martes, agosto 19

Agosto

Una noche de agosto estaba con tres amigos en una carpa en el bosque, y sentimos unos ruidos extrañísimos. Habíamos ido de campamento al primer morro, que nace detrás de la casa de mi papá, en el cerro Piltriquitrón. Osito, Mary, R (que años después fue mi novio) y yo habíamos caminado media hora desde la última calle que hay antes del bosque cada vez más puro de montaña, hasta encontrar un lugar con arroyito, vista del pueblo -que en esa época a la noche se veía como una guitarra eléctrica, cuyo diapasón eran las luces de la avenida principal- y hasta una tímida cascada. Habiendo acampado en un pequeño claro al lado del arroyo, y ya listos para dormir, sentimos a lo lejos un sonido como de golpes secos. Yo los tranquilicé diciendo que estábamos cerca de Villa Turismo y podía ser que por algún misterioso fenómeno acústico escuchemos a alguien trabajando en su casa, pero no me convencía mi explicación, especialmente porque era alrededor de la una de la madrugada. El ruido se fue acercando, y nosotros parecíamos concursantes arrojando frenéticamente posibles explicaciones, el ganador siendo el que nos convencía y por ende tranquilizaba a todos. Nada parecía suficientemente razonable, y lo sabíamos. Lo que elegimos para tratar de superar ese miedo y pasar la noche fue: hay una rama en el arroyo que golpea un tronco. Pero los ruidos eran demasiado regulares en su irregularidad.
Yo había elegido un lugar estratégico: entre Mary y R. Creo que a nadie le gusta estar contra las paredes de la carpa (lo único que divide el sueño tranquilo del insondable mundo del bosque oscuro es una tela), así que nosotras mandamos a los varones a los costados.
El ruido de la rama seguía y, para desgracia nuestra, confirmamos que lo que estaba pasando no se trataba de algo explicable dentro de la normalidad de un bosque cuando empezó a sonar una campanita. El tintineo se fue acercando hacia el frente de nuestra carpa, mientras que el golpe seco seguía su ritmo escalofriante ahora más lejos y a nuestra derecha.
La teoría que ganó en este nuevo concurso fue que había alguna manada de ganado, y que la campanita estaba en el cuello de alguno de los animales. Yo ahí empecé a contarles de Mariposa, la vaca de mi vecina.
Pero, ¿y los palazos? pregunté.
Y... el ganado no creo. La rama en el arroyo.
La vaca y la rama no nos convencían pero tratábamos -quietos- de dormir cuando sentimos a nuestra izquierda una ramita quebrarse a menos de dos metros de la carpa, con ese crujido que hace una varilla de madera seca cuando alguien la pisa. Punto cúlmine de miedo, con reacciones diversas: Osito dijo "pasame el .45", y daba más risa que miedo. Mary estaba petrificada; parecía una momia, callada y quieta en su bolsa de dormir. R estaba en shock nervioso, prácticamente llorando. Yo abrí el cierre de la carpa, salí, y grité "¿¡quién mierda está ahí afuera!?". Ahí sentí algo que me tiraba del pullover hacia adentro de la carpa: era R, al mismo tiempo que me gritaba en un susurro "¡NO! ¿estás loca?".

No sentimos más ruidos, pero tardamos bastante en dormirnos. A la mañana siguiente Osito usó sus conocimientos de boy scout y se puso a examinar los alrededores de la carpa. No vimos pisadas ajenas; sí había huellas y caquitas de oveja. En mi opinión no eran frescas, pero le adjudicaron al animal el susto de la noche anterior. Ella había pisado la ramita, y tenía una campanita en el cuello. A mí me parecía que lo que habíamos escuchado tenía un tinte demasiado humano (o ex-humano) como para que haya sido la ovejita y una rama trabada en el arroyo. Fue una de las veces que más me asusté en mi vida.
Ese día bajamos, y le contamos a todo el mundo. Era difícil explicar el miedo que habíamos sentido, y todavía no había salido El proyecto Blair Witch como para comparar.

Ese año terminé la secundaria, me fui a vivir a Estados Unidos y, después de un par de años, en una de mis visitas a El Bolsón, mi hermano me confesó que había sido él.
Mi hermano, mi-ex-novio-que-terminó-siendo-su-amigo, y otro compañero mío habían subido a oscuras (como la casa de mi papá está sobre esa última calle de la Villa, el morro es como nuestro patio gigante en forma de cerro) con un hacha y una campana a cuestas, y se habían dividido para asustarnos. Mi compañero hachaba un tronco bastante lejos hacia el norte, mi hermano esperó un ratito y empezó con la campanita unos metros hacia el oeste, y mi ex novio se había ido acercando hasta llegar muy cerca de la carpa para escuchar nuestras reacciones. Quedó impresionado con la mía (ya dije en un post anterior que le gustaban mis ovarios loquitos), y se reía mucho de Osito y de R. Bueno, muchos lo hicimos después de esa noche.
Los tres macabros, en vez de usar un palo, subieron con un hacha para hacer ruidos más asesinos. ¡Y la campanita! Hay que ser guachos...
Dice mi ex novio de la secundaria que estuvo parado muy cerca mío cuando salí de la carpa. ¡Qué miedo! Me llegaba a tocar y me moría de un infarto.
Cuando mi hermano me contó que había sido él, lo primero que le dije fue, con los ojos aún bien abiertos de asombro y una sonrisa gigante:
Gracias. Estuvo buenísimo.

4 comentarios:

Tina dijo...

Qué zogaca!!! Eso es típico de hermanos!!!! Grrrrrrrr!! Igual es tal cual: estuvo buenísimo! :)

Besotessss!

Margot/Cecilia dijo...

Tina: Jajaja, sí! Y yo siempre le agradezco al mío cuando me asusta. Qué se yo... es lindo! (Estoy re loca!).

Y para mí era típico de hermano... y de EX NOVIO celoso! jajaja.

Besos.

Isabel dijo...

buenas buenas, vine a dejar un no-comentario para que decidas si preferis el silencio o el comentario al pedo.

te quiere.
chiz.

Margot/Cecilia dijo...

Jajajaja!
El comentario, Chizz, definitivamente el comentario.

Yo también te quiero!!!

Gracias.

Ceci.