hice el relleno de las empanadas con nuez moscada y nueces picadas. El repulgue lo hice con un tenedor porque no sabía hacer el tadicional. Hasta las pinté con clara de huevo batida. La tarea continuaba igual de ardua una vez dispuestas en la asadera y metidas en el horno: había que alimentar la cocina económica a leña de una forma en la que el calor sea intermedio y constante.
Quedaron buenísimas las empanadas; no sé si no son las mejores que comí en mi vida. Supongo que es cierto que tiene mucho que ver la onda o el amor con que se hacen (y el humor, porque después de lo trágico del asunto me rei bastante).
Tal vez por eso después me incliné por las carreras de Letras y de Chef: para que no me pase algo así de nuevo.

2 comentarios:

Wishi dijo...

Como me gustó éste post.

Margot/Cecilia dijo...

Gracias, Wishi. :)