martes, 7 de marzo de 2006
Frío y calor
Estoy en el local. Dejándome envolver por la poesía que hay en la voz y la guitarra de Spinetta.
Tomando mate, sentada, leyendo un libro.
Afuera llueve. Cierro la puerta.
Veo a las viejitas salir del negocio de lanas de enfrente, acomodándose las chalinas o pañuelos sobre sus cabezas para protegerse del viento helado.
¿Qué harán con esa lana? ¿Una mantita para un futuro nieto? ¿Un pullover para algún hijo, que les cebará mates mientras tejen? ¿Una bufanda para una nieta adolescente?
¿Quién las ayudará a ovillar la lana? ¿O lo harán en el respaldo de una silla, que hace tiempo está vacía?
¿Dónde viven?
Siempre me dio curiosidad la vida de los viejitos. Los respeto mucho. Los valoro mucho. Me dan como nostalgia (de esa que es a futuro).
¿Seré viejita alguna vez? Si hablo de lo que pienso sobre eso, la gente que me quiere se enoja. Así que mejor me callo.
Igual, me tengo que callar ahora. Entró una viejita para ver si le quiero comprar sus pullóveres.
Tomando mate, sentada, leyendo un libro.
Afuera llueve. Cierro la puerta.
Veo a las viejitas salir del negocio de lanas de enfrente, acomodándose las chalinas o pañuelos sobre sus cabezas para protegerse del viento helado.
¿Qué harán con esa lana? ¿Una mantita para un futuro nieto? ¿Un pullover para algún hijo, que les cebará mates mientras tejen? ¿Una bufanda para una nieta adolescente?
¿Quién las ayudará a ovillar la lana? ¿O lo harán en el respaldo de una silla, que hace tiempo está vacía?
¿Dónde viven?
Siempre me dio curiosidad la vida de los viejitos. Los respeto mucho. Los valoro mucho. Me dan como nostalgia (de esa que es a futuro).
¿Seré viejita alguna vez? Si hablo de lo que pienso sobre eso, la gente que me quiere se enoja. Así que mejor me callo.
Igual, me tengo que callar ahora. Entró una viejita para ver si le quiero comprar sus pullóveres.
No te busques ya en el umbral
Le quería regalar ese tema a alguien, pero me contuve porque sentí que le daba con un palo.
Y ayer lo escuché dos veces, en dos versiones diferentes; para colmo una después de la otra, por casualidad. Es el último tema de "Elija y Gane" y el primero de "Obras en Vivo". Pensé: ¿y si me lo regalo a mí? (o me lo regala Spinetta). Cuando cambié el CD y puse play (tuve una mañana muy Spinetta), dije: no me jodas. Y ahí lo tomé como un regalo.
Sí. Ahora es mío.
... y que siga la melodía.
---------
Umbral (no te busques ya en el umbral)
Estás perdiendo el tiempo
pensando
pensando
y estás fuera de la vida
jugando y perdiendo
comes tu conciencia
manzano
en la nada
y qué dirán las sombras
de todo tu regreso?
tu ser sin querer
se abrirá de la luz
se irá
sin saber que lo amaban
deambulan los perros
en busca de agua
y cómo pasa el tiempo
(sin fuego, sin fuego)
ángel de los pobres
pequeña armonía
algo tiene un ensueño
en este insomnio
tu ser sin querer
se abrirá de la luz
se irá
sin saber que lo amaban
ya dejaste tu día
buscando las moras
hablando de los niños
que escriben en el cielo
apocalypse
(de aire, de aire)
termina todo ese oro
en tus bolsillos
perdido en el mundo
tu ser te dolerá al fin
ombligo de piedra marcado
No
te busques más
en el umbral
para que sepan
la forma de tu alma
y que siga la melodía.
Y ayer lo escuché dos veces, en dos versiones diferentes; para colmo una después de la otra, por casualidad. Es el último tema de "Elija y Gane" y el primero de "Obras en Vivo". Pensé: ¿y si me lo regalo a mí? (o me lo regala Spinetta). Cuando cambié el CD y puse play (tuve una mañana muy Spinetta), dije: no me jodas. Y ahí lo tomé como un regalo.
Sí. Ahora es mío.
... y que siga la melodía.
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Umbral (no te busques ya en el umbral)
Estás perdiendo el tiempo
pensando
pensando
y estás fuera de la vida
jugando y perdiendo
comes tu conciencia
manzano
en la nada
y qué dirán las sombras
de todo tu regreso?
tu ser sin querer
se abrirá de la luz
se irá
sin saber que lo amaban
deambulan los perros
en busca de agua
y cómo pasa el tiempo
(sin fuego, sin fuego)
ángel de los pobres
pequeña armonía
algo tiene un ensueño
en este insomnio
tu ser sin querer
se abrirá de la luz
se irá
sin saber que lo amaban
ya dejaste tu día
buscando las moras
hablando de los niños
que escriben en el cielo
apocalypse
(de aire, de aire)
termina todo ese oro
en tus bolsillos
perdido en el mundo
tu ser te dolerá al fin
ombligo de piedra marcado
No
te busques más
en el umbral
para que sepan
la forma de tu alma
y que siga la melodía.
domingo, 5 de marzo de 2006
Pongámonos al día
Estos son proyectos de posts, algunos más aburridos que otros (pero todos aburridos), que tengo desde hace más de una semana.
Los pongo por fecha, más o menos.
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Miércoles.
Se fue mi hermanita y con ella las noches de descontrol (nota de la autora: o eso pensabas, ilusa). Al menos un poco. Además, ya inauguré la casa. Voy a contar de la última de esas noches. La despedida de Clari.
Empezamos con un comentario gracioso del chico ojotas Dire Straits:
"Siempre tenés una sonrisa ¿Eso lo sabés? Lo sabés, ¿no?"
Así, todo sorprendido y curioso, como diciéndome algo que yo no había notado. Sí, lo noté, y en el momento no me percato. Un día fui a la feria, pensando no sé qué, y Clari, que estaba atendiendo el puesto, me dice "ay, me asustás con esa sonrisa!". Y sí, parecía re-psicópata.
También lo notó Chizz en este post.
Y es re así. Tanto, que mis primeras líneas de expresión son rodeando las comisuras de la boca.
Otro comentario de este chico, de cuando de puso meloso: "no tenés perfume (duelo de Narcisse), pero tenés un olor riquísimo". Una semana después su amigo me decía "vos con tu olor a mujer..." ¿Tendré muchas feromonas? ¿Qué onda?
Este amigo hizo un comentario de confianza graciosa. Yo estaba en una mesita, acuclillada en la silla, poniéndole maní a mi cerveza (siempre tengo una bolsita de maní en mi cartera). Pasan ojotitas y su amigo y éste me dice "¿Qué hacés?? ¡Gordita golosa!". Sin que lo conozca.
Ese chico después quedó sorprendido cuando en un momento, hablando de las edades (tema que siempre viene a colación cuando estamos las tres hermanas juntas), me retó a adivinar la suya. La dije "a ver, mirame". Lo miré unos instantes: sus arrugas y sus líneas de expresión. Y le dije "tenés 23". Se quedó mudo y con cara de susto. El amigo, sorprendido: "tiene 23".
Más tarde le dije "vos cantás" (tenía linda voz) y me dijeron, asustados de nuevo, que cantaba en una banda (¿lo viste? ¿cómo sabías?). Y después me empezaron a pedir que adivine otras cosas. Pero no.
Este chico dijo, en un momento de la noche (que tuvo cervezas en la plaza, uso de baño en casa/fábrica de alfajores -con alfajor de frutilla incluído-, y coros), que tal vez mi hermana mayor y yo parecíamos tan pendejas porque de tanto sonreir y enojarnos ejercitábamos los músculos de la cara. Y por momentos me miraba y me decía "desenojate"; "cambiá la cara"; "no te enojes", porque yo no me daba cuenta y me re enchinchaba con un chabón, que era un imbécil y realmente me sacaba. En un momento le tiré un caramelo sugus en la frente (chica violenta), con eso digo todo. Este chico idiota en una de nuestras peleas me dijo "vos no hablés. Cuando tengas más de quince años me vas a poder venir a decir algo a mí". Y mi delicada respuesta: "soy más grande que vos, pelotudo".
Otro comentario gracioso fue el del amigo de ojotas Dire Straits, que en un momento cantó esa partecita de un tema de Full Monty que dice "we - are - fa - mi - ly", y dijo que eso teníamos que cantar nosotras. Es re lindo tener hermanas así, para joder un poco (con las edades como las tenemos, en este pueblo que fomenta la eterna adolescencia). No me voy a olvidar nunca esta etapa.
---------
Viernes.
Sueños
Anoche soñé que me mataba un dinosaurio. En realidad yo elegía que un velociraptor me coma la cabeza, frente a no sé qué otra muerte, menos rápida.
El otro día soñé que me ponía una ferretería. Y que cuando me daba cuenta de que no sabía nada de eso, pensaba: "bueno, los clientes me explicarán, a los hombres les parece simpático que una sea tonta con esas cosas". Muy machista mi sueño, me sentía Marilyn.
Adicta
Estoy comiendo un paquete de Rumbas por día. No sólo en alcohol y ropa se ahogan mis penas.
Ya sé dónde las venden más baratas, y lamentablemente también sé cuántas calorías tienen: ¡Como 500! Y por día se necesitan de 1500 a 2000. Así que es un poco exagerada mi ingesta de galletitas.
Y se va notando esa forma de ahogar las penas con cerveza con maní, chocolate, galletitas y sandwiches de milanesa de la feria. Se va notando en mi pancita. Ya seguirá a otros lados si no me empiezo a calmar.
Por este trauma con mi pancita es que hoy me estuve probando remeras en el local. Para salir a la noche (cualquier excusa es válida para mi alma consumista). No me dí cuenta de que los viernes viene mucha gente. Yo estaba probándome una celestita que se ataba atrás, y entraron dos grupos de chicas a revisar todo. Estuve quince minutos con la remerita puesta, etiqueta colgando del cuello (tapada por mis mechas largas).
Las remeras las vendemos con prueba de calidad y todo.
Era así cada vez que me probaba (fueron cuatro o cinco). La última fue la peor. Tenía una remerita toda escotada (otra forma de disimular la pancita) y entra un tipo. Yo salgo del vestidor, acomodandomela rápido como puedo, y era el que entrega los productos de limpieza (¡siguen mis aventuras de este tipo!). Vergüenza de atenderlo así, despechugada. Cuando se fue agarré una musculosa hindú, escotada y transparentosa. Pero me controlé y pensé "¿te pasó todas las veces, por qué no te va a pasar ésta?". Al final me compré un pantalón hermoso. Zarpadísima.
Mimada
Para aflojarle a las rumbas y a las Melita avena y miel (¿las probaron? ¡Son lo más! Estoy descubriendo las galletitas, antes no comía), anoche pasé por el súper y compré Casancrem y pan. No me quise comprar dulce, ya que mis papás hacen y son mucho más ricos y sanos.
Salí del súper y llamé a mi papá, pidiéndole que me regale un dulce. Que lo baje (vive en la ladera de la montaña), y yo lo pasaba a buscar en algún momento por su trabajo.
Esta mañana me desperté, triste (costó mucho), quemé dos tostadas, puse dos más, y cuando salí para ver si realmente hacía calor o el sol engañaba (¡maldito verano! ¡te fuiste sin avisar! ...yo me quedé con las ganas de ir un día al lago y nadar toda la tarde), vi en la tranquera tres frasquitos brillando con el sol. Primero pensé "quién puso mis guindas en la entrada?!", pero después caí y me puse muy contenta, y fui corriendo a buscarlos, feliz. Dos de guindas y uno de ciruelas.
Después mi papá me dijo "¡qué guardiana que es tu perra! metí la mano por la tranquera y me la lamía" (no lo conoce).
Sigo llena de rasguños de la perra. No se tranquiliza más. El otro día me tiró al piso. Saltó, y caí de espaldas al suelo. La perra arriba, mi bolso a un costado. Quedé toda llena de arena, hasta en la bombacha. Ella se revolcaba por el pasto para sacarse la arena. Y yo la retaba cagándome de risa.
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Sábado.
Con mi amiga del alma, de siempre, "de fierro", brindamos por mensajitos. Algunas noches conversamos por este medio (ella está en Bariloche y yo en El Bolsón), y cuando nos damos cuenta las dos estamos tomando una cerveza.
¡AGUANTE 1985! es el brindis.
Es el año en que nos conocimos. Y fue nuestro nombre en un taller de la secundaria, que era en equipos.
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Jueves.
Lo malo de leer un libro que no es tuyo es enamorarte de su olor, de su texura, de su tipografía, que sea un infaltable en tu bolso o mochila, que prácticamente sea parte tuya... y que después lo tengas que devolver.
Yéndome (de espaldas y cada vez más chiquita)
Ya pasé la mitad de Cartas a Théo y siento cómo me voy alejando cada vez más de él; agotando quizás lo último que vamos a hacer juntos.
Como siempre cuando se trata de mi cerebro, me salió todo al revés. En diciembre hice una lista de cosas "tontas y lindas" que no quería olvidarme de esos días hermosos (con ítems como: upa a lo Piazzolla - la estrella que se cayó antes de los cinco minutos - Artaud hasta dormirse - pasarelas - ¿el fuego es sedentario? - el pantalón rojo que se cae - "está hecho de... barro, tal vez" - la cruz del sur que guía - pullover de Narcisse [narcótico] - cerveza y panchos en el campito de las manzanas [y pasó el gaucho atlético]), y lo que terminó pasando es que no me puedo olvidar nada. No puedo comer un guiso de fideos, papas y arroz sin ponerme mal.
Perth
Mi hermana estaba haciendo limpieza de cosas viejas (es increíble la cantidad de boludeces que guarda. Cajitas, resortes, diez centímetros de alambre, otros diez centímetros de guirnalda de navidad...), y en un momento saca una bolsita de tela, la tira en el centro de la mesa y me dice "sacá una runa". Yo metí la mano, toqué las runas de cerámica, y una me llamó. Respetando la sensación que me dio (aunque se me hayan ido mis aptitudes de bruja, esa sigue: sentir la energía de algunas cosas o personas), que salió dada vuelta. Parece que era Perth. Y el libro decía: "Perth al revés te aconseja no esperar demasiado, o no esperarlo de un modo ordinario, ya que lo que hasta ahora creías y sabías ha llegado a su término.
Simplemente, no puedes continuar lo que hacías sin sufrir.
Concentra tu energía dispersa, concéntrate en tu vida, en este momento, en tu aquí y ahora, en lo que necesitas para crecer. Pero, más importante aún, Perth te aconseja que no te concentres en el resultado ni te ciegues con la memoria de tus logros anteriores, ya que al hacerlo estarás robándote de tu presente real, el único momento en el cual el cambio personal puede llevarse a cabo" (Y seguía un poco más). Mírenlo a Perth, eh. La tenía clara.
---------
Viernes.
Un secreto viejo: el invierno de 1999 volví por primera vez a mi pueblito después de mi partida post-secundaria. Y también volví, por ese par de meses, con una especie de novio que solía tener. El chico, ese invierno, tenía rastas por abajo de los hombros, que había cultivado con mucho trabajo.
Mi hermanito tenía piojos. Que pasaron a mi cabeza.
Un día voy a la casa de mi novio invernal, y tenía el pelo corto.
"Tenía piojos", me dijo. "Y me lo tuve que cortar".
...¡La culpa que me dio!
Yo le pasaba el peinecito como una buena novia (con cada pasada abnegada tratando de borrar un poco mi culpa), pero nunca dije nada de la causa de su pérdida.
Un secreto nuevo: el jueves fuimos en familia a ver la banda del esposo de mi mamá, y le convidé varios fondos de vaso de cerveza a mi hermanito de trece, cuando nadie miraba.
Algo que me gusta: reirme de mí misma. Y me hace bien.
Algo gracioso: el piropo autóctono (tendría que ir a mi clasificación). Pasan dos tipos y uno me dice "Ay... mami, qué linda que estás". Da dos pasos y grita "¿Cachai???".
Algo que me molesta de El Bolsón: me siento constantemente observada, es como que hay un gran hermano mirándolo todo.
Boludeando (metáforas)
Almuerzo en lo de mi mamá (mi hermana mayor, mi hermanito, el esposo de mi mamá, mi mamá y yo). Me estaban gastando por mi cantor de tangos.
Todo en tono de joda.
Yo: Y bueno, no hay nada en este pueblo, quedan sólo nenes o viejos. Los nenes son inmaduros y los viejos están casados.
Jote (esposo de mi mamá): No generalices, hay pendejos maduros como viejos inmaduros.
Madre: No tenés por qué tener problemas.
Yo: Bueno, pero Ana (hermana mayor), por ejemplo, tiene un problema con la madurez. El suyo tiene 21. Hay etapas que hay que pasar, es así.
Madre: Y, quédense con los viejos.
Jote: Ojo con eso, que si es muy viejo, será muy maduro pero no es "más-duro".
Todas: DIOS!!!
Yo: Lo bueno es que así como no hay hombres de nuestra edad, tampoco hay mujeres. Entonces se pelean todos por nosotras.
Todos: ah, bueeeno, jajaja.
Madre: Estás como Felipe (de Mafalda): "hoy me levanté pedante".
Yo: No, en serio, es deprimente.
Madre: Bueno, pero el tuyo no es tan chico.
Yo: Y, tiene 17.
Madre: Ehhhhhh!
Yo: No, tiene 23, pero igual... NO.
Madre: Y, quédense con uno viejo y uno joven. Uno para el día y otro para la noche.
Yo: Sí, vamos a tener que hacer eso.
Madre: Como las toallitas: uno es el nocturno.
Yo: Sí, y tenés el ultrasuave, el extra-absorbente...
Jote: Ap...
...
No sé qué iba a decir, pero se debe haber contendo por estar entre mujeres (a esta altura mi hermanito ya había desaparecido, supongo que de vergüenza ajena).
Emocionada
Ésta fue la respuesta más hermosa a mis avisos por mail del nuevo blog. Es de Budka (que tiene un blog excelente, ahí, medio abandonado).
"Siempre que veo una mujer con harina en las manos;
O a esa horrible cerveza artesanal de El Bolsón;
O a esas hermosas chicas que escuchan en sus iPods cualquier cosa menos Piazzolla;
Que tienen onda pero comprada en Palermo.
Cada vez que alguien dice “chucha”
Con cada chica que camina cerca de la sede Puán, triste porque sus zapatitos no brillan como en la plaza de un pueblo.
Cada vez que cito algo de lo poco que sé de Pizarnik y la gente cree que soy un tipo triste...
Pienso en vos.
Menos que en la gente que quiero, pero mucho más que el resto de las personas que no conozco.
(...)
Algún día saldré del armario y volveré a sacar fotos, mientras tanto seguiré tu último rayo de sol.
Por suerte yo conservo el mío, ya que lo he visto varias veces (en Ohio, en Berlín, en Remedios de Escalada y en El Bolsón)."
(GRACIAS)
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Sábado.
Hoy hice mi segunda vidriera. Soy la armadora de vidrieras oficial. Según una de las dueñas, mi primer vidriera fue la mejor que tuvo el local hasta ahora (esssaaaa).
Anoche fue otra noche descontrol. Entre muchas cosas, hubo un encuentro con un antiguo amigo del barrio (no, no es el "E" de la lista, no es para tanto lo mío [aunque podría escrachar a mi hermana contando que sí pasó a formar parte de SU lista]), y se la pasó hablando de cómo yo jugaba al fútbol con ellos en la canchita, que era un pibe más con mis zapatillas Adidas, mis pantalones elastizados (¿eh? ni yo me acuerdo de eso), mi pelo largo con flequillo. Que después me hice heavy metal y no lo saludé más. Que en un momento me pelé. Que una vez vio un programa de tele y escuchó un mensaje mío (era Medios Locos, le pedía a Gillespie que se saque los anteojos y me haga ojitos, y no sé cómo supo que era yo. Hay muchas Cecilias de El Bolsón). Que tenía un perro que se llamaba Tomás. Y así, sin parar.
Mi hermana no sabía si ponerse celosa o preocuparse por una posible condición psicópata del chico.
Otra cosa que hubo en la noche fue una vuelta a los asaltos. En el medio de un bar, estábamos en ronda charlando (cinco chicas, siete chicos), y parece que a alguno se le ocurrió girar una botellita en el medio y jugar a la botella. Así que me encontré dándole un piquito a un chico cuya novia estaba a unos tres metros (nunca se enteró), y, como siempre, siendo la única lanzada que se prende en todo lo que sea lúdico.
Después fui con mi hermana a un boliche. Cuando llegamos había chicas en la ventanilla discutiendo de esa forma mueveorto que se usa a veces para conseguir rebajas en los boliches. Me paro atrás con mi hermana. Las chicas dicen que pasemos, que tienen que seguir hablando con él, y se abren un toque para que yo hable. Él me dice de una el valor de la entrada. Seria, le digo que sí. Le doy un billete inferior al costo de nuestras entradas, le digo "dos", le hago un parpadeo leve con una sutil inclinación de la cabeza hacia adelante. Me dice "sí" y me da dos entradas.
Creo que las chicas me querían golpear. Soy una capa.
Después de tanta joda decidí venir el fin de semana a la casa de mi papá (desde su compu escribo) a purificarme un poco y visitar a mi plantita.
Me dí cuenta de que la movida de blog fue un poco al pedo. Basta poner Blogger "el bolsón" cecilia en google y ya aparece la página (y esa es una búsqueda posible de tantas).
Y bueno, que entre quien quiera; jódanse.
Pero no jodan.
Y la verdad es que en realidad estoy hecha mierda. Otra vez mi estado de ánimo vuelve a lo usual (y cito de mi agenda: "la depresión queda guardadita ahí, como un carozo negro con algo de carne, pudriéndose"). Tengo algunas razones, por ejemplo que tiene que ver con mi "mal de amores". Lo que contaba de vivir en un pueblo, y cómo la presencia tácita (y no tanto) de alguien me desmorona.
Porque en realidad su presencia está en mí. Mientras eso dure, va a ser así.
Pero estar acá es lo mejor. Sin dudas.
Los pongo por fecha, más o menos.
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Miércoles.
Se fue mi hermanita y con ella las noches de descontrol (nota de la autora: o eso pensabas, ilusa). Al menos un poco. Además, ya inauguré la casa. Voy a contar de la última de esas noches. La despedida de Clari.
Empezamos con un comentario gracioso del chico ojotas Dire Straits:
"Siempre tenés una sonrisa ¿Eso lo sabés? Lo sabés, ¿no?"
Así, todo sorprendido y curioso, como diciéndome algo que yo no había notado. Sí, lo noté, y en el momento no me percato. Un día fui a la feria, pensando no sé qué, y Clari, que estaba atendiendo el puesto, me dice "ay, me asustás con esa sonrisa!". Y sí, parecía re-psicópata.
También lo notó Chizz en este post.
Y es re así. Tanto, que mis primeras líneas de expresión son rodeando las comisuras de la boca.
Otro comentario de este chico, de cuando de puso meloso: "no tenés perfume (duelo de Narcisse), pero tenés un olor riquísimo". Una semana después su amigo me decía "vos con tu olor a mujer..." ¿Tendré muchas feromonas? ¿Qué onda?
Este amigo hizo un comentario de confianza graciosa. Yo estaba en una mesita, acuclillada en la silla, poniéndole maní a mi cerveza (siempre tengo una bolsita de maní en mi cartera). Pasan ojotitas y su amigo y éste me dice "¿Qué hacés?? ¡Gordita golosa!". Sin que lo conozca.
Ese chico después quedó sorprendido cuando en un momento, hablando de las edades (tema que siempre viene a colación cuando estamos las tres hermanas juntas), me retó a adivinar la suya. La dije "a ver, mirame". Lo miré unos instantes: sus arrugas y sus líneas de expresión. Y le dije "tenés 23". Se quedó mudo y con cara de susto. El amigo, sorprendido: "tiene 23".
Más tarde le dije "vos cantás" (tenía linda voz) y me dijeron, asustados de nuevo, que cantaba en una banda (¿lo viste? ¿cómo sabías?). Y después me empezaron a pedir que adivine otras cosas. Pero no.
Este chico dijo, en un momento de la noche (que tuvo cervezas en la plaza, uso de baño en casa/fábrica de alfajores -con alfajor de frutilla incluído-, y coros), que tal vez mi hermana mayor y yo parecíamos tan pendejas porque de tanto sonreir y enojarnos ejercitábamos los músculos de la cara. Y por momentos me miraba y me decía "desenojate"; "cambiá la cara"; "no te enojes", porque yo no me daba cuenta y me re enchinchaba con un chabón, que era un imbécil y realmente me sacaba. En un momento le tiré un caramelo sugus en la frente (chica violenta), con eso digo todo. Este chico idiota en una de nuestras peleas me dijo "vos no hablés. Cuando tengas más de quince años me vas a poder venir a decir algo a mí". Y mi delicada respuesta: "soy más grande que vos, pelotudo".
Otro comentario gracioso fue el del amigo de ojotas Dire Straits, que en un momento cantó esa partecita de un tema de Full Monty que dice "we - are - fa - mi - ly", y dijo que eso teníamos que cantar nosotras. Es re lindo tener hermanas así, para joder un poco (con las edades como las tenemos, en este pueblo que fomenta la eterna adolescencia). No me voy a olvidar nunca esta etapa.
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Viernes.
Sueños
Anoche soñé que me mataba un dinosaurio. En realidad yo elegía que un velociraptor me coma la cabeza, frente a no sé qué otra muerte, menos rápida.
El otro día soñé que me ponía una ferretería. Y que cuando me daba cuenta de que no sabía nada de eso, pensaba: "bueno, los clientes me explicarán, a los hombres les parece simpático que una sea tonta con esas cosas". Muy machista mi sueño, me sentía Marilyn.
Adicta
Estoy comiendo un paquete de Rumbas por día. No sólo en alcohol y ropa se ahogan mis penas.
Ya sé dónde las venden más baratas, y lamentablemente también sé cuántas calorías tienen: ¡Como 500! Y por día se necesitan de 1500 a 2000. Así que es un poco exagerada mi ingesta de galletitas.
Y se va notando esa forma de ahogar las penas con cerveza con maní, chocolate, galletitas y sandwiches de milanesa de la feria. Se va notando en mi pancita. Ya seguirá a otros lados si no me empiezo a calmar.
Por este trauma con mi pancita es que hoy me estuve probando remeras en el local. Para salir a la noche (cualquier excusa es válida para mi alma consumista). No me dí cuenta de que los viernes viene mucha gente. Yo estaba probándome una celestita que se ataba atrás, y entraron dos grupos de chicas a revisar todo. Estuve quince minutos con la remerita puesta, etiqueta colgando del cuello (tapada por mis mechas largas).
Las remeras las vendemos con prueba de calidad y todo.
Era así cada vez que me probaba (fueron cuatro o cinco). La última fue la peor. Tenía una remerita toda escotada (otra forma de disimular la pancita) y entra un tipo. Yo salgo del vestidor, acomodandomela rápido como puedo, y era el que entrega los productos de limpieza (¡siguen mis aventuras de este tipo!). Vergüenza de atenderlo así, despechugada. Cuando se fue agarré una musculosa hindú, escotada y transparentosa. Pero me controlé y pensé "¿te pasó todas las veces, por qué no te va a pasar ésta?". Al final me compré un pantalón hermoso. Zarpadísima.
Mimada
Para aflojarle a las rumbas y a las Melita avena y miel (¿las probaron? ¡Son lo más! Estoy descubriendo las galletitas, antes no comía), anoche pasé por el súper y compré Casancrem y pan. No me quise comprar dulce, ya que mis papás hacen y son mucho más ricos y sanos.
Salí del súper y llamé a mi papá, pidiéndole que me regale un dulce. Que lo baje (vive en la ladera de la montaña), y yo lo pasaba a buscar en algún momento por su trabajo.
Esta mañana me desperté, triste (costó mucho), quemé dos tostadas, puse dos más, y cuando salí para ver si realmente hacía calor o el sol engañaba (¡maldito verano! ¡te fuiste sin avisar! ...yo me quedé con las ganas de ir un día al lago y nadar toda la tarde), vi en la tranquera tres frasquitos brillando con el sol. Primero pensé "quién puso mis guindas en la entrada?!", pero después caí y me puse muy contenta, y fui corriendo a buscarlos, feliz. Dos de guindas y uno de ciruelas.
Después mi papá me dijo "¡qué guardiana que es tu perra! metí la mano por la tranquera y me la lamía" (no lo conoce).
Sigo llena de rasguños de la perra. No se tranquiliza más. El otro día me tiró al piso. Saltó, y caí de espaldas al suelo. La perra arriba, mi bolso a un costado. Quedé toda llena de arena, hasta en la bombacha. Ella se revolcaba por el pasto para sacarse la arena. Y yo la retaba cagándome de risa.
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Sábado.
Con mi amiga del alma, de siempre, "de fierro", brindamos por mensajitos. Algunas noches conversamos por este medio (ella está en Bariloche y yo en El Bolsón), y cuando nos damos cuenta las dos estamos tomando una cerveza.
¡AGUANTE 1985! es el brindis.
Es el año en que nos conocimos. Y fue nuestro nombre en un taller de la secundaria, que era en equipos.
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Jueves.
Lo malo de leer un libro que no es tuyo es enamorarte de su olor, de su texura, de su tipografía, que sea un infaltable en tu bolso o mochila, que prácticamente sea parte tuya... y que después lo tengas que devolver.
Yéndome (de espaldas y cada vez más chiquita)
Ya pasé la mitad de Cartas a Théo y siento cómo me voy alejando cada vez más de él; agotando quizás lo último que vamos a hacer juntos.
Como siempre cuando se trata de mi cerebro, me salió todo al revés. En diciembre hice una lista de cosas "tontas y lindas" que no quería olvidarme de esos días hermosos (con ítems como: upa a lo Piazzolla - la estrella que se cayó antes de los cinco minutos - Artaud hasta dormirse - pasarelas - ¿el fuego es sedentario? - el pantalón rojo que se cae - "está hecho de... barro, tal vez" - la cruz del sur que guía - pullover de Narcisse [narcótico] - cerveza y panchos en el campito de las manzanas [y pasó el gaucho atlético]), y lo que terminó pasando es que no me puedo olvidar nada. No puedo comer un guiso de fideos, papas y arroz sin ponerme mal.
Perth
Mi hermana estaba haciendo limpieza de cosas viejas (es increíble la cantidad de boludeces que guarda. Cajitas, resortes, diez centímetros de alambre, otros diez centímetros de guirnalda de navidad...), y en un momento saca una bolsita de tela, la tira en el centro de la mesa y me dice "sacá una runa". Yo metí la mano, toqué las runas de cerámica, y una me llamó. Respetando la sensación que me dio (aunque se me hayan ido mis aptitudes de bruja, esa sigue: sentir la energía de algunas cosas o personas), que salió dada vuelta. Parece que era Perth. Y el libro decía: "Perth al revés te aconseja no esperar demasiado, o no esperarlo de un modo ordinario, ya que lo que hasta ahora creías y sabías ha llegado a su término.
Simplemente, no puedes continuar lo que hacías sin sufrir.
Concentra tu energía dispersa, concéntrate en tu vida, en este momento, en tu aquí y ahora, en lo que necesitas para crecer. Pero, más importante aún, Perth te aconseja que no te concentres en el resultado ni te ciegues con la memoria de tus logros anteriores, ya que al hacerlo estarás robándote de tu presente real, el único momento en el cual el cambio personal puede llevarse a cabo" (Y seguía un poco más). Mírenlo a Perth, eh. La tenía clara.
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Viernes.
Un secreto viejo: el invierno de 1999 volví por primera vez a mi pueblito después de mi partida post-secundaria. Y también volví, por ese par de meses, con una especie de novio que solía tener. El chico, ese invierno, tenía rastas por abajo de los hombros, que había cultivado con mucho trabajo.
Mi hermanito tenía piojos. Que pasaron a mi cabeza.
Un día voy a la casa de mi novio invernal, y tenía el pelo corto.
"Tenía piojos", me dijo. "Y me lo tuve que cortar".
...¡La culpa que me dio!
Yo le pasaba el peinecito como una buena novia (con cada pasada abnegada tratando de borrar un poco mi culpa), pero nunca dije nada de la causa de su pérdida.
Un secreto nuevo: el jueves fuimos en familia a ver la banda del esposo de mi mamá, y le convidé varios fondos de vaso de cerveza a mi hermanito de trece, cuando nadie miraba.
Algo que me gusta: reirme de mí misma. Y me hace bien.
Algo gracioso: el piropo autóctono (tendría que ir a mi clasificación). Pasan dos tipos y uno me dice "Ay... mami, qué linda que estás". Da dos pasos y grita "¿Cachai???".
Algo que me molesta de El Bolsón: me siento constantemente observada, es como que hay un gran hermano mirándolo todo.
Boludeando (metáforas)
Almuerzo en lo de mi mamá (mi hermana mayor, mi hermanito, el esposo de mi mamá, mi mamá y yo). Me estaban gastando por mi cantor de tangos.
Todo en tono de joda.
Yo: Y bueno, no hay nada en este pueblo, quedan sólo nenes o viejos. Los nenes son inmaduros y los viejos están casados.
Jote (esposo de mi mamá): No generalices, hay pendejos maduros como viejos inmaduros.
Madre: No tenés por qué tener problemas.
Yo: Bueno, pero Ana (hermana mayor), por ejemplo, tiene un problema con la madurez. El suyo tiene 21. Hay etapas que hay que pasar, es así.
Madre: Y, quédense con los viejos.
Jote: Ojo con eso, que si es muy viejo, será muy maduro pero no es "más-duro".
Todas: DIOS!!!
Yo: Lo bueno es que así como no hay hombres de nuestra edad, tampoco hay mujeres. Entonces se pelean todos por nosotras.
Todos: ah, bueeeno, jajaja.
Madre: Estás como Felipe (de Mafalda): "hoy me levanté pedante".
Yo: No, en serio, es deprimente.
Madre: Bueno, pero el tuyo no es tan chico.
Yo: Y, tiene 17.
Madre: Ehhhhhh!
Yo: No, tiene 23, pero igual... NO.
Madre: Y, quédense con uno viejo y uno joven. Uno para el día y otro para la noche.
Yo: Sí, vamos a tener que hacer eso.
Madre: Como las toallitas: uno es el nocturno.
Yo: Sí, y tenés el ultrasuave, el extra-absorbente...
Jote: Ap...
...
No sé qué iba a decir, pero se debe haber contendo por estar entre mujeres (a esta altura mi hermanito ya había desaparecido, supongo que de vergüenza ajena).
Emocionada
Ésta fue la respuesta más hermosa a mis avisos por mail del nuevo blog. Es de Budka (que tiene un blog excelente, ahí, medio abandonado).
"Siempre que veo una mujer con harina en las manos;
O a esa horrible cerveza artesanal de El Bolsón;
O a esas hermosas chicas que escuchan en sus iPods cualquier cosa menos Piazzolla;
Que tienen onda pero comprada en Palermo.
Cada vez que alguien dice “chucha”
Con cada chica que camina cerca de la sede Puán, triste porque sus zapatitos no brillan como en la plaza de un pueblo.
Cada vez que cito algo de lo poco que sé de Pizarnik y la gente cree que soy un tipo triste...
Pienso en vos.
Menos que en la gente que quiero, pero mucho más que el resto de las personas que no conozco.
(...)
Algún día saldré del armario y volveré a sacar fotos, mientras tanto seguiré tu último rayo de sol.
Por suerte yo conservo el mío, ya que lo he visto varias veces (en Ohio, en Berlín, en Remedios de Escalada y en El Bolsón)."
(GRACIAS)
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Sábado.
Hoy hice mi segunda vidriera. Soy la armadora de vidrieras oficial. Según una de las dueñas, mi primer vidriera fue la mejor que tuvo el local hasta ahora (esssaaaa).
Anoche fue otra noche descontrol. Entre muchas cosas, hubo un encuentro con un antiguo amigo del barrio (no, no es el "E" de la lista, no es para tanto lo mío [aunque podría escrachar a mi hermana contando que sí pasó a formar parte de SU lista]), y se la pasó hablando de cómo yo jugaba al fútbol con ellos en la canchita, que era un pibe más con mis zapatillas Adidas, mis pantalones elastizados (¿eh? ni yo me acuerdo de eso), mi pelo largo con flequillo. Que después me hice heavy metal y no lo saludé más. Que en un momento me pelé. Que una vez vio un programa de tele y escuchó un mensaje mío (era Medios Locos, le pedía a Gillespie que se saque los anteojos y me haga ojitos, y no sé cómo supo que era yo. Hay muchas Cecilias de El Bolsón). Que tenía un perro que se llamaba Tomás. Y así, sin parar.
Mi hermana no sabía si ponerse celosa o preocuparse por una posible condición psicópata del chico.
Otra cosa que hubo en la noche fue una vuelta a los asaltos. En el medio de un bar, estábamos en ronda charlando (cinco chicas, siete chicos), y parece que a alguno se le ocurrió girar una botellita en el medio y jugar a la botella. Así que me encontré dándole un piquito a un chico cuya novia estaba a unos tres metros (nunca se enteró), y, como siempre, siendo la única lanzada que se prende en todo lo que sea lúdico.
Después fui con mi hermana a un boliche. Cuando llegamos había chicas en la ventanilla discutiendo de esa forma mueveorto que se usa a veces para conseguir rebajas en los boliches. Me paro atrás con mi hermana. Las chicas dicen que pasemos, que tienen que seguir hablando con él, y se abren un toque para que yo hable. Él me dice de una el valor de la entrada. Seria, le digo que sí. Le doy un billete inferior al costo de nuestras entradas, le digo "dos", le hago un parpadeo leve con una sutil inclinación de la cabeza hacia adelante. Me dice "sí" y me da dos entradas.
Creo que las chicas me querían golpear. Soy una capa.
Después de tanta joda decidí venir el fin de semana a la casa de mi papá (desde su compu escribo) a purificarme un poco y visitar a mi plantita.
Me dí cuenta de que la movida de blog fue un poco al pedo. Basta poner Blogger "el bolsón" cecilia en google y ya aparece la página (y esa es una búsqueda posible de tantas).
Y bueno, que entre quien quiera; jódanse.
Pero no jodan.
Y la verdad es que en realidad estoy hecha mierda. Otra vez mi estado de ánimo vuelve a lo usual (y cito de mi agenda: "la depresión queda guardadita ahí, como un carozo negro con algo de carne, pudriéndose"). Tengo algunas razones, por ejemplo que tiene que ver con mi "mal de amores". Lo que contaba de vivir en un pueblo, y cómo la presencia tácita (y no tanto) de alguien me desmorona.
Porque en realidad su presencia está en mí. Mientras eso dure, va a ser así.
Pero estar acá es lo mejor. Sin dudas.
viernes, 3 de marzo de 2006
Bienvenidos
(los que vienen de la casa de Margot)
Les presento al hermano tímido (ya va a dejar de serlo, gracias a ustedes).
Voy a extrañar a Margot.
Igual sigue acá de alguna forma, en estos campos amarillos y ocres.
Esperemos que esta nueva etapa esté buena. Yo creo que sí.
Les presento al hermano tímido (ya va a dejar de serlo, gracias a ustedes).
Voy a extrañar a Margot.
Igual sigue acá de alguna forma, en estos campos amarillos y ocres.
Esperemos que esta nueva etapa esté buena. Yo creo que sí.
jueves, 2 de marzo de 2006
Un metro y dos centímetros plegados en mi ropero.
Un metro y dos centímetros de mirarte a los ojos y ver esas palabras que dejaste en el río.
De saber ciento dos veces que tenés esa luz -alma de diamante.
De cielos que se multiplican -naranjas, transparentes, insomnes, de gris y azul gastado, con jirones de luz, starry nights, de negro quebradizo, con esquirlas de acero profundo- y, cómplices, se separan del horizonte; una gota viscosa que pende intensamente tras estos ojos y me abarca cuando pienso en vos.
Un metro y dos centímetros de piedras gemelas, de rocas que se abren en capas, de gemas abrazadas por raíces, de piedras que recorren el cauce del río.
De poder mirarte con mis ojos de niña -vértigo- y poder sentir tu ausencia con mis ojos de mujer.
Un metro y dos centímetros es el largo del río, y a cada palmo hay uno de esos instantes nuestros -alerces, cassettes, hormigas, puentes- grabados en la madera amarilla, como quedaste impreso en mi todo -en mi nada.
El tiempo también se plegará.
El tiempo se plegará en nuestras almas.
Un metro y dos centímetros de mirarte a los ojos y ver esas palabras que dejaste en el río.
De saber ciento dos veces que tenés esa luz -alma de diamante.
De cielos que se multiplican -naranjas, transparentes, insomnes, de gris y azul gastado, con jirones de luz, starry nights, de negro quebradizo, con esquirlas de acero profundo- y, cómplices, se separan del horizonte; una gota viscosa que pende intensamente tras estos ojos y me abarca cuando pienso en vos.
Un metro y dos centímetros de piedras gemelas, de rocas que se abren en capas, de gemas abrazadas por raíces, de piedras que recorren el cauce del río.
De poder mirarte con mis ojos de niña -vértigo- y poder sentir tu ausencia con mis ojos de mujer.
Un metro y dos centímetros es el largo del río, y a cada palmo hay uno de esos instantes nuestros -alerces, cassettes, hormigas, puentes- grabados en la madera amarilla, como quedaste impreso en mi todo -en mi nada.
El tiempo también se plegará.
El tiempo se plegará en nuestras almas.
lunes, 20 de febrero de 2006
Un poco de todo
(CON ACTUALIZACIONES Y AGREGADOS, ABAJO DE TODO)
Tengo el cuadernito lleno de posts y proyectos de posts. Lo que no tengo es compu o plata para el cyber. Voy a hacer un lindo rejunte (y faltan).
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Colgadísima
El otro día estaba en el puesto de la feria, con mi hermana y unos amigos, y de pronto escuché una música, bastante lejana, y pensé: qué copado, hay alguien escuchando Piazzolla. Unos segundos más tarde me dí cuenta de que era mi celular, sonando en mi bolso.
Cuando escribí este post nunca pensé que pasaría algo así.
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Ojotas Dire Straits
Un amigo de mi hermana, ahí, en la feria, halagó mis ojotas y me contó que Dire Straits una vez encargó a una marca "top" de baterías una rosada con lunares negros (como mis ojotas), y que costó pero al final se la hicieron. Ahí fue que las bauticé.
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Y seguimos...
Este chico, según mi hermana, es un práctico y vivo ejemplo de músculos de granja, ya que se lo puede comparar con su hermano, que tiene músculos de gimnasio. Igualmente nada se compara al chico del puesto de enfrente. Cuando haga mi manual de definiciones, le voy a pedir que pose. También podría hacerlo mi hermano, pero sería un poco extraño.
Ah, y debería hablar de los músculos de pastelera. Estos se desarrollan a raíz de técnicas como movimiento envolvente, batido y amasado. Uno de los ejercicios más exigentes es espesar algo a baño de María, como una crema de limón -y es más difícil todavía si añadimos la necesidad de batido, como con un sabayón-. Estos músculos son más localizados (mayormente en el área de los brazos). No se comparan a los de granja, que logran un efecto en todo el cuerpo, con bronceado incluído (aunque los músculos de pastelera pueden venir acompañados con un rico postre).
Yo estoy perdiendo mis brazos fuertes, y lo peor es que no es que se vuelven a hacer flaquitos. Quedan grossos y fofos. NOOOOOOO! Cuando llegué de Buenos Aires le mostré mis músculos a mi familia y el esposo de mi mamá dijo "tiene más músculos que yo". Aguante la pastelería! Tengo que empezar ya con Puentes Amarillos. Sólo por mis brazos.
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Utilísima porno
Y, hablando de pastelería, puedo contar algo que ví el otro día haciendo zapping. En Utilísima Satelital había un tipo cocinando, todo amanerado, y otro mirándolo desde una banqueta. La batidora estaba andando mal, uno de los dos batidores no giraba.
Cocinero: La máquina no anda bien
El otro: No la pusiste bien.
Cocinero: Y bueno, no la puse bien, nunca te pasó que no la pusiste bien?
Y ahí el otro contestó algo que no se escuchó.
El cocinero deja la batidora eléctrica, toma un batidor, y bate mientras dice: "y bueno, vamos a recurrir al batidor de mano, al final la mano es lo único que siempre va a andar bien...".
Ah, bueno...
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Puta cadena
Mi ex chico me contó que trató de hablar con sus amigos de lo que le está pasando después de cortar conmigo, pero que no sirve de nada, porque ellos no entienden lo que es el amor. Que no saben lo que siente, que nunca lo sintieron. Y que le dicen boludeces que no lo ayudan. A mi me pasa cuando hablo con algunas personas: me siento incomprendida. Personas que me dicen "sí, con este me pasó esto, y en ese momento también pasaba algo con éste, y entonces bla bla bla...".
Pero lo peor es que el que no entienda de amor sea la persona a quien amás.
De todas formas estos son Luminous times (hold on to love).
(...)
I love you 'cause I need to;
Not because I need you
(...)
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Hogar
Estoy llena de rasguños. Con mi hermana-concubina conseguimos una perra. Tiene un año y dos meses y también tiene parte de ovejero alemán, que es lo que nos gustaba. Es muy buena, y ya me quiere. Y también nos cuida! La segunda noche dejó salir un par de ladriditos, y así de a poco le fue saliendo su espíritu guardián.
Pero es tan pilas y cariñosa que cuando nos ve nos salta encima, y por eso estoy toda marcada. Quise cortarle las uñas pero el veterinario me dijo que se le iban a limar solas con el piso. Ahora me dedico a hacerla correr, a ver si se le liman más rápido.
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Mal de amores
Estoy insoportable. Escucho un chucao y me pongo mal.
El chilco está peor, y me acuerdo de ET. Para colmo no basta con esos recuerdos que llegan ataditos a las plantas, pájaros, olores. Hay cosas más alevosas o graves, que tienen que ver con su presencia tácita (la de él), y nacen por vivir en un pueblo. Es insoportable eso.
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Piano
La semana pasada agarré el piano, y me dio mucha tristeza darme cuenta de que me había olvidado todo. TODO.
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Exageraciones
- Haberme mudado hace una semana y que ya haya diecisiete envases de cerveza en mi casa.
- Haber besado a tres hombres en una semana.
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Estructurada
Me di cuenta de una razón por la que soy estructurada. Porque como siento tanto todo (terriblemente sensible), tengo que preveer de alguna forma lo que va a pasar. Si no, mi vida sería una tragedia interminable.
¿Y quién puede soportar eso?
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Updates y agregados
Update canino
Hoy casi llego tarde al trabajo. Ayer puteaba a mi hermana por haber dejado a la perra adentro del canil, en vez de soltarla en el patio cercado tan grande que tenemos. Me dijo que se escapaba. Hoy me despido de la perra, y una cuadra después me dí cuenta de que me estaba siguiendo. Seguí un par de cuadras, apuradísima (bad Lassie, I hate you, Lassie, go away!). Tuve que volver y encerrarla, llamar un remisse y bancarme histérica que vaya lentísimo. Por suerte todo queda cerca. Está bueno que todo acá tenga otro ritmo, pero... por qué los remisses tienen que ir tan lento?
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Ética
Qué raro llegar un domingo a la casa de tu papá y que esté tu psicóloga con su marido y su hijita tomando mate con tu papá, su mujer y su nene.
Qué raro, también, que las dos colegas que comparten consultorio con tu psicóloga sean tu tía y la mujer de tu viejo, y que todas las semanas se junten a hablar de los casos.
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Update Dire Straits
Parece que el chico de mis ojotas rosas a lunares está interesado en algo más que las ojotas, y no le importa mucho la diferencia de edad. Yo lo trato re bien porque una noche, bailando con los amigos/as de mi hermana, se armó una especie de pogo atrás mío y él me agarró y me cambió de lugar. Veía cómo lo golpeaban y me daba una ternura terrible (y culpa, pero mucha ternura).
Hoy pasó por el local cuando yo regaba el pasto, y se quedó charlando. Beso cariñoso, mano cariñosa. O es muy cariñoso o quiere algo, pensaba yo.
Él: Qué hacés esta noche?
Yo: Y, es la despedida de Clari, así que saldremos a descontrolar un poco. Hoy (nombre de boliche) no abre, no?
Él: No, no creo.
Yo: Qué cagada, para bailar un poco.
Él: Y yo me meto en su rondita.
Yo: Sí y me salvás del pogo, estuvo bueno
(risas)
Él: Bueno, nos vemos esta noche.
Él (yéndose): A qué hora salís, a las 9, no?
Yo: Sí (glup, no me pensarás venir a buscar, nene, no?).
Al rato volvió a pasar, mientras yo limpiaba los vidrios (sin Morphine, por suerte). Y de nuevo:
Él: ¿Mejoraron la vidriera un poco?
Yo: Sí, puede ser, la cambiaron un poco.
Él: A ver...
Yo: Pero no podés decir nada de esta, porque la hice yo.
Él: Ah, no, está buena, está mejor que las otras.
Yo: Bueno, gracias. (silencio) Che, igual no me puedo quedar charlando mucho, porque no dejan tener visitas.
Él: Ah, sí? bueno, decís que te vine a comprar un conjuntito de ropa interior para mi novia. O para vos, deciles que te vine a comprar un conjuntito a vos.
...
No lo puedo evitar, me sigue dando ternura.
Tengo el cuadernito lleno de posts y proyectos de posts. Lo que no tengo es compu o plata para el cyber. Voy a hacer un lindo rejunte (y faltan).
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Colgadísima
El otro día estaba en el puesto de la feria, con mi hermana y unos amigos, y de pronto escuché una música, bastante lejana, y pensé: qué copado, hay alguien escuchando Piazzolla. Unos segundos más tarde me dí cuenta de que era mi celular, sonando en mi bolso.
Cuando escribí este post nunca pensé que pasaría algo así.
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Ojotas Dire Straits
Un amigo de mi hermana, ahí, en la feria, halagó mis ojotas y me contó que Dire Straits una vez encargó a una marca "top" de baterías una rosada con lunares negros (como mis ojotas), y que costó pero al final se la hicieron. Ahí fue que las bauticé.
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Y seguimos...
Este chico, según mi hermana, es un práctico y vivo ejemplo de músculos de granja, ya que se lo puede comparar con su hermano, que tiene músculos de gimnasio. Igualmente nada se compara al chico del puesto de enfrente. Cuando haga mi manual de definiciones, le voy a pedir que pose. También podría hacerlo mi hermano, pero sería un poco extraño.
Ah, y debería hablar de los músculos de pastelera. Estos se desarrollan a raíz de técnicas como movimiento envolvente, batido y amasado. Uno de los ejercicios más exigentes es espesar algo a baño de María, como una crema de limón -y es más difícil todavía si añadimos la necesidad de batido, como con un sabayón-. Estos músculos son más localizados (mayormente en el área de los brazos). No se comparan a los de granja, que logran un efecto en todo el cuerpo, con bronceado incluído (aunque los músculos de pastelera pueden venir acompañados con un rico postre).
Yo estoy perdiendo mis brazos fuertes, y lo peor es que no es que se vuelven a hacer flaquitos. Quedan grossos y fofos. NOOOOOOO! Cuando llegué de Buenos Aires le mostré mis músculos a mi familia y el esposo de mi mamá dijo "tiene más músculos que yo". Aguante la pastelería! Tengo que empezar ya con Puentes Amarillos. Sólo por mis brazos.
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Utilísima porno
Y, hablando de pastelería, puedo contar algo que ví el otro día haciendo zapping. En Utilísima Satelital había un tipo cocinando, todo amanerado, y otro mirándolo desde una banqueta. La batidora estaba andando mal, uno de los dos batidores no giraba.
Cocinero: La máquina no anda bien
El otro: No la pusiste bien.
Cocinero: Y bueno, no la puse bien, nunca te pasó que no la pusiste bien?
Y ahí el otro contestó algo que no se escuchó.
El cocinero deja la batidora eléctrica, toma un batidor, y bate mientras dice: "y bueno, vamos a recurrir al batidor de mano, al final la mano es lo único que siempre va a andar bien...".
Ah, bueno...
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Puta cadena
Mi ex chico me contó que trató de hablar con sus amigos de lo que le está pasando después de cortar conmigo, pero que no sirve de nada, porque ellos no entienden lo que es el amor. Que no saben lo que siente, que nunca lo sintieron. Y que le dicen boludeces que no lo ayudan. A mi me pasa cuando hablo con algunas personas: me siento incomprendida. Personas que me dicen "sí, con este me pasó esto, y en ese momento también pasaba algo con éste, y entonces bla bla bla...".
Pero lo peor es que el que no entienda de amor sea la persona a quien amás.
De todas formas estos son Luminous times (hold on to love).
(...)
I love you 'cause I need to;
Not because I need you
(...)
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Hogar
Estoy llena de rasguños. Con mi hermana-concubina conseguimos una perra. Tiene un año y dos meses y también tiene parte de ovejero alemán, que es lo que nos gustaba. Es muy buena, y ya me quiere. Y también nos cuida! La segunda noche dejó salir un par de ladriditos, y así de a poco le fue saliendo su espíritu guardián.
Pero es tan pilas y cariñosa que cuando nos ve nos salta encima, y por eso estoy toda marcada. Quise cortarle las uñas pero el veterinario me dijo que se le iban a limar solas con el piso. Ahora me dedico a hacerla correr, a ver si se le liman más rápido.
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Mal de amores
Estoy insoportable. Escucho un chucao y me pongo mal.
El chilco está peor, y me acuerdo de ET. Para colmo no basta con esos recuerdos que llegan ataditos a las plantas, pájaros, olores. Hay cosas más alevosas o graves, que tienen que ver con su presencia tácita (la de él), y nacen por vivir en un pueblo. Es insoportable eso.
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Piano
La semana pasada agarré el piano, y me dio mucha tristeza darme cuenta de que me había olvidado todo. TODO.
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Exageraciones
- Haberme mudado hace una semana y que ya haya diecisiete envases de cerveza en mi casa.
- Haber besado a tres hombres en una semana.
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Estructurada
Me di cuenta de una razón por la que soy estructurada. Porque como siento tanto todo (terriblemente sensible), tengo que preveer de alguna forma lo que va a pasar. Si no, mi vida sería una tragedia interminable.
¿Y quién puede soportar eso?
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Updates y agregados
Update canino
Hoy casi llego tarde al trabajo. Ayer puteaba a mi hermana por haber dejado a la perra adentro del canil, en vez de soltarla en el patio cercado tan grande que tenemos. Me dijo que se escapaba. Hoy me despido de la perra, y una cuadra después me dí cuenta de que me estaba siguiendo. Seguí un par de cuadras, apuradísima (bad Lassie, I hate you, Lassie, go away!). Tuve que volver y encerrarla, llamar un remisse y bancarme histérica que vaya lentísimo. Por suerte todo queda cerca. Está bueno que todo acá tenga otro ritmo, pero... por qué los remisses tienen que ir tan lento?
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Ética
Qué raro llegar un domingo a la casa de tu papá y que esté tu psicóloga con su marido y su hijita tomando mate con tu papá, su mujer y su nene.
Qué raro, también, que las dos colegas que comparten consultorio con tu psicóloga sean tu tía y la mujer de tu viejo, y que todas las semanas se junten a hablar de los casos.
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Update Dire Straits
Parece que el chico de mis ojotas rosas a lunares está interesado en algo más que las ojotas, y no le importa mucho la diferencia de edad. Yo lo trato re bien porque una noche, bailando con los amigos/as de mi hermana, se armó una especie de pogo atrás mío y él me agarró y me cambió de lugar. Veía cómo lo golpeaban y me daba una ternura terrible (y culpa, pero mucha ternura).
Hoy pasó por el local cuando yo regaba el pasto, y se quedó charlando. Beso cariñoso, mano cariñosa. O es muy cariñoso o quiere algo, pensaba yo.
Él: Qué hacés esta noche?
Yo: Y, es la despedida de Clari, así que saldremos a descontrolar un poco. Hoy (nombre de boliche) no abre, no?
Él: No, no creo.
Yo: Qué cagada, para bailar un poco.
Él: Y yo me meto en su rondita.
Yo: Sí y me salvás del pogo, estuvo bueno
(risas)
Él: Bueno, nos vemos esta noche.
Él (yéndose): A qué hora salís, a las 9, no?
Yo: Sí (glup, no me pensarás venir a buscar, nene, no?).
Al rato volvió a pasar, mientras yo limpiaba los vidrios (sin Morphine, por suerte). Y de nuevo:
Él: ¿Mejoraron la vidriera un poco?
Yo: Sí, puede ser, la cambiaron un poco.
Él: A ver...
Yo: Pero no podés decir nada de esta, porque la hice yo.
Él: Ah, no, está buena, está mejor que las otras.
Yo: Bueno, gracias. (silencio) Che, igual no me puedo quedar charlando mucho, porque no dejan tener visitas.
Él: Ah, sí? bueno, decís que te vine a comprar un conjuntito de ropa interior para mi novia. O para vos, deciles que te vine a comprar un conjuntito a vos.
...
No lo puedo evitar, me sigue dando ternura.
miércoles, 15 de febrero de 2006
Leé y aburrite
Como siempre, llegó el post aburrido en el que hablo de mi trabajo.
Estoy contenta, la hice re bien. Estoy trabajando cuatro horas y media, a la tarde, en un local de ropa chiquitito y medio apartado.
Estoy sola la mayor parte del tiempo, y no entra mucha gente. Pongo la música que quiero (bueno, no tanto: para tango no da. Pero para tango remixado, sí). Me llevo mis lecturas y este cuadernito donde anoto futuros posts.
Cobro, por hora, casi lo mismo que cobraba en Buenos Aires como co-encargada de la pastelería. Claro que son menos horas.
Para la gente de los locales y casas vecinas yo soy la loca que limpia los vidrios bailando. Recién estaba en eso y empezó un tema de Morphine, así, todo sexy, y no pude evitar contornearme, moviendo el culo hacia un lado y hacia el otro, con flexión de rodillas, mientras rociaba los vidrios y les pasaba papel. Parecía los de Full Monty. ¡Descocada!
Ya me mandé una. El viernes, aburrida con una de las dueñas, nos estuvimos probando unas prendas nuevas que habían llegado. Lo gracioso era decir cosas como "bien! me va chica!". Es horrible estar encaprichada con alguna remerita y no poder comprártela, y ver que se la llevan bajo tus narices. Entonces es como un alivio que te quede fea.
Pero hubo una strapless arrugadita color violeta que me probé y me encantó. Normalmente se trae un solo talle y color -o a lo sumo dos- de cada modelo. Porque como es un pueblo chico, no da para que mucha gente tenga la misma ropa (parece que las clientas se quejan si es así).
De estas strapless había una rosa viejo talle small, y la que me gustó.
Sabía que el sábado iba a estar medio deprimida, así que planeé comprármela por despecho (aunque no podía). No es lo mejor consolarme con mi espíritu consumista (aunque solo sea para tener algo "lindo y nuevo"), alimentando a la dictadura capitalista, como diría Jan, de Los Educadores. Pero, por esta vez, me lo permití.
Cuando llegué, el sábado, después de hacer mi rutina de baile, entró una chica que es la diva de la clientela. Compra mucho, es la reina del local cuando entra, que es muy seguido. Me pidió la strapless violeta para probarse. Yo le dije: eh... esta ya está reservada, ... la tendría que haber sacado (mientras la guardaba).
Puso cara de acontecimiento y se negó a probarse la rosa.
Y después me dí cuenta: no pude ser tan pelotuda. Yo quería usarla también en el negocio! Cuando la diva me vea con su strapless voy a quedar mal. Y no le puedo mentir adelante de las dueñas ("no, la había reservado mi hermana/una amiga, y yo se la uso"; "había dos, yo me quedé con una"; "la que la reservó no vino más y me la terminé comprando yo"), porque van a saber que cagué una venta.
No sé qué haré (qué interesante que viene este post!).
Lo malo del trabajo es que me pagan por día. Y yo soy un poco descontrolada con la plata. El otro día perdí $ 20 del bolsillo de mi pantalón (que estaba tirado en el cuarto). No llegué a ponerlos en el lugar de la plata para el alquiler. Busqué por todo el cuarto, cuando mi hermanito y su primo (los dos de trece años) me preguntaron qué me pasaba, y les conté. Les expliqué mis números, y cómo me afectaba perder esa plata, especialmente si no había empezado con lo de las tortas. Me ayudaron a buscar un ratito (la pieza era un descontrol, obviamente). Yo desistí y me fui a esperar a mi papá. Cuando me vino a buscar, salí hacia su auto, y vinieron los chicos corriendo ¡Ceci, Ceci, esperá, los encontramos!. Y yo entré, desconfiada, y los empecé a interrogar. ¿Dónde los encontraron?; Abajo de la ruedita de la tele, la corrimos y ahí estaban. Y yo les insistí con que me digan la verdad, pero ellos me aseguraban que los habían encontrado. Yo sospechaba que no, pero igual los acepté: tan cortamambo no iba a ser.
Me alegraron el día. Son lo más dulce que hay.
Le estuve pidiendo a todo el mundo sugerencias de nombres para mi mini-emprendimiento de tortas (que irá creciendo de a poco, esperemos), incluídos estos dos muchachos, que propusieron "CecInc" (jeje). El otro día les conté que finalmente se va a llamar Puentes Amarillos. El nombre me lo propuso alguien que también está leyendo Cartas a Théo y conoce mi pasión por Spinetta (que hizo el tema Cantata de puentes amarillos inspirado en una descripción de Vincent Van Gogh en una carta).
El nombre es significativo y lindo. Pero los chicos se burlaron un poquito (¿y si el cliente no conoce a Spinetta ni a Van Gogh?), y, más tarde, me llamaron desde el cuarto (estaban en la compu), y me mostraron un afiche que habían hecho. Decía: Los Puentes Amarillos - Tortas de Calidad - de la loca de Ceci. Y una foto mía, con el traje de chef, y llena de masa de brownie (guerra de brownie).
Son divinos estos chicos!
En enero, cuando estaba muy mal, me obligaba -aunque no tenía fuerzas- a ir a patearle algunas pelotas a mi hermanito, que tiene un arco en el patio.
Me hace re bien.
Estoy contenta, la hice re bien. Estoy trabajando cuatro horas y media, a la tarde, en un local de ropa chiquitito y medio apartado.
Estoy sola la mayor parte del tiempo, y no entra mucha gente. Pongo la música que quiero (bueno, no tanto: para tango no da. Pero para tango remixado, sí). Me llevo mis lecturas y este cuadernito donde anoto futuros posts.
Cobro, por hora, casi lo mismo que cobraba en Buenos Aires como co-encargada de la pastelería. Claro que son menos horas.
Para la gente de los locales y casas vecinas yo soy la loca que limpia los vidrios bailando. Recién estaba en eso y empezó un tema de Morphine, así, todo sexy, y no pude evitar contornearme, moviendo el culo hacia un lado y hacia el otro, con flexión de rodillas, mientras rociaba los vidrios y les pasaba papel. Parecía los de Full Monty. ¡Descocada!
Ya me mandé una. El viernes, aburrida con una de las dueñas, nos estuvimos probando unas prendas nuevas que habían llegado. Lo gracioso era decir cosas como "bien! me va chica!". Es horrible estar encaprichada con alguna remerita y no poder comprártela, y ver que se la llevan bajo tus narices. Entonces es como un alivio que te quede fea.
Pero hubo una strapless arrugadita color violeta que me probé y me encantó. Normalmente se trae un solo talle y color -o a lo sumo dos- de cada modelo. Porque como es un pueblo chico, no da para que mucha gente tenga la misma ropa (parece que las clientas se quejan si es así).
De estas strapless había una rosa viejo talle small, y la que me gustó.
Sabía que el sábado iba a estar medio deprimida, así que planeé comprármela por despecho (aunque no podía). No es lo mejor consolarme con mi espíritu consumista (aunque solo sea para tener algo "lindo y nuevo"), alimentando a la dictadura capitalista, como diría Jan, de Los Educadores. Pero, por esta vez, me lo permití.
Cuando llegué, el sábado, después de hacer mi rutina de baile, entró una chica que es la diva de la clientela. Compra mucho, es la reina del local cuando entra, que es muy seguido. Me pidió la strapless violeta para probarse. Yo le dije: eh... esta ya está reservada, ... la tendría que haber sacado (mientras la guardaba).
Puso cara de acontecimiento y se negó a probarse la rosa.
Y después me dí cuenta: no pude ser tan pelotuda. Yo quería usarla también en el negocio! Cuando la diva me vea con su strapless voy a quedar mal. Y no le puedo mentir adelante de las dueñas ("no, la había reservado mi hermana/una amiga, y yo se la uso"; "había dos, yo me quedé con una"; "la que la reservó no vino más y me la terminé comprando yo"), porque van a saber que cagué una venta.
No sé qué haré (qué interesante que viene este post!).
Lo malo del trabajo es que me pagan por día. Y yo soy un poco descontrolada con la plata. El otro día perdí $ 20 del bolsillo de mi pantalón (que estaba tirado en el cuarto). No llegué a ponerlos en el lugar de la plata para el alquiler. Busqué por todo el cuarto, cuando mi hermanito y su primo (los dos de trece años) me preguntaron qué me pasaba, y les conté. Les expliqué mis números, y cómo me afectaba perder esa plata, especialmente si no había empezado con lo de las tortas. Me ayudaron a buscar un ratito (la pieza era un descontrol, obviamente). Yo desistí y me fui a esperar a mi papá. Cuando me vino a buscar, salí hacia su auto, y vinieron los chicos corriendo ¡Ceci, Ceci, esperá, los encontramos!. Y yo entré, desconfiada, y los empecé a interrogar. ¿Dónde los encontraron?; Abajo de la ruedita de la tele, la corrimos y ahí estaban. Y yo les insistí con que me digan la verdad, pero ellos me aseguraban que los habían encontrado. Yo sospechaba que no, pero igual los acepté: tan cortamambo no iba a ser.
Me alegraron el día. Son lo más dulce que hay.
Le estuve pidiendo a todo el mundo sugerencias de nombres para mi mini-emprendimiento de tortas (que irá creciendo de a poco, esperemos), incluídos estos dos muchachos, que propusieron "CecInc" (jeje). El otro día les conté que finalmente se va a llamar Puentes Amarillos. El nombre me lo propuso alguien que también está leyendo Cartas a Théo y conoce mi pasión por Spinetta (que hizo el tema Cantata de puentes amarillos inspirado en una descripción de Vincent Van Gogh en una carta).
El nombre es significativo y lindo. Pero los chicos se burlaron un poquito (¿y si el cliente no conoce a Spinetta ni a Van Gogh?), y, más tarde, me llamaron desde el cuarto (estaban en la compu), y me mostraron un afiche que habían hecho. Decía: Los Puentes Amarillos - Tortas de Calidad - de la loca de Ceci. Y una foto mía, con el traje de chef, y llena de masa de brownie (guerra de brownie).
Son divinos estos chicos!
En enero, cuando estaba muy mal, me obligaba -aunque no tenía fuerzas- a ir a patearle algunas pelotas a mi hermanito, que tiene un arco en el patio.
Me hace re bien.
domingo, 12 de febrero de 2006
Mensajes
En la película Waking Life, de Richard Linklater (una película genial, a mi parecer), dicen en un momento que para darte cuenta si estás soñando o no, tenés que mirar números o letras, que enseguida se ponen borrosos o desaparecen (que son inestables). No se puede leer en los sueños. Yo lo comprobé varias veces (así como soy consciente y observadora en mi vida, también lo soy en mis sueños): trataba de enfocar estos signos, y en seguida se transformaban en otra cosa o desaparecían.
Hace unos días soñé que leía algo que había escrito. Era algo así como:
"hemos estado locos, pero hoy esperamos la parodia, hacinados en la puerta holocáustica; ésta, la púrpura".
No me acuerdo las palabras. Lo que sé es que la Ceci protagonista del sueño decía "qué mierda esto que escribí, debe tener otro sentido, si no...". Y miraba bien y las iniciales de las palabras decían "help, help, help, help".
Y después desaparecieron (de todos modos fue un mérito haber leído tanto). Decía así, cuatro veces esa palabra.
Y me desperté.
Ahora, me pregunto: ¿qué parte de mí me está pidiendo socorro?
-------------------
Otra peli.
Acabo de ver Los Educadores (Die Fetten Jahre sind vorbei), de Hans Weingartner. Me gustó todavía más que la primera vez que la vi. En un momento la chica habla con uno de los chicos (el actor de Good Bye Lenin), y le dice que cuando era una nena y jugaba a las muñecas con sus amigas, ellas se lo tomaban como si fuera real, pero ella no podía; se sentía una observadora. Y que en la vida real, ahora, le pasa lo mismo.
Obviamente, con esa frase me sentí identificada.
-------------
Ah, y otra peli: Anoche vi parte de Dark Water, y me hizo sentir algo especial que la nenita se llame "Cecilia". Y que lo pronuncien mal, así, a lo yanqui, como la canción de Simon & Garfunkel (Ceci-i-lia, you´re breaking my heart, you´re shaking my confidence daily... Oh, ceci-i-lia, I’m down on my knees,
I’m begging you please to come home). Y le decían Ceci. Me gustó.
Imaginé que mi ex-noviecito yanqui/finlandés le decía a su acompañante del momento en el cine: "I once knew a girl named Cecilia".
Hace unos días soñé que leía algo que había escrito. Era algo así como:
"hemos estado locos, pero hoy esperamos la parodia, hacinados en la puerta holocáustica; ésta, la púrpura".
No me acuerdo las palabras. Lo que sé es que la Ceci protagonista del sueño decía "qué mierda esto que escribí, debe tener otro sentido, si no...". Y miraba bien y las iniciales de las palabras decían "help, help, help, help".
Y después desaparecieron (de todos modos fue un mérito haber leído tanto). Decía así, cuatro veces esa palabra.
Y me desperté.
Ahora, me pregunto: ¿qué parte de mí me está pidiendo socorro?
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Otra peli.
Acabo de ver Los Educadores (Die Fetten Jahre sind vorbei), de Hans Weingartner. Me gustó todavía más que la primera vez que la vi. En un momento la chica habla con uno de los chicos (el actor de Good Bye Lenin), y le dice que cuando era una nena y jugaba a las muñecas con sus amigas, ellas se lo tomaban como si fuera real, pero ella no podía; se sentía una observadora. Y que en la vida real, ahora, le pasa lo mismo.
Obviamente, con esa frase me sentí identificada.
-------------
Ah, y otra peli: Anoche vi parte de Dark Water, y me hizo sentir algo especial que la nenita se llame "Cecilia". Y que lo pronuncien mal, así, a lo yanqui, como la canción de Simon & Garfunkel (Ceci-i-lia, you´re breaking my heart, you´re shaking my confidence daily... Oh, ceci-i-lia, I’m down on my knees,
I’m begging you please to come home). Y le decían Ceci. Me gustó.
Imaginé que mi ex-noviecito yanqui/finlandés le decía a su acompañante del momento en el cine: "I once knew a girl named Cecilia".
lunes, 6 de febrero de 2006
En lo de mi papá
El olor a dulce de frambuesas y de ciruelas.
Salir de la casa, sentir la montaña que me abraza. Verla bien de cerca.
Caminar unos pasos, comer un par de frambuesas que saco de las plantas, y correr por el pasto. Pasar entre dos manzanos y que una rama me acaricie el pelo, mientras me acerco al arroyo.
Escuchar las campanadas del reloj de péndulo. Recordar odiarlas en las noches de insomnio (no puedo saber la hora cuando se me hizo tarde o sé que voy a dormir poco), y recordar que eran lo único que me ataba a la realidad de la noche cuando leía libros enteros, sin poder dejarlos, en el silencio de la casa dormida.
Una campanada para las y media. Hay que esperar media hora más para saber qué y media es.
Ver desde la cama las estrellas, la silueta de la montaña y las copas de los árboles arañando el cielo.
Despertar con olor a tostadas, y que el arce que vigiló mis sueños me diga buen día a través de la ventana.
Desayunar con el dulce de frambuesas.
Salir, ver al sol justo cuando se asoma por detrás de la montaña.
Ir a cosechar guindas (haré guindas al natural para futuras selvas negras).
Recorrer el bosquecito de arces, escoltada por los tres perros, que parecen moscardones.
Pasar por donde están los maquis. Recordar el juego en el cual no podíamos tocar el piso, yendo de árbol en árbol, porque había monstruos (inspirados en la película "Temblores").
Saber que lo jugaría de nuevo.
Bajar al pueblo caminando, pasar por la chacra de mi infancia. Resistir las ganas terribles de meterme. Cercada por los pinos y cipreses, permanece ahí, como un mundo mágico, inalcanzable, que existe en mi mente y solo recorro en sueños. Pero es algo imprescindible, vital para mi presente. Me gustaría ir a ver a mi nogal, al tilo. Al ciprés gigante que ejercía su dominio indiscutido en el centro de la chacra. O al pino que a mis nueve años tenía mi altura exacta, y ya debe ser altísimo. Estaba metido en una selva de árboles y mosquetas, casi imposible de alcanzar. Tal vez ahora está a la vista. O tal vez no está más.
Exactamente una hora después de salir de la casa de mi papá, llegar a la de mi mamá, y prepararme para el trabajo.
Así cualquiera está listo para el primer día de trabajo.
--------------------------------
A pedido del público:

El chilco es un arbusto.
Salir de la casa, sentir la montaña que me abraza. Verla bien de cerca.
Caminar unos pasos, comer un par de frambuesas que saco de las plantas, y correr por el pasto. Pasar entre dos manzanos y que una rama me acaricie el pelo, mientras me acerco al arroyo.
Ahí está mi planta. El mejor regalo de cumple (le pasó cerca el hecho de que mi hermano Tiago, en el momento de elegir su día franco, haya elegido los jueves, sabiendo que mi cumple caía ese día. Casi me muero cuando me lo dijo. Es un tierno).
Mi planta es un chilco, y cuando voy a visitar a mi papá, lo riego.
Es lo primero que hago; ir a ver al chilco. Los perros ya van para allá porque saben dónde voy.
Espero verlo florecer algún día. Espero que viva.
Escuchar las campanadas del reloj de péndulo. Recordar odiarlas en las noches de insomnio (no puedo saber la hora cuando se me hizo tarde o sé que voy a dormir poco), y recordar que eran lo único que me ataba a la realidad de la noche cuando leía libros enteros, sin poder dejarlos, en el silencio de la casa dormida.
Una campanada para las y media. Hay que esperar media hora más para saber qué y media es.
Ver desde la cama las estrellas, la silueta de la montaña y las copas de los árboles arañando el cielo.
Despertar con olor a tostadas, y que el arce que vigiló mis sueños me diga buen día a través de la ventana.
Desayunar con el dulce de frambuesas.
Salir, ver al sol justo cuando se asoma por detrás de la montaña.
Ir a cosechar guindas (haré guindas al natural para futuras selvas negras).
Recorrer el bosquecito de arces, escoltada por los tres perros, que parecen moscardones.
Pasar por donde están los maquis. Recordar el juego en el cual no podíamos tocar el piso, yendo de árbol en árbol, porque había monstruos (inspirados en la película "Temblores").
Saber que lo jugaría de nuevo.
Bajar al pueblo caminando, pasar por la chacra de mi infancia. Resistir las ganas terribles de meterme. Cercada por los pinos y cipreses, permanece ahí, como un mundo mágico, inalcanzable, que existe en mi mente y solo recorro en sueños. Pero es algo imprescindible, vital para mi presente. Me gustaría ir a ver a mi nogal, al tilo. Al ciprés gigante que ejercía su dominio indiscutido en el centro de la chacra. O al pino que a mis nueve años tenía mi altura exacta, y ya debe ser altísimo. Estaba metido en una selva de árboles y mosquetas, casi imposible de alcanzar. Tal vez ahora está a la vista. O tal vez no está más.
Exactamente una hora después de salir de la casa de mi papá, llegar a la de mi mamá, y prepararme para el trabajo.
Así cualquiera está listo para el primer día de trabajo.
--------------------------------
A pedido del público:

El chilco es un arbusto.
domingo, 5 de febrero de 2006
De trabajo, de la feria, de canas y de músculos
Las cosas se van encaminando. Ya tengo un trabajo tranqui y de pocas horas, y tengo casa, que voy a alquilar con mi hermana mayor. Una casa con mucho patio, dos habitaciones, un arroyito, un membrillo, un sauco y un manzano. Estamos considerando tener un perro (yo dudo, porque en algún momento me voy a ir. Si no, no lo dudaría: un ovejero).
Cada vez estoy más cerca de las cosas que "quería y no quería" de un post de agosto del 2004. Decía: (porque lo saqué)
Se ve que me voy acercando a lo que me hace bien. Ahora la lista cambiaría un poco. Tendría que hacer otra.
Hay varios posts que yo me acuerdo de haber escrito, y que después me doy cuenta que saqué. No me tiene que importar quién lee el blog. Yo sé que, como me dijo un amigo, hay sinceridades y sincericidios, pero no creo ser taaan salvaje con mi forma de ser "abierta".
Siguiendo mis cosas: En mi tiempo libre pienso estudiar y hacer tortas que voy a vender (ya tengo un tiramisú encargado para el fin de semana, y la opción de dejar minitortas en un restaurante) y, si puedo, atiendo el puesto de mi mamá en la feria. Me encanta atenderlo, me encanta estar ahí. Siempre la voy a ver a mi hermana, que lo atiende hasta que se vaya a Buenos Aires (llenándose de plata, la guacha, en plena temporada, ya que nos pagan un porcentaje de las ventas).
Conozco desde siempre a los vecinos de puesto, y hay algunos nuevos muy piolas.
Algo feo del día: Mi hermana, aburrida en el puesto, me encontró dos canas. Ya van tres en dos días. No me gusta nada. En Buenos Aires me agarró de nuevo gastritis, parecía que tenía un gremlin en la panza. Todo esto es por los nervios que pasé los últimos meses. Por suerte decidí hacer lo que estoy haciendo.
La alegría del día: el "hola, bonita" del chico músculos de granja del puesto de enfrente.
Voy a intentar explicar un poco esa definición. Pertenece a mi hermana y sus amigas. Y es tal cual. Los músculos, en los hombres, se dividen en: músculos de gimnasio y músculos de granja.
Los músculos de gimnasio son muy marcados, abultados, y aumentan el tamaño del portador. Se notan artificiales, forzados. Son excesivos.
Los músculos de granja, en cambio, son más leves, naturales, armoniosos con el resto del cuerpo. Como lo indica su nombre, son idealmente obtenidos a raíz del trabajo físico en el campo. El portador sigue siendo considerado "flaco" (no raquítico: normal), pero con músculos de granja. Y lo mejor de ellos es que van acompañados de un dorado hermoso en la piel, por trabajar bajo el sol.
Algo divertido que acabo de escuchar:
(Situación: el hijo de la mujer de mi papá, de siete años, bañándose).
Mamá: Muy bien. Ahora, con el mismo ímpetu, lavate las patas.
Hijo: Con quién?
Cada vez estoy más cerca de las cosas que "quería y no quería" de un post de agosto del 2004. Decía: (porque lo saqué)
------------------------Cosas que quiero pero no quiero
- Trabajar
- Tener un bebé
- Volver a mi pueblito
- Tener un perro grande grande
- Rendir mi primer final después de 3 años
- Vivir en una casa con patio
- Hacer amig@s nuev@s
- Estar con mis amig@s
- Estar con mi familia
- Volver con él
------------------------
Se ve que me voy acercando a lo que me hace bien. Ahora la lista cambiaría un poco. Tendría que hacer otra.
Hay varios posts que yo me acuerdo de haber escrito, y que después me doy cuenta que saqué. No me tiene que importar quién lee el blog. Yo sé que, como me dijo un amigo, hay sinceridades y sincericidios, pero no creo ser taaan salvaje con mi forma de ser "abierta".
Siguiendo mis cosas: En mi tiempo libre pienso estudiar y hacer tortas que voy a vender (ya tengo un tiramisú encargado para el fin de semana, y la opción de dejar minitortas en un restaurante) y, si puedo, atiendo el puesto de mi mamá en la feria. Me encanta atenderlo, me encanta estar ahí. Siempre la voy a ver a mi hermana, que lo atiende hasta que se vaya a Buenos Aires (llenándose de plata, la guacha, en plena temporada, ya que nos pagan un porcentaje de las ventas).
Conozco desde siempre a los vecinos de puesto, y hay algunos nuevos muy piolas.
Algo feo del día: Mi hermana, aburrida en el puesto, me encontró dos canas. Ya van tres en dos días. No me gusta nada. En Buenos Aires me agarró de nuevo gastritis, parecía que tenía un gremlin en la panza. Todo esto es por los nervios que pasé los últimos meses. Por suerte decidí hacer lo que estoy haciendo.
La alegría del día: el "hola, bonita" del chico músculos de granja del puesto de enfrente.
Voy a intentar explicar un poco esa definición. Pertenece a mi hermana y sus amigas. Y es tal cual. Los músculos, en los hombres, se dividen en: músculos de gimnasio y músculos de granja.
Los músculos de gimnasio son muy marcados, abultados, y aumentan el tamaño del portador. Se notan artificiales, forzados. Son excesivos.
Los músculos de granja, en cambio, son más leves, naturales, armoniosos con el resto del cuerpo. Como lo indica su nombre, son idealmente obtenidos a raíz del trabajo físico en el campo. El portador sigue siendo considerado "flaco" (no raquítico: normal), pero con músculos de granja. Y lo mejor de ellos es que van acompañados de un dorado hermoso en la piel, por trabajar bajo el sol.
Algo divertido que acabo de escuchar:
(Situación: el hijo de la mujer de mi papá, de siete años, bañándose).
Mamá: Muy bien. Ahora, con el mismo ímpetu, lavate las patas.
Hijo: Con quién?
martes, 31 de enero de 2006
Lecturas
Como volví a leer, hay una nueva sección (un poco exhibicionista) en la columna de la izquierda. Me tengo que acordar de renovarla cuando cambie de libro. Va a ser como una posta de obras.
Hasta que no agarre otro, no saco el que esté. Y obviamente puede haber varios al mismo tiempo.
Y quiero más recomendaciones.
Hasta que no agarre otro, no saco el que esté. Y obviamente puede haber varios al mismo tiempo.
Y quiero más recomendaciones.
domingo, 29 de enero de 2006
Viaje de vuelta para el sur
En el colectivo dieron una peli que me encanta. It's all about love.
No podía ser mejor, porque esta vez me tocó una noche con tormenta. Amo las tormentas eléctricas.
No dormí mucho, y me desperté justo para el amanecer, por lo que fue un despertar con sonrisa incluída (el chico de enfrente debe haber pensado que estaba loca).
El resto de la gente se tuvo que despertar con Enrique Iglesias.
Después de desayunar me volví a dormir hecha un bollito, y tipo once me desperté de golpe y me incorporé un poco, sobresaltada, con los ojos muy abiertos. Ahí sí el chico de enfrente debe haber pensado que estaba loca, porque él estaba acurrucado para mi lado, y justo me estaba mirando. En realidad tal vez por eso me desperté así. ¿No les pasa?
Las últimas horas del viaje las pasé hablando con ese chico de enfrente, que resultó ser bastante piola. Bajó un par de puntos cuando dijo que no entendió la película, pero como los había ganado cuando se rió en un par de escenas, quedó igual.
Me dí cuenta de lo poco que sé de las zonas que rodean mi pueblo (y ni hablar del resto de la Patagonia). Quiero conocer más!
Para cenar nos dieron pollo con algo que no se sabía si era polenta o puré. Tal vez era mejor no saber.
Esto ahora se está convirtiendo en un diario, pero de viaje.
Me compré un diario íntimo, así que espero que cambien las cosas por estos lados bloggeros. Tal vez postee menos.
Ya llevo escritas más de veinte hojas. Desde que me puse de novia, hace como cinco años, que no tenía diario.
Es que es un peligro. Bueno, si alguien lo encuentra y se anima a leerlo, que se haga cargo si algo que lee no le gusta. De última a mi nunca me jodió que la gente vea mi interioridad, por más oscura que sea.
En una parte del diario escribí: cuando encuentro algo de cuando mis viejos eran más jóvenes me pongo re contenta, es como un tesoro. Con toda la documentación que dejo atrás mío, mis hijos van a decir "uh, otro diario de la vieja..."; "... otro más?", y se van a cansar de mi letra.
Tengo las agendas (una por año desde hace más de diez años), que son exclusivamente para guardar ese período de tiempo de alguna manera, y para poner citas que me gustan. Tengo el blog. Tengo un cuadernito muy lindo donde pongo ideas literarias y sueños copados. Y tengo diarios. Desde los 10 hasta los 21 años, y ahora de nuevo. En esos cinco años de silencio puse una sola entrada, a los 25, que dice "si escribiese ahora... LA PUTA MADRE, no sabés lo que sería".
O algo así. No sé, porque mis diarios quedaron en la valija negra, en Buenos Aires. Ustedes se preguntarán qué tamaño tiene la famosa valija negra. Bueno, en realidad es mágica. Sólo pueden entrar cosas relevantes, pero entran todas las que yo quiera, si son de la categoría recuerdo: dibujos, cassettes de filmaciones, cartas, fotos, cuadernos llenos de hojas de árboles...
Algo gracioso: Yo tengo un jabón de azufre, que me recomendó mi prima para controlar la oleosidad en algunas zonas de la cara. Lo llevé a la ducha, y me lo olvidé. Toda mi familia lo usó como jabón corporal. Quedaron todos re sequitos, no entendían qué pasaba, por qué les tiraba la piel. Eso les pasa por robarme el jabón.
No podía ser mejor, porque esta vez me tocó una noche con tormenta. Amo las tormentas eléctricas.
No dormí mucho, y me desperté justo para el amanecer, por lo que fue un despertar con sonrisa incluída (el chico de enfrente debe haber pensado que estaba loca).
El resto de la gente se tuvo que despertar con Enrique Iglesias.
Después de desayunar me volví a dormir hecha un bollito, y tipo once me desperté de golpe y me incorporé un poco, sobresaltada, con los ojos muy abiertos. Ahí sí el chico de enfrente debe haber pensado que estaba loca, porque él estaba acurrucado para mi lado, y justo me estaba mirando. En realidad tal vez por eso me desperté así. ¿No les pasa?
Las últimas horas del viaje las pasé hablando con ese chico de enfrente, que resultó ser bastante piola. Bajó un par de puntos cuando dijo que no entendió la película, pero como los había ganado cuando se rió en un par de escenas, quedó igual.
Me dí cuenta de lo poco que sé de las zonas que rodean mi pueblo (y ni hablar del resto de la Patagonia). Quiero conocer más!
Para cenar nos dieron pollo con algo que no se sabía si era polenta o puré. Tal vez era mejor no saber.
Esto ahora se está convirtiendo en un diario, pero de viaje.
Me compré un diario íntimo, así que espero que cambien las cosas por estos lados bloggeros. Tal vez postee menos.
Ya llevo escritas más de veinte hojas. Desde que me puse de novia, hace como cinco años, que no tenía diario.
Es que es un peligro. Bueno, si alguien lo encuentra y se anima a leerlo, que se haga cargo si algo que lee no le gusta. De última a mi nunca me jodió que la gente vea mi interioridad, por más oscura que sea.
En una parte del diario escribí: cuando encuentro algo de cuando mis viejos eran más jóvenes me pongo re contenta, es como un tesoro. Con toda la documentación que dejo atrás mío, mis hijos van a decir "uh, otro diario de la vieja..."; "... otro más?", y se van a cansar de mi letra.
Tengo las agendas (una por año desde hace más de diez años), que son exclusivamente para guardar ese período de tiempo de alguna manera, y para poner citas que me gustan. Tengo el blog. Tengo un cuadernito muy lindo donde pongo ideas literarias y sueños copados. Y tengo diarios. Desde los 10 hasta los 21 años, y ahora de nuevo. En esos cinco años de silencio puse una sola entrada, a los 25, que dice "si escribiese ahora... LA PUTA MADRE, no sabés lo que sería".
O algo así. No sé, porque mis diarios quedaron en la valija negra, en Buenos Aires. Ustedes se preguntarán qué tamaño tiene la famosa valija negra. Bueno, en realidad es mágica. Sólo pueden entrar cosas relevantes, pero entran todas las que yo quiera, si son de la categoría recuerdo: dibujos, cassettes de filmaciones, cartas, fotos, cuadernos llenos de hojas de árboles...
Algo gracioso: Yo tengo un jabón de azufre, que me recomendó mi prima para controlar la oleosidad en algunas zonas de la cara. Lo llevé a la ducha, y me lo olvidé. Toda mi familia lo usó como jabón corporal. Quedaron todos re sequitos, no entendían qué pasaba, por qué les tiraba la piel. Eso les pasa por robarme el jabón.
sábado, 28 de enero de 2006
Visitando
Fui a visitar a mi amiga brujita. Lo dejé para el último momento porque cuando estoy mal no quiero ver a nadie, y porque soy una antisocial de mierda.
Me re gustó verla.
En un momento describió físicamente a una persona que ella nunca vio y yo vi sólo una vez. Es impresionante, porque acertó en todo lo que dijo.
Me acordé la razón por la que no me gusta usar vestidos. Me inhibe y me pone incómoda que me digan cosas por la calle. Para colmo los nervios aumentan mi torpeza y hago papelones con vestidito. De todas formas, cuando vivía en Estados Unidos extrañaba que me digan piropos (son muy buenos para la autoestima, obviamente).
Almorcé en su casa, y después me fui a merendar a lo de mis abuelos. Cumpleaños de mi tía. Estuve toda la tarde entre primos, tíos, tíos abuelos...
Y visité a las plantitas. Mi abuelo las regó con agua de lluvia y están re bien.
Cuando volvía, en el colectivo, pensaba: qué lindo que es ver gente, y miraba las calles que nacían en la avenida por la que iba. Si conociera a alguien por acá, me bajo y lo voy a visitar. Es más, podría estar días visitando gente. Sería una nómade.
Me gustaría saber por qué soy tan extremista.
No fui a visitar a mi amigo jacarandá, y de eso me arrepiento.
Me re gustó verla.
En un momento describió físicamente a una persona que ella nunca vio y yo vi sólo una vez. Es impresionante, porque acertó en todo lo que dijo.
Me acordé la razón por la que no me gusta usar vestidos. Me inhibe y me pone incómoda que me digan cosas por la calle. Para colmo los nervios aumentan mi torpeza y hago papelones con vestidito. De todas formas, cuando vivía en Estados Unidos extrañaba que me digan piropos (son muy buenos para la autoestima, obviamente).
Almorcé en su casa, y después me fui a merendar a lo de mis abuelos. Cumpleaños de mi tía. Estuve toda la tarde entre primos, tíos, tíos abuelos...
Y visité a las plantitas. Mi abuelo las regó con agua de lluvia y están re bien.
Cuando volvía, en el colectivo, pensaba: qué lindo que es ver gente, y miraba las calles que nacían en la avenida por la que iba. Si conociera a alguien por acá, me bajo y lo voy a visitar. Es más, podría estar días visitando gente. Sería una nómade.
Me gustaría saber por qué soy tan extremista.
No fui a visitar a mi amigo jacarandá, y de eso me arrepiento.
miércoles, 25 de enero de 2006
La chica de enfrente
Ella llega a su departamento y se saca las zapatillas y el pantalón. No porque estén mojados por la lluvia, no porque se va a cambiar, sino porque así le gusta estar.
La miro desde mi ventana mientras, frente a mí, se queda sentada, mirando un álbum de fotos viejas. Tal vez es como yo, tal vez puede ver toda una caja de fotos que ya conoce de memoria como si fuera la primera vez, porque las ve pensando en otra persona. Las ve por esa otra persona, imaginándose qué pensaría, qué le causaría gracia, qué la intrigaría.
Ella tiene períodos muy activos y períodos muy quietos, introspectivos. Cambia varias veces en una misma tarde. Baila, canta, arregla su casa. Y lee, escribe, observa lo que parece ser una gota de agua sobre su rodilla, cuando está sentada en una silla con una pose a lo bailarina. La observa maravillada, como si fuera su hija. A veces pienso que está un tanto loca.
Ella es un poco torpe. Muchas veces la veo caerse, romper cosas, o contener un grito de dolor al patear algo descalza.
A veces cuando mira tele llora. Y muchas veces más, se ríe. Y también se ríe cuando lee o escribe. Pero ahí no llora.
Tiene el pelo castaño, lacio, y no se lo arregla de ninguna forma. Sólo se lo peina (con suerte), y a veces, pocas veces, se lo ata. Es muy expresiva, con sus caras y sus gestos. Por eso es entretenido mirarla. Me gustaría saber qué pasa por su mente cuando está tranquila haciendo algo o escuchando música (siempre escucha música), y de pronto pone una cara de felicidad, así, de la nada, o se pone colorada.
Muchas veces está un rato quieta, pensando, y de golpe se levanta y se pone a hacer cosas, totalmente dinámica: cocinar, ordenar libros. Le gusta mucho cocinar, se nota.
Ella es linda. Mucho más linda que yo. Pero, ¿por qué está tan triste? Aunque baile y cante, siempre está triste.
A veces se acerca a la ventana, mira hacia abajo, mira hacia arriba. Sonríe, suspira. Es como si un ladrillo del edificio de enfrente, el perro de abajo y las nubes naranjas del atardecer le provocasen el mismo sentimiento melancólico.
Ahora la veo, y está haciendo cajas. ¿Se va? Si se va, ¿a quién voy a mirar? Me acerco a la ventana, para asegurarme. Y ahí es cuando recuerdo: enfrente no hay un edificio. No hay nada. Abajo, arreglan los subtes.
La chica es mi reflejo.
¿...Hola?
La miro desde mi ventana mientras, frente a mí, se queda sentada, mirando un álbum de fotos viejas. Tal vez es como yo, tal vez puede ver toda una caja de fotos que ya conoce de memoria como si fuera la primera vez, porque las ve pensando en otra persona. Las ve por esa otra persona, imaginándose qué pensaría, qué le causaría gracia, qué la intrigaría.
Ella tiene períodos muy activos y períodos muy quietos, introspectivos. Cambia varias veces en una misma tarde. Baila, canta, arregla su casa. Y lee, escribe, observa lo que parece ser una gota de agua sobre su rodilla, cuando está sentada en una silla con una pose a lo bailarina. La observa maravillada, como si fuera su hija. A veces pienso que está un tanto loca.
Ella es un poco torpe. Muchas veces la veo caerse, romper cosas, o contener un grito de dolor al patear algo descalza.
A veces cuando mira tele llora. Y muchas veces más, se ríe. Y también se ríe cuando lee o escribe. Pero ahí no llora.
Tiene el pelo castaño, lacio, y no se lo arregla de ninguna forma. Sólo se lo peina (con suerte), y a veces, pocas veces, se lo ata. Es muy expresiva, con sus caras y sus gestos. Por eso es entretenido mirarla. Me gustaría saber qué pasa por su mente cuando está tranquila haciendo algo o escuchando música (siempre escucha música), y de pronto pone una cara de felicidad, así, de la nada, o se pone colorada.
Muchas veces está un rato quieta, pensando, y de golpe se levanta y se pone a hacer cosas, totalmente dinámica: cocinar, ordenar libros. Le gusta mucho cocinar, se nota.
Ella es linda. Mucho más linda que yo. Pero, ¿por qué está tan triste? Aunque baile y cante, siempre está triste.
A veces se acerca a la ventana, mira hacia abajo, mira hacia arriba. Sonríe, suspira. Es como si un ladrillo del edificio de enfrente, el perro de abajo y las nubes naranjas del atardecer le provocasen el mismo sentimiento melancólico.
Ahora la veo, y está haciendo cajas. ¿Se va? Si se va, ¿a quién voy a mirar? Me acerco a la ventana, para asegurarme. Y ahí es cuando recuerdo: enfrente no hay un edificio. No hay nada. Abajo, arreglan los subtes.
La chica es mi reflejo.
¿...Hola?
Otro post boludo
Lluvia.
Correr.
No recomendable con ojotas.
Veraniega, como una ducha tibia.
Que un hombre que viene caminando en sentido contrario me deje del lado de los edificios, aunque le corresponde a él, para que no me moje.
Orden.
Encontrar cosas.
Dentro del desorden hay un control. Por ejemplo: aparecieron todos, pero todos los botones de mis chaquetas de cocinera. Hasta sobró uno, seguramente robado a algún compañero (o se reprodujeron).
Encontrar una cerveza y un gatorade de naranja.
Heladera.
Arreglada!
No congela más.
Ahora la cerveza no me gusta tanto.
Música.
Escuchar toda la música de la computadora.
1219 temas. Random. Sorpresas, ciclotimia, pasar muchos temas.
Tener hasta el tema de Cazafantasmas (who you gonna call? Ghostbusters!). Y el del mundial 90.
-----------------
Qué feo cuando el que arreglaba la heladera sacó un bol de arroz pasado con albahaca que me había hecho hace unos días. Parecía la comida del perro. El tema es que no tengo perro.
Así como yo escribo mis aventuras con fumigadores, plomeros, gasistas, etc., ellos deberían escribir las aventuras en mi casa. Estaría bueno un blog de un plomero, y que cuente cosas de las casas y la gente que visita.
José es mi “arregla cosas”. Plomero, electricista, lo que quieras. La última vez que vino me arregló todas las canillas, la pileta del baño, y los portalámparas del comedor y el cuarto. Lo gracioso fue la parte eléctrica. Porque José es más petiso que yo -y eso es bastante decir-. Cuando se sacó el traje de plomero y se puso el de electricista, me planteó un problema: “¿cómo llego?”. Le propuse que use el banquito, y me dijo que igual no iba a alcanzar. Me preguntó si tenía guías telefónicas. Le dije que sí, pero abajo de la compu. Entonces puse tres cajas de mothers -que uso para guardar mis apuntes y fotocopias de la facu- arriba del banquito, y llegó. No resentí el hecho de que esté parado arriba de mis apuntes: les dió más uso que yo en el último año.
Y todo esto me hizo acordar a una charla que tuve con mi hermana hace un tiempo:
Cuando llego a casa del trabajo, Clari me cuenta que pasó el fumigador.
Cla: Me hubieras avisado que pasaba al lavadero!
Ce: Uh, estaba muy mal?
Cla: Sí, el tipo me dijo “ah, se complica acá”.
(Imaginen: un secarropas, veinte envases de cerveza, un cajón con elementos de limpieza, una escoba, un secador, una palita, una cesto para la ropa, una piletita, un calefón, y... una bicicleta. Todo esto en un cuartito de 1 x 1,5 mts. La bici está vertical, una rueda metida en la pileta, llegando casi hasta el techo).
Ce: Jaja, bueno, pero ¿llegó a la rejilla?
Cla: Sí, pero pasé una vergüenza... el tipo me dijo “ah, tienen hasta una bici acá. Pero hasta que la sacan, llegaban más rápido caminando”. Y yo le dije que la usábamos para colgar la ropa, y miró y estaban mis bombachas ahí colgadas del manubrio. Re feo.
Correr.
No recomendable con ojotas.
Veraniega, como una ducha tibia.
Que un hombre que viene caminando en sentido contrario me deje del lado de los edificios, aunque le corresponde a él, para que no me moje.
Orden.
Encontrar cosas.
Dentro del desorden hay un control. Por ejemplo: aparecieron todos, pero todos los botones de mis chaquetas de cocinera. Hasta sobró uno, seguramente robado a algún compañero (o se reprodujeron).
Encontrar una cerveza y un gatorade de naranja.
Heladera.
Arreglada!
No congela más.
Ahora la cerveza no me gusta tanto.
Música.
Escuchar toda la música de la computadora.
1219 temas. Random. Sorpresas, ciclotimia, pasar muchos temas.
Tener hasta el tema de Cazafantasmas (who you gonna call? Ghostbusters!). Y el del mundial 90.
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Qué feo cuando el que arreglaba la heladera sacó un bol de arroz pasado con albahaca que me había hecho hace unos días. Parecía la comida del perro. El tema es que no tengo perro.
Así como yo escribo mis aventuras con fumigadores, plomeros, gasistas, etc., ellos deberían escribir las aventuras en mi casa. Estaría bueno un blog de un plomero, y que cuente cosas de las casas y la gente que visita.
José es mi “arregla cosas”. Plomero, electricista, lo que quieras. La última vez que vino me arregló todas las canillas, la pileta del baño, y los portalámparas del comedor y el cuarto. Lo gracioso fue la parte eléctrica. Porque José es más petiso que yo -y eso es bastante decir-. Cuando se sacó el traje de plomero y se puso el de electricista, me planteó un problema: “¿cómo llego?”. Le propuse que use el banquito, y me dijo que igual no iba a alcanzar. Me preguntó si tenía guías telefónicas. Le dije que sí, pero abajo de la compu. Entonces puse tres cajas de mothers -que uso para guardar mis apuntes y fotocopias de la facu- arriba del banquito, y llegó. No resentí el hecho de que esté parado arriba de mis apuntes: les dió más uso que yo en el último año.
Y todo esto me hizo acordar a una charla que tuve con mi hermana hace un tiempo:
Cuando llego a casa del trabajo, Clari me cuenta que pasó el fumigador.
Cla: Me hubieras avisado que pasaba al lavadero!
Ce: Uh, estaba muy mal?
Cla: Sí, el tipo me dijo “ah, se complica acá”.
(Imaginen: un secarropas, veinte envases de cerveza, un cajón con elementos de limpieza, una escoba, un secador, una palita, una cesto para la ropa, una piletita, un calefón, y... una bicicleta. Todo esto en un cuartito de 1 x 1,5 mts. La bici está vertical, una rueda metida en la pileta, llegando casi hasta el techo).
Ce: Jaja, bueno, pero ¿llegó a la rejilla?
Cla: Sí, pero pasé una vergüenza... el tipo me dijo “ah, tienen hasta una bici acá. Pero hasta que la sacan, llegaban más rápido caminando”. Y yo le dije que la usábamos para colgar la ropa, y miró y estaban mis bombachas ahí colgadas del manubrio. Re feo.
lunes, 23 de enero de 2006
Algo raro
Guardar un vestido que me queda feo y es muy estilo “mamá” (y encima mamá de los noventa), negro con pequeñas flores blancas, con tiritas en los hombros que se enganchan con botones en la pechera (y hasta un bolsillo en esa pechera).
Y saber que lo guardo para cuando esté embarazada. Como si, al tener panza, vaya a convertirme automáticamente en una mamá que usa un vestido largo y con apliques de encaje blanco. Como si lo fuera a usar.
Pero está ahí, en la valija negra.
Está ahí guardado -como si mi anhelo necesitase algo tangible que funcione de recordatorio- para que, cuando llegue ese momento que tanto ansié siempre, decida no usarlo.
Y saber que lo guardo para cuando esté embarazada. Como si, al tener panza, vaya a convertirme automáticamente en una mamá que usa un vestido largo y con apliques de encaje blanco. Como si lo fuera a usar.
Pero está ahí, en la valija negra.
Está ahí guardado -como si mi anhelo necesitase algo tangible que funcione de recordatorio- para que, cuando llegue ese momento que tanto ansié siempre, decida no usarlo.
viernes, 20 de enero de 2006
Andanzas en baires
Cuando llegué me encontré con mis cosas, mi lugar. Va a ser triste dejarlo, aunque sea por un tiempo. Lo primero que hice fue poner una lista de música (de esas que hago juntando temas de todas partes de la compu, cada selección dependiendo del momento). La última que había hecho se llamaba “caca” (sí, muy madura, lo sé). Me fui a bañar, escuchando la selección. Empezó muy bien: Build me up buttercup, de Foundations. Bailando bajo la ducha, agitando el tushi, totalmente energizada, feliz feliz feliz. Pero siguió con All by myself, de Eric Carmen, el tema que canta Bridget Jones al comienzo de la película. “When I was young, i never needed anyone... those days are gone. ALL BY MY SE-EE-ELF, don´t wanna be... All by MYSELF, anymore”. El vecino debe pensar que soy una ciclotímica de mierda. Ahí pensé “¿en qué intento de atentar contra mi sanidad puse ese tema en una lista?”, y mis ánimos bajaron un poco, a merced de los acordes: no podía ir toda mojada a pasar el tema. Igualmente me causaba gracia la situación, además de que nunca me pude tomar en serio ese tema. Después, empezó a sonar otra canción-shake-your-bum-bum: That thing you do, de The Wonders. A sacudir la cabeza, llenando todo el baño de champú. Y a acordarme del batero en la peli de este grupo. Después, sonó Life on Mars, que también me pone melancólica, aunque no entienda un carajo qué dice (y por las partes que entiendo, me doy cuenta de que no debe ser muy proclive a despertar melancolía, por lo que prefiero no saber. Partes como “Mickey mouse has grown up a cow”). Cuando salía de la ducha, empezó Mr. Bojangles. Sentí esa alegría que se siente cuando una encuentra algo que estaba perdido por ahí, y se lo había olvidado. Como cuando encontré, a los 7 u 8 años, en una mochilita que estaba colgada en la pared y nadie tocaba desde hace muuuuucho, un viejo libro infantil que había olvidado y era hermoso (más hermoso que los demás, por su calidad de olvidado y encontrado, como un tesoro). La sensación fue tan linda que, después de disfrutar el momento y darme cuenta de que había sido como recibir un regalo -con lo que me gustaban a mí los regalos-, elegí a conciencia otros dos libros y algún juguetito, los puse en la mochila, y la colgué de nuevo ahí, en ese clavo de la pared, tan alto. Dispuesta a olvidarlos, como un regalo a futuro para mí misma. Pero no fue así: la mochilita se convirtió en un punto al que miraba siempre que jugaba en el cuarto. Era mi secreto, no lo podía olvidar, y no pude revivir esa sensación en un largo tiempo. Creo que por eso guardo todo: porque reviviendo el pasado es como yo disfruto del presente. Esa sensación de la mochilita es como mi nafta (distinta a la nafta de besos que uso cuando cargo a mis primitas a caballito).
La cosa es que Mr. Bojangles me despertó ese sentimiento, y lo más loco es que hace sólo tres semanas que no lo escuchaba. Eso es lo bueno de ser amnésica. Escuchaba los primeros acordes, me invadía el sentimiento de “qué melodía especial”, sin recordar qué era.
Después seguí ordenando, acompañada por mi esquizofrenia: Por un lado había momentos de agitar el culito sacudiendo los brazos y cantando, con temas como Respect, de Aretha Franklin, Runaway, de Pulley ("and I wonder... I wo-wo-wo-wo-wonde-eer, why... why-why-why-why-why, she run away"), Pretty Woman, por Elvis, Walk like a Man, de Four Seasons, I´m a Believer, de Smash Mouth (que me hace recordar mi apodo: Fiona), Everybody needs somebody y Soul man, de Blues Brothers, Per colpa di chi de Zucchero, el clásico infaltable I will survive, y el más pilas de todos: I like to move it (la versión de Sacha Baron Cohen, que es un cago de risa). Y por otro lado dejar que me envuelva un sentimiento de tristeza con temas como Dead man walking y Streets of Philadelphia de Bruce Springsteen, Total Eclipse of the heart (que igual me hace acordar a cuando Kate Blanchett choca a Billy Bob en "Vidas Bandidas", y me da risa), Comfortably numb, Father and Son, de Cat Stevens, Ne me quitte Pas por Nina Simone, The Blower's Daughter (que además lo tengo como cuatro veces en la lista), el tema de “City of Angels” (que me remite a cuando Nicolas Cage agarra peras angustiado en la verdulería y me pongo a moquear), Creep, More than words, y ni hablar de la sonata de Beethoven Pathetique (mis listas son muy diversas).
Revolver recuerdos me pone triste. En realidad hay dos clases: la clase de las agendas, que me da fuerzas, y la de cartas y fotos viejas, que me pone triste. Anotaciones en cuadernos, puntajes de juegos anotados en libretitas. Me puse a pensar: en realidad nunca caí en que corté con "mi ex chico". O caí, pero no lo sentí como tan traumático. ¿Me faltará caer, o va a ser así, nomás? ¿Tan forra soy? ¿O lo fui sintiendo los últimos meses de la relación? Si no caigo revolviendo todos los cadáveres de nuestra relación, ¿cuándo voy a caer?
Y así es como mi blog se convirtió en mi diario íntimo. Alguien me dijo en un mail: “El motivo de estas líneas es para felicitarte por la facilidad con la que transmitís tus sentimientos a través de las palabras. No es usual que la expresión en los blogs sea como la tuya, sino más bien todo lo contrario, con mucha superficialidad y hedonismo, características que tus letras no poseen, porque cuando describís un acontecimiento cotidiano no lo hacés de esa forma, sino con simpleza, naturalidad y humor”. Pero creo que ya me estoy zarpando.
Ayer me levanté, me preparé un té con leche congelada (con suerte el martes arreglan la heladera), y cuando fui a abrir la persiana se cortó la cinta, me asusté cuando cayó la persiana, solté la cinta y se fue todo a la mierda, como sucede en estos casos. Tenía una cinta nueva (chica siempre lista), pero ni en pedo abro la tapa de la persiana. Ahí adentro vive Marita, la murciélaga. No sé qué voy a hacer. Llamé a El Bolsón y Clara, después de cagarme a pedos por llamar a mi mamá sólo porque se me rompió la persiana, me dijo que ella se anima. Pero yo quería dejarle todo lindo. Qué feo el pensamiento machista de “¡necesito un hombre!”. Tíos... pónganse las pilas y vengan a visitarme! (Y traigan herramientas).
Confesión del día: Me enganché con “Sos mi vida”, la nueva novela de Facundo Arana y Natalia Oreiro. Es que cuando cuidaba a mi primita, a la hora en que ella dormía la siesta daban "Muñeca Brava", y sucumbí a los encantos de ese dúo (en esa época el lema era “cualquier cosa menos estudiar”).
La cosa es que Mr. Bojangles me despertó ese sentimiento, y lo más loco es que hace sólo tres semanas que no lo escuchaba. Eso es lo bueno de ser amnésica. Escuchaba los primeros acordes, me invadía el sentimiento de “qué melodía especial”, sin recordar qué era.
Después seguí ordenando, acompañada por mi esquizofrenia: Por un lado había momentos de agitar el culito sacudiendo los brazos y cantando, con temas como Respect, de Aretha Franklin, Runaway, de Pulley ("and I wonder... I wo-wo-wo-wo-wonde-eer, why... why-why-why-why-why, she run away"), Pretty Woman, por Elvis, Walk like a Man, de Four Seasons, I´m a Believer, de Smash Mouth (que me hace recordar mi apodo: Fiona), Everybody needs somebody y Soul man, de Blues Brothers, Per colpa di chi de Zucchero, el clásico infaltable I will survive, y el más pilas de todos: I like to move it (la versión de Sacha Baron Cohen, que es un cago de risa). Y por otro lado dejar que me envuelva un sentimiento de tristeza con temas como Dead man walking y Streets of Philadelphia de Bruce Springsteen, Total Eclipse of the heart (que igual me hace acordar a cuando Kate Blanchett choca a Billy Bob en "Vidas Bandidas", y me da risa), Comfortably numb, Father and Son, de Cat Stevens, Ne me quitte Pas por Nina Simone, The Blower's Daughter (que además lo tengo como cuatro veces en la lista), el tema de “City of Angels” (que me remite a cuando Nicolas Cage agarra peras angustiado en la verdulería y me pongo a moquear), Creep, More than words, y ni hablar de la sonata de Beethoven Pathetique (mis listas son muy diversas).
Revolver recuerdos me pone triste. En realidad hay dos clases: la clase de las agendas, que me da fuerzas, y la de cartas y fotos viejas, que me pone triste. Anotaciones en cuadernos, puntajes de juegos anotados en libretitas. Me puse a pensar: en realidad nunca caí en que corté con "mi ex chico". O caí, pero no lo sentí como tan traumático. ¿Me faltará caer, o va a ser así, nomás? ¿Tan forra soy? ¿O lo fui sintiendo los últimos meses de la relación? Si no caigo revolviendo todos los cadáveres de nuestra relación, ¿cuándo voy a caer?
Y así es como mi blog se convirtió en mi diario íntimo. Alguien me dijo en un mail: “El motivo de estas líneas es para felicitarte por la facilidad con la que transmitís tus sentimientos a través de las palabras. No es usual que la expresión en los blogs sea como la tuya, sino más bien todo lo contrario, con mucha superficialidad y hedonismo, características que tus letras no poseen, porque cuando describís un acontecimiento cotidiano no lo hacés de esa forma, sino con simpleza, naturalidad y humor”. Pero creo que ya me estoy zarpando.
Ayer me levanté, me preparé un té con leche congelada (con suerte el martes arreglan la heladera), y cuando fui a abrir la persiana se cortó la cinta, me asusté cuando cayó la persiana, solté la cinta y se fue todo a la mierda, como sucede en estos casos. Tenía una cinta nueva (chica siempre lista), pero ni en pedo abro la tapa de la persiana. Ahí adentro vive Marita, la murciélaga. No sé qué voy a hacer. Llamé a El Bolsón y Clara, después de cagarme a pedos por llamar a mi mamá sólo porque se me rompió la persiana, me dijo que ella se anima. Pero yo quería dejarle todo lindo. Qué feo el pensamiento machista de “¡necesito un hombre!”. Tíos... pónganse las pilas y vengan a visitarme! (Y traigan herramientas).
Confesión del día: Me enganché con “Sos mi vida”, la nueva novela de Facundo Arana y Natalia Oreiro. Es que cuando cuidaba a mi primita, a la hora en que ella dormía la siesta daban "Muñeca Brava", y sucumbí a los encantos de ese dúo (en esa época el lema era “cualquier cosa menos estudiar”).
jueves, 19 de enero de 2006
Is one of us supposed to be a DOG in this scenario?
Había escrito un pequeño post que decía:
...
Siempre quise que me hagan una carta de amor que enumere cosas boludas mías, que llaman un poquito la atención (al menos al remitente), a lo “When Harry met Sally”:
“Amo que tengas frío cuando afuera hacen veintidós grados, amo que te tome una hora y media ordenar un sándwich, amo que se te haga una arruguita arriba de la nariz cuando me estás mirando como si estuviera loco, amo que después de estar todo el día con vos todavía puedo oler tu perfume en mi ropa y amo que seas la última persona a la que quiero hablarle antes de irme a dormir a la noche. Y no es porque estoy solo, y no es porque es año nuevo. Vine aquí esta noche porque cuando te das cuenta de que querés pasar el resto de tu vida con alguien, querés que el resto de tu vida empiece lo antes posible.”
Y me imagino las cosas que pondría. Pero lo lindo es que te sorprendan las cosas, y te hagan reir.
...
El tema es que me ganaron de mano.
Lo único que faltó, fue el final.
...
Siempre quise que me hagan una carta de amor que enumere cosas boludas mías, que llaman un poquito la atención (al menos al remitente), a lo “When Harry met Sally”:
“Amo que tengas frío cuando afuera hacen veintidós grados, amo que te tome una hora y media ordenar un sándwich, amo que se te haga una arruguita arriba de la nariz cuando me estás mirando como si estuviera loco, amo que después de estar todo el día con vos todavía puedo oler tu perfume en mi ropa y amo que seas la última persona a la que quiero hablarle antes de irme a dormir a la noche. Y no es porque estoy solo, y no es porque es año nuevo. Vine aquí esta noche porque cuando te das cuenta de que querés pasar el resto de tu vida con alguien, querés que el resto de tu vida empiece lo antes posible.”
Y me imagino las cosas que pondría. Pero lo lindo es que te sorprendan las cosas, y te hagan reir.
...
El tema es que me ganaron de mano.
Lo único que faltó, fue el final.
miércoles, 18 de enero de 2006
Volver
Volví a Buenos Aires a asegurarme de que las plantas vivieran hasta que llegue Clari, a buscar mis apuntes y algunos libros de la facu, ropa, música (¡importante!), y a pagar cuentas.
Antes de irme de acá (hace tres semanas), había descolgado una planta mía, y la había puesto, con Magdalena, en la cocina, en sendas palanganas con agua. Para el potus, que nace de una macetita a la izquierda de la ventana pero se estira groseramente hasta el otro lado del comedor, ida y vuelta encuadrando la mitad de la ventana, se me ocurrió una solución (no podía descolgarla, tan enredada que estaba). Ésta consistió en poner una olla con agua sobre la mesa, y sumergir el extremo de la planta en ella, como un brazo sediento, porque el potus echa raíces y vive en el agua tranquilamente. Iba a tomar agua de ahí. La idea estuvo buena; lo que no estuvo bueno fue olvidar el otro factor necesario: la luz.
En diciembre me fui, apurada, y le cerré la persiana. Así fue como el otro día, al entrar, la encontré moribunda. Ahora está en proceso de recuperación. Espero que me perdone. Esta vez le voy a dejar la persiana abierta, y no me importa si viene el ladrón hombre-araña, que entra por las ventanas (los noticieros siempre tan originales).
Cuando entré a mi casa no ví al potus moribundo en seguida. No pude, porque me habían cortado la luz. Otro cuelgue. Con Clari nos olvidamos de pagar (en realidad, habíamos perdido las facturas, y no sabíamos qué se pagaba y qué no), y me tuve que quedar todo el fin de semana en lo de mis abuelos, en vez de hacer cosas. Igual los pensaba ir a visitar el domingo. Y los disfruté, me gustó ir. Además en su casa sueño mucho, por lo que me encanta dormir ahí.
Recordé uno de mis pasatiempos de cuando viajo en colectivo en la ciudad. Escuchar conversaciones ajenas. Hoy escuché a una mujer que hablaba de su ex: “tener un sueño erótico con él me provoca vomitar a la mañana”.
La luna llena me acompañó la noche del viaje en colectivo. Gigante, amarilla. De pronto comenzó a brillar más y me asusté. Pensé: “¿nadie se da cuenta? eso quiere decir que de golpe el sol está brillando más”. Pero después me di cuenta de que eran mis ojos que estaban cada vez más húmedos.
Para colmo la veía escuchando el tema “Si tu no estás aquí”, que, como masoquista que soy, me bajé después del acontecimiento “vereda de Musimundo bajo la lluvia”. Siempre me burlé de ese tema. Ahora me mata (excepto la parte de “Dios”). Por suerte, en un libro que leí, también en el colectivo, encontré un justificativo:
“Los instrumentos que manejaban los músicos mendigos eran una mandolina, una guitarra, un acordeón y un violín. (...) Aschenbach, sentado ante la balaustrada, se humedecía de cuando en cuando los labios con un refresco de soda y granadina que brillaba, con color rubí, a través del vaso. Sus nervios acogían ansiosos los lánguidos tonos, las melodías sentimentales y vulgares, pues la pasión paraliza el sentido crítico y recibe con delicia todo aquello que en un estado de serenidad se soportaría con disgusto.”
Porque... ¡estoy leyendo! ¡Por fin! Eso sí que es bueno. Si me quieren recomendar algo (prefiero cosas no contemporáneas), escucho atenta. La biblioteca de mi mamá está muy buena, así que es probable que encuentre varias de sus recomendaciones.
Es muy linda la ciudad vacía. Y el calor no me molesta tanto. Extraño la presencia de un lago cerca, pero igual no me jode.
Cuando tomaba sol en la terraza, a veces el ruido de la calle y el calor agobiante me hacían sentir que estaba al lado del lago. Los ruidos se me hacían como los del viento jugando con los árboles y el agua. Estaba ahí, muerta de calor, y me tentaba una rápida zambullida. No iba a ser un chapuzón muy agradable, o uno que pudiera repetir.
Una de las cosas que más voy a extrañar (encabezando la lista está mi hermana): subirme a un taxi un día de lluvia o una noche calurosa, y escuchar tango, mirando la ciudad melancólicamente. Para mí los taxis deberían tener un cartel como las compus, pero que diga “tango inside”.
Estuve leyendo agendas viejas, de esas que lleno todos los años, desde los 16, con citas de libros, recuerdos, cosas que me escriben amigos o conocidos, dibujos, etc. Ellas estuvieron en cumpleaños, viajes, campamentos, fiestas controladas y más descontroladas... en casi todos los eventos de estos últimos diez años. No sé qué haría sin las agendas. Me rescatan muchas veces de los bajones en que caigo. Tal vez las hice para eso. Como un hilito al pasado que me rescata, al conectarse con el presente. En ellas puedo ver que no me perdí del todo, que estuve todos estos años. Y me ayudan a volver a mí, a ser un poco más como la Ceci de 17 años, que era muy fuerte, se cuidaba, brillaba, se respetaba, hacía lo que le hacía bien. La tenía clara. Súmenle una década de años de experiencia en esta vida (¿o será por eso que me debilité?). Voy a arrasar cuando vuelva.
---
(Sabían que pasando el mouse por arriba de las palabras subrayaditas se leen acotaciones, ¿no?. Si no lo sabían, se han perdido decenas de comentarios valiosísimos.)
Antes de irme de acá (hace tres semanas), había descolgado una planta mía, y la había puesto, con Magdalena, en la cocina, en sendas palanganas con agua. Para el potus, que nace de una macetita a la izquierda de la ventana pero se estira groseramente hasta el otro lado del comedor, ida y vuelta encuadrando la mitad de la ventana, se me ocurrió una solución (no podía descolgarla, tan enredada que estaba). Ésta consistió en poner una olla con agua sobre la mesa, y sumergir el extremo de la planta en ella, como un brazo sediento, porque el potus echa raíces y vive en el agua tranquilamente. Iba a tomar agua de ahí. La idea estuvo buena; lo que no estuvo bueno fue olvidar el otro factor necesario: la luz.
En diciembre me fui, apurada, y le cerré la persiana. Así fue como el otro día, al entrar, la encontré moribunda. Ahora está en proceso de recuperación. Espero que me perdone. Esta vez le voy a dejar la persiana abierta, y no me importa si viene el ladrón hombre-araña, que entra por las ventanas (los noticieros siempre tan originales).
Cuando entré a mi casa no ví al potus moribundo en seguida. No pude, porque me habían cortado la luz. Otro cuelgue. Con Clari nos olvidamos de pagar (en realidad, habíamos perdido las facturas, y no sabíamos qué se pagaba y qué no), y me tuve que quedar todo el fin de semana en lo de mis abuelos, en vez de hacer cosas. Igual los pensaba ir a visitar el domingo. Y los disfruté, me gustó ir. Además en su casa sueño mucho, por lo que me encanta dormir ahí.
Recordé uno de mis pasatiempos de cuando viajo en colectivo en la ciudad. Escuchar conversaciones ajenas. Hoy escuché a una mujer que hablaba de su ex: “tener un sueño erótico con él me provoca vomitar a la mañana”.
La luna llena me acompañó la noche del viaje en colectivo. Gigante, amarilla. De pronto comenzó a brillar más y me asusté. Pensé: “¿nadie se da cuenta? eso quiere decir que de golpe el sol está brillando más”. Pero después me di cuenta de que eran mis ojos que estaban cada vez más húmedos.
Para colmo la veía escuchando el tema “Si tu no estás aquí”, que, como masoquista que soy, me bajé después del acontecimiento “vereda de Musimundo bajo la lluvia”. Siempre me burlé de ese tema. Ahora me mata (excepto la parte de “Dios”). Por suerte, en un libro que leí, también en el colectivo, encontré un justificativo:
“Los instrumentos que manejaban los músicos mendigos eran una mandolina, una guitarra, un acordeón y un violín. (...) Aschenbach, sentado ante la balaustrada, se humedecía de cuando en cuando los labios con un refresco de soda y granadina que brillaba, con color rubí, a través del vaso. Sus nervios acogían ansiosos los lánguidos tonos, las melodías sentimentales y vulgares, pues la pasión paraliza el sentido crítico y recibe con delicia todo aquello que en un estado de serenidad se soportaría con disgusto.”
Porque... ¡estoy leyendo! ¡Por fin! Eso sí que es bueno. Si me quieren recomendar algo (prefiero cosas no contemporáneas), escucho atenta. La biblioteca de mi mamá está muy buena, así que es probable que encuentre varias de sus recomendaciones.
Es muy linda la ciudad vacía. Y el calor no me molesta tanto. Extraño la presencia de un lago cerca, pero igual no me jode.
Cuando tomaba sol en la terraza, a veces el ruido de la calle y el calor agobiante me hacían sentir que estaba al lado del lago. Los ruidos se me hacían como los del viento jugando con los árboles y el agua. Estaba ahí, muerta de calor, y me tentaba una rápida zambullida. No iba a ser un chapuzón muy agradable, o uno que pudiera repetir.
Una de las cosas que más voy a extrañar (encabezando la lista está mi hermana): subirme a un taxi un día de lluvia o una noche calurosa, y escuchar tango, mirando la ciudad melancólicamente. Para mí los taxis deberían tener un cartel como las compus, pero que diga “tango inside”.
Estuve leyendo agendas viejas, de esas que lleno todos los años, desde los 16, con citas de libros, recuerdos, cosas que me escriben amigos o conocidos, dibujos, etc. Ellas estuvieron en cumpleaños, viajes, campamentos, fiestas controladas y más descontroladas... en casi todos los eventos de estos últimos diez años. No sé qué haría sin las agendas. Me rescatan muchas veces de los bajones en que caigo. Tal vez las hice para eso. Como un hilito al pasado que me rescata, al conectarse con el presente. En ellas puedo ver que no me perdí del todo, que estuve todos estos años. Y me ayudan a volver a mí, a ser un poco más como la Ceci de 17 años, que era muy fuerte, se cuidaba, brillaba, se respetaba, hacía lo que le hacía bien. La tenía clara. Súmenle una década de años de experiencia en esta vida (¿o será por eso que me debilité?). Voy a arrasar cuando vuelva.
---
(Sabían que pasando el mouse por arriba de las palabras subrayaditas se leen acotaciones, ¿no?. Si no lo sabían, se han perdido decenas de comentarios valiosísimos.)
domingo, 15 de enero de 2006
Charla
Cuando les conté a mis viejos mi decisión de quedarme un tiempo por el área de la comarca (sí, la llamamos así), hubo un par de momentos graciosos.
Mi mamá esperaba la charla desde la noche anterior. Mi papá desde la mañana (quedé en que cuando salía del trabajo pasaba por lo de mi mamá a hablar). Los tres estábamos muy nerviosos, obviamente. Eran diferentes clases de nervios. Los míos por saber de qué se trataba, los de ellos por no saberlo.
Mi papá llegó a las cuatro y me pidió mate. Se lo hice, puse dos sillas en el cuarto donde me estoy quedando, me senté en la cama y, cuando se sentaron enfrente mío, dejé pasar unos segundos y dije:
"Bueno, ayer me compré un Evatest..."
...
Mi mamá se empezó a reir y me dijo "callate, boluda" (con ese gesto de manotazo en el aire que se hace cuando el otro dice una boludez). Mi papá puso una cara que, aunque haya durado un segundo, fue inolvidable.
Por suerte después también se rió.
El otro momento fue, como es habitual, por un cuelgue mío.
Mi mamá me decía, al hablar de si me conviene quedarme en El Bolsón o Bariloche, que me conviene Bariloche por el tema hombres, porque "acá no hay nadie, y el que queda es un vago".
A lo que yo respondí, ingenuamente:
"¿quién es?"
Ahí fueron ellos los que se rieron un ratito a costa mía (y yo también).
Mi mamá esperaba la charla desde la noche anterior. Mi papá desde la mañana (quedé en que cuando salía del trabajo pasaba por lo de mi mamá a hablar). Los tres estábamos muy nerviosos, obviamente. Eran diferentes clases de nervios. Los míos por saber de qué se trataba, los de ellos por no saberlo.
Mi papá llegó a las cuatro y me pidió mate. Se lo hice, puse dos sillas en el cuarto donde me estoy quedando, me senté en la cama y, cuando se sentaron enfrente mío, dejé pasar unos segundos y dije:
"Bueno, ayer me compré un Evatest..."
...
Mi mamá se empezó a reir y me dijo "callate, boluda" (con ese gesto de manotazo en el aire que se hace cuando el otro dice una boludez). Mi papá puso una cara que, aunque haya durado un segundo, fue inolvidable.
Por suerte después también se rió.
El otro momento fue, como es habitual, por un cuelgue mío.
Mi mamá me decía, al hablar de si me conviene quedarme en El Bolsón o Bariloche, que me conviene Bariloche por el tema hombres, porque "acá no hay nadie, y el que queda es un vago".
A lo que yo respondí, ingenuamente:
"¿quién es?"
Ahí fueron ellos los que se rieron un ratito a costa mía (y yo también).
viernes, 13 de enero de 2006
Soleada
Mi amigo el sol salió, por primera vez en el año, para mi cumple.
Me regalaron un perfume, y como estaba medio enojada o en duelo con Narcisse (sin querer usarlo) me vino re bien.
Después de la cena familiar con tarta de frambuesas salí a un pool y me pasaron por dos horas, de nuevo, música para mí (sin saberlo): Red Hot. Estuvo bueno.
Fue un día especial, por suerte. Lindo.
Me regalaron un perfume, y como estaba medio enojada o en duelo con Narcisse (sin querer usarlo) me vino re bien.
Después de la cena familiar con tarta de frambuesas salí a un pool y me pasaron por dos horas, de nuevo, música para mí (sin saberlo): Red Hot. Estuvo bueno.
Fue un día especial, por suerte. Lindo.
jueves, 12 de enero de 2006
26
Hoy cumplo veintiseis años.
Y empezó bien. Terminé de festejar el cumple de mi hermanito de (ahora) 13, y ya estaba festejando el mío, a las 12, con la misma torta y los bombones que habíamos hecho entre todos los niños (Ceci niña organizando).
Salí con mis tres hermanos restantes, los más grandes, y tomamos unas cervezas. También se juntaron un par de amigos de la secundaria.
Especial: que desde que llegué al bar, y por dos horas y media más, pasaron sin parar U2, y fue mi regalo de cumpleaños.
Seguiré festejando hoy, el 12, y con una torta no usurpada; tarta de frambuesas, como siempre desde hace más de 10 años. Ya es una tradición (o una ley, de esas lindas, como la de meterme al lago o al río siempre que voy, aunque el agua esté helada).
Y empezó bien. Terminé de festejar el cumple de mi hermanito de (ahora) 13, y ya estaba festejando el mío, a las 12, con la misma torta y los bombones que habíamos hecho entre todos los niños (Ceci niña organizando).
Salí con mis tres hermanos restantes, los más grandes, y tomamos unas cervezas. También se juntaron un par de amigos de la secundaria.
Especial: que desde que llegué al bar, y por dos horas y media más, pasaron sin parar U2, y fue mi regalo de cumpleaños.
Seguiré festejando hoy, el 12, y con una torta no usurpada; tarta de frambuesas, como siempre desde hace más de 10 años. Ya es una tradición (o una ley, de esas lindas, como la de meterme al lago o al río siempre que voy, aunque el agua esté helada).
miércoles, 11 de enero de 2006
Es simple
Me voy a quedar un tiempo acá en el sur.
Me quedo con mis montañas, mis árboles, mis estrellas, mis flores, mis olores a pino y a lluvia y a tierra y a manzanos al costado del arroyo.
Me lleno de ellos, para volver a mí.
No hubo mucha decisión que tomar porque siento que no tuve opción. Es lo único que puedo hacer y sé que me va a hacer bien.
-----
Naturalmente
Un claro en las nubes.
El macizo perfil de las montañas azules
que recortan el horizonte.
El amarillo apagado de los rastrojos.
El río muy negro.
¿Qué estoy haciendo en este lugar,
solo y cargado de culpas?
Me pregunto.
Sigo comiendo las frambuesas de la fuente.
Sin hacerme problemas. Si estuviera muerto,
me recuerdo, no podría saborearlas.
Nada es tan simple.
Sí, todo es así de simple. Naturalmente.
Raymond Carver.
Me quedo con mis montañas, mis árboles, mis estrellas, mis flores, mis olores a pino y a lluvia y a tierra y a manzanos al costado del arroyo.
Me lleno de ellos, para volver a mí.
No hubo mucha decisión que tomar porque siento que no tuve opción. Es lo único que puedo hacer y sé que me va a hacer bien.
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Naturalmente
Un claro en las nubes.
El macizo perfil de las montañas azules
que recortan el horizonte.
El amarillo apagado de los rastrojos.
El río muy negro.
¿Qué estoy haciendo en este lugar,
solo y cargado de culpas?
Me pregunto.
Sigo comiendo las frambuesas de la fuente.
Sin hacerme problemas. Si estuviera muerto,
me recuerdo, no podría saborearlas.
Nada es tan simple.
Sí, todo es así de simple. Naturalmente.
Raymond Carver.
lunes, 9 de enero de 2006
Algunas cosas
El sábado a la noche tocó la banda del esposo de mi mamá. Estuvo muy bueno. Según mi mamá yo no podía sacarle los ojos de encima al saxofonista nuevo. Lo que no sabía es que lo miraba porque el tipo era insoportable. Parecía el conejito de Duracell (tanto como para, en un momento efusivo, patearle la trompeta al esposo de mi vieja). Según Clari, un Jamiroquai barato.
El tipo era un guitarrista frustrado: tocaba el saxo alto, pero cuando no lo hacía, el instrumento se convertía en su guitarra imaginaria.
-----
Después salí con mi hermana, y me divertí mucho.
En un momento hablábamos de nuestros problemas con el compromiso, la entrega, los chicos en general, y nuestra teoría de que es por nuestra infancia (los cuatro mayores tenemos de esos problemas). Nos acordamos de una charla que tuvimos el año pasado:
Ceci: Sería mejor que no existiera la familia, es una mierda, te re trauma.
Clara: Un Mundo Feliz...
Ceci: Sí, sería un mundo feliz.
Clara: No, boluda, hablo de la novela
(risas)
Antes de anoche cuando nos acordábamos dije "un mundo felix", y me entendió (sabía que estaba pensando en el apellido del autor). Eso es lo lindo de charlar con ella. Ya sabe cómo trabaja mi mente. Sabe que digo cosas como "Cartas al Capitán" cuando quiero decir "El Coronel no tiene quien le escriba". Que digo "mona Lisa" en vez de "gata Flora", Milan Kundera en vez de Emir Kusturica, hermafrodita en vez de ematita, I Ching en vez de Horóscopo Chino, "El lobo Feroz" en vez de "San Francisco y el lobo", "sex on the beach" en vez de "Sex and The City".
Y me entiende.
-----
Esa noche caminé un par de cuadras sola, antes de que toque "Caravana". Una de las cuadras la caminé mirando a la luna. Hablando sola.
- No puede estar tan linda la luna. La puta madre, no puede ser tan linda. Me duele. No lo puedo creer, mirá eso...
Cualquiera hubiera pensado que estaba loca. Suerte que yo estoy perdida, porque yo también lo hubiera pensado si estaba ahí. Lo peor es que en realidad son esos los momentos en los que vuelvo.
-----
El sábado a la tarde pasé por enfrente de Musimundo y me quedé parada ahí afuera como una pelotuda, empapada, escuchando "Si tú no estás aquí", mirando a la lluvia y haciendo pucheros. Era para una postal, o un video clip barato. Doy lástima (era una imagen muy patética, nunca pensé llegar a eso).
-----
Despeinada, aha aha aha. Despeinada, aha aha aha.
He descubierto algo nuevo. Tener el pelo largo en un lugar asediado de hombres alcoholizados es un propulsor para sus acercamientos melosos insoportables.
En dos lugares diferentes y en tres oportunidades, pasé caminando entre estos especímenes, y me peinaban!
Hasta uno ofreció hacerme una trenza.
-----
Y de colgada, pensé durante diez minutos que me decían "lunares", "me gustan los lunares", etc. por los de mi cara. Y cuando le dije a Clara, en joda "los chicos están re observadores hoy", me dijo "pelotuda, es por tu remera". Tenía una remerita blanca con lunares rosas, amarillos y rojos.
-----
Reacción graciosa de Clari.
Situación: en la barra de un bar, un ex compañero suyo totalmente manosero, cargoseándola. De golpe ella grita "Martín, no me untes!!!", por cómo la estaba acariciando (era increíblemente cargoso, realmente era como si le untase el brazo).
Más tarde le dije que vayamos a ese lado del bar, y me dijo "claro, porque a vos allá no te untan".
-----
Qué Nahuelito ni Nahuelito.
Hay una nueva atracción turística en Bariloche. Se llama "las caídas de Cecilia".
Si ven a una chica, pelos al viento, que no puede hacer dos cuadras sin tropezarse, amagar a salir corriendo, trastabillar, resbalarse, chocarse postes, gente, pisar charquitos... síganla. Hay diversión garantizada.
No acepten imitaciones.
El tipo era un guitarrista frustrado: tocaba el saxo alto, pero cuando no lo hacía, el instrumento se convertía en su guitarra imaginaria.
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Después salí con mi hermana, y me divertí mucho.
En un momento hablábamos de nuestros problemas con el compromiso, la entrega, los chicos en general, y nuestra teoría de que es por nuestra infancia (los cuatro mayores tenemos de esos problemas). Nos acordamos de una charla que tuvimos el año pasado:
Ceci: Sería mejor que no existiera la familia, es una mierda, te re trauma.
Clara: Un Mundo Feliz...
Ceci: Sí, sería un mundo feliz.
Clara: No, boluda, hablo de la novela
(risas)
Antes de anoche cuando nos acordábamos dije "un mundo felix", y me entendió (sabía que estaba pensando en el apellido del autor). Eso es lo lindo de charlar con ella. Ya sabe cómo trabaja mi mente. Sabe que digo cosas como "Cartas al Capitán" cuando quiero decir "El Coronel no tiene quien le escriba". Que digo "mona Lisa" en vez de "gata Flora", Milan Kundera en vez de Emir Kusturica, hermafrodita en vez de ematita, I Ching en vez de Horóscopo Chino, "El lobo Feroz" en vez de "San Francisco y el lobo", "sex on the beach" en vez de "Sex and The City".
Y me entiende.
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Esa noche caminé un par de cuadras sola, antes de que toque "Caravana". Una de las cuadras la caminé mirando a la luna. Hablando sola.
- No puede estar tan linda la luna. La puta madre, no puede ser tan linda. Me duele. No lo puedo creer, mirá eso...
Cualquiera hubiera pensado que estaba loca. Suerte que yo estoy perdida, porque yo también lo hubiera pensado si estaba ahí. Lo peor es que en realidad son esos los momentos en los que vuelvo.
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El sábado a la tarde pasé por enfrente de Musimundo y me quedé parada ahí afuera como una pelotuda, empapada, escuchando "Si tú no estás aquí", mirando a la lluvia y haciendo pucheros. Era para una postal, o un video clip barato. Doy lástima (era una imagen muy patética, nunca pensé llegar a eso).
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Despeinada, aha aha aha. Despeinada, aha aha aha.
He descubierto algo nuevo. Tener el pelo largo en un lugar asediado de hombres alcoholizados es un propulsor para sus acercamientos melosos insoportables.
En dos lugares diferentes y en tres oportunidades, pasé caminando entre estos especímenes, y me peinaban!
Hasta uno ofreció hacerme una trenza.
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Y de colgada, pensé durante diez minutos que me decían "lunares", "me gustan los lunares", etc. por los de mi cara. Y cuando le dije a Clara, en joda "los chicos están re observadores hoy", me dijo "pelotuda, es por tu remera". Tenía una remerita blanca con lunares rosas, amarillos y rojos.
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Reacción graciosa de Clari.
Situación: en la barra de un bar, un ex compañero suyo totalmente manosero, cargoseándola. De golpe ella grita "Martín, no me untes!!!", por cómo la estaba acariciando (era increíblemente cargoso, realmente era como si le untase el brazo).
Más tarde le dije que vayamos a ese lado del bar, y me dijo "claro, porque a vos allá no te untan".
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Qué Nahuelito ni Nahuelito.
Hay una nueva atracción turística en Bariloche. Se llama "las caídas de Cecilia".
Si ven a una chica, pelos al viento, que no puede hacer dos cuadras sin tropezarse, amagar a salir corriendo, trastabillar, resbalarse, chocarse postes, gente, pisar charquitos... síganla. Hay diversión garantizada.
No acepten imitaciones.
viernes, 6 de enero de 2006
Extraño a mi jacarandá
Estoy muy mal. Sólo yo sé lo mal que estoy.Tirada en la cama, escuchando Spinetta, escribo esto. Y no lo quiero postear acá. Mi familia juega a las cartas, escucho sus risas. Estoy hecha mierda y lo único que me importa es no ser desagradecida al no darles bola.
Fui a una psicóloga. Me compré pañuelitos descartables, preparada para llorar, ya que cada vez que pensaba las cosas que le iba a decir se me llenaban los ojos de lágrimas.
Pero no lloré. Me dijo que mis palabras no iban con lo que mostraba. Que estaban como despojadas de sentimientos. Y así soy. Por eso digo que nadie sabe realmente cómo estoy. No se acercan a saberlo. Ni siquiera me creen. No me toman en serio, fría como me muestro.
Me preguntó si me angustiaba. Le dije que con temas puntuales (como peleas con algunas personas) mucho, pero que no soy de llorar en la cama pensando en mi vida. Me preguntó si escribiendo es como yo logro conectar mis sentimientos con mis palabras. Pensé en posts como éste y éste.
También me dijo si no me enroscaba mucho. Le conté que siento que mi vida es ficticia, que no soy yo. Que me levanto, voy por la calle, tomo el colectivo, pero no soy yo. No estoy ahí. No es real. Me preguntó dónde estaba, y le dije que en mi cabeza. Me preguntó qué hacía ahí, y le dije que me buscaba, porque estoy perdida.
Salí del consultorio, me compré un cuaderno, una birome azul de trazo grueso, un helado palito de chocolate, y me fui a la plaza.
No escribí nada, pero necesitaba tener el cuaderno.
Fui a una psicóloga. Me compré pañuelitos descartables, preparada para llorar, ya que cada vez que pensaba las cosas que le iba a decir se me llenaban los ojos de lágrimas.
Pero no lloré. Me dijo que mis palabras no iban con lo que mostraba. Que estaban como despojadas de sentimientos. Y así soy. Por eso digo que nadie sabe realmente cómo estoy. No se acercan a saberlo. Ni siquiera me creen. No me toman en serio, fría como me muestro.
Me preguntó si me angustiaba. Le dije que con temas puntuales (como peleas con algunas personas) mucho, pero que no soy de llorar en la cama pensando en mi vida. Me preguntó si escribiendo es como yo logro conectar mis sentimientos con mis palabras. Pensé en posts como éste y éste.
También me dijo si no me enroscaba mucho. Le conté que siento que mi vida es ficticia, que no soy yo. Que me levanto, voy por la calle, tomo el colectivo, pero no soy yo. No estoy ahí. No es real. Me preguntó dónde estaba, y le dije que en mi cabeza. Me preguntó qué hacía ahí, y le dije que me buscaba, porque estoy perdida.
Salí del consultorio, me compré un cuaderno, una birome azul de trazo grueso, un helado palito de chocolate, y me fui a la plaza.
No escribí nada, pero necesitaba tener el cuaderno.
miércoles, 4 de enero de 2006
Fiestas en El Bolsón
Navidad.
Almuerzo el 25 al mediodía, con mesa larga en el patio. Mi familia, mis tíos con sus mellizos de seis años, dos amigas de la familia y una pareja amiga de mis tíos, con su bebé de dos meses.
Todo empezó con un juego de mi hermano Tiago (24) y Dante (6). Jugaban a mojarse con botellas de agua, corriendo por el jardín. Se sumó el otro mellizo. Era gracioso ver cómo le revoleaban a mi hermano la botella entera en vez de mojarlo. Media hora después se sumó mi hermano de 12, y después Tiago se cansó y abandonó.
La cosa ya era con baldes de agua. Se rompió la canilla del patio de la que sacaban agua, y fue el amigo de mis tíos (una mole) a arreglarla. Empezó a mojar a los chicos, que no dudaron en tomar medidas al respecto (ignorando que estaba vestido con jean y remera). Mi mamá fue a comprar bombitas, las infló, salió con un balde lleno, y no pudo resistir la tentación de hacer la pelea un poco más pareja (ella también, con jean y remera). Mi hermanito prendió la bomba de agua y empezó a usar una manguera. Se sumó el esposo de mi mamá , e implementaron otra manguera, con más presión todavía. La cosa se había puesto despareja de nuevo, entonces me fui a poner la malla, abajo del vestido (si no, se me veía todo), y salí disimuladamente con una sidra y un sifón (mi arma).
La guerra duró dos horas. Yo tenía un contacto interno, Tiago, que me llenaba baldes desde adentro de la casa. Mi mamá se disputaba las mangueras con los hombres, y hasta el bebé recibió salpicaduras de agua. Los autos quedaron como recién lavados (durante la pelea, mi tió movió su auto al centro de la disputa. Tal vez era el mejor estratega de todos).
De pronto me dí cuenta: estaba empapada, corriendo descalza por el pasto, en mi vestidito blanco con flores azules, riendo, y pensé: “este sí que es un buen comienzo para las vacaciones”.
Año Nuevo.
Amigos y familia en casa de mi mamá. Tragos para todos, pero la bartender tomaba cerveza con maní. Todas las ensaladas eran de papa.
Resaltado de la noche: Partido de voley a las 2 a.m., divertidísimo. En el equipo contrario al mío sacaba siempre el mismo, escondido entre las sombras (nunca se sabía de dónde venía la pelota), y rotaban corriendo en círculos antes del saque. Al principio jugaban todos con vasos en la mano, terminaban parados (con suerte) en el medio de la cancha contraria, agarrando los pies de los jugadores del otro equipo, o colgados de la red (hubo que desenredar un par).
Terminó el partido por necesidad de tragos (alegaron). Como se me había acabado el repertorio, inventé uno. Vodka, licor de frambuesas, limón y Sprite.
Se llamó Volley-Ball.
Almuerzo el 25 al mediodía, con mesa larga en el patio. Mi familia, mis tíos con sus mellizos de seis años, dos amigas de la familia y una pareja amiga de mis tíos, con su bebé de dos meses.
Todo empezó con un juego de mi hermano Tiago (24) y Dante (6). Jugaban a mojarse con botellas de agua, corriendo por el jardín. Se sumó el otro mellizo. Era gracioso ver cómo le revoleaban a mi hermano la botella entera en vez de mojarlo. Media hora después se sumó mi hermano de 12, y después Tiago se cansó y abandonó.
La cosa ya era con baldes de agua. Se rompió la canilla del patio de la que sacaban agua, y fue el amigo de mis tíos (una mole) a arreglarla. Empezó a mojar a los chicos, que no dudaron en tomar medidas al respecto (ignorando que estaba vestido con jean y remera). Mi mamá fue a comprar bombitas, las infló, salió con un balde lleno, y no pudo resistir la tentación de hacer la pelea un poco más pareja (ella también, con jean y remera). Mi hermanito prendió la bomba de agua y empezó a usar una manguera. Se sumó el esposo de mi mamá , e implementaron otra manguera, con más presión todavía. La cosa se había puesto despareja de nuevo, entonces me fui a poner la malla, abajo del vestido (si no, se me veía todo), y salí disimuladamente con una sidra y un sifón (mi arma).
La guerra duró dos horas. Yo tenía un contacto interno, Tiago, que me llenaba baldes desde adentro de la casa. Mi mamá se disputaba las mangueras con los hombres, y hasta el bebé recibió salpicaduras de agua. Los autos quedaron como recién lavados (durante la pelea, mi tió movió su auto al centro de la disputa. Tal vez era el mejor estratega de todos).
De pronto me dí cuenta: estaba empapada, corriendo descalza por el pasto, en mi vestidito blanco con flores azules, riendo, y pensé: “este sí que es un buen comienzo para las vacaciones”.
Año Nuevo.
Amigos y familia en casa de mi mamá. Tragos para todos, pero la bartender tomaba cerveza con maní. Todas las ensaladas eran de papa.
Resaltado de la noche: Partido de voley a las 2 a.m., divertidísimo. En el equipo contrario al mío sacaba siempre el mismo, escondido entre las sombras (nunca se sabía de dónde venía la pelota), y rotaban corriendo en círculos antes del saque. Al principio jugaban todos con vasos en la mano, terminaban parados (con suerte) en el medio de la cancha contraria, agarrando los pies de los jugadores del otro equipo, o colgados de la red (hubo que desenredar un par).
Terminó el partido por necesidad de tragos (alegaron). Como se me había acabado el repertorio, inventé uno. Vodka, licor de frambuesas, limón y Sprite.
Se llamó Volley-Ball.
jueves, 22 de diciembre de 2005
Despelote
El departamento es un desastre. El desorden está más que nada causado por mí –el torbellino Cecilia-. Clari me quiere matar.
Yo no puedo llegar a casa después del trabajo y sentarme a estudiar con este quilombo. Y claro, así nunca estudio, porque ordenando de hace tarde.
Pilas de ropa en el piso (categorizada: al lado de la puerta los uniformes. Adelante de la tele los zapatos, medias y ropa que me saco cuando estoy acá, en la compu. Al lado del sillón ropa que tal vez me ponía y no me puse), compu rodeada de monolitos de cajas de CDs, compacts sueltos, valijas en el cuarto ocupando el único sector de piso libre... porque me agarró un ataque nostálgico y revisé fotos, agendas, cartas y videos viejos (el que ganó el premio al aburrimiento: dos horas de skateboarding de mi noviecito yanqui-finlandés).
Ayer ordené. Fue tedioso, pero más entretenido que mirar el video. Especialmente por los descubrimientos. Entre las pilas de CDs, por ejemplo, estaba mi corpiño negro, el que buscaba desde hace más de una semana.
El otro aspecto que hace la casa deprimente y anti-estudio es que se viene abajo. Este post debería llamarse “cómo destrozar una casa en tres años”. Podríamos haber hecho un reality sobre eso.
¿Se acuerdan del piso de parquet? bueno, ha sufrido una inundación (Clari), y se hinchó todo. Donde entraban seis maderitas ahora entran cinco. Y como se salía (el famoso piso jenga), quedó todo levantado y salido, hay maderitas repartidas por toda la casa. Mi mamá, en una de sus visitas, descubrió que poniendo las maderitas en el horno éstas recuperan su tamaño normal, y se pueden encajar de nuevo como van. Mi hermana se tomó el trabajo de hacerlo, de a poco. Un día, llegando a casa, bajé del ascensor y había olor a quemado. Mientras me acercaba a la puerta el olor aumentaba. Yo ya me imaginaba qué sería. Entré y efectivamente, había quemado una tanda de maderitas. Ahora están ahí, negritas, entre las otras. Encajan bien, eso sí.
Se puede decir que mi hermana tiene una relación bastante pasional con el piso.
Para sumar a la decadencia de la casa, las luces no andan. La luz del comedor y la del cuarto dejaron de funcionar, y nos manejamos con veladores. Muy tétrico. A la noche es muy jodido estudiar. Especialmente para ella, que tiene que hacer dibujos y demás.
Todo esto acompañado de un eterno ruido a agua. Según el Feng Shui es malísimo tener pérdidas de agua. Bueno, nosotras las tenemos en todos los ambientes con canillas (de ahí se originó la inundación). La caliente de la cocina prácticamente no tiene cuerito, por lo que cerramos la llave de paso del agua caliente. Pero al cerrarla, ésta pierde. Así que ponemos una palangana abajo. Más o menos hay que vaciarla una vez al día. El piso del baño tiene un eterno arroyito, que sale del lavamanos y va a la rejilla. Es para sentirnos más cerca de El Bolsón.
Otro tema: la heladera. Congela las cosas. Parece que algo anda mal, y nunca para. Entonces tenemos lechuga petrificada, leche ya en cubitos, y casancrem helado, entre otros.
Por último, tenemos a nuestra amiga nocturna, la murciélaga que vive en la ventana del cuarto. Por su culpa no abrimos la ventana a la noche, y nos morimos de calor.
Igualmente no creo que se anime a entrar. En realidad hicimos todo ese descontrol para mantenerla en el rollo de la persiana, que debe ser mucho más lindo que el departamento.
...
Este post tiene como un mes, me había olvidado de publicarlo. Las cosas ahora cambiaron un poco. Hice arreglar las canillas y los portalámparas. Vamos mejorando. Y a la heladera la vamos apagando y prendiendo nosotras. El tema es cuando nos olvidamos de prenderla (Ceci) y se descongela el freezer. O cuando se olvida Clari, y yo llego a casa ansiosa por tomarme un vaso de cerveza helada, y está casi natural (mal humor irreversible).
Y también cambió algo más: mágicamente, está lleno de nuevo de pilas de CDs y ropa, es un descontrol.
Me pongo a ordenar, a ver qué descubro ahora.
Yo no puedo llegar a casa después del trabajo y sentarme a estudiar con este quilombo. Y claro, así nunca estudio, porque ordenando de hace tarde.
Pilas de ropa en el piso (categorizada: al lado de la puerta los uniformes. Adelante de la tele los zapatos, medias y ropa que me saco cuando estoy acá, en la compu. Al lado del sillón ropa que tal vez me ponía y no me puse), compu rodeada de monolitos de cajas de CDs, compacts sueltos, valijas en el cuarto ocupando el único sector de piso libre... porque me agarró un ataque nostálgico y revisé fotos, agendas, cartas y videos viejos (el que ganó el premio al aburrimiento: dos horas de skateboarding de mi noviecito yanqui-finlandés).
Ayer ordené. Fue tedioso, pero más entretenido que mirar el video. Especialmente por los descubrimientos. Entre las pilas de CDs, por ejemplo, estaba mi corpiño negro, el que buscaba desde hace más de una semana.
El otro aspecto que hace la casa deprimente y anti-estudio es que se viene abajo. Este post debería llamarse “cómo destrozar una casa en tres años”. Podríamos haber hecho un reality sobre eso.
¿Se acuerdan del piso de parquet? bueno, ha sufrido una inundación (Clari), y se hinchó todo. Donde entraban seis maderitas ahora entran cinco. Y como se salía (el famoso piso jenga), quedó todo levantado y salido, hay maderitas repartidas por toda la casa. Mi mamá, en una de sus visitas, descubrió que poniendo las maderitas en el horno éstas recuperan su tamaño normal, y se pueden encajar de nuevo como van. Mi hermana se tomó el trabajo de hacerlo, de a poco. Un día, llegando a casa, bajé del ascensor y había olor a quemado. Mientras me acercaba a la puerta el olor aumentaba. Yo ya me imaginaba qué sería. Entré y efectivamente, había quemado una tanda de maderitas. Ahora están ahí, negritas, entre las otras. Encajan bien, eso sí.
Se puede decir que mi hermana tiene una relación bastante pasional con el piso.
Para sumar a la decadencia de la casa, las luces no andan. La luz del comedor y la del cuarto dejaron de funcionar, y nos manejamos con veladores. Muy tétrico. A la noche es muy jodido estudiar. Especialmente para ella, que tiene que hacer dibujos y demás.
Todo esto acompañado de un eterno ruido a agua. Según el Feng Shui es malísimo tener pérdidas de agua. Bueno, nosotras las tenemos en todos los ambientes con canillas (de ahí se originó la inundación). La caliente de la cocina prácticamente no tiene cuerito, por lo que cerramos la llave de paso del agua caliente. Pero al cerrarla, ésta pierde. Así que ponemos una palangana abajo. Más o menos hay que vaciarla una vez al día. El piso del baño tiene un eterno arroyito, que sale del lavamanos y va a la rejilla. Es para sentirnos más cerca de El Bolsón.
Otro tema: la heladera. Congela las cosas. Parece que algo anda mal, y nunca para. Entonces tenemos lechuga petrificada, leche ya en cubitos, y casancrem helado, entre otros.
Por último, tenemos a nuestra amiga nocturna, la murciélaga que vive en la ventana del cuarto. Por su culpa no abrimos la ventana a la noche, y nos morimos de calor.
Igualmente no creo que se anime a entrar. En realidad hicimos todo ese descontrol para mantenerla en el rollo de la persiana, que debe ser mucho más lindo que el departamento.
...
Este post tiene como un mes, me había olvidado de publicarlo. Las cosas ahora cambiaron un poco. Hice arreglar las canillas y los portalámparas. Vamos mejorando. Y a la heladera la vamos apagando y prendiendo nosotras. El tema es cuando nos olvidamos de prenderla (Ceci) y se descongela el freezer. O cuando se olvida Clari, y yo llego a casa ansiosa por tomarme un vaso de cerveza helada, y está casi natural (mal humor irreversible).
Y también cambió algo más: mágicamente, está lleno de nuevo de pilas de CDs y ropa, es un descontrol.
Me pongo a ordenar, a ver qué descubro ahora.
jueves, 15 de diciembre de 2005
Calmate, Ceci
Últimamente estoy muy nerviosa, más que nada por el trabajo. Le digo a todo el mundo que soy una pastelera pero me estreso como si trabajara en Wall Street.
Lo peor es ver cómo la empresa donde trabajás se está desmoronando, y que todo lo que te esforzaste, y todo lo que creciste, no sirvan de mucho. Es horrible la nebulosa: no saber lo que va a pasar. Y que no te paguen, ni hablar.
Ayer fui al médico: tengo gastritis.
Pastillas y jarabe feo, dieta, noches sin dormir por el dolor de panza, pero hoy fui de nuevo al trabajo.
Iba en el colectivo con la ventanilla abierta y un poco de dolor de panza, pensando en qué sería de mi trabajo... cuando me cae una flor de tilo entre las manos.
Los árboles me siguen acompañando.
Bueno, voy a tratar.
Ya en la pastelería me tomé un té de tilo (no de ese; la flor la guardé), para luego enterarme de que hoy era el último día de trabajo, "al menos por un tiempo".
Otro té, y ...¡no me importa nada! O sí: me importa que en unos días me voy a mi pueblito. Eso sí que me hace bien.
Lo peor es ver cómo la empresa donde trabajás se está desmoronando, y que todo lo que te esforzaste, y todo lo que creciste, no sirvan de mucho. Es horrible la nebulosa: no saber lo que va a pasar. Y que no te paguen, ni hablar.
Ayer fui al médico: tengo gastritis.
Pastillas y jarabe feo, dieta, noches sin dormir por el dolor de panza, pero hoy fui de nuevo al trabajo.
Iba en el colectivo con la ventanilla abierta y un poco de dolor de panza, pensando en qué sería de mi trabajo... cuando me cae una flor de tilo entre las manos.
Los árboles me siguen acompañando.
Bueno, voy a tratar.
Ya en la pastelería me tomé un té de tilo (no de ese; la flor la guardé), para luego enterarme de que hoy era el último día de trabajo, "al menos por un tiempo".
Otro té, y ...¡no me importa nada! O sí: me importa que en unos días me voy a mi pueblito. Eso sí que me hace bien.
martes, 29 de noviembre de 2005
La chica sentada en la plaza
Un día, casi por azar, ella se encontró muy triste mirando cómo caían flores violetas de un árbol. Después se enteró que era un jacarandá. Lo sospechaba, pero no lo sabía. Ella sabía de radales, cipreses, lengas, alerces. Ahora también de jacarandaes. Sabe que se conectó con ese árbol y que lo suyo se convirtió en una cita casi diaria.
El árbol es bastante alto, y no hay mucho a su alrededor. No hay juegos, no hay mesas. Abajo suyo hay una plataforma circular de cemento, apenas elevada del suelo, preparada como para ser un cantero lleno de flores; sólo que está vacío. Ese día que ella estaba tan triste era como un trono violeta, esperándola.
Hay otros árboles en la plaza. Son muchos, y muy diferentes entre ellos. Hay un jacarandá cerca de ese del trono violeta. En realidad el trono está en el medio, y se juntan las flores de los dos. Pero su amigo es el del primer día.
Ella siempre miró a los árboles de la ciudad un poco recelosamente. Tal vez evitaba sentir –percibir- su sufrimiento, en parte sintiéndose culpable por él. Pero desde hace unos meses se anima a conocerlos un poco, al menos a los de las plazas. Se pregunta por qué la cautivan especialmente esos, los que están un poco más libres. Como cuando, tiempo atrás, no se detenía a observar tanto a los árboles de su pueblo como a los del bosque. Lo que sentía junto a estos últimos era mucho más intenso.
Ayer ella fue a ver al jacarandá después de cuatro días sin haber ido. Lo encontró casi sin flores. El trono, vacío. Se preguntó si sería el momento para eso, pero le resultó muy extraño recordar que ninguno de los que había visto desde el colectivo estaban así. Muchos estaban repletos de flores, todavía. Ninguno tan despojado como su amigo. Lo más extraño fue ver al jacarandá vecino (está a una docena de metros) y que esté tan florido como los demás.
Si no era, entonces, por mayor exposición al sol o al viento... ¿por qué era?
Ella se lamentó mucho. No la había esperado.
¿Y su ritual? Pensó que tal vez sería por tristeza o despecho, ya que ella no había ido por varios días. También pensó que él quizás le había brindado tanto que se había quedado sin energía antes que el resto. Y que tal vez fue más feliz, y que eso aceleró su ciclo vital.
Pero, ¿por qué no la esperó?
Quizás había sido al revés. Quizás lo que a ella le atrajo del árbol fue su profunda tristeza, o que esté expuesto más que los demás, de alguna forma. Tal vez tenían en común una terrible empatía y se potenció al juntarse.
Algo hubo ese día, que lo hizo especial para ella. Y ella quiso pensar que era especial para él.
Lo fueron, y lo siguen siendo.
Ella está sentada en el trono, que ya no está vacío. Y sonríe: se acaba de dar cuenta de que tiene puesto un buzo violeta.
El árbol es bastante alto, y no hay mucho a su alrededor. No hay juegos, no hay mesas. Abajo suyo hay una plataforma circular de cemento, apenas elevada del suelo, preparada como para ser un cantero lleno de flores; sólo que está vacío. Ese día que ella estaba tan triste era como un trono violeta, esperándola.
Hay otros árboles en la plaza. Son muchos, y muy diferentes entre ellos. Hay un jacarandá cerca de ese del trono violeta. En realidad el trono está en el medio, y se juntan las flores de los dos. Pero su amigo es el del primer día.
Ella siempre miró a los árboles de la ciudad un poco recelosamente. Tal vez evitaba sentir –percibir- su sufrimiento, en parte sintiéndose culpable por él. Pero desde hace unos meses se anima a conocerlos un poco, al menos a los de las plazas. Se pregunta por qué la cautivan especialmente esos, los que están un poco más libres. Como cuando, tiempo atrás, no se detenía a observar tanto a los árboles de su pueblo como a los del bosque. Lo que sentía junto a estos últimos era mucho más intenso.
Ayer ella fue a ver al jacarandá después de cuatro días sin haber ido. Lo encontró casi sin flores. El trono, vacío. Se preguntó si sería el momento para eso, pero le resultó muy extraño recordar que ninguno de los que había visto desde el colectivo estaban así. Muchos estaban repletos de flores, todavía. Ninguno tan despojado como su amigo. Lo más extraño fue ver al jacarandá vecino (está a una docena de metros) y que esté tan florido como los demás.
Si no era, entonces, por mayor exposición al sol o al viento... ¿por qué era?
Ella se lamentó mucho. No la había esperado.
¿Y su ritual? Pensó que tal vez sería por tristeza o despecho, ya que ella no había ido por varios días. También pensó que él quizás le había brindado tanto que se había quedado sin energía antes que el resto. Y que tal vez fue más feliz, y que eso aceleró su ciclo vital.
Pero, ¿por qué no la esperó?
Quizás había sido al revés. Quizás lo que a ella le atrajo del árbol fue su profunda tristeza, o que esté expuesto más que los demás, de alguna forma. Tal vez tenían en común una terrible empatía y se potenció al juntarse.
Algo hubo ese día, que lo hizo especial para ella. Y ella quiso pensar que era especial para él.
Lo fueron, y lo siguen siendo.
Ella está sentada en el trono, que ya no está vacío. Y sonríe: se acaba de dar cuenta de que tiene puesto un buzo violeta.
lunes, 28 de noviembre de 2005
Fin de semana
Viernes. Pearl Jam! Sentirme afuera de todo (cosa que no me disgusta tanto). Pasar más tiempo analizando cómo siento las cosas que sintiéndolas.
Sigo pensando que mi vida es como la de Abre los ojos o Vainilla Sky. Esa vida que elegís tener, que es un sueño pero lo sentís real. Por eso... ¿no se supone que tenía que ser linda? Bueno, en realidad no es FEA, si la miro objetivamente. Pero... ¿no tendría que sentirse bien? ¿No tendría que estar conforme? Pensar todo esto en alguno de los temas de Pearl Jam, probablemente Even Flow. Cuando termina pienso “¿quien dijo que yo quería ser pastelera y tener que trabajar mañana?”
Sábado. Salir del trabajo, pasar a buscar algunas de mis cosas de la casa de “mi ex chico”. Pretender que no me afecta. Que a cinco pasos de la puerta de mi edificio, muy cargada, y dejando que todos los autos de la avenida parados por el semáforo vean cómo una chica (‘cause I´m just a girl, so pretty and petite, so why won’t you leave me alone?) se las arregla sola con tantas bolsas, se me desfonde una y se destrocen las 3 botellas de agua con gas que me había traído del laburo, vidrios por todos lados. Que un chico me alcance el secador de pelo que quedó a un metro y medio. Tratar de juntar los vidrios y cortarme. Bajar a los diez minutos, a lo abuela para barrer la vereda.
Domingo. Decidir caminar, no tomar el colectivo (está lindo). Ir por la calle con un ramo de rosas y un aire de “diva-no-me-importa-nada”. Mirándome en las vidrieras para comprobar que sí, este pantalón me queda bien. Sentirme una chica de película, aunque nunca haya tenido sentido para mí que las flores cortadas sean un regalo (“prefiero una planta de verdad, viva, aunque sea un yuyito de la esquina”). Darme cuenta de que esa frase se alejó un poco de mí.
Que una señora me pare para preguntarme dónde conseguí las flores, tan lindas. Que otra mujer me diga, mientras compro damascos en el supermercado chino, que mis flores son muy lindas.
Que se me vaya todo ese glamour a la mierda cuando una cajera me dice “señora, por acá”.
Pasearme por mi casa en mi conjunto de culotte y tank top con estampado de cebra (impunemente).
Realizar una limpieza en cadena –duración: toda la tarde- en el mismo conjunto, pensando en el merecido premio que va a ser el vaso de esa cerveza fría que compré en el mercadito.
Que no baste con los damascos, y bajar a comprar cuatro sanguchitos de miga, y otra cerveza (por las dudas).
Cada vez soy más Bridget Jones.
¿Y la actitud cuándo llega?
Sigo pensando que mi vida es como la de Abre los ojos o Vainilla Sky. Esa vida que elegís tener, que es un sueño pero lo sentís real. Por eso... ¿no se supone que tenía que ser linda? Bueno, en realidad no es FEA, si la miro objetivamente. Pero... ¿no tendría que sentirse bien? ¿No tendría que estar conforme? Pensar todo esto en alguno de los temas de Pearl Jam, probablemente Even Flow. Cuando termina pienso “¿quien dijo que yo quería ser pastelera y tener que trabajar mañana?”
Sábado. Salir del trabajo, pasar a buscar algunas de mis cosas de la casa de “mi ex chico”. Pretender que no me afecta. Que a cinco pasos de la puerta de mi edificio, muy cargada, y dejando que todos los autos de la avenida parados por el semáforo vean cómo una chica (‘cause I´m just a girl, so pretty and petite, so why won’t you leave me alone?) se las arregla sola con tantas bolsas, se me desfonde una y se destrocen las 3 botellas de agua con gas que me había traído del laburo, vidrios por todos lados. Que un chico me alcance el secador de pelo que quedó a un metro y medio. Tratar de juntar los vidrios y cortarme. Bajar a los diez minutos, a lo abuela para barrer la vereda.
Domingo. Decidir caminar, no tomar el colectivo (está lindo). Ir por la calle con un ramo de rosas y un aire de “diva-no-me-importa-nada”. Mirándome en las vidrieras para comprobar que sí, este pantalón me queda bien. Sentirme una chica de película, aunque nunca haya tenido sentido para mí que las flores cortadas sean un regalo (“prefiero una planta de verdad, viva, aunque sea un yuyito de la esquina”). Darme cuenta de que esa frase se alejó un poco de mí.
Que una señora me pare para preguntarme dónde conseguí las flores, tan lindas. Que otra mujer me diga, mientras compro damascos en el supermercado chino, que mis flores son muy lindas.
Que se me vaya todo ese glamour a la mierda cuando una cajera me dice “señora, por acá”.
Pasearme por mi casa en mi conjunto de culotte y tank top con estampado de cebra (impunemente).
Realizar una limpieza en cadena –duración: toda la tarde- en el mismo conjunto, pensando en el merecido premio que va a ser el vaso de esa cerveza fría que compré en el mercadito.
Que no baste con los damascos, y bajar a comprar cuatro sanguchitos de miga, y otra cerveza (por las dudas).
Cada vez soy más Bridget Jones.
¿Y la actitud cuándo llega?
domingo, 20 de noviembre de 2005
Encontrada en la valija negra
Selenion
Es una noche
en la que el óxido de las flores
es absorbido por cada uno de mis poros,
que sólo logran escuchar
el grito eterno de las almas que recitan su callosa esencia.
Ellas sólo esperan que llegue el amancecer
para salir corriendo
hacia un hato de preces,
la marea de sangre huérfana que puebla el planeta.
Y yo camino por su música,
que mensura en el abismo
los engranajes de las lágrimas
que los amanerados cuervos de la nostalgia
desplegaron sobre la hierba.
Descubro mi semblante reflejado
en cada escalofrío de esta noche agonizante,
y sólo espero
que el rocío me cubra cuando acabe.
Ceci. 26/9/98
Es una noche
en la que el óxido de las flores
es absorbido por cada uno de mis poros,
que sólo logran escuchar
el grito eterno de las almas que recitan su callosa esencia.
Ellas sólo esperan que llegue el amancecer
para salir corriendo
hacia un hato de preces,
la marea de sangre huérfana que puebla el planeta.
Y yo camino por su música,
que mensura en el abismo
los engranajes de las lágrimas
que los amanerados cuervos de la nostalgia
desplegaron sobre la hierba.
Descubro mi semblante reflejado
en cada escalofrío de esta noche agonizante,
y sólo espero
que el rocío me cubra cuando acabe.
Ceci. 26/9/98
martes, 15 de noviembre de 2005
Puchereando en el colectivo
Escalofríos por todo el cuerpo.
Sentada en uno de los asientos individuales de la parte izquierda del colectivo.
Escuchando música muy significativa en este momento. Música que me hunde un poco el pecho, pero que me hace llenarlo de aire en cada lento y profundo respirar.
Escalofríos por todo el cuerpo.
Cuando miro por la ventanilla y veo una paloma semimuerta, o muerta. Parece más chica de lo normal, y más oscura (no es un zorzal). Pienso patéticamente que tal vez es “la luz de la muerte sobre ella”.
Ver eso normalmente no me afectaría mucho. Pero también veo otras dos palomas tratando -frenética e inútilmente- de moverla, de subirla al cordón, de levantar vuelo aferrándose a ella. Desesperadas.
Mientras, sobre la vereda hay otras diez que comen, “pavoneándose” sin inmutarse.
Escalofríos en todo el cuerpo, especialmente en la pierna derecha (¿por qué?).
Lágrimas en los ojos.
Y me digo: “música de mierda”.
Sentada en uno de los asientos individuales de la parte izquierda del colectivo.
Escuchando música muy significativa en este momento. Música que me hunde un poco el pecho, pero que me hace llenarlo de aire en cada lento y profundo respirar.
Escalofríos por todo el cuerpo.
Cuando miro por la ventanilla y veo una paloma semimuerta, o muerta. Parece más chica de lo normal, y más oscura (no es un zorzal). Pienso patéticamente que tal vez es “la luz de la muerte sobre ella”.
Ver eso normalmente no me afectaría mucho. Pero también veo otras dos palomas tratando -frenética e inútilmente- de moverla, de subirla al cordón, de levantar vuelo aferrándose a ella. Desesperadas.
Mientras, sobre la vereda hay otras diez que comen, “pavoneándose” sin inmutarse.
Escalofríos en todo el cuerpo, especialmente en la pierna derecha (¿por qué?).
Lágrimas en los ojos.
Y me digo: “música de mierda”.
martes, 8 de noviembre de 2005
Colgada
Escena uno: un día de agosto, en la facu, en la fotocopiadora del centro de estudiantes.
Yo: Los horarios los tengo que pagar?
Cobrador de la fotocopiadora: No, sólo los programas. Sos ingresante?
Yo: No, colgada nomás.
Cobrador: Jajajajajajaja, nunca me hubiera esperado esa respuesta, me hiciste reír, eh.
Y siguió sonriendo y moviendo la cabeza hacia los lados a lo Stevie Wonder, mientras yo me alejaba. Podría no haberme cobrado nada, de onda.
Escena dos: un día de septiembre, en un Video Club.
Hombre uno del mostrador: Te acordás tu numerito?
Yo: No, me acuerdo mi apellido.
(Al darme cuenta de la boludez que dije, río bajito).
Hombre dos del mostrador: Eso es por él, no?
Hombre uno del mostrador: Sí, al principio decíamos así a veces.
Yo: Ah… cierto, sí, vos me preguntaste eso la primera vez que vine. Pero no fue por eso, fue de colgada (sin saber dónde meterme).
Hombre dos del mostrador: No, ya está, recibimos el mensaje.
La historia termina riendo los tres, yo colorada, y ellos sin cobrarme una deuda que tenía. Ellos sí tienen onda.
Yo: Los horarios los tengo que pagar?
Cobrador de la fotocopiadora: No, sólo los programas. Sos ingresante?
Yo: No, colgada nomás.
Cobrador: Jajajajajajaja, nunca me hubiera esperado esa respuesta, me hiciste reír, eh.
Y siguió sonriendo y moviendo la cabeza hacia los lados a lo Stevie Wonder, mientras yo me alejaba. Podría no haberme cobrado nada, de onda.
Escena dos: un día de septiembre, en un Video Club.
Hombre uno del mostrador: Te acordás tu numerito?
Yo: No, me acuerdo mi apellido.
(Al darme cuenta de la boludez que dije, río bajito).
Hombre dos del mostrador: Eso es por él, no?
Hombre uno del mostrador: Sí, al principio decíamos así a veces.
Yo: Ah… cierto, sí, vos me preguntaste eso la primera vez que vine. Pero no fue por eso, fue de colgada (sin saber dónde meterme).
Hombre dos del mostrador: No, ya está, recibimos el mensaje.
La historia termina riendo los tres, yo colorada, y ellos sin cobrarme una deuda que tenía. Ellos sí tienen onda.
jueves, 27 de octubre de 2005
Aperrizaje
Quería volver al blog sin contar demasiadas boludeces poco interesantes, pero si sigo tan exigente va a quedar prácticamente vacío. Y me gusta tenerlo, y me gusta usarlo, y me gusta leerlo aunque aburra.
Últimamente no tengo mucho tiempo, y ni hablar de energía. Pregúntenle a mi hermana, que tiene que bancarse mi pachorra, como por ejemplo esquivando los montones de ropa que dejo por toda la casa, en el piso. Sí, a tal nivel llegó el desorden. Y no son pilas pequeñas. Uniformes sucios frente a la puerta, jeans, pulloveres, bolsas y zapatillas al lado de la tele, remeritas, joggins, toallones en un sillón, bombachas, corpiños, medias y remeras en una esquina del baño (que no es el cesto de ropa sucia). Y mejor del cuarto no hablemos. Es un depósito de ropa con paredes. En realidad nosotras dormimos en los roperos, que están vacíos.
Sigo en la pastelería. Después de estos meses de trabajar ahí, mi hígado ya me pidió socorro un par de veces, de modos no muy placenteros. Así que ahora no ataco tanto las cremas y los mousses (además ya me cansé un poco). De todas formas de vez en cuando me agarra la gula y me hago un poco de mousse de chocolate con crema y almendras.
Me duelen los brazos, porque ayer amasé 15 kg. de masa y no estoy acostumbrada. Es que "la Raulito" está enferma. ¡Volvé, Raulito! Las masas te esperan.
Ya que estoy voy a contar algo que me hizo reir toda la semana.
Me lo contó ella, una mole de 32 años, campeona nacional de paddle, cero tacto y mucha masculinidad.
Festejábamos el cumple de una compañera de trabajo, comiendo sandwiches de carne en una plaza, cuando la charla tomó el rumbo de "accidentes cuando éramos chiquitas".
Raulito: Yo me caí de una altura así (señalando una ventanita a unos 4,5 metros del suelo). Y me salvé...
Esmeralda, yo: ¿A qué edad?
Raulito: no, hace dos años.
Todas: Jajajaja.
Raulito: Y me salvé porque caí arriba del perro.
Todas: ¡NOOOOOOOOO! JAJAJAJA
Yo: ¿Qué perro?
Raulito: Un ovejero alemán.
Todas: Pobre!
Raulito: Sí. Estaba pintando el techo y parece que me insolé y me fui de cabeza al piso. El vecino escuchó una explosión y a los perros como locos. La explosión era yo.
Y después me aparecí en su vereda, toda llena de sangre, medio boluda. Me hicieron pasar y me preguntaron qué había pasado. Y cuando vino mi papá y entró a mi garage vio el charco de sangre, el quilombo de pintura, y lo vio al Beto ahí echado en el piso. Y lo llamaba y no venía.
Esmeralda, yo: ¿Lo mataste?
Raulito: Pegué con el costado de la cabeza en el portón, con la parte de atrás en el paredón del vecino, y el otro costado contra el piso.
Yo: jajaja, re pinball.
Esmeralda: ¿Pero lo mataste?
Raulito: No, no lo maté.
Yo: ¿Lo quebraste?
Raulito: No, tampoco. Pero no podía caminar. Lo llevaron al veterinario y le dio un antiinflamatorio, pobre. Y a mí me tuvieron que coser toda.
Esmeralda: jajaja, capaz que el perro estaba re durmiendo la siesta y le cayó encima, pobre!
Yo: O capaz es re heróico y fue corriendo a salvarla, jajaja.
Raulito: Y después me acordé de estar tirada en el garage, y sentía que estaba durmiendo, así como a la mañana, pero pensaba "me tengo que levantar, me caí del techo". Y en un momento me di vuelta, como cuando a la mañana girás para taparte, y ahí salió el perro de abajo.
Y ahí fue demasiado, nos tentamos las cinco.
Yo: Jaja, faltaba taparte con la patita del perro.
Esmeralda: Y ahora te odia el perro, ¿no?
Cumpleañera: Te ve y llora.
Raulito: No, pobre Beto, no me odia.
Esmeralda: ¿Y camina bien?
Raulito: Sí, sí, todo bien.
Yo: ¿Y quién pintó el techo al final?
Raulito: No, quedó así, ni en pedo me subía ahí de nuevo. Encima quedó un desastre de pintura. Después lo hice pintar.
Y sí, tenía que terminar con una pregunta colgada mía.
Últimamente no tengo mucho tiempo, y ni hablar de energía. Pregúntenle a mi hermana, que tiene que bancarse mi pachorra, como por ejemplo esquivando los montones de ropa que dejo por toda la casa, en el piso. Sí, a tal nivel llegó el desorden. Y no son pilas pequeñas. Uniformes sucios frente a la puerta, jeans, pulloveres, bolsas y zapatillas al lado de la tele, remeritas, joggins, toallones en un sillón, bombachas, corpiños, medias y remeras en una esquina del baño (que no es el cesto de ropa sucia). Y mejor del cuarto no hablemos. Es un depósito de ropa con paredes. En realidad nosotras dormimos en los roperos, que están vacíos.
Sigo en la pastelería. Después de estos meses de trabajar ahí, mi hígado ya me pidió socorro un par de veces, de modos no muy placenteros. Así que ahora no ataco tanto las cremas y los mousses (además ya me cansé un poco). De todas formas de vez en cuando me agarra la gula y me hago un poco de mousse de chocolate con crema y almendras.
Me duelen los brazos, porque ayer amasé 15 kg. de masa y no estoy acostumbrada. Es que "la Raulito" está enferma. ¡Volvé, Raulito! Las masas te esperan.
Ya que estoy voy a contar algo que me hizo reir toda la semana.
Me lo contó ella, una mole de 32 años, campeona nacional de paddle, cero tacto y mucha masculinidad.
Festejábamos el cumple de una compañera de trabajo, comiendo sandwiches de carne en una plaza, cuando la charla tomó el rumbo de "accidentes cuando éramos chiquitas".
Raulito: Yo me caí de una altura así (señalando una ventanita a unos 4,5 metros del suelo). Y me salvé...
Esmeralda, yo: ¿A qué edad?
Raulito: no, hace dos años.
Todas: Jajajaja.
Raulito: Y me salvé porque caí arriba del perro.
Todas: ¡NOOOOOOOOO! JAJAJAJA
Yo: ¿Qué perro?
Raulito: Un ovejero alemán.
Todas: Pobre!
Raulito: Sí. Estaba pintando el techo y parece que me insolé y me fui de cabeza al piso. El vecino escuchó una explosión y a los perros como locos. La explosión era yo.
Y después me aparecí en su vereda, toda llena de sangre, medio boluda. Me hicieron pasar y me preguntaron qué había pasado. Y cuando vino mi papá y entró a mi garage vio el charco de sangre, el quilombo de pintura, y lo vio al Beto ahí echado en el piso. Y lo llamaba y no venía.
Esmeralda, yo: ¿Lo mataste?
Raulito: Pegué con el costado de la cabeza en el portón, con la parte de atrás en el paredón del vecino, y el otro costado contra el piso.
Yo: jajaja, re pinball.
Esmeralda: ¿Pero lo mataste?
Raulito: No, no lo maté.
Yo: ¿Lo quebraste?
Raulito: No, tampoco. Pero no podía caminar. Lo llevaron al veterinario y le dio un antiinflamatorio, pobre. Y a mí me tuvieron que coser toda.
Esmeralda: jajaja, capaz que el perro estaba re durmiendo la siesta y le cayó encima, pobre!
Yo: O capaz es re heróico y fue corriendo a salvarla, jajaja.
Raulito: Y después me acordé de estar tirada en el garage, y sentía que estaba durmiendo, así como a la mañana, pero pensaba "me tengo que levantar, me caí del techo". Y en un momento me di vuelta, como cuando a la mañana girás para taparte, y ahí salió el perro de abajo.
Y ahí fue demasiado, nos tentamos las cinco.
Yo: Jaja, faltaba taparte con la patita del perro.
Esmeralda: Y ahora te odia el perro, ¿no?
Cumpleañera: Te ve y llora.
Raulito: No, pobre Beto, no me odia.
Esmeralda: ¿Y camina bien?
Raulito: Sí, sí, todo bien.
Yo: ¿Y quién pintó el techo al final?
Raulito: No, quedó así, ni en pedo me subía ahí de nuevo. Encima quedó un desastre de pintura. Después lo hice pintar.
Y sí, tenía que terminar con una pregunta colgada mía.
domingo, 2 de octubre de 2005
Todo el verano en un día
Un día de esos en los que mi edad era de una sola cifra, le pedí a mi papá que me dé un "cuento de grandes", porque estaba cansada de leer siempre lo mismo. Me dio un libro: "Remedio para Melancólicos", de Ray Bradbury. Estudié el índice, como sabiendo de antemano que estaba por vivir un momento que podía ser especial, y elegí un cuento cuyo título me llamó la atención.
Página 148. Ahí encontré a Margot (que me acompaña hasta hoy, como muchos sabrán) y algo más: encontré esa sensación de terminar un escrito, cerrar el libro, ponerlo sobre mi pecho y, mirando hacia adelante y a ningún lado, con dolor por lo que leí, con pena y ansiedad porque se acabó, sonreir por la calidad y cantidad de sensaciones que me producen unas pocas páginas.
Me marcó. Fue el primero y encajaba tan bien conmigo, con mi devoción por el sol (tan solo sea como instrumento de explicación e interpretación), con mi melancolía innata, con mi pena y mi sensación constante de ser incomprendida, de ver más allá (o ver las cosas distinto) que los demás y me excluyan por ello...
Hoy lo guardo como un tesoro. Y acá lo comparto con ustedes.
Está en el link nuevo de la columna de la izquierda (es el sol).
Página 148. Ahí encontré a Margot (que me acompaña hasta hoy, como muchos sabrán) y algo más: encontré esa sensación de terminar un escrito, cerrar el libro, ponerlo sobre mi pecho y, mirando hacia adelante y a ningún lado, con dolor por lo que leí, con pena y ansiedad porque se acabó, sonreir por la calidad y cantidad de sensaciones que me producen unas pocas páginas.
Me marcó. Fue el primero y encajaba tan bien conmigo, con mi devoción por el sol (tan solo sea como instrumento de explicación e interpretación), con mi melancolía innata, con mi pena y mi sensación constante de ser incomprendida, de ver más allá (o ver las cosas distinto) que los demás y me excluyan por ello...
Hoy lo guardo como un tesoro. Y acá lo comparto con ustedes.
Está en el link nuevo de la columna de la izquierda (es el sol).
jueves, 8 de septiembre de 2005
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