viernes, diciembre 15

Chau mousses (y colectivos), hola teléfonos (y más tiempo)

Chau pastelería. Al final los tipos no cambiaron; me daban vueltas con los pagos, y cosas así que solían hacer, como hacerme nadar en la incertidumbre, lo que mata mis nervios. Hasta cuando preguntaba las cosas claramente (como mis funciones en determinado evento), después me las cambiaban.
Bueno, la cosa es que dejé ese proyecto aunque yo iba a estar a cargo e iba a ser muy interesante para mi carrera. Ahora tengo otras prioridades, como por ejemplo mi salud, tanto mental como física.

Ayer tuve una entrevista a cuatro cuadras de mi casa, en un lugar que ví cómo se fue costruyendo. Mandé mi CV por mail y me llamaron en seguida.
El tema es que el domingo me había salido algo en el ojo, una especie de granito cerca del lagrimal, que con los días se desarrolló en una marca roja e hinchada abajo del ojo, como si me hubieran pegado. La gente me miraba raro. El portero de nuestro edificio lo miraba raro a Pablo.
Estaba muy nerviosa por ir a esa entrevista con el ojo así, porque para colmo el lugar es una clínica estética, y el trabajo es para recepcionista, entonces desde la noche anterior me hice compresas con saquitos de té verde.
Para ir a la entrevista me hice unas compresas más y me maquillé. Pablo me decía que no me apure, que desayune, porque llegaba a tiempo. Yo insistía en que no. Cuando vio el proceso que era maquillarme ese ojo, entendió. Terrible revoque me hice.
El ojo quedó hinchado, pero sin el color del "golpe". Y fui con anteojos, para disimular más.
Estaba en la sala de espera de la clínica, y me miré las manos: tenía las uñas amarillas! me habían quedado así por agarrar los saquitos de té.
¡Me sentía un desastre! Pero me daba risa... la recepcionista de una clínica estética, toda deforme.
De todas formas el tipo me dijo que quería que quede yo, que probablemente me llamaban hoy, para que empiece el lunes.
Nunca fui recepcionista, veremos qué onda.

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