viernes, abril 18

La salamandra de bronce

Anoche por fin me dí cuenta a qué época me remitía el olor a humo.
Me hace acordar a algunas noches invernales de mi infancia, en las que nos calentábamos con una salamandra antigua a leña, y se ve que a veces largaba humo. Quiero pensar que no era toda la noche, si no mis viejos estuvieron muy flojos con el tema del tiraje de la estufa. Supongo que era cuando se apagaba: se acababa el efecto vacío que se hace cuando está prendida (el fuego absorbe aire por abajo y se va el humo por el tiraje de la chimenea), y se escapaba un poco de humo.
La idea era dormirse antes de que se apague, porque si no te dabas cuenta del frío que hacía. Era hermoso el resplandor cálido de sus ventanitas en el cuarto, oscuro de noche. Nuestra habitación la había construído mi papá con un poco de ayuda, y era de ciprés, muy cálida y natural. Las paredes tenían dibujos veteados en la claridad de las tablas, en los que era entretenido (o no tanto cuando daban miedo) encontrar formas.
Un tiempo después de que mis papás se separaran le vendieron la casa a un hombre cuyo hijo iba a mi escuela. Qué feo fue ir a visitarlo una vez y ver, en el machimbre de ciprés, las marquitas con mi nombre marcando mi altura a través de los años. Esas marquitas no están más; las paredes tampoco, porque se les quemó la casa.
La salamandra era antigua, de la familia de mi mamá (como el moisés de bronce de un post anterior), y a mi me daba un poco de miedo porque tenía salamandritas feas en relieve sobre el metal.


Es parecida, aunque la nuestra era más linda y redondeada. Tenía el cajoncito abajo, donde van cayendo las cenizas. Además tiene la función de regulador del calor, porque mientras más abierto más oxígeno va a la combustión, y por ende quema más rápido y fuerte. Y la puertita de arriba es para agregar leña sin abrir la puerta principal, ya que a veces el fuego está muy cómodo apoyado sobre las ventanitas, mirando el paisaje.
Era gracioso cuando alguno decía "alimentá la salamandra".
Teníamos en la habitación nuestra propia mascota metálica y cálida.
No sé dónde estará ahora. A veces pienso que es mejor que nuestras cosas se hayan ido repartiendo, perdiendo y pudriendo a la intemperie, después de tanto tiempo y separaciones y distintas casas. Porque quedaron en nuestra memoria más valiosas, vívidas e intactas en su pureza de recuerdo que si las pudiéramos ver ahora.

2 comentarios:

flor dijo...

¿Por qué se llamará salamandra? ¿Tendrá que ver con la idea del dragón que tira fuego y la salamandra se le parece? Nunca me puse a pensar en eso hasta que de pronto lei este relato donde describiste tu salamandra.

Qué bueno que este humo de mierda te traiga recuerdos tan lindos. A mi sólo me traec malestar. Pero de vez en cuando el humo deja un hueco y respiramos algo de oxígeno.

Y espero que Casiel esté bien con sus pulmoncitos intactos.

Muá!

Cecilia/Margot dijo...

Cuando era chiquita pensaba que era por lo que dijiste. Es más, creo que eso me dijo mi papá que él suponía.

Casiel estuvo bien, aunque por momentos no era muy divertido nuestro autoarresto domiciliario. :)

Besos!