miércoles, agosto 27

Septiembre


Una noche de septiembre terminé de leer de un saque un libro sobre parto humanizado, que avaló todo lo que mi instinto me venía diciendo, y decidí que quería considerar tener un parto en casa. Un rato después, cuando mi pareja se levantó para ir al trabajo, le dije "Pablo, en realidad no quiero usar la obra social, me parece que quiero un parto en casa, pero después lo hablamos bien". Y me dijo que estaba bien.
Antes de quedar embarazada quería toda la tecnología posible, así que nos metimos en la “mejor” prepaga para maternidad. Estaba entusiasmada porque me iban a dar pantuflitas en la clínica y una afeitadora a mi marido. Al pasar los meses, a medida que mi panza crecía también crecía mi conexión con la naturalidad del embarazo, el parto y el nacimiento, y mi instinto me decía que las cosas no iban a salir como lo había sentido toda mi vida si seguía el camino que estaba tomando. Pero no tenía las herramientas para pensar otro camino. Al leer ese libro, se me presentaron muchas variantes, y vi que no era tan hippie, descocado, ni necesitaba tanta preparación el tenerlo en casa o buscar un parto más natural. Me acuerdo de haberle dicho a mi mamá, con una panza de cinco meses: "estaría bueno tenerlo en casa, pero ya es tarde, eso necesita mucha preparación".

Yo quería que no me metan ninguna sustancia; yo quería que no me corten; yo quería que me esperen lo que me tengan que esperar; que me dejen libre; que lo dejen a Pablo libre; que no nos asusten; que no nos manipulen para amoldarnos a su comodidad; que no me separen, en lo posible, del bebé; que no le hagan cosas innecesarias al bebé. Yo sabía –y siempre supe- que iba a estar todo bien en mi parto, pero que no sólo dependía de mí, de Pablo y del bebé sino también de la gente con la que eligiéramos hacerlo.
Al hacerse más presentes esas inquietudes, cuando el libro avaló lo que me venía diciendo mi instinto, tanteé la posibilidad de lograr un parto totalmente natural dentro de la prepaga. Decidí hablar del tema con mi obstetra (al que había elegido luego de pasar por otros tres que no me convencieron al principio del embarazo), que era divino pero me dijo cosas como "es una estupidez no darte la epidural", "si te duele una muela ¿que hacés?, ¿te ponés anestesia o dejás que se pudra?", "está bien, no te pongo oxitocina, pero si el parto no avanza en dos horas vas a cesárea", "es muy raro que una primeriza se salve de la episiotomía", "vos vas a tener suero desde el principio y el feto va a estar constantemente monitoreado y si cambian los latidos vas a cesárea". De esa charla me fui mal pero al mismo tiempo más aliviada, porque al menos él fue sincero y yo ya sabía lo que me esperaba si seguía con él.
A raíz de esa conversación empecé a averiguar en mi amiga internet (donde aprendo a tejer, a cocinar, busco direcciones, teléfonos, y muchas otras cosas que la hacen muy necesaria en mis días), y encontré varios grupos de profesionales que asisten y asesoran la clase de embarazo, parto y crianza que yo quería lograr y que iba con lo que queríamos Pablo y yo. Leí otro libro y varias notas, mientras le iba contando a Pablo y pasándole lecturas.

Lo que fui aprendiendo, que se confirmaba mientras más mujeres y hombres me contaban sobre sus experiencias en establecimientos tanto privados como públicos, es que se genera una reacción en cadena por un intento de los profesionales de la salud de controlar el parto, que casi siempre termina en cesárea o en un acontecimiento no del todo agradable, donde los protagonistas son los médicos y asistentes y la mujer es un objeto –y uno enfermo. El marido/papá directamente casi no figura. Tienen todo armado para ser fábricas de bebés y todo dispuesto para la comodidad de los médicos, con respecto a tiempos, condiciones y procedimientos. Se trata al parto como una enfermedad cuando no lo es. Y se contradicen cosas que no solo son obvias por sentido común sino que -por ejemplo- están recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (y se hacen rutinariamente cosas que están altamente contraindicadas por la OMS).

Me di cuenta de que en las clínicas privadas es inusual un parto sin anestesia peridural. Hasta les parece muy raro que alguien les diga que no la quiere. Raro y estúpido, y no sólo a los médicos, sino a la gente de esta ciudad en general. Pero esa anestesia no es inofensiva, tanto física como emocionalmente. Parece que "anula" la hipófisis, y no se segrega más oxitocina natural (que es una hormona que se libera en el parto o cuando se amamanta, y parece que también en el orgasmo y cuando estamos enamorados), que conduce las contracciones. Entonces, se pasa a la segunda instancia, que es poner un goteo de oxitocina (que no es oxitocina, en realidad), lo cual hace las contracciones más violentas y seguidas, así logrando lo que quieren: obtener un parto en menos de dos horas. Pero en la mayoría de los casos hay que ir a cesárea porque las contracciones al no ser naturales causan sufrimiento fetal, entre otras cosas. La mamá naturalmente genera contracciones que tanto ella como el bebé pueden soportar: pero si hacen todo así, arruinan irreversiblemente el proceso. Además el dolor en el parto es, entre otras cosas, lo que ayuda a despertar el instinto animal que hace que se pueda vivir de la mejor forma -y sobrellevar- semejante labor, sin dejar lugar a que la mente aporte miedos, angustias, distracciones, preocupaciones, enojos, ideas, que sólo traban el proceso. Y es lo que enfatiza las ganas de pujar: porque muchas veces pujando se lo alivia.
El índice de cesáreas en Capital Federal es de un 50% a 60% en hospitales públicos y un 80% a 90% en clínicas privadas, cuando debería ser un 10% de todos los partos. Increíble. Y ni hablar de la episiotomía: obviamente como los tejidos no tuvieron el tiempo necesario, no están listos para que salga la cabeza del bebé. Así que, si después de todo eso, se logra un parto por vía baja, seguramente va con episiotomía -que la hacen de rutina, obviamente. La OMS recomienda que es mejor un desgarro del tipo o nivel uno o dos que una episiotomía, porque la episiotomía es cortar directamente todo, incluido el músculo. Frente a un inminente desgarro de grado tres, es bueno un corte. Pero si no: no. Pero no hay con qué darle, la hacen mucho antes de que corone el bebé.

También averiguamos lo que le podían hacer al bebé como rutina innecesaria:
- Cortar el cordón en seguida, cuando es mejor que quede hasta que deje de latir, ya que la placenta le manda todo "lo bueno" (hierro, etc.) al ver que el bebé salió, y es muy beneficioso para el primer tiempo. Además lo obligan a introducirse en el medio aéreo de golpe, cuando podría estar tosiendo, eliminando secreciones, y recibiendo oxígeno por el cordón hasta estar listo para usar sus pulmoncitos.
- Separarlo de la mamá, aunque es lo primero que necesita y a lo que está acostumbrado.
- Meterle sondas -una gástrica y otra anal- cuando no es necesario hacerlo de rutina y es totalmente invasivo y violento para el pobre bebé. Se pueden controlar las obstrucciones en una primera instancia de otras formas no tan agresivas, con un estetoscopio y observando al bebé.
- Pesarlo, bañarlo, manipularlo, pincharlo, ponerle un líquido en los ojos, en vez de dejarlo con la mamá y la teta (y el papá) que es lo mejor que puede pasarle y lo que necesita.
- Si pesa aunque sea apenas menos de 3 Kg., va a incubadora por un par de días en observación, cuando, de nuevo, la mejor incubadora en este caso (que no es que peligra realmente su salud) es la mamá.
A veces hasta le dan leche de fórmula y suero, sin siquiera preguntar. Y las vacunas, que son un tema aparte.
La posibilidad de que le hicieran algunas de estas cosas nos angustiaba. Y las cosas que podrían llegar a hacerle fuera de la rutina normal -presentada alguna mínima eventualidad-, ni nos queríamos imaginar. No confiábamos en la forma en que eran tratados los recién nacidos sanos por el sistema médico.

Entonces el panorama era que en los partos normalmente se hacía una reacción en cadena de procesos que no necesitaban ser rutinarios, que empezaban con un suero y la inmovilidad de la madre en posición acostada y el monitoreo fetal constante con un cinturón (lo que impide que el parto avance bien y las cosas circulen como deben), al ir todo lento siguiendo con un goteo de oxitocina y/o rompimiento de bolsa, que iba de la mano con la peridural, y ahí o terminaba en cesárea, en la mayoría de los casos, o si no en parto vaginal pero con episiotomía y un bebé sometido a un proceso violento por demás (con contracciones tan duras y brutas, no naturales), y al que le esperaba todavía más con las rutinas que le harían a él.

Eso es lo usual, y a veces también se apura a la embarazada y le despegan la membrana, le ponen prostaglandina en algún tacto de las últimas semanas -sin siquiera decirle, ya que piensan que deben inducir el parto (se lo hicieron a una amiga y a una conocida, y parece que es común)-, o la fuerzan a inducir el parto artificialmente por una cuestión de fechas o a cesárea apurándola o con pretextos como que existe circular de cordón (la realidad es que el bebé se enrosca y desenrosca constantemente).

La mayoría de los procedimientos médicos antes mencionados son realmente útiles y extraordinarios cuando son necesarios. Debemos agradecer que existan y que haya profesionales entrenados para hacerlos. Pero usarlos metodológicamente en partos sin patologías es tratar de dominar lo indomable. Es intervenir artificialmente en uno de los actos más primitivos del ser humano. Es tratar de prever, planear, determinar y estructurar los partos en un molde cuando cada parto es diferente, así como es diferente cada vez que se hace el amor.

Leí en algún lado que en un embarazo de bajo riesgo es menos factible que pase algo si el parto transcurre en la casa, ya que –entre otros factores, como que la mujer se siente más cómoda con sus cosas, sus olores y en un lugar propio e íntimo- en clínicas y hospitales, al intervenir el hombre en algo totalmente fisiológico y natural, hay más tendencia a alterar el proceso y que éste se complique. Lo ideal sería que los partos sean en los hogares o en casas de partos o instituciones específicamente aptas para eso, y que los hospitales y clínicas estén preparados para recibir a la madre y al bebé si hace falta, con el equipo que los acompaña (parteras, idealmente), suministrando todo lo que sea necesario (transporte, profesionales, insumos, tecnología e instrumental médico).

Recuerdo que en una clase de gimnasia para embarazadas (a la que fui una sola vez), la profesora al leer mi ficha mencionó mi interés en tener un parto en casa, y todas me miraron, absorbiendo con sus bocas abiertas de asombro todo el aire del salón. Una de las panzonas me dijo: "pero... ¿no te da miedo? a mi me daría miedo no tenerlo en una clínica", y yo le contesté: "a mí me da más miedo todo lo que me harían en el hospital". Automáticamente me arrepentí un poco, porque tal vez las asusté. Quizás esa noche no durmió la pobre chica. Pero que se jodan, me daba bronca porque estaban todas asustadísimas y totalmente desinformadas. No sabían nada de lo que pasaba en un parto, especialmente fisiológicamente. Si algo te asusta: ¡informate! ¡averiguá! Hasta le preguntaron a la profesora, en la charla que tomaba lugar después de la clase, qué era la peridural. Ellas se entregaban a las manos de los médicos, parteras, anestesistas, enfermeras, neonatólogos y pediatras como vacas temerosas al matadero. Ellas colaboraban con el sistema de "fábrica de bebés" siendo sólo envases. Es cruel mi forma de decirlo, y no es taaan así. Pero me sacaban.


A raíz de ir aprendiendo todo esto me contacté con tres de las personas o agrupaciones de personas que pugnan por un parto fisiológico y natural, dos de ellos autores de los libros que mencioné. Fuimos con Pablo a tres charlas distintas en distintos barrios de esta ciudad, donde escuchamos testimonios, hicimos y escuchamos muchas preguntas y sus respuestas, miramos videos, y conocimos a las personas que podrían acompañarnos en ese camino que todavía no habíamos decidido del todo tomar. Luego fuimos a tres consultas, una por cada charla: la primera con un médico y las otras dos con parteras.
Nos dimos cuenta de que es casi imposible "pelear" al sistema desde adentro, y que no es lo mejor que el parto sea una lucha con la institución. Si se quiere un cambio es bueno movilizarse pero desde otros lados. Es demasiado valioso un parto/nacimiento como para arriesgarse así, casi ingenuamente, pensando que por imponernos, plantarnos con fuerza, por nuestros gritos o por llevar un documento que muestra las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, los hospitales y clínicas van a cambiar sus métodos y su organización. Además hay muchísimos profesionales que lo hacen de buena fe, porque realmente piensan que es lo mejor, porque les enseñaron así.

Un mes después de la noche en que leí el libro ya prácticamente decidíamos cómo encarar un parto en casa. No sólo por esto de que queríamos evitar al sistema tan equivocado y hasta a veces perverso, sino porque también aprendimos que el parto/nacimiento es algo natural y parte de la vida familiar y de la intimidad de la pareja, y que es muy hermoso si puede suceder de la misma forma que empezó: en la intimidad de nuestra casa, y de una forma tan hermosa y amorosa. Que no hay que verlo como una enfermedad, sino como algo con una connotación sexual, muy especial e íntimo y familiar; con cierto riesgo, sí, por lo que hay que tomar recaudos, pero que lo ideal era que suceda en casa naturalmente, dado que las instituciones no estaban preparadas para hacer las cosas bien.

Entonces, mientras terminábamos de decidir cuál de las dos parteras iba a acompañarnos, saqué turno con tres obstetras más de mi prepaga, que me habían recomendado como "los más potables de la cartilla". Quería tener alternativas dentro de la prepaga, por las dudas, con una orientación similar a la nuestra. El primero me dijo casi lo mismo que mi ex-obstetra, y que sería imposible encontrar lo que quería en este sistema. Que deje de buscar y me amolde al mismo. Que si él hiciese los partos como los quiero yo, no podría hacer los X partos que hacía al mes (1: él no hace los partos. 2: adaptan a las parturientas a sus comodidades o a sus billeteras y encima te lo dicen en la cara).
El segundo me dijo que no iba a estar para mi fecha probable de parto pero que estaba de acuerdo con que el parto sea lo más natural posible dentro de lo que la situación y la clínica permitan. Que era complicado, y que me comunique con grupos que hacen partos en casa, porque era lo que más iba conmigo. Le dije que ya había ido a algunas charlas, y le pedí que me diga, como médico, si realmente funciona la teoría del "plan B" para emergencias. Si se puede llegar a la clínica al haber una complicación en el parto en casa. Me dijo que las patologías se ven venir, y dan tiempo a llegar.
La tercera tenía un enfoque mucho más como el nuestro, aunque sentí que llegado el caso tendería aunque sea levemente hacia la búsqueda de la patología y la intervención quizás innecesaria. Nos quedamos con ella como mejor opción dentro de la prepaga, para seguir teniendo estudios y medicamentos "gratis" y por las dudas.

A todo esto ya habíamos elegido quiénes nos iban a acompañar e íbamos a reuniones de preparto y controles con ellas. Aprendí de a poco a escuchar a mi cuerpo, a desactivar mi mente cuando es necesario, a divertirme, a soltar, a sentir más, a confiar, a traspasar obstáculos o al menos intentarlo con todo mi ser, a sentir mi poder. Con Pablo fuimos acercándonos a conocer lo que pasa fisiológicamente, emocionalmente y a nivel de pareja en el parto y posparto, y nos íbamos preparando para el gran acontecimiento.

Como casi entrando al octavo mes se me complicaba barajar el doble control del embarazo (el de las parteras y el "fingido" con la obstetra para mantenerme como paciente), y la obstetra empezaba a querer intervenir (quiso hacerme un tacto innecesario), mi partera nos recomendó que directamente tengamos al bebé en casa con ella y una obstetra con la que ella trabajaba, en vez de con ella y otra partera. Y si pasaba algo íbamos a la clínica con esta médica. La conocimos y decidimos que eso nos cerraba más. Hice muchas averiguaciones y trámites en la prepaga, ya que teníamos un plan cerrado, y logré que llegado el caso la dejen pasar a ella y nos cubran la internación y el anestesista en una clínica a doce cuadras de casa.

Después de mucho trabajo, de mucho aprender, de mucha introspección, mucho observar y averiguar ya había tomado forma nuestro plan de embarazo/parto/nacimiento/primera crianza.
No sólo lo emocional nos hizo llegar a esa decisión, sino también lo lógico. No teníamos duda de que estábamos haciendo lo correcto y estábamos felices de haber llegado a ese camino. Sentíamos que estábamos haciendo las cosas bien –pasara lo que pasara-, y que le dábamos lo mejor a Casiel, y a nosotros mismos.

¿Quién sabe? Así como ese libro me ayudó a hacer el clic de "se puede", tal vez este escrito que da cuenta de ese recorrido tan importante en nuestras vidas que hicimos con mucho trabajo le llegue a alguna persona (si es que alguien llega hasta acá abajo), la movilice aunque sea mínimamente y la ayude en la creación de su recorrido personal.



Links:
www.parirconparteras.com.ar
www.tierradepartos.com.ar
www.nacimientoenfamilia.com.arwww.dandoaluz.net
www.partos.com.ar
www.partolibre.com.ar
www.partohumanizado.com.ar
www.doulasdeargentina.com.arwww.elpartoesnuestro.es
www.relacahupan.org
www.crianzanatural.comwww.busquedapermanente.blogspot.com
www.parterianatural.com.ar
www.doulaamorosamente.blogspot.com
www.soniacavia.com.ar

Recomendaciones de la OMS sobre el parto y el nacimiento

Callate y Pujá, un corto (un poco fuerte, aviso).

12 comentarios:

L! dijo...

Qué bueno que ustedes pudieron!!!
A nosotros el embarazo nos pasó por encima como entre miles de cosas, así que por más que en algún momento apareció algún atisbo de eso, finalmente quedamos dentro del sistema. Tal vez el próximo o la próxima...
Beso,

Margot/Cecilia dijo...

Hola, L! Leíste todo el choclo, y rapidísimo! Posteé y al ratito estaba tu comentario. :)
Gracias.
Háganlo en el próximo si pueden, sí! :)

Un beso.

Romi dijo...

Wow, nena, me re asustaste con todo lo que pusiste que hacen en los hospitales/clínicas. A mí, creo, me falta un rato largo para tener un hijo, pero cuando llegue el momento me parece que voy a leer mucho sobre partos "en casa".

¡Ah, felicitaciones por lo del blog en Crítica!

Beso :)

Margot/Cecilia dijo...

romi: uy, no era mi intención asustar, perdón!!
Igual no es imprescindible que sean "en casa" para que sean tratados como corresponde, solo hay que buscar los profesionales adecuados. :)

Muchas gracias!!!

Isabel dijo...

guau. sabía la gran parte de esta historia pero vuelve a impresionarme tu ir en contra de todo lo esperado, y contra el mas vale malo conocido que bueno por conocer. y no desanimarse ante el primero ni ante el décimo no, porque cuando una sabe lo que quiere va hasta donde sea para llegar.

yo creo que casiel se va a sentir muy especial por la forma en que nació, y por la importancia que se le dio al parto cuando tenga edad para entenderlo. sabé que eso es algo super importante para la historia mental del muchachin.

te quiero mucho amiga jipi :p

Turca dijo...

Muy claro!!!!!!!!
Pariste con Raquel y Alejandra? Me encantaría saber cómo resultó la experiencia =)
Felicidades por la búsqueda!
Besossssss.
P.D.: Gracias por el link! Te dejo otros www.doulaamorosamente.blogspot.com y www.parterianatural.com.ar ;)

Margot/Cecilia dijo...

isabel (chizz): gracias por tu comentario, es re lindo todo lo que me decís. Yo también te quiero mucho mucho.

Turca: Gracias! Bienvenida a mi blog. :)
¡Buenísimo cómo pescaste con quiénes hicimos la preparación y los controles!
Te cuento del parto en un mail, y/o en algún post próximo. Resultó impresionantemente bello y para mí perfecto, pero tiene un par de sorpresas.
Gracias por los links!
Ah, te lo digo en el mail si no, pero por las dudas: ¿es posible que me admitas en tu otro blog?


Beso!!!

Tina dijo...

Tenés que contar detalles del dia del parto pooooooor favor te lo pido!!!

Yo fui a cuchillo con Tobi porque estaba en la semana 42 y no había bajado, no tenía contracciones ni dilatación ni nada. :(

Como la pasé bien, no tuve dolor ni nada, el 2do lo tuve igual porque viste que una cesarea tan seguida (al año y pico) es como que sí o sí te abren nuevamenchi.

Margot dijo...

Hola, Tina! Lo voy a contar en algún próximo post, de eso no hay duda. :)

Un beso enorme a los tres!

queveselcielo dijo...

Te leo hace bastante, siempre en silencio, siempre con ganas de decir algo.

Me encanta la cotidianeidad y la poesía con la que transmitís.

Con respecto a éste texto, el tener un embarazo y un parto lo más natural posible lo venía pensando hace bastante, y creo que leer ésto fue lo que necesitaba para convencerme.
Me falta aún para pensar en tener hijos, pero me siento identificada con tu búsqueda y agradecida por la información que encontraste y contaste.

Seguramente vuelva, igual te deseo suerte, pero presiento que tenés una energía muy sana y positiva, presiento que de toda experiencia -buena y mala- intentás aprender, quizá por eso me veo en vos, y ojalá continúe viéndome mientras te leo.


Un abrazo.

Sofía

Margot/Cecilia dijo...

Hola, Sofía! Gracias por tu mensaje, obviamente es muy lindo ser receptora de tales palabras. :)

Me encanta tu seudónimo blogger porque es el título de un tema hermoso de Spinetta.

Yo también te deseo suerte, especialmente cuando te toque vivir un embarazo y un parto (ya que estamos en ese tema...).

Es cierto que trato de aprender de todo, es tan lindo percibir y crecer...

En el futuro no te quedes con las ganas de decir cosas por acá!

Besos.

Sonix dijo...

Hola, he venido aquí porque tu hermana Annie recomendaba la lectura de tu blog ^^, pero especialmente y sobre el parto natural, esta y otra entrada. La de diciembre la leí el otro día, y es muy emocionante. Hoy he leído esta y es más informativa, pero también me gustó.
Como nunca he estado embarazada desconozco muchas cosas todavía sobre el parto y el embarazo en sí (sólo sé que me da un miedo tremendo el dolor y los cortes y demás), y por eso he ido descubriendo muchas cosas que se hacen en la sanidad, supongo que la española no es muy diferente que la argentina en ese aspecto.
Es bonito que compartas tus conocimientos adquiridos con todos nosotros. Gracias por la información! Sin duda me será útil algún día.
¿Y ya te he dicho que la entrada de diciembre es muy emotiva y bonita? Preciosa...
Bueno, gracias y un saludito!