viernes, noviembre 3

Querido Diario:

A la mañana agarré la plancha al revés (!), y me planché las yemas de dos dedos. Quedaron como plastificadas.
Después fui a una entrevista a la otra punta de Capital Federal, pero "el entrevistador" no estaba y me la pasaron para la tarde, después de mi cita en la clínica.
Porque me fui a sacar un lunar sospechoso de mi rodilla, y me hicieron esperar dos horas con una bata finita, gorro y protectores de pies. NADA MÁS. Cuando fui al quirófano, y empezó a cortar, casi me muero. Le conté (avisé) que me había desmayado de impresión dos veces, una cuando me sacaron sangre de chica y otra durante un lavaje de oído, de adolescente. Con la charla zafé, pese a sentirme (y estar, casi) en pelotas. Pero cuando me hizo los puntos, empecé a respirar hondo, y tenía las manos húmedas, y cuando las miré estaban completamente blancas, de los dos lados! Debía estar toda blanca, porque cuando se lo dije al doctor me pellizcó las mejillas y se reía. Después no me podía levantar y la enfermera propuso sacarme en la camilla. ¡La bata estaba toda húmeda! Igual caminé erguida, con todo mi orgullo (del brazo de la enfermera, ejem).
Y después de eso volví a la entrevista, a la cual tuve que ir con las marcas de la gorra del quirófano en la frente, de tanto que me hicieron esperar con eso puesto. Aprendí algo: ponerse la gorra bien atrás (para la próxima).
Pero... ¡parece que tengo un trabajo copado!
En la misma pastelería del año pasado, esta vez ya de encargada.
¡Se avecina mucho trabajo!
Pero me gusta.

Igualmente: más razones para volver con el tilo.

Después de todo eso, y con la rodilla dolorida, tuve que hacer más de una hora de cola en Puán para votar y no perder la regularidad. Por más que no esté yendo a Letras, quiero tener las puertas abiertas por las dudas, al menos un año más.
Acepté un par de folletos pero al recordar que era interminable lo de los folletos y la gente contándote las propuestas, y sabiendo que no estaba como para eso, les decía un firme pero amable "no, gracias", y me dejaban en paz. Más cerca de las urnas, se ponía complicado. Mis razones eran simples: no me gusta que se malgaste el papel, no lo iba a leer. Y se lo dije a un par de personas.
Sólo uno me persuadió, y ahora tengo su folleto.
Se fue orgulloso.

Y yo me quedé con las ganas de seguir con Letras, y ya sin tanto miedo de los finales (¿después de casi 10 entrevistas de trabajo en 2 meses?) pero con más miedo de no tener tiempo de estudiar.

4 comentarios:

Leonardo, desde Colombia dijo...

Y....

Como sigue lo de la facu? El trabajo? Alguna decision ya tomada al respecto?...

Se extrañan tus posts por estos lares...

:-)

Cecilia/Margot dijo...

Hola, Leonardo... gracias por el comment! Me sentía re sola e ignorada. :p
Recién posteé algo, como verás. La facu... sigue igual.
Del trabajo conté un poco.

Un beso!

SoyPrincesa dijo...

Oh! El miedo de no poder estudiar. Shhhh, ni lo mencionemos que me viene a la mente ¡y me da más miedo!

Cecilia/Margot dijo...

Soyprincesa: Viste? Es terrible! Y es peor sabiendo que en unos años te vas a volver a tu pueblito, olvidando casi toda posibilidad de estudiar una carrera.
Mucha presión!

Besos.