viernes, 30 de mayo de 2008

Otra vez la fiebre amarilla

En algunas casas ajenas me agarra una melancolía o nostalgia extraña. Es en las casas cálidas, con onda. Se nota en seguida cuando en un lugar vive una pareja que se ama. Son esas casas las que me dan esa sensación triste y añorante. No me pasa en las que tienen toda la tecnología y confort, sino en las que se encuentra un sentido estético cálido, artístico, con cierta bohemia. ¿Será cierto lo que dice y repite Ludovica en el horóscopo chino, que para las cabritas es muy importante la triada techo, vestimenta y comida, y que le damos mucho valor a lo estético?
La semana pasada conocí la casa de unos amigos en La Boca. Quiero pensar que lo que sentía era nostalgia, y no envidia. ¿Cómo lo diferencio? Porque también había añoranza, y admiración. Su casa es grande (por lo que es extraño haberme sentido así: esa sensación casi siempre me ataca en hogares pequeños), vieja, y la refaccionaron ellos de una forma hermosa. Tienen una pared llena de CDs, y hasta una mecedora. Había una salamandra encendida. Para colmo, toda la tarde sonó Piazzolla. ¿Me querían matar?
Yo sé que en una casa como la mía sentiría lo mismo. Entonces, ¿por qué no me dejo de joder y disfruto mi hogar? Ay, Margot, vos y la melancolía...

Suddenly active

Con las chicas del grupo de preparto nos seguimos reuniendo cada dos o tres semanas. Somos cinco, más nuestros cinco cachorros. Es lindo charlar mientras ellos retozan, se miran, se tocan. Ir viendo sus diversas personalidades y evoluciones. Y charlar de sus caquitas, llantos, ropitas, vacunas, vómitos, sin sentirnos patéticas y aburridas. Es agradable también poder estar tomando mate y que nuestras interlocutoras nos comprendan si hablamos de dolor de tetas, de toda la ropa del placard rebelde y repentinamente encogida, de copiños abuelísticos para amamantar o de libido alterada.

De cinco flamantes padres, cuatro están haciendo actividades nuevas dos o tres días a la semana. Pablo por fin se decidió a practicar karate lunes, miércoles y viernes (le estuvo dando vueltas al asunto más de un año y ahora que nació Casiel, lo hace). Mariano1 empezó a jugar al paddle con una abnegación insospechada, ya que nunca había sido constante con ese tipo de cosas, según su mujer. Andrés también empezó algo pero no me acuerdo qué. Cristian, clases de bandoneón. Mariano2 quiere hacer algo, pero dice que ella no lo deja todavía (justo él pasaba por ahí en la reunión en la que surgió el tema, que fue en su casa). No quiero empezar a preguntarme el por qué de este comportamiento, ya que probablemente me trate de culpar a mí, o si no a él y no sé cuál es peor. Además no lo veo como algo negativo.
En realidad me gusta que haga algo por él y, como es cuando Casiel duerme, con el tema del cuidado del bebé está todo bien.
De todas formas me da curiosidad esta reacción masculina. En la reunión les pregunté si no sería el viejazo que les agarra por ser padres, pero me dijeron: "¿Pablo cuántos años tiene?"; "25"; "Y, no creo". ¿Tendrá que ver con las nuevas responsabilidades adquiridas? ¿O con no bancar una mujer puérpera? Pero dije que no lo iba a analizar.

Tal vez a ellos también les vendría bien juntarse.

Me calientan mis vecinos

No tenemos calefacción, excepto una estufita eléctrica que no me agrada mucho y uso sólo para calentar el cuarto para hacerle masajes de Shantala a Casiel, cambiarlo o dejarlo jugar en bolitas después del baño.
En invierno, el primer día de frío es complicado. Pero de ahí en más el departamento es bastante calentito. Supongo que nos dan calor los vecinos, y por eso el título del post. A los que entraron a esta página porque buscaron "me calientan mis vecinos": lamento desilusionarlos, y suerte con sus problemas.

martes, 27 de mayo de 2008

Sólo falta el bastón y un poco de cinismo (los ojos claros están)

Hoy fue la primera vez que Casiel entró a un hospital. Y no fue para control ni consulta.
Fuimos a pedirle a su pediatra que nos haga la receta para una vacuna (la primera y una de las pocas que se va a dar, también).

Cuando vi venir al pediatra caminando por el largo pasillo, me dí cuenta: es Dr. House!
Renguea, y tiene cierta "actitud House" (sólo que es mucho más agradable).

Mi hijo tiene cinco meses, y ese tiempo es el que llevo de conocer al médico. No me había dado cuenta de que rengueaba. ¡Basta de ser tan colgada! Quedo como una estúpida tantas veces por estas cosas...

El otro día me preguntaron cuánto pesaba Casiel y empecé "tres cuatrocientos. No, cuatro quinientos. NO! a ver... ah, sí, seis cuatro cincuenta". Quedo como una mala madre y una inútil.

Llevo una cronología del embarazo y del bebé en un archivo de Word, porque no confío en mi memoria. Siempre fui de guardar datos, fotos, recortes, momentos. Tengo la valija negra que es como un tesoro de recuerdos. Un día de estos la voy a abrir, a ver qué encuentro. Pero primero, apenas tenga tiempo, debería abrir las otras dos valijas negras, las que tienen ropa de invierno. Para ver qué me sigue quedando este año en mi cuerpo post-maternidad ...es que tengo frío!

Ahora que lo pienso el que es como Dr. House es mi suegro. Hasta escribió un par de libros de sus hazañas y errores como médico cuyos relatos me dan la razón. No podía ser más Dr. House cuando ayudó a mejorar a un enfermo de sida al que mandaron a su sala con los días contados a base de cagarlo a puteadas por dejarse morir. Y a otro "lo hizo" caminar inyectándole solución salina.
Pero esas son historias aparte.

sábado, 24 de mayo de 2008

Poohta, che

Casiel se está haciendo grande para el moisés real (de todas formas por ahora duerme con nosotros, aguante el colecho). Las siestas y la primera parte de la noche duerme en el moisés que, como dije recién, le está quedando chico.
Me iban a mandar una cunita de El Bolsón pero obviamente es un poco complicado, por lo que nos vino genial que unos amigos de por acá nos pasaran una.
Hoy la trajimos. Recién la observaba, y lo ví, todo brillante y centrado en la cabecera de la cuna, agarrándose la cabeza porque se le cayó una torre de cubos: mi archienemigo Pooh.
Creo que voy a tener que unirme a él, me está ganando por afano.

Fotito de yapa:

martes, 20 de mayo de 2008

De libros

Ayer pasamos por la esquina de mi casa con mi mamá, mis hermanas y Casiel, y vimos abierta la nueva librería,esa que nombré unos posts más abajo.
Estaba llena de gente.
Yo estaba apurada y no quería entrar, pero mientras iba con el cochecito de Casiel tratando de esquivar pozos en la vereda, ellas pispeaban por las ventanas.
Las vidrieras no eran lo que esperábamos. Primero vieron uno que se llamaba "El Camino hacia Dios", y enfocaron otro estante. Ahí se dieron cuenta: es una librería religiosa.
Qué mala noticia.
Hoy pasamos de nuevo y estaba cerrada, a las 6 de la tarde. Es raro. Se ve que abre cuando hay algo en la iglesia que está acá a una cuadra.

Hoy fuimos a una librería que tiene todas obras en inglés, ya que hace mucho tiempo que estoy obsesionada con lo que creo es el romanticismo, pero no estoy segura (mayormente literatura femenina de la época Victoriana). Digamos que me gustan las novelas en las que las mujeres usan esos vestidos grandes y no pueden ir por la calle solas con un hombre sin que se comente en el pueblo. Las hermanas Brontë, pero también Jane Austen. Y me quedé sin libros de estas escritoras. Leí algunos escritos por hombres o con protagonistas masculinos, pero no es lo mismo. Estoy encaprichada. Entonces fui a ver qué había, y me compré "Good Wives", de Louisa M. Alcott, y "Wives and Daughters", de Elizabeth Gaskell.
Buenas esposas y Esposas e hijas.
Cualquiera pensaría que:

a) estoy haciendo un trabajo sobre el rol de las mujeres en el matrimonio en la literatura inglesa

o

b) estoy tratando de ver cómo es esto de ser esposa

(Tal vez es mejor que piensen eso en vez de que estoy encaprichada con los vestidos grandes y las restricciones a las mujeres).

sábado, 17 de mayo de 2008

La clave

Mi hermana Ana me contó que una noche que tenía fiebre sentía que necesitaba un password para dormirse. Y obviamente no lo sabía, entonces no pudo dormir en toda la noche.
Dice que ahora ya puso "recordar contraseña".

Ah, trabaja entre computadoras y cuentas de usuarios.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Sospedoso

Señor taxista:
Si hay algo que conozco es el olor de los pedos de mi bebé. Si pensó que incriminando a mi hijito disimulaba su gas, pensó muy mal.
Y no está bueno que me tire tanta mala onda por el cochecito de bebé, y encima me ponga cara de orto cuando no le doy propina.
Ubíquese. o Ubíquesé.

martes, 13 de mayo de 2008

Besazos, sombreros de cowboy y carnaval

Tres veces me sorprendieron encajándome un beso. De esos besos seguí dos, pero en su momento me hubiera gustado seguir el otro también y que el chico sea mi novio. Le dije que no me había gustado lo que hizo, de tímida boluda que soy. Las tres veces yo estaba un poco alegre por ingesta de alcohol, pero no creo haberlos incitado o incentivado. Mi cara de sorpresa después de cada besazo debe haber sido muy simpática. Por eso, el chico del beso que no siguió me dijo con una actitud muy Sawyer de LOST: "ah, pero te gustó el beso", enfrente de toda la gente que estaba parada afuera del boliche. Yo le dije "¡no!", se puso su sombrero de cuero (sí, tenía un sombrero de cuero, pero él realmente podía usarlo, le quedaba muy bien) y se fue. No lo ví más, pero después me enteré que era de un pueblo muy cercano (El Hoyo) y que tenía un levante terrible. Los otros besos fueron, por suerte, de chicos que me gustaban (pero no me los esperaba; por ejemplo, uno fue de un ex. Ahora que lo pienso, en las dos ocasiones los chicos estaban "comprometidos" cuando lo hicieron. Lamentable.).
La sensación la puedo explicar como una mezcla de sorpresa y placer al mismo tiempo. En realidad, no es al mismo tiempo: Es primero sorpresa y tal vez un poco de rechazo instintivo, pero milésimas de segundo después, se acepta el placer como tal y de ahí nace la sonrisa cuando el Romeo separa su cara de la propia.

La misma seguidilla de sensaciones sentí el verano pasado mientras ordenaba la cocina: Estaba muy panzona agachada guardando unos tuppers en el mueble de abajo de la pileta, mientras se llenaba un bowl arriba de una pila de platos para dejarlo en remojo, cuando de pronto se volcó el bowl, derramando todo su contenido sobre mí. Hacía calor, y el agua fresquita sobre mí fue agradable. Pero no era algo que esperaba ni algo que hubiera hecho a propósito. Me sentía como en carnaval, o como en la casa de playa familiar cuando un primo te tira un baldazo de agua a traición mientras leías tranquila las traducciones de las letras de Queen.

Entonces, las dos sensaciones son parecidas, sólo que una incluye lechuguitas aceitosas en el pelo.

viernes, 9 de mayo de 2008

Tres cotidianas

Hoy salí a mi paseo diario con Casiel y por fin ví qué van a abrir en la construcción de la esquina. Un local de libros y música. Me puso contenta, aunque en realidad a mí me gusta comprar libros viejos, y no tengo plata para comprarme nada en ese lugar. Pero qué se yo, me encanta que sea una librería y no otra inmobiliaria.

En la película "Las Alas del Deseo", dos ángeles se juntan y comentan cosas que vieron en su día de observar a la humanidad. No cualquier cosa, sino acontecimientos como "hoy un hombre se paró en el medio de la calle y sintió la lluvia"; "hoy un viejo le leía La Odisea a su nieto y éste dejó de respirar por unos instantes".
Yo hoy les hubiera dado letra (bueno, creo que les daría letra seguido, por suerte). Una hoja ocre cayó desde un árbol al cochecito de Casiel mientras paseábamos, y yo la agarré y la guardé en un cuaderno. Me dí cuenta de la mirada externa (y pensé en los ángeles) cuando ví la fila de conductores en el semáforo mirándome sonreir con una hojita en la mano.

La mamá del encargado del edificio me dijo que ahora estoy más linda, que no vaya a quedar embarazada de nuevo (como implicando que antes Pablo no me tocaba ni con un palo).

miércoles, 7 de mayo de 2008

Suerte matemática

En cuarto año, a mis dieciséis años y dos meses, me sentaba en una de las esquinas del aula: la de adelante a la derecha. Ese lugar era estratégico: 1) Resultaba ideal para pasar desapercibida en las habituales llegadas tarde, ya que estaba al lado de la puerta. 2) Estaba en un rincón y había un recoveco para estantes, así que yo quedaba bastante escondida de los profesores, pese a ser la primera fila (tenía muchas menos probabilidades de que me hagan preguntas a mí). 3) Al estar al lado de una pared, me daba cierta seguridad mezclada con comodidad. 4) Al estar adelante de todo, impedía que los demás copañeros vean mi coloración facial al tener que hablar con algún profesor enfrente de toda la clase.
Básicamente el lugar estaba pensado para sobrellevar mejor mi timidez. Qué feo que es cuando tu vida gira en torno a tu timidez o inseguridad. Por suerte eso se fue yendo en mí. A veces me gustaría volver a aquellas épocas sabiendo lo que sé ahora (de la vida, o algo así). Pero lo que trato de hacer, en cambio, es lo posible: vivir ahora como si volviera dentro de unos años a esta época, arrepentida de gastar tiempo y energía en cosas no importantes. Y con ovarios. Porque la vida pasa rápido, y al hacer cosas que impliquen mucho crecimiento o un enfrentamiento a los miedos, dejamos una especie de clip -adornado con recuerdos y un poco de orgullo del bueno- que nos engancha de a tramos a esta existencia.

Iba a la modalidad Industrial, y en mi curso éramos 23 varones y 6 mujeres. Esta proporción por un lado era intimidante (en los momentos de coloración facial me importaba que me vean así los varones y los adultos, las chicas me daba casi lo mismo), pero por otro lado era cómodo para mí, dado que siempre me junté con varones, y se manejaban de una forma más simple que las chicas (además me malcriaban y yo podía salir impune de muchas situaciones que con amigas no).
Un viernes, en una clase de matemáticas, estábamos especialmente dispersos. Esta vez estaba sentada en unas mesas del fondo, charlando con unos compañeros. El profesor había puesto una ecuación en el pizarrón, y había pedido que la igualemos (qué se yo el término, había que ver si los dos lados eran equivalentes y, si no, arreglarla). Digamos que el profe también charlaba con los de adelante, pero después quiso remontar la clase y nos instaba a que resolvamos la ecuación. Yo, entre boludeos, lo miré al docente -medio desesperado parado frente al pizarrón-, y le dije, canchera: "...ponele sobre dos", como para callarlo.
El profesor se me quedó mirando, tiza en mano, sus ojos tan abiertos que parecían más blancos, como sus dedos cubiertos de polvo de tiza.
Y se hizo silencio.
Dijo: "Sí. Sobre dos", y dibujó una línea abajo de la parte derecha de la ecuación, y debajo de ella un dos. Se dio vuelta, me miró (ahora eran mis ojos los que estaban totalmente abiertos, contrastando con el creciente rojo de mis mejillas), y las cabezas de 23 hombres y 5 mujeres giraron hacia mí.
Yo, ya bordó, explicaba que lo había dicho jodiendo, que no tenía ni idea, que había sido suerte.

Y siguió la clase, con un aire extraño en el aire. A medida que el colorado en mi rostro se dispersaba y éste volvía a la normalidad, la clase también lo hacía (dispersarse -es decir, volver a la normalidad). El profesor, cinco minutos antes del recreo, se ubicó en nuestra zona para charlar con mi grupo. Sacó el tema de la ecuación, y yo le insistía con que había sido suerte. Supongo que pensó que lo decía para mantener mi perfil de rebelde (de esos que se jactan de su ignorancia), así que me dijo "se vienen las olimpíadas de la matemática, ¿no te querés anotar?".
Yo le dije que realmente había sido por suerte (hasta empezaba a dudar de mi misma: no habrá sido una parte de mi inconsciente y soy como el de "Una Mente Brillante"? Claro que esa película no había salido todavía, así que simplemente dudaba de mí misma, sin comparaciones), pero que me cuente más. Él me dijo que igual, aunque haya sido suerte, podía probar; hacer el examen clasificatorio. A mí me gustaba hacer cosas nuevas y raras, probar cosas (aunque sean catalogadas como "de nerd"; eso no me importaba). Entonces le dije que me interesaba.

Así fue como entré en las olimpíadas, y cuando estaba rindiendo para la instancia intercolegial, había dos chicas (una compañera y su amiga, que iba a la modalidad empresarial), que no sabían cómo responder una, entonces me pidieron ayuda. Yo, contenta por poder ayudar, les pasé la solución del problema que les faltaba, que requería más un pensamiento no lineal que de conocimientos matemáticos (uno de los problemas de cada instancia siempre era así). Y pasaron. Nunca me lo agradecieron.

La siguiente instancia, la provincial, se hizo en Bariloche. Nos pagaban el hotel. Eso es lo que me gustaba de hacer cosas nuevas: pegué viaje gratis (bueno, nosotros ayudamos a vender rifas para juntar plata, también). De El Bolsón, éramos: cinco estudiantes (el dúo ayudado, otro chico, y una chica del colegio privado del pueblo), el profe del "sobre dos", la profesora de matemáticas del colegio privado, y una preceptora nuestra. El dilema llegó a la hora de dormir: las habitaciones eran para tres personas, y yo no quería ir con las estúpidas superficiales y falsas del colegio privado. Mi preceptora era muy copada, yo quería ir con ella. Pero las dos chicas a las que yo había ayudado se complotaron contra mí, y lograron dormir con la preceptora, por lo que yo tuve que ir con las otras dos.
Al día siguiente, antes de la evaluación, me dí cuenta de que me faltaba un lápiz y mis dos compañeras se hicieron las boludas, no me quisieron prestar uno de varios que tenían. La preceptora copada se puso en campaña para conseguirme uno, pero yo quedé mal por la actitud de las pendejas.

Aprendí algunas cosas:
- Que no hay que esperar nada a cambio de un acto de bondad.
- Que no tenía que tener tantos prejuicios: las del colegio privado resultaron mucho más copadas y buenas que las otras dos estúpidas.
- Que tendría que haberme preparado para el examen si quería seguir viajando.
- Que el chocolate Mamuschka es el más rico.

martes, 6 de mayo de 2008

... de las nubes?



Hace un tiempito invité a Clari a ver Un Cuento Americano porque no se la acordaba y yo pensaba que era muy tierna para no acordarse.
En un momento aparece en la pantalla el gato malo, y le digo "es como el malo de Pearl Jam". Y ella "¿eh?", "sí, cómo está dibujado. Como el malo de Pearl Jam". Y ella me miraba con cara de que estoy loca. En seguida me dí cuenta y me corregí, entre risas: "¡Space Jam!".

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Sigo con mis ocasionales "bolufrases" (como las de este viejo post). No las guardo nunca, y al ser -justamente-, tan colgada, me las olvido horas después. Pero éstas quedaron por ahí:

Dije Camino a los Ángeles en vez de Camino al Cielo.
Dije Alí Babá en vez de Sai Baba

Y Clari me pasó algunas que dijeron con sus compañeras de diseño:

Dijeron Adam Sandler en vez de Saddam Husseim.
Dijeron El Cuento Infinito en vez de La Historia sin Fin.
Dijeron la escuadra trucha en vez de falsa escuadra.

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Cómo lograr que un centrifugador evolucione: olvidárselo girando a toda velocidad unos quince minutos, proceso en el cual se genera calor que evapora la humedad. Así, el artefacto se convierte en centrifugador/secadora. No se sabe con certeza la vida útil de este innovado electrodoméstico. Probablemente sea corta.

miércoles, 23 de abril de 2008

Denuncia poética

La maestra nazi está de nuevo retando a los chicos en el patio, de una forma verbalmente violenta.
Esta vez es a una nena, además de a Federico.
Veo entre las hojas de un árbol muchos guardapolvitos sentados en ronda, y escucho gritos que hace unos minutos me despertaron de mi pequeña siesta oportunista.

Dijo cosas como:
"¡ustedes quisieron la clase afuera!"
"¡Sentada! ¡Sentada! ¡Sentada! ¡Sentada!"
"Movete un poquito más, movete un poquito más" (en tono muy amenazante).
"Ahora no participan en la historia"
"¡Vos también, Federico!"

Lo que me dio a entender que iban a hacer una historia en el patio.

Entonces, un poco (un poco) más calmada, empezó. "Los varones piensan los personajes y las nenas los lugares". Pero hasta su tono calmado parece digno de la niñera de Hitler. Si fuera uno de esos nenes, temería no poder pensar un personaje o un lugar en 10 segundos.
Hasta sus "muy bien, muy bien" dan miedo. Y les dice a todos vos: "Vos, qué pasa en una panadería", "vos, un personaje más".

En la cama, me dieron ganas de tirarle un huevazo. Pero no sé cuánto daño hará su impacto desde un cuarto piso, y además tengo miedo de pegarle a uno de los nenes.
Pero me encantaría que pruebe un poco de su propia humillación, delante de esos niños.

No sé, al menos existe mi forma casera de justicia poética. (?)

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Comentario colgado: Me dí cuenta que me perdí todas las referencias al "género" blog que se deben hacer ahora en las clases de Letras. Cuando yo iba, no eran tan conocidos.

Comentario mucho más colgado: Una persona es, no sólo golosa sino muy haragana, cuando deja, dentro de la heladera, el cuchillo en la bandeja del alimento que se sirve en porciones. Ej: lemon pie, arrollado de roquefort y tomate.

viernes, 18 de abril de 2008

La salamandra de bronce

Anoche por fin me dí cuenta a qué época me remitía el olor a humo.
Me hace acordar a algunas noches invernales de mi infancia, en las que nos calentábamos con una salamandra antigua a leña, y se ve que a veces largaba humo. Quiero pensar que no era toda la noche, si no mis viejos estuvieron muy flojos con el tema del tiraje de la estufa. Supongo que era cuando se apagaba: se acababa el efecto vacío que se hace cuando está prendida (el fuego absorbe aire por abajo y se va el humo por el tiraje de la chimenea), y se escapaba un poco de humo.
La idea era dormirse antes de que se apague, porque si no te dabas cuenta del frío que hacía. Era hermoso el resplandor cálido de sus ventanitas en el cuarto, oscuro de noche. Nuestra habitación la había construído mi papá con un poco de ayuda, y era de ciprés, muy cálida y natural. Las paredes tenían dibujos veteados en la claridad de las tablas, en los que era entretenido (o no tanto cuando daban miedo) encontrar formas.
Un tiempo después de que mis papás se separaran le vendieron la casa a un hombre cuyo hijo iba a mi escuela. Qué feo fue ir a visitarlo una vez y ver, en el machimbre de ciprés, las marquitas con mi nombre marcando mi altura a través de los años. Esas marquitas no están más; las paredes tampoco, porque se les quemó la casa.
La salamandra era antigua, de la familia de mi mamá (como el moisés de bronce de un post anterior), y a mi me daba un poco de miedo porque tenía salamandritas feas en relieve sobre el metal.


Es parecida, aunque la nuestra era más linda y redondeada. Tenía el cajoncito abajo, donde van cayendo las cenizas. Además tiene la función de regulador del calor, porque mientras más abierto más oxígeno va a la combustión, y por ende quema más rápido y fuerte. Y la puertita de arriba es para agregar leña sin abrir la puerta principal, ya que a veces el fuego está muy cómodo apoyado sobre las ventanitas, mirando el paisaje.
Era gracioso cuando alguno decía "alimentá la salamandra".
Teníamos en la habitación nuestra propia mascota metálica y cálida.
No sé dónde estará ahora. A veces pienso que es mejor que nuestras cosas se hayan ido repartiendo, perdiendo y pudriendo a la intemperie, después de tanto tiempo y separaciones y distintas casas. Porque quedaron en nuestra memoria más valiosas, vívidas e intactas en su pureza de recuerdo que si las pudiéramos ver ahora.

domingo, 13 de abril de 2008

Mucho pensar

Ayer pensaba lo atrapante que me resultaba el blog de una chica que relata sus aventuras amorosas de una forma cínica, un poco depresiva, superficial y algo autodestructiva.
Y me acordé del blog que abrí una vez para contar mis desvaríos emocionales, pero que quedó por ahí en el olvido (iba a poner un link, pero lo releí y no puedo... el que tenga curiosidad puede pedirlo, tiene 5 o 6 posts).
Y pensé si para escribir bien había que ser cínica, depresiva, y/o autodestructiva.
Y me pregunté si había perdido cierto enfoque en este blog, ahora que soy empalagante y con puros "mi bebé es hermoso".

Y si pensaban que esto lleva a algún lado, están equivocados.
Ah, Casiel es hermoso:



Ya que el post no tiene forma alguna, va un agregado:

Después de que el parto me haya dolido como no imaginé que podía doler algo, y de quedar "rota" y hasta llorar para ir al baño, pensé que no sabía si iba a querer/poder tener otro hijo. En realidad, era más tirando a un NO. Pero ese pensamiento duró muy poco.
Ahora, no me engaño ni a mí misma. Cuando me preguntan si Casiel es mi único hijo, les digo "sí, el primero".

sábado, 12 de abril de 2008

Nada que ver con él o nosotros, mucho que ver con mi boludez

Es sábado a la noche, Pablo está en una fiesta familiar a la que no fui, y me acabo de dar cuenta, al ir a ver a Casiel a su cuarto mientras se desagota el lavarropas y leo en el comedor, que me gustaría ser madre soltera. O que sería una buena madre soltera.
También lo sentí el día en el que un contacto del messenger (un colega blogger) me habló por error después de mucho tiempo y terminamos manteniendo una agradable conversación, y en esa charla me dijo que había seguido mi embarazo por mis fotos del msn, y que no sabía por qué pero me imaginaba madre soltera. Y yo ahí sentí como que me perdía de algo por no serlo.
Es un sentimiento pasajero y no voy a darle más que un par de vueltas al asunto, pero ¿será como cuando de chiquita quería quebrarme para tener un yeso? ¿O como cuando los regalos de navidad de los otros chicos son siempre mejores, y en vez de disfrutar el tuyo mirás de reojo la felicidad de los demás?
¿O será que estoy aburrida, nomás?

No digo que ser madre sola sea una tragedia ni mucho menos (justamente en este momento pienso lo contrario), pero... si tengo algo tan lindo, ¿por qué me sale esto de "añorar" otra cosa? Como si la vida fuese un juego y yo quería ser la mamá soltera.
Qué pelotuda que soy.
¿Será de enferma posesiva?
Desde hace dos o tres horas (con interrupciones amamantísticas y de lavado de ropa y platos) que estoy leyendo un blog bastante cínico, creo que me influenció en mi tono.
Ya va a volver Margot tierna.

Y esto no tiene nada que ver con mi marido, al que amo (comentario culposo por pensamientos ridículos).

Tenía un post más presentable recién publicado, y vengo a sacarle protagonismo con esta pelotudez...

Círculo vicioso y fuerza centrífuga

Resulta que no tengo energía
Y si no tengo energía no me cocino.
Y si no como bien no tengo energía.
Qué mal, ¿no?

Lo loco es que para Casiel sí saco energía de donde sea. Esto de convertirse en supermamá llena de amor y que no haya kriptonita es buenísimo.
Supongo entonces que esto se va a solucionar cuando le haga sus papillas y sopas sanísimas y me coma lo que sobre.

Definición del día: Una persona es muy despistada cuando varias veces por semana se queda agarrando el centrifugador después de girar la manijita que lo arranca, pensando "¡qué bien que acomodé la ropa, va perfecto!", para darse cuenta después de un ratito de que no estaba enchufado.

martes, 1 de abril de 2008

Dale que yo posteaba algo?

El departamento donde vivo es contrafrente, pero por suerte no hay otros edificios atrás del mío en esta manzana que me saquen luz, paisaje, aire.

Atrás (abajo) arreglan los subtes, y también hay una escuela.
Siempre escucho a los adorables niños (cómo odié la moda de cantar "foooto... foto, foto, foto. Foooto... foto, foto, foto"), pero lo peor son los maestros y maestras.

Acabo de escuchar a una gritar "por culpa de Federico los varones se quedaron sin recreo".

1) Dejate de joder.
2) ¡Los Federicos siempre son terremotos!
3) ¿Por qué esa división sexista?
4) Pobre Federico! Si leen en los diarios que lincharon a un nene en una primaria, fíjense si no es Federico.

Si no era porque tenía a Casiel en brazos y porque las cosas no están muy bien con mis vecinos, le gritaba algo por la ventana (iba a gritarle Nazi, pero no sé si aplica).

viernes, 15 de febrero de 2008

No soy más pelotuda porque no puedo

Ahora, ahora que tengo un hijo y que sé que me vuelvo a El Bolsón probablemente en un año, AHORA, se me ocurre que estudiar Letras no debería ser tan traumático, que no es para tanto, que podría hacerlo y muy bien.

Para mí que es porque todo esto me cambió, y por lo tanto se fueron muchos fantasmas.

Pero... ¿y ahora qué hago?

Es triste. Me siento una tarada que desperdició siete años en Buenos Aires, viviendo a cuatro cuadras de Puán, y se va sin título (bah, sin una materia rendida). Hice otras cosas, pero ahora que siento que puedo eso, que tanto quería y me gustaba... me voy.

Es frustrante.

¡TARADA!!!

martes, 5 de febrero de 2008

El rincón de Casiel

Una cajonera que tengo desde mi adolescencia, de esas de pino que se venden por cajón, que pinté para él. Compramos barnices al agua, y la pinté. Como base, color maíz. Y con unas hojitas de arce (o algún primo) que me traje de Estados Unidos (tengo hojitas en muchos libros, de muchos sitios y momentos; unas lindas son las que tengo en cada uno de los libros que me regaló Flor, que vinieron con esa sorpresa), hice un sténcil y la cajonera se convirtió en un otoño celeste.

El moisés real. Me mandaron de El Bolsón un moisés de bronce con pie que está en la familia desde que nació mi abuelo materno. Se lo compraron a él, y después lo usó su hermana, y la siguiente generación: mi mamá y sus hermanas. También lo usé yo, y algunos de mis hermanos y primos. Y ahora, le toca a Casiel. Es como de príncipe, con un tul protegiéndolo, que está sostenido por un caño de bronce que se eleva terminando en una espiral. Unos días antes del parto, Pablo lo lustró: dijo mi mamá que la tradición es que lo lustren los papás. Creo que la inventó (nosotros contentos, de todas formas).

También está mi enemigo Pooh que lo acepté porque muchos productos para bebés vienen con esos motivos (y encima... verdes! puaj). De Pooh tengo un par de organizadores de tela y plástico.

Y tengo dos carteles que dicen "Casiel". Uno es de madera, que lo compró mi gran amiga Ju y su familia en la feria de El Bolsón, y tiene un trencito. El otro tiene las letras en relieve sobre madera, y le cuelga un conejito de tela recostado sobre una luna celeste.

Juguetes, por ahora no hay. Tengo que lavarlos y ponerlos en alguno de los organizadores Poohnianos.
Los mejores juguetes, de todas formas, no los lavo, y son para más adelante: son juguetes de madera que le trajo el abuelo paterno, hechos por él. "Gepetto" es su nombre artístico (y yo que llamaba así al viejo del puesto de enfrente, antes de conocerlo a Pablo... ahora no uso más ese sobrenombre). Están hechos con maderas de allá, y barnizados con tintura de propóleo, así que son totalmente inocuos, y además educativos porque se pueden desarmar (y posteriormente armar, por supuesto, si no no serían educativos, serían depresivos). Hay una caja que se llama "armatoste", que está llena de piezas para armar estructuras y encastrar, tiene hasta pequeñas roldanas.
También un camión con cara (se le puede cambiar la expresión), que lleva vaquitas (como la canción de Atahualpa -versión Divididos- que le canta Pablo a Casiel para relajarlo), y dos muñecos/marionetas, de los cuales uno es Pinocho.

Me dan ganas de postear fotos del rincón de Casiel o de los juguetes, pero prefiero describirlos. Lo que no puedo describir es la belleza de mi hijo, así que pongo su foto a continuación:


lunes, 14 de enero de 2008

Maravillas

Estuve 14 días sin salir de mi casa.
Estuve 2 semanas descalza.
Viví la experiencia más fuerte, hermosa, importante, luminosa y transformadora de mi vida.
Y fue, con nuestra fuerza, de la mejor forma posible.

Casiel nació, en casa, en medio del gran amor mío y de Pablo.

Estuve 14 días sin salir de mi casa.
Estuve 2 semanas descalza.
Descalza y salvaje, de cuerpo y alma.
Conociendo a mi nuevo amor, y sintiendo y maravillándome frente a cómo crece lo que siento por él.


martes, 27 de noviembre de 2007

Casiel

Hace muchos años ví una película hermosa y perfecta (una obra de arte), y escuché un nombre que me pareció bello y especial, y siempre guardé cerquita mío.

La peli es de Wim Wenders y se llama Der Himmel über Berlin (Cielo sobre Berlín, Wings of desire o Las alas del deseo). El nombre es "Cassiel". Me enamoré de ese nombre, de esos sonidos. Y también de Damiel y Cassiel, dos ángeles (o arcángeles, no sé la diferencia) de las películas. Porque hay otra, también hermosamente hechizante: In weiter Ferne, so nah! (Far Away, So Close, ¡Tan lejos, tan cerca!), que hizo 6 años después.

Ví las pelis de nuevo hace unos meses, con esta luna llena que tengo en la panza, como dice Flor.
Y la noche que siguió a la tarde en que nos enteramos que el bebé era varón, le conté a Pablo con un poco de miedo sobre cierto nombre que era muy especial para mí. Y él, como yo, se enamoró automáticamente del nombre. Y después de repetir esos sonidos en la penumbra y hacerlos suyos y del aire, empezó a hablarle al bebé y a decirle Casiel, mientras yo me desdoblaba de emoción.

La gente pregunta "¿qué quiere decir?"; "¿qué origen tiene?"; "¿qué significa?" (bueno, y ni hablar de comentarios negativos o preocupados, que sabemos "comprender" pero también ignorar). No se lo pusimos por ninguna de esas razones (¿alguien lo hace por esas razones?).
Es mucho más simple que eso, como todo lo puro y hermoso.

Es un nombre bello y es el nombre de nuestro hijo; lo supimos los dos apenas lo escuchamos por primera vez. Yo hace años, viendo una película, y Pablo hace unos meses, de mis labios emocionados.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Fluyendo

Y así fue

que la ciudad nuevamente se vistió de violeta
y yo me entrelazé con hebras de sol
y mi cuerpo y yo nos enamoramos sorpresivamente
para crear, para dar y para cuidar.

lunes, 29 de octubre de 2007

La panza, su interior y su exterior.

Desde hace una semana, más o menos, que noto el peso de la panza. Ya no me puedo hacer la canchera haciendo todo lo que normalmente hago y al mismo ritmo (bueno, hacía todo excepto dormir boca abajo). Ahora tengo que caminar lento o me duele y me agoto, y el volumen abdominal me impide hacer algunos (¡varios!) movimientos y posturas.

El otro día me puse por primera vez un enterito de embarazada, me sentía re mamá.

Cuando el bebé se está moviendo mucho y le cantamos, se calma. Y cuando paramos, patea más, como pidiendo que sigamos.
Lo mismo hace con los masajes a la panza (y a él, obviamente), con aceite de Rosa Mosqueta. Interactuamos bastante con él, cada uno por su lado (bueno, yo estoy siempre), es hermoso.

Lo más hermoso es sentirlo todo el tiempo. Me encanta que sea tan activo. Cuando se estira o se da vuelta es loquísimo, me deforma la panza, es impresionante.

Nuestro niño tiene hipo prácticamente todos los días, un par de veces. Un día sentí pequeños movimientos muy regulares, y pensé "¡qué coordinado este chico!". Después de un ratito me dí cuenta de que no podía ser, así que deduje que era hipo.
¡A ejercitar el diafragma y los pulmones! Muy bien, hijito.

Vamos a hablar de los medios de transporte. Ahora me dan el asiento indiscutiblemente, salvo que les de narcolepsia, que es un síntoma que se presenta a veces en presencia de una embarazada o una persona mayor (creo que también lo hace frente a las personas con niños pequeños y con operaciones/yesos). Es notable: subo a un colectivo, miro por el rabillo del ojo mientras pago el boleto, y hay un tipo en el primer asiento, que me mira. Acto seguido, su cabeza pierde el sostén y entra en un letargo sospechoso.
Creo que el remedio es patearlo, pero nunca me animé a implementarlo.
Al principio no pedía el asiento, me daba vergüenza (y un colectivero me retó). La verdad es que un poco me sigue dando, y cuando espero el colectivo ruego que venga vacío. Pero cuando viene lleno tengo varios métodos. Método uno: Pago el boleto, me doy vuelta dándole la espalda a la máquina, y miro a todos. No sirve con los ómnibus superbajos, que tienen los asientos de adelante orientados al revés, y "no te ven". En estos colectivos uso el método dos, que consiste en caminar, pasar esos asientos, agarrarme de sendas barras a los costados del pasillo, y mirar panorámicamente, haciendo ostentación de panza. Si no reaccionan frente a este desfile, uso el método tres, que consiste en decir "¿alguien me podría dar el asiento, que estoy embarazada?". Cuando no tengo ganas de desfilar, directamente subo y pido.
Amo al chofer cuando pide por mí apenas subo.

No recomiendo el pedido de asiento selectivo. Primero, porque no está bueno cagarle la vida a alguien deliberadamente, además ¿quién me da a mí la sabiduría de decidir quién es más apto para sacrificar su asiento? Lo que sí se puede hacer, al subir y ver a una pendeja con su MP3, sentada en el primer asiento, mensajeando y haciéndose la pelotuda, es decir la famosa frase del método tres, pero mirándola a ella (disimulando un poco -sólo un poco--la cara de asesina).

Ahora soy una señora, y todo por mi panza. Me hace sentir cierto poder, no sé por qué. Claro que si no estuviera embarazada me deprimiría mucho con la lluvia de "señoras" que recibo por día, pero sé que es por la panza.
El otro día subimos al 26 con mi hermana y, entre que estaba lleno, había una mujer con nenes en uno de los asientos preferenciales, y que hubo cierto "efecto narcolepsia por atisbamiento de panza", nadie me daba el asiento. Yo hice los métodos dos y tres, y nada. A esto habían pasado unas cuadritas. El chofer, entonces, empezó a gritar "¡a ver si le dan un asiento a la señora!", "¡un asiento para la señora!". Y yo ahí buscaba dónde estaba la señora mayor a la que pensé se referiría. Yo estaba así, colgadísima (del caño y en mi despiste), cuando un tipo desde la mitad del colectivo empieza a decir "¡señora!, ¡señora!", cada vez más fuerte. Yo miraaaba, a ver dónde estaba la viejita. Mi hermana no sabía dónde meterse, porque sabía que se referían a mí. Cuando me dí cuenta casi me muero de vergüenza y de la risa.

En otra ocasión, subí a un subte muy lleno, pero en el cual todavía se podía circular molestando a la gente. Cuando subí busqué con mi vista los asientos de embarazada, y no estaban por esa puerta, al menos señalizados (es una mierda eso en los subtes). Entonces empecé a ir hacia el otro extremo del vagón, diciendo a mi paso "permiso, que estoy embarazada", "permiso, que estoy buscando los asientos de embarazada". Pensé que alguien se iba a dar por aludido. Pero como no sucedió, fui decidia a echar del asiento a quién sea que esté en el preferencial (si había algún cartelito). Por fin divisé varios cartelitos a lo lejos. Llegué al mar de gente que había ahí, y de golpe no sé por qué me dio vergüenza, cansancio o algo así, entonces me quedé callada, mirando espaldas (consecuencias de ser petisa), durante un minuto. Cuando estaba por decir la memorizada línea, miro mejor y me doy cuenta de que no había asientos. Estaba todo el mundo parado, era la zona para sillas de ruedas. Iba a ser muy patético si pedía el asiento, y encima con el tono pendenciero que iba a tener. ¡Suerte que no hablé!.
Ah, viajé parada.

Es hermoso estar embarazada. Nunca tuve tanta conciencia de mi cuerpo y nunca me sentí tan conectada con la vida.
Plena.
Feliz.

Falta muy poquito (bueno, dos meses) para que conozcamos a nuestro hijo, es increíble lo rápido que va pasando.
Vamos a ver qué sigue, vamos a ver cuánto más se puede multiplicar nuestro amor.

domingo, 21 de octubre de 2007

¡Feliz Día a mí!



sábado, 29 de septiembre de 2007

Fotitos de El Bolsón

No muy buenas y fuera de foco.
(Hacer click para ver más grandes)

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Me traje de lo de mi papá:


Me traje de lo de mi mamá:


El Piltriquitrón desde lo de mi mamá:


El Piltri desde lo de mi papá, que queda en sus rodillas:

sábado, 15 de septiembre de 2007

Atrapada

Tengo el interior rebosante de palabras, imágenes, poesía, conceptos, sensaciones que quieren salir para hacer brillar más a mi ser, enraizando y entrelazando un poco más sus hilos de salvia en la vida.

Pero no lo hago. No escribo, no pienso artísticamente como antes. Yo lo llamaba nostálgicamente, pero no era tanto dentro de un marco de nostalgia, sino como mirar todo bajo una luz levemente más tenue, que alentizaba las cosas y los hechos dejando ver sus cualidades un poco más profundas.
Esa luz que me hacía testigo enriquecido también a veces era veloz y enceguecedora, frenética, bailarina y energizante. Reveladora.

Mi cerebro bulle porque lo ponga en la sintonía de Letras, cuestionando, aprendiendo, observando, criticando, leyendo, dudando, admirando ...exigiéndose. Lo pide a gritos. Mi alma se estremece y aúlla por poder desarrollar esa rama creadora en la que ahora nada se posa a retoñar.

Los escucho. Me escucho.
¿De a poco? ¿Podré?

No quiero que esa parte sólo deje su ausencia en mí, pero la siento gangrenarse en cierta mundanidad frivolizante.

Hay tanto que quiero hacer...
Y no hago nada de eso.


De a poco. Me comprometo.

lunes, 27 de agosto de 2007

El Bolsón

Qué bueno que me criaron acá.

Hoy ví un último rayo de sol en la punta del Piltriquitrón.

Belleza pura. A veces me duele tanta belleza y poesía. Pero duele lindo, mezclado con un poco de esa melancolía amarilla.

Qué bueno que vamos a volver acá.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Mi dentista, mi obstetra, anestesias y mangueos.

Mi dentista es un viejito muy tierno. No un anciano doblado y enclenque, sino un viejito alto y fornido. Un poquito sordo, nada más.
Lo odié un poco cuando me hizo doler la semana pasada, al resistirse lo más posible a usar anestesia por el embarazo (¡el obstetra me deja!), pero, más allá de eso, me da mucha ternura, como un abuelo.
Esa vez me dolió en serio. Yo soy de bancármela, pero sufrí mucho.

Pablo estaba en el trabajo y se rió al leer mi mensaje post-dentista. El jefe, que justo estaba ahí, le preguntó de qué se reía. Pablo le dijo "¿viste que yo te dije que mi mujer es re dulce y delicada? bueno, fue al dentista, y le debe haber dolido en serio, porque me dice «Amor, transpiré hasta el culo, tengo el pantalón mojado»". Obviamente se rieron los dos de mí.


Hoy fui de nuevo y le pedí anestesia. Me dijo: "Te pongo de la mejor, de la francesa, que no tiene adrenalina, ¿ves? tiene envase de vidrio. La de acá es de plástico, y por eso a veces duele, no es nuestra culpa, no resbala bien el envase". Y me mostraba las distintas anestesias, aclarando que igual está tan caro, y le pagan tan mal las prepagas, que tiene que comprar las nacionales.
Le conté que me iba a El Bolsón, y nos pusimos a charlar de allá, y de su casa en Mar del Plata, y del stress, y de paso me mangueó un dulce.
Ayer el obstetra me comentaba que un colega le pasaba todos los clientes porque no quería atender más partos, porque la obra social no le paga bien... y al ratito me mangueó una torta (pero ahora no porque está a régimen).

El dentista me siguió contando, mientras se ponía los guantes, que no sabe en qué productos confiar, que vio en el noticiero que muchas cosas que vienen de China son tratadas con un producto tóxico, que se usa para embalsamar.
Y empezó a revisar. "A ver, mis guantes, ¿de dónde son? de Malasia. Mhmmm... quién sabe. Y ¿a ver éstos? También. Y lo nacional también es malo ahora, como te decía, hay una anestesia que mi hijo (aclaración: también es dentista y atiende ahí) le puso tres tubos a un paciente y no tomaba, le tuve que prestar de la francesa. Es una vergüenza, y quedamos mal nosotros".
Y mientras el bebé se movía y el doctor ponía pastitas en mi muela arreglada, se iba fijando de dónde eran "¿A ver... ésta? es de Alemania". Y yo me enternecía (en parte porque me puso anestesia de la buena, entonces lo perdoné).

Me dice que el bebé va a ser dentista, y que me porto tan bien que me daría un caramelo, pero no tiene.
Y ya quedé: le traigo un dulce de guindas de la chacra de mi papá, cuando vuelva.

martes, 21 de agosto de 2007

La mujer que sabe el devenir

Escuchando estas palabras entonadas por Spinetta, Pablo me dijo una noche que esa soy yo.
Se siente bien ese tema, me lleva en oleadas mágicas, melancólicas y dulces [Sin darme cuenta voy cayendo en cruz... (...) Las aguas tienen un recurso más, moviendo las olas ya no hay realidad; ondas en el aire...].
Se sintió bien que Pablo, apenas conociéndome, perciba eso de mí.

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Desde el primer mes de embarazo que sueño (y siento, o sé) que el bebito es un nene (y hermoso, obviamente). Hubo muuuuchos sueños, y el bebé tenía pitito cuando lo cambiaba, y en muchos era un niño de ya dos años. En el segundo mes soñé dos o tres veces seguidas que era una nena. En uno tenía un equipito celeste que le quedaba precioso con sus ojos como el agua de deshielo, y me daba cuenta de que por más que yo haya sido siempre tan buena cuidando niños ajenos ("firme pero dulce"), como mamá era otra cosa. Ella lloraba y yo me desarmaba (malcriándola).
La excepción fueron esos sueños; el bebé volvió a ser varón en los siguientes.
Este último mes hasta me refería al bebé siempre usando el género masculino, de forma no inocente ni por costumbre generalizadora.

Todo esto para decir que es así: Le vimos el pitito recientemente en una ecografía.

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Me escribió un mail desde Canadá mi cuñado, contándome que está "amigoviando" con una chica de allá. No me dijo el nombre, pensé.
Y empecé a hablar sola: ¿cómo será su nombre? mhmm... Kate.
Bueno, en el mail que le mandó a su mamá y leyó ella ayer en casa, le contaba que salía con una tal Katie.

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El otro día me enteré que mi ex sale desde hace tiempo con una chica de su trabajo. Él trabaja en un séptimo piso, y hay otra empresa asociada a esa, que está en el segundo. Cuando estábamos saliendo y yo me enteraba que estaba o había estado en el segundo piso, me irritaba o me llenaba de inseguridades inexplicablemente (y no era precisamente celosa). Me molestaba que vaya al segundo piso; casualmente, es allí donde trabaja su actual pareja.

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Los dos primeros ejemplos tienen que ver con percepciones, no necesariamente con el futuro o el pasado. El tercero, por otro lado, me hizo pensar que el tiempo de alguna forma es un todo, o se pliega sobre sí mismo, y de vez en cuando tenemos momentos de "iluminación"; o que, efectivamente, soy la mujer que sabe el devenir.

Y, ya que mencioné el pasado, para que no se olviden de que soy una colgada tontuela, especialmente si he bebido, les cuento que una vez, en un bar, charlando con el chico del chilco, le dije muy sorprendida (y pagada) de mí misma: ¡Ay, yo sabía que venía ese tema! ¿Ves que soy medio brujita? te juro que sabía...
Y él me dijo, muy diplomático: me parece que están pasando el CD entero...

miércoles, 15 de agosto de 2007

Deshabilitenmeee (o cúrenme)

"Creo que parte de mi preferencia por la noche se debe a que odio que suene el teléfono, y saber que tengo que hacer cosas como ir al banco, y eso. Si a la mañana suena el teléfono generalmente es la inmobiliaria, o alguien molesto así", le decía al homeópata cuando sonó su celular -que estaba apoyado en la mesa- a un volumen que aturdía. "Justo. Y sí, entiendo que odies que suene el teléfono", me decía él con tono jocoso apagando rápidamente su celular.

Odio atender a la inmobiliaria, a los que llaman porque debo algo, a los vendedores, y hasta a mis amigos, especialmente a la mañana. Odio tener que hacer trámites (odio que impliquen medio día y que tenga que viajar en medios de transporte llenos) y la mitad de las llamadas me recuerdan que debo hacerlos.

Por eso, me encantó tener el teléfono cortado para recibir llamadas la última semana. ¡ES EL PARAíSO! Puedo hacer llamadas con tarjeta pero no me pueden llamar. Un poquito me puso nerviosa porque la inmobiliaria me puede decir algo al escuchar "la línea a la que está llamando no se encuentra habilitada para recibir esta llamada", pero que no rompan.
Hoy llamé para reclamar, ya que había pagado hace una semana, y mañana vuelve a estar todo como antes.

Fue bueno mientras duró.

Derecho de propiedad

No vale que el violeta esté de moda, por un par de razones:

1) Ahora que las vidrieras rebosan de él, ya no es como antes, que me derretía al encontrar algo violeta y me lo tenía que comprar. Esta temporada me quiero comprar todo.

2) Es mío.

domingo, 12 de agosto de 2007

Just a Little Respect...

Hoy ví una película con Juliette Lewis y noté que sigue haciendo el mismo papel de siempre.
A mi me gustaba, a mi hermano le encantaba. Le pregunté a Pablo y me dijo que sí, que es muy bonita. Y le dije "sí, además tiene mucho sex appeal, pero tiene que ser tarada para ser sexy?".
No creo que sea por celos de mi hermano (que estuvo siempre "enamorado" de ella); me doy cuenta de que eso sigue surtiendo efecto en los hombres y me molesta. Kalifornia, Asesinos por Naturaleza, Del Crepúsculo al Amanecer, Starsky & Hutch, y tal vez Cabo de Miedo. En todas estas pelis hace ese papel, y se supone que es sexy. ¿Para ser sexy tiene que hablar como retardada y hacerse la nenita? No tengo nada en contra de la nenita que podemos llevar dentro las mujeres, o el nenito que pueden llevar dentro los hombres (mi marido me dice que soy una nena de 27 años), pero ...también tiene que ser idiota? Además, por qué relacionar lo infantil con la sexualidad? (la nena de Francella es un buen ejemplo. ¡Y FUNCIONA!).
¿Para ser consideradas eróticamente tenemos que no haber desarrollado nuestro intelecto? Ni hablar de la típica, cuando los protagonistas se enamoran o se sienten atraídos por una mujer "subdesarrollada" pero que está re fuerte, como en El Planeta de los Simios.
Pensé por un momento que en realidad puede ser porque somos diferentes, y para los hombres (generalizando bestialmente) el sexo es algo independiente de otros factores como emoción, estimulación intelectual, etc. Y por eso mejor si no hablamos mucho pero somos lindas, o somos descerebradas pero dulces y atentas. Como Juliette Lewis.
Pero eso a lo sumo era antes, tal vez una generación antes a la mía, o dos. Eso cambió, y los hombres que conozco no tienen actitudes o gustos tan (intencionalmente o no) degradantes para la mujer.
Bastante tengo al pasar por los revisteros y ver minas en pelotas, pasar por los canales nacionales y lo mismo (me acuerdo que cuando vivía en EEUU sabía que pasaba por un canal de televisión latino cuando había minas en bolas; vedettes, las típicas minas de los programas tipo Sofovich. Eso, por ejemplo, tenía de bueno vivir allá: estaban un poquito más "avanzados" en el tema del sexismo). Bueno, bastante tengo con eso, que ahora tengo que ver Catch and Release, y Juliette Lewis sigue siendo la misma "retardadita me traumaron de chiquita y estoy para complacerte sexualmente".

lunes, 6 de agosto de 2007

Extasiada

Nunca pensé que iba a amar tanto que alguien me patee.

domingo, 5 de agosto de 2007

Panza (o cómo usar la palabra "ya" cuatro veces en tres párrafos).

Ya me dieron el primer asiento voluntariamente (o por motus propio), en el subte. Y eso que iba con pullover y saco (pero agarrada del caño). Se ve que ya está, mi panza es evidentemente de embarazada. Y cuando me dan el asiento yo -como boluda tímida que soy-, después de agradecer, me siento, colorada, mirando el piso.
El resto de los asientos de ese día me los dieron porque: 1) mi suegra se los pedía, o 2) lo hacía otra persona al escuchar a mi suegra decir "¿cómo va la panza?", y "mi nietito va apretado!".
Y muchas veces voy parada. Por ahora no pido el asiento. Lo que sí, como tengo bastante libertad de horarios, evito, dentro de lo posible, viajar en medios de transporte llenos.


¡Ya siento al bebé! El jueves a la noche lo sentí; como una patadita, una burbujita, pero no era mía. Y cada vez fue más evidente que era el bebito que se estaba haciendo notar. Mientras escribía esta oración lo hizo cuatro veces, está exaltado. A veces es como tener un pececito adentro, y otras veces son golpecitos bastantes notables. Sentirlo en mi interior es hermoso e indescriptible -ni yo termino de comprender todas las sensaciones y emociones que me genera.
Ahora que me recuerda constantemente que está ahí, es mucho más lindo.


Pablo tiene su momento a solas con la panza. Ya pasa "quality time", como dicen los yanquis, con su hijo/a. Desde que empieza a sonar su despertador, a las 6:30, hasta que efectivamente se levanta, a las 6:50, le hace mimitos a la panza, mientras yo duermo. Tengo el sueño liviano, y en realidad estoy semi-dormida, así que ya sé que usa esos momentos matinales para conectarse con el bebito y mi pancita.
Sé su secreto, y es un tierno.


miércoles, 25 de julio de 2007

Métodos de lavado y limpieza masculinos

En realidad no sé si será un rasgo estrictamente masculino, pero los dos hombres con los que me tocó convivir tenían (mi marido los sigue teniendo, porque sigo viviendo con él...) estos métodos característicos a la hora de lavar ropa o platos.

- El eterno remojo
Paso 1) Poner medias y calzoncillos (o las prendas deseadas) en un balde, con agua y jabón. Dejar en el baño; si es dentro de la bañera mejor, o al lado del bidet.
Paso 2) Olvidarse de que están ahí.
Paso 3) Disfrutar de la ropa lavada y seca, ya que su concubina o esposa probablemente necesitó el balde y no le quedó otra que lavar su ropa.

Este método se debe usar con moderación, o el resultado puede variar: tanto ropa interior como agua jabonosa semi podrida pueden terminar adentro de su mochila o arriba de su computadora, si se repite demasiado frecuentemente.
Es importante que haya un sólo balde en la casa.

- El eterno remojo, variante rejillas o trapitos amarillos.
El día en que el susodicho decide lavar los platos, se encuentra con que la "ballerina" no está en un estado que le agrade.
Paso 1) Llenar un bol y ponerle lavandina, agua y el trapito.
Paso 2) Jurar, frente a las quejas de su mujer de que lo va a tener que enjuagar ella metiendo la mano en lavandina, de que el trapito se va a desintegrar, y de que va a quedar el bol ese como un arma desteñidora en la cocina, que lo va a enjuagar antes de irse a dormir.
Paso 3) Olvidarse del trapito y del bol en la cocina o el lavadero.
Paso 4) Encontrar todo en perfecto estado al día siguiente, especialmente sus manos y su ropa.

Éste método se puede usar sin limitaciones, ya que de todas formas el hombre en sí no lavará los platos muy frecuentemente.

- La asadera sorpresa.
Paso 1) Sorprender a su concubina o esposa con un "yo lavo" muy amoroso y bien dispuesto.
Paso 2) Meter las asaderas grasosas y costrosas en el horno, y las ollas con puré o queso pegado arriba del centrifugador en el lavadero.
Paso 3) Olvidarse de estos elementos "que había distribuido en esos lugares porque no podía lavar con demasiadas cosas en la mesada".
Paso 4) Actuar sorprendido frente a las recriminaciones de su mujer al encontrar tantas sorpresas al día siguiente.

Éste método debe usarse moderadamente, y se puede combinar con un "eterno remojo", variante asadera u olla.

Toda la panza guardada

Mi tía me pasó tres pantalones de embarazada.
Últimamente se me está complicando mucho. No me entra ningún jean excepto uno tiro baaaajo que tampoco es una comodidad, los pantalones sueltitos de verano no me abrigan, y vivo a jogging, pero el elástico también molesta; además no queda bien jogging, botitas y tapadito, por ejemplo.

Creo que es la primera vez que voy a decir (y sentir) lo siguiente: ¡qué cómodos que son los pantalones tiro alto! La sensación es de un gran alivio en la panza, que se reparte a todo el cuerpo.

Así que ahora seguramente me empiezan a dar el asiento en los colectivos. Con esos pantalones se nota más la panza.

Lo que sí, en la parte de las botamangas son mucho más angostos que mis pantalones. No son bombilla, tipo The Ramones, pero tampoco son anchos, onda te tapo la zapatilla. Hoy le pedí un par de agujas a mi abuela: me voy a tejer unas polainas.

jueves, 19 de julio de 2007

Todavía no termino de caer

Pistas:

- Me hice las tetas, pero de forma natural.

- Desde hace tres meses que me asquea el pochoclo y el queso derretido (de sólo pensar en éste último... puaj).

- En diciembre/enero van a venir mi mamá, el esposo, mi hermanito, mi suegra, tal vez mi papá, mi hermano, mis cuñados, y en una de esas mi suegro, y no es por las fiestas. Además, mis hermanas no se van a El Bolsón.

- El total de cerveza que tomé desde abril es: 3 vasos y 14 traguitos robados.

- Por fin voy a poder usar o decidir no usar el vestido con florcitas blancas y detalles de encaje.

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¿Adivinaron?
¡Estoy embarazada!

Alegríalegríalegría. Y muchas cosas más que ya desplegaré por acá (ahora sería poner: ansias, sorpresa, nervios, goce, conciencia, espera, felicidad, caricias, cambios, paz, incredulidad, amor, crecimiento, infinitud, sentidos, y... aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh! mucho más.)

Nuestro bebé no está sólo. También hay mariposas en mi pancita.
(¿serán lilas y ocre?)

miércoles, 11 de julio de 2007

Simple como el blanco

Con Pablo estuvimos un poco enfermitos. El domingo a la noche nos quedamos viendo películas hasta tarde, y el lunes nos levantamos a las... 17! Y sólo porque mi hermana tocó el timbre. Cuando entró, al saludarla, le dije "tenés el cachete frío", y ella dijo "¡está nevando!". Y lo repitió un par de veces. Fue extraño ver la nieve a través de la ventana de nuestro cuarto piso. Era algo "surreal", como lo diría en inglés -según la traducción sería "surrealista", pero no sé si me gusta. Es más coloquial en inglés, es distinto.
Filmamos la nieve, y comprendimos por qué hacía tanto frío y por ende nos daba fiaca levantarnos de la cama.
Mi hermana nos contó que la gente estaba en la calle, riendo, sacando fotos, jugando.
Y ahí me imaginé y sentí que la alegría de la gente había subido unos grados. Que si hubiera un medidor de alegría y otro de preocupaciones de la población de la zona, el primero habría subido, y el segundo habría bajado drásticamente. Puede ser que esté acostumbrada a la nieve, o a ver la mayoría de lo que se me presenta como si fuera algo nuevo, único y fuera de lo normal, pero en vez de asombrarme me puse a pensar que sería bueno que la gente logre tener ese estado del lunes a la tarde en otros momentos, sin que suceda algo casi sobrenatural.
Es jodido no alienarse, no perderse, no olvidarse. El golpe de frío puede haber despertado muchas "almas" dormidas; eso seguro. Espero que sigan despiertas, o que hayan aprendido cómo despertarse y que es lindo hacerlo. Aunque sea un poquito, como logro yo a veces espiando a través de mis ojos aún lagañosos, al darme cuenta de que todo es tan simple... y tan lindo.

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Vivo con las manos heladas. Me gusta cerrar los puños y sentir los extremos de mis dedos enfriando mis palmas. O mis palmas calentando mis dedos. Es que en el departamento hace bastante frío. No demasiado, pero tampoco es para estar sin mi saco de lana gigante y mi pantalón de polar amarillo patito. No me gusta usar la estufita eléctrica que tenemos, porque te calentás cuando estás cerca, pero después vas el otro extremo de la casa y te sentís en la Antártida.
El sábado hice masitas, y como hacía tanto frío y necesitaba que la manteca esté en punto "pomada", la puse, envuelta como viene en su papel metálico, arriba del CPU de la compu. Funcionó a la perfección; recomiendo el método. El calor es perfecto, ni muy excesivo ni muy leve (como sucede al ponerla arriba del DVD). Y no se escapó ni un poquito de manteca, así que no arruina aparatos electrónicos.

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El otro día salí a comprar batatas y durante todo el camino entre casa y el almacén, de ida y de vuelta, el aire estuvo impregnado de un olor particular. No era olor a panadería, no era olor a hojas quemadas, no era olor a lluvia. Era olor a queso gruyère (ciertamente tampoco era muy agradable).
Los ratones de la zona se deben haber vuelto locos.

jueves, 10 de mayo de 2007

Desde siempre y en todos lados

Amo el otoño.

Amo el otoño.

Amo el otoño.

Amo el otoño.

Sol y frío. Y hojas de colores cálidos (al menos en mi gama de colores).

Amo el otoño.

Y estoy feliz.

domingo, 6 de mayo de 2007

Influenciable

Hace un par de años mi papá me regaló el tercer libro de una trilogía de cuatro tomos (exactamente, y no es la primera así que leo). Después me regaló el primero, y conseguimos el segundo. El autor es Philip J. Farmer y son de Ciencia Ficción. Ya no me gusta tanto ese género, pero lo que plantea es muy interesante: "Millones de seres humanos, desde el hombre Neanderthal hasta el último habitante del siglo XXI, renacen a orillas de un inmenso Río, sobre un planeta desconocido". Lo mejor es que hay personas como Mark Twain, Ulises, Mozart, Cyrano de Bergerac, la mujer en la que se inspiró Lewis Carroll para escribir Alicia en el País de las Maravillas (que se llama Alice, of course)... Y que todos tienen más o menos 25 años.
Bueno, también está Juan I (Juan sin Tierra), hermano de Ricardo I (Ricardo Corazón de León).
Lo que quería contar son dos cosas: que me cuesta, mientras se va construyendo la personalidad de los personajes, imaginármelos como gente de 25 años. Mientras más estrategas, maduros, pacientes, y sabios se presentan, les van creciendo las barbas y las arrugas en mi imaginación. Y los veo como personas de 45 años más o menos.

La segunda, es que, por culpa de Disney, me imaginé siempre a Juan sin Tierra como... un león!
Lo peor es que no sólo lo imaginé como el personaje de Robin Hood:



sino como una mezcla de él y Scar, de El Rey León.



Y no puedo evitarlo.
Así que siempre que se da un diálogo, supongamos, entre Mark Twain y Juan sin Tierra, que están gobernando juntos un estado, con otras personas del consejo, uno de ellos es un león con cara de guacho. ¡Cuando me doy cuenta me quiero matar!

Sólo lo cuento acá porque ya saben cómo soy (de colgada, boluda y loca).

miércoles, 18 de abril de 2007

Cuentos de insomnia:

Me encanta cómo tu camisa vuela entre jirones de aire frío mientras se seca frente al ventilador, con su trono que es un banco de metal pintado de azul.

Yo no puedo dormir con el ruido del ventilador, tampoco cuando me hablás desde el comedor al levantarte y me desvelo por casi una hora. Tampoco con mis miedos y mi angustia existencial, y mi vulnerabilidad, y creo que eso es más grave.

Oreándose, esperando que te levantes y encuentres todo dispuesto: medias, mochila, monedas para el viaje.

Escuchando el sonido del teclado y de los huesos de mi columna, ansiosa de la paz que sólo le da estar guarecida entre montañas.

Te extraño a la noche. Lo siento mucho, por este insomnio. Creo que es cobardía.

Sus gestos de jabón blanco, abotonados,
¿me saludan o me echan? Cualquiera de esas dos opciones me haría ir hacia vos ahora.

Y voy.

Feliz (es)

Todo estuvo hermoso.
Hermoso.
Creo que voy a linkear fotos de la boda y demás.


Pronto.
(cuando los fotógrafos (muchos, era muy intimidante pero a la vez flasheante, valga la redundancia) nos manden las fotos).

jueves, 15 de marzo de 2007

Me caso!

Estamos en El Bolsón, y mañana nos casamos con Pablo.
Muchos preparativos, muchas cosas lindas, mucha gente linda.
La fiesta estaba planeada muy tranqui e íntima, pero al final va bastante gente, y hay muchos detalles hermosos, como flores violetas, un "show" sorpresa que haremos con Pablo, souvenirs hechos en el taller de mi mamá, y muchas cosas más. No nos gustan muchas de las tradiciones, por lo que planeamos e hicimos casi todo como nos gusta, especialmente si de esa forma las cosas tienen un valor o un significado especial. Hasta la forma de la tarjeta tiene un significado especial.
Me dí cuenta de que soy bastante romántica. Bueno; si he de serlo, ¿qué mejor ocasión que mi propia boda?

Comentario colgado: Una frase más de esas que hago yo. Dije "La Novicia Ingalls", en vez de "La Novicia Rebelde". Podría ser un capítulo en el que Laura se va a un convento, no?

Che, nunca más voy a ser soltera.
Qué loco.

sábado, 3 de marzo de 2007

Citadina

Los colectivos me siguen beneficiando económicamente, aunque esta vez por acción humana.
Hoy subo al colectivo, después de correr media cuadra (adelante del mismo) para llegar a la parada, y le digo "hola, ochenta, por favor" al chofer. La máquina marca "0,75", entonces yo le digo "eh... no, ochenta". Y el tipo me hace que "sí" con la cabeza (y bué). Es la segunda vez que me pasa este mes.

Cabeza de novia
Antes de ayer caminaba comiendo un sanguchito de atún por las calles de Palermo bajo la lluvia, buscando aritos para la fiesta de mi casamiento, cuando entré a un local. Paraguas cerrado en una mano, sanguchito de atún siendo masticado, aros en la otra mano, no había mucho que hacer con respecto a mis cordones desatados. "Bueno, ahora me los ato", me dije a mí misma. Cuando salí del local pensé "me olvido algo", e hice un recuento de mis pertenencias. No, no me olvidaba nada. ¿Qué podía ser? "ah, sí: el sanguchito de jamón y queso que me queda en la mochila". Y me lo comí.
Tres cuadras más tarde, en otro local, ví mis cordones empapados y pisoteados. Para colmo en un momento, entre los dos locales, pensé: "No tengo que cruzar la calle así, mal. Porque me llego a tropezar por algo y me pisa ese auto".
Suerte que no me caí porque además de golpearme me iba a atragantar con el sanguchito.


Comentario pelotudo: Creo que si Neruda usara MSN me diría "estás como ausente".

viernes, 23 de febrero de 2007

Mezcla de hierbas naturales

Gastritis de nuevo. Estoy muy tensa, muy nerviosa. Mi amigo tilo vuelve a hacerme compañía. En realidad, estoy abriendo mi colección de té. En la secundaria empecé a coleccionar saquitos de té (ensobrados, mientras más lindos y raros mejor). Mi colección creo que andaba cerca de los 70 saquitos, cuando la olvidé. No es mucho esa cantidad, lo sé. No me dediqué tanto. Cuando un saquito se cruzaba por mi camino, lo añadía. Fue bueno vivir en Estados Unidos, porque allá conseguí muchos raros. Están en una lata de Caprice, y al abrirla salen vahos aromáticos de todo tipo. Hasta narcóticos, como decía un amigo mío. Ahora es re lindo probar un saquito de té de vez en cuando: elegir bien, y tratar de recordar de dónde lo saqué.

El cantante de Coldplay me regaló una caja de bombones. Bueno... en realidad, se la dio a mi futuro marido, porque se estuvo relacionando con ellos en su trabajo. Y, obviamente, ahora es mía (golosa universal). ¡Pero no puedo comerlos!!!

No quiero trabajar más de cajera. Mañana debería volver, y voy a contarles que me caso y que todavía no me siento bien, y probablemente me echen. Espero que quede todo bien, igual. Nunca se sabe. Lo que sí: ¡un nuevo oficio en mi atestado Curriculum! Pareciera que los coleccione, como al té.

jueves, 15 de febrero de 2007

¿Volverás?

Creo que mi cerebro (y con eso me refiero a mi parte racional) se fue de vacaciones hace tiempo.

No estoy segura de si eso es algo bueno o malo.

(Para colmo odio las dualidades, especialmente las morales, así que por suerte se fue también esa parte que clasifica en "bueno o malo").

martes, 13 de febrero de 2007

Números y aventuras recatadas

Insisto en que no es conveniente que una persona con leve dislexia sea cajera. Hoy le dije a una mina "doscientos diecinueve con veintitré..., no, no: doscientos noventa y uno con veintitrés". La cara de la mujer no fue de alegría.

Tampoco va a ser de alegría la cara de la viejita a la que le llegue en el envío la caja 219 en vez de la 912.
(Me acabo de dar cuenta de que fue con las mismas cifras, qué loco).

Hablando de plata, hoy en los colectivos gané un poco. Primero esperé el colectivo junto a una pareja muy melosa. Cuando llegó mi amigo el 26 los dejé subir primero a ellos porque estaban antes, pero cuando pasó la chica, el chico me dejó pasar. Entonces le dije al chofer "75" (no, no le dije "57"), y cuando puse las monedas, salió el boleto y también mis monedas. Las agarré, y con la palma hacia arriba miré para adelante, como no sabiendo qué hacer, lista para decirle al chofer. Y el meloso me dijo "BUENSIMOOOO...!", y la melosa lo cerró con un "ya fué" (seguramente vieron mi cara de desconcierto). Lo peor es que se los cagué a ellos por dejarme primero. Y me fui al fondo con mi pasaje gratis.
Después subí al 134 y cuando metí la mano en el "compartimiento" del vuelto había 10 centavos de más. Yo se que no es mucho, pero... es notable que pase, especialmente dos veces en un día.

Aventuras de una cajera:
Voy a contar lo que dijo un tarado. El tipo, de unos 45 años, cuando llega la hora de pagar, me tira la libretita de "tickets total" en la banda de la caja. Le pido si por favor los corta del talonario (porque me dijeron que lo tiene que hacer el cliente, que si yo los rompo cago yo, y no es mi responsabilidad), y me dice que no, que los corte yo. Y mal. Y yo sigo paz y amor y le digo que no puedo, que no me corresponde. Me dice que no se va a poner a cortar los tickets ahora (¿qué, y yo sí????), le digo, de nuevo, que yo no puedo. Y me dice "ustedes aceptan estos tickets, hagánse cargo" (!!!!). Me dieron ganas de decirle "usted lo acepta cuando cobra, y tiene SU NOMBRE y su número de documento, hágase cargo". Pero le dije que llamaba a una supervisora si quería. Y quiso. "Idiota total". Mientras venía la supervisora él me dijo que los tickets se rompen, que él no quiere pasar ese riesgo. Le dije que de última ese era un problemaa plantear con la empresa de los tickets y no con el supermercado. Y vino la supervisora. Ella le cortó los tickets (puteandolo por lo bajo), y él debería haberse metido el resto en el...
Me parecio gracioso pensar por qué sería así en la caja, y me dio un poco de risa pensar cómo la mujer lo cuernea o el jefe le hace la vida imposible y lo humilla día a día.
En los casos de esta gente idiota yo mantengo mi perfil sumiso y sincero "mire, me dijeron que no podía, yo soy nueva y hago las cosas como me dicen, además si los rompo es MI responsabilidad", mientras mi lado cínico se regodea en pensamientos de alguien que en realidad no aspira a ser la cajera del mes.

Tendría que haber estudiado más historia? No, tendría que haber sociabilizado más.

Estaba pensando... yo soy o muy colgada o muy inocente o pelotuda. Cuando tenía 9 años, en la feria de El Bolsón, compré mi tradicional alfajor de maicena de los sábados (mis hermanos se pedían un waffle de dulce de leche y crema en el puesto de los alemanes, y yo por rebelde pelotuda me auto-cagaba con un alfajorcito), y la viejita que los hacía me dijo "este billete estuvo en la guerra!". Y yo le dije "¿en serio?", y la miraba con los ojitos bien abiertos, esperando que me cuente una re historia mientras disfrutaba mi alfajor reseco. Pero por su cara rara me fui a la mierda.
Eso no es lo que origina mi planteo inicial, porque era una niña. Pero el otro día mi abuelo me prestó su paraguas para que volvamos a casa con mi Pablo, el día de la tormenta (5 posts más abajo), y me dijo que el paraguas había sobrevivido una guerra, y le hice la misma pregunta: "¿en serio?". Creo que no me escuchó. Para colmo... ¡mi abuelo no fue a ninguna guerra!!! Soy muy idiota.

sábado, 3 de febrero de 2007

Y acá estamos...

Escuchando la radio de tango en casa, ropa en remojo en la bañera, el ventilador que no me apunta a mí: apunta a la compu. ¡Se apaga sola! Y creemos que es porque tiene calor.
Planeando el casamiento, que va a ser en El Bolsón, en marzo (buenísimo porque ya lo extraño demasiado). Usando los tacos que me pondré en la fiesta, para acostumbrarme a la altura.

El otro día hablando con mis primitas me dí cuenta de que mi colectivo preferido y siempre usado en USA era el 26. ¡Igual que acá! Y cuando lo hablé con ellas, tenía 26 años. Ahora ya no. Empecé mi cumple, hace casi un mes, con mis tres primos que quiero mucho, el novio de mi prima mayor, y mi Pablo. Fuimos a un bar con juegos de mesa (si hubiéramos jugado bien al que elegimos, hubiera sido más divertido; pero nos dimos cuenta después cómo era). Es notable, pero en el aspecto musical empecé como el año pasado. Pasaron más de una hora de U2, y justo antes de las doce.

Ahora trabajo de cajera en un supermercado importante. Voy tres días y está bueno. Está bien organizado y pagan bien. No saben que me voy 20 días en marzo. Pero si está todo bien, tal vez hasta sea capaz de volver después del casamiento y la luna de miel.

Los trabajos en atención al público no son para mí. Lo raro es que de 21 trabajos que tengo listados en mi curriculum, casi la mitad poseen la atención al público como rasgo importantísimo. Cuando empiezo en un trabajo así sufro mucho (aunque no se nota: los clientes muchas veces me dicen que soy muy amable, eficiente, y siempre sonriendo), y me dedico -por ejemplo, cuando voy caminando por la calle- a comparar el resto de los trabajos de atención al público con el mío. Y todos siempre son mejores. Paso por un cyber o kiosco y digo "claro, acá tendría que trabajar yo, es menos complicado" (si ese no es mi trabajo actual). Y así.
Soy re Gata Flora.

Observación de la semana: No es conveniente que una persona con leve dislexia sea cajera.