miércoles, marzo 23

Todo es interpretación

Tenemos la necesidad de clasificar todo. Algo totalmente terrenal despierta en nosotros un conjunto de sensaciones, sentimientos, o nos remite a algo no tan terrenal, y al escribirlo, al pensarlo, al encerrarlo con palabras, lo matamos, al mismo tiempo que cobra vida algo que llega más allá de nosotros. No como nuestra extensión sino como nuestro aliento, robado por el viento, cada vez más ajeno, cada vez más de nadie y de todos, disolviéndose en el terreno común que nos ancla.

Como por ejemplo, en este momento podría decir:

Anochece.
En aire se espesa. Estiro la mano y siento que se escurre entre mis dedos, lo refriego por mi cuerpo y me contagio de la nostalgia de este ocaso.
Las cosas aparecen bajo una perspectiva nueva, como si el mercader de la desdicha, que nos quería hacer pagar de más, entrecerrase los ojos, mostrando la verdadera materialidad de sus artículos.
Todo toma un aroma extraño. Hasta lo puedo saborear. Dulce. Dulce y viejo, como la soledad de los niños a la hora de la siesta.
No hay sonidos fuera de este cuarto que es el único testigo viviente del atardecer, que se brinda a nosotros dos confiándonos su secreto de la jornada. Se puede escuchar cómo rebota la luz en las paredes, en una guerra cromática con el cuadro de Van Gogh de la pared. El sol ya es tan sólo el recuerdo de una presencia en la ciudad, y el último rayo de luz rebota en mí, para terminar en el Campo de trigo con cuervos, haciendo bailar levemente a una brizna amarilla, en el momento en que cae el telón. Terminó la función.

No hay comentarios.: