miércoles, enero 25

La chica de enfrente

Ella llega a su departamento y se saca las zapatillas y el pantalón. No porque estén mojados por la lluvia, no porque se va a cambiar, sino porque así le gusta estar.
La miro desde mi ventana mientras, frente a mí, se queda sentada, mirando un álbum de fotos viejas. Tal vez es como yo, tal vez puede ver toda una caja de fotos que ya conoce de memoria como si fuera la primera vez, porque las ve pensando en otra persona. Las ve por esa otra persona, imaginándose qué pensaría, qué le causaría gracia, qué la intrigaría.
Ella tiene períodos muy activos y períodos muy quietos, introspectivos. Cambia varias veces en una misma tarde. Baila, canta, arregla su casa. Y lee, escribe, observa lo que parece ser una gota de agua sobre su rodilla, cuando está sentada en una silla con una pose a lo bailarina. La observa maravillada, como si fuera su hija. A veces pienso que está un tanto loca.
Ella es un poco torpe. Muchas veces la veo caerse, romper cosas, o contener un grito de dolor al patear algo descalza.
A veces cuando mira tele llora. Y muchas veces más, se ríe. Y también se ríe cuando lee o escribe. Pero ahí no llora.
Tiene el pelo castaño, lacio, y no se lo arregla de ninguna forma. Sólo se lo peina (con suerte), y a veces, pocas veces, se lo ata. Es muy expresiva, con sus caras y sus gestos. Por eso es entretenido mirarla. Me gustaría saber qué pasa por su mente cuando está tranquila haciendo algo o escuchando música (siempre escucha música), y de pronto pone una cara de felicidad, así, de la nada, o se pone colorada.
Muchas veces está un rato quieta, pensando, y de golpe se levanta y se pone a hacer cosas, totalmente dinámica: cocinar, ordenar libros. Le gusta mucho cocinar, se nota.
Ella es linda. Mucho más linda que yo. Pero, ¿por qué está tan triste? Aunque baile y cante, siempre está triste.
A veces se acerca a la ventana, mira hacia abajo, mira hacia arriba. Sonríe, suspira. Es como si un ladrillo del edificio de enfrente, el perro de abajo y las nubes naranjas del atardecer le provocasen el mismo sentimiento melancólico.
Ahora la veo, y está haciendo cajas. ¿Se va? Si se va, ¿a quién voy a mirar? Me acerco a la ventana, para asegurarme. Y ahí es cuando recuerdo: enfrente no hay un edificio. No hay nada. Abajo, arreglan los subtes.
La chica es mi reflejo.

¿...Hola?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Queria poner algo asi como 'tu blog es muuuy grossso'. Pero la verdad es que a veces las palabras no me alcanzan. Es mas que muy groso, y no se como decirlo.
b.

Cecilia/Margot dijo...

Muchas gracias, en serio. Me afecta mucho un comment así, como el tuyo.
Me emociona.
Gracias.