miércoles, diciembre 3

Arnold Schwarzenegger al rescate y una mamá no tan hot con pasado psicópata

Estamos en plena mudanza, y además tenemos que arreglar el departamento para devolverlo. Y ver a mucha gente. Para colmo en vez de aprovechar que estoy a mil y adelgazar (como cuando nos estábamos por casar), estoy ansiosa y me devoro todo (además de que me dan ganas de disfrutar cosas que allá no hay tanto, como facturas ricas o barcitos interesantes con menúes raros). Así que todavía no está determinado si este verano voy a ser una "hot mom" como quería o lo dejamos para más adelante.

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No comemos carne muy seguido. Anoche nos tocó, e hice carne al horno con papas, y terminamos comiendo a la una de la mañana. La vaca tuvo su pequeña venganza: dormí muy mal. En una de las pesadillas mi ex novio se empezaba a poner medio violento conmigo en una súper camioneta que era de Arnold Schwarzenegger, y yo lo llamaba a éste para que me defienda, pero como no me acordaba de su nombre empezaba a gritar "¡Terminator! ¡Terminator!". Lo mejor de todo es que me defendió y después lo quise abrazar porque estaba muy angustiada pero se fue (con Sarah Connor, seguramente), y me desperté mal pero pensando qué buen tipo que es.

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Diálogo con mi "brillante" noviecito yanqui de hace como una década (mierda!):
Kari: El sexo es como el bowling (pausa de segundos donde yo me imaginaba algunos paralelismos posibles), hay que practicar para ser mejor.
Yo: (para pelearlo) Ah, ¿entonces no te importaría que yo practique con otros?
Kari: Eeehhhh...

Como el tipo era un poco indiferente hacia mí, era más grande y yo estaba muy sola, me volví medio psicópata (pero haciéndome la dura y la que no me importaba nada a veces, para colmo, y no me salía tan bien). Cuando ya sabía que no debía juntarme más con él, porque no me hacía bien, y además como iba a volver a Argentina algún día, quería una foto suya. Nunca se dejaba filmar ni sacar fotos, excepto las horas en las que me hizo filmarlo haciendo piruetas en skate porque quería hacer un video (por dios, qué sola que estaba, consideraba eso diversión). Yo estaba acostumbrada, por vivir en un pueblo, a que mis hermanos conozcan a los chicos que me gustaban o con los que pasaba algo. ¡Quería que al menos conozcan la cara del yanqui/finlandés!
Kari una vez me había mostrado que tenía dos identificaciones tipo cédula: una de Maryland, que era donde vivíamos, y la otra de California, porque había vivido un año ahí tocando música en la calle. Esa ya no servía y la tenía en una lata, entonces una noche en la que estaba medio borracha y fuimos a su casa aproveché en un momento en el que fue al baño y me la puse en un bolsillo trasero del jean. Después de un rato de mirar tv se puso cariñoso, y cuando su mano bajó hacia mi cola, me dijo "¿qué tenés acá?". Me puse nerviosa y le dije "mi carnet del college". Entonces no podía llevármela, porque si el chico sumaba 2+2 se iba a dar cuenta de mi condición cleptómano-psicópata. Entonces en un momento posterior aproveché para revolear la cédula en la oscuridad del desordenadísimo cuarto. Después de dormir un par de horas llegó el momento de que me lleve a la casa donde yo vivía, y cuando se estaba poniendo el pantalón dijo "What the fuck?", y se quedó mirando su interior. Después de unos segundos sacudió una de las piernas y cayó la cédula. No sabía donde meterme, y me hice la boluda. El cuarto estaba tan desordenado que disminuyó un poco el grado de extrañeza de lo que acababa de pasar, pero igualmente se quedó muy pensativo.
Una semana después, aproximadamente, me mostró que tenía una foto tamaño A4 con sus compañeros de trabajo. Así que planeé el hurto: otra noche en la que seguramente iríamos a su casa usé la cartera más grande que tenía, bastante vacía. ¡Fue robo premeditado! El plan era sacársela, fotocopiarla, y después dejarla de nuevo en su cuarto. El primer paso lo hice de acuerdo a lo planeado: cuando fue al baño agarré la foto y la puse en mi cartera. Fotocopiarla se me complicó porque justo la fotocopiadora a color del local cerca de casa estaba rota, entonces me volví loca buscando otra. Cuando lo logré y, usando de nuevo la cartera grande, fui a la casa de Kari otra noche, me encontré una gran sorpresa. Había dejado su habitación inmaculada. Estaba todo prolijamente ordenado como nunca antes había estado. Mientras me decía -orgulloso- "estuve todo el día ordenando", yo no podía dejar de imaginármelo buscando desesperado la foto con los compañeros de trabajo, o el agujero a otra dimensión desde donde le robaban o cambiaban de lugar las cosas.
Así no podía devolverle la foto sin que sea evidente mi "préstamo psicópata", entonces me la volví a llevar en mi carterita tejida. Y todavía la tengo, en mi famosa valija negra de recuerdos.
Uy, la fui a buscar para scanearla y ponerla acá pero no está. No sé dónde estará.
Acá también hablo de Kari.
(hago esto porque todavía no etiqueto los posts)

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Cuando tenía 14 años no había salido nunca a bailar, ni iba a fiestas, ni a la plaza del pueblo a boludear, ni a los jueguitos. Tenía una amiga con la que salíamos a pasear en bici, y también íbamos a la montaña. Una vez fuimos al refugio del Cajón del Azul con su hermana mayor, que era conocida del dueño. A la noche nos quedamos charlando alrededor del fogón con otros conocidos del refugiero. Me empecé a perseguir porque veía que uno me guiñaba el ojo, me sentía desamparada en el medio de la montaña con ese tipo tan atrevido que quién sabe qué iría a hacer. Era horrible, cada vez que pasaba la mirada cerca de su cara, me guiñaba. Estaba muy incómoda y asustada.
Pero resulta que el tipo tenía un tic nervioso. Me sentí muy mal, era bueno el hombre.

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A Casiel le armo un corral con muebles, la puerta del ropero y una valija. A veces se logra escapar, empujando la practicuna o pasando por arriba de unos almohadones que tapan un hueco de su prisión didáctica. Cuando me acerco empieza a reirse a los gritos mientras va gateando rapidísimo hacia su meta, que es la puerta del comedor, donde se para y empieza a dar golpes, o se sienta y saca maderitas del piso de parquet (jenga gigante) para jugar. Yo me lo quiero comer al verlo así tan pícaro. Ya lo filmé como tres veces haciendo esa carrerita.

2 comentarios:

Me drogo y vengo dijo...

lo bueno es que ya no tiene la puerta del ropero y ahora te puede morder las piernas mientras chateas!

Margot/Cecilia dijo...

Jajajaja, fue duro sin la puerta del ropero.
¡Casi ni chatear pude!
Qué bueno que el ropero quedó bien en tu cuarto.