lunes, agosto 2

De observadores y luchadores

Hoy estuve un rato sentada en una plazoleta de la calle Puan. La plazoleta José Luis Romero, creo. No quería estar en casa. Quería un poco de sol, quería cambiar la vista. Esa esquina tiene un árbol y tres bancos de cemento a su alrededor, y casi no tiene pasto. Me senté en el banco del medio. Lo primero que noté es que no había sol en toda la plazoleta. Y bueno, sin sol y todo, era mejor que el parque, que está a una cuadra. Porque no había nadie más en ese lugar, lo que me convirtió en la única observadora. La gente que pasa está en la suya, vienen con bolsas del súper, vuelven de trabajar, de la facu... no es como la del parque que probablemente esté como yo, tratando de liberar un poco su cabeza.
Las paredes de los costados, así como los bancos, estaban llenas de graffitis. Uno decía "hoy te pegás a mi, yo soy tu salvación". Sentí que la esquina me estaba hablando a mí en ese momento. Es más, tal vez elegí esa esquina justamente por lo sombría, porque me camuflaba en ella.
Enfrente mío, cruzando la calle, había un ventanal con una cortina que se movía. Un perro hermoso, del otro lado del vidrio y las rejas negras, miraba la calle. Todo el tiempo mirándolo todo, como yo. Cuando vino un perro callejero por la plazoleta, buscando comida, el ovejero del ventanal movió hábilmente la cortina y mostró todo lo que pudo de su cuerpo. Como haciendo presencia, como defendiendo su territorio. Yo sé que yo no lo molestaba, porque era una observadora más.
El árbol también estaba encerrado, aunque supongo que era por su propia protección (no es esa la peor clase de encierro?); tenía una reja blanca todo alrededor. Hacia la copa, igualmente, se estiraba todo lo que podía. Cuando una rama encontraba un poste, se movía hacia un costado y seguía creciendo. Aunque, en la parte del árbol que chocaba contra la pared, la rama estaba más débil y toda cortada.
Por qué todos me miraban dos veces? Porque yo los miraba a ellos, una vez constante? Porque nadie nunca se sienta en esa plazoleta, o por mi cara triste como la del perro? (todos los ovejeros tienen cara de triste, pero este tenía más).
Creo que cuando una persona está mal se identifica con las cosas que no son humanas. Será porque se siente sola en el mundo? O porque quiere estar sola? Cuando era chiquita hablaba con los árboles. O estaba muy mal o estaba muy loca.
Ahora me pasan cosas similares. Me sentía compañera del perro, que aunque estaba encerrado era un observador, y protegía lo que sentía suyo. Y admiraba al árbol, que crecía alrededor de los obstáculos, aunque algunas ramas no lo lograban. Yo quiero hacer eso. Yo quiero, cuando me pase algo feo, poder crecer en otras áreas, sin dejar que lo malo me pudra todo el resto como una gangrena.
Igualmente corrijo lo que dije antes; no buscaba la compañía de lo inhumano para sentirme sola, sino todo lo contrario: para sentirme más acompañada y comprendida. Porque cuando estoy triste siento más mi soledad. La soledad que es inherente a todos nosotros. Siento que nadie puede ver el puño negro que aprieta mi corazón, al menos no una persona. Y si voy a ser incomprendida, prefiero que sea por un perro y un árbol.

3 comentarios:

weltschmerz dijo...

Ayyy... sólo faltaba la cita de Quasimodo, uno de los mas grandes poetas del siglo pasado:



En mí perdida toda forma


Otra vida me tuvo: solitaria
entre desconocidos; poco pan en don.
En mí perdida toda forma,
belleza, amor, con que se engaña
el muchacho, y queda triste luego.


Sobran las palabras... siempre sobran, pero más ahora...
Hasta luego...

chizz dijo...

de verdad hay mucha gente que te incomprende?

Margot/Cecilia dijo...

Weltschmerz: Viste? es un grande.
Y revuelve alrededor de los temas que me interesan, me desesperanzan y me duelen a mí... y que veo siempre en tu blog que también a vos.
Saludos.

Chizz: No me refiero a la incomprensión de que no entienden como me siento, sino de que nunca lo van a sentir como yo. Yo siempre pienso que cada uno de nosotros está solo porque nunca se va a conectar realmente con el otro. Cada uno tiene su propio mundo. Creado por sus interpretaciones del mismo. Hasta mi dolor, al verbalizarlo, o expresarlo físicamente, lo estoy interpretando, y otra persona al "comprenderme" estaría interpretando mi interpretación de mi dolor. A eso me refería.